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martes, mayo 13, 2008

Llamadas


Antes me resentía que me "faltaran" llamadas de cumple, ahora me extraña, me parece curioso, pienso si habrá pasado algo.

¿Me estaré haciendo vieja?

Dice una amiga que tener 30 no es nada divertido, que es estar "entradita en años". ¿ENTRADITA EN AÑOS? ¿Y qué carajos seremos cuando lleguemos a los 50? ¿Ancianas? ¡No jodás!

¿Me creeré muy joven?

No hice fiesta ni ná de ná. Pero comí y comí... porque yo lo valgo. Ayer por la noche mi pobre panza no sabía como procesar las 24 horas de comidas variadas que le metí, incluyendo gominolas de todos los tipos.

Anteayer fui a cenar con Fernando y abrí regalos haciendo trampa. Ayer comimos sushi (bueno, Murasaki y yo, Fernan pidió unos noodles que me parece que tampoco lo hicieron muy feliz), luego fuimos al cine a ver "Lars and the real girl"... película curiosa donde las hay, pero muy divertida. Te ríes y luego te parece amargo el chiste, o al menos hay un tono melancólico muy fuerte detrás de la risa. Vale la pena, aunque es rara rara rara.

Hablé con mi madre, a dormir. Ese fue mi día de cumple...

Y me voy a clases... que voy tarde.

Feliz semana.

lunes, mayo 12, 2008

Feliç Aniversari to me!

Bueno, después de maquillarme, ir a cenar y recibir regalos (haciendo trampa, adelantados)... lo confieso:
No está tan mal cumplir años.



Además (y me dejo de modestias), veo fotos de hace unos años y creo que el paso del tiempo me trata bien...

¡Así que, feliz cumple a mí!




ps. estreno blog con otro quinteto de loquillos... http://perfumedeunbeso.blogspot.com

sábado, mayo 10, 2008

pluja plor ploure plorar


En catalán, llorar y llover siempre se me confunden. Sé de dónde viene la confusión... "plor" es llanto y "ploure" es llover. Pero "plorar" es llorar. Por pronunciación (pló- plóura- plurá) parecen provenir de lo mismo, como si fueran de la misma familia y ahí empieza mi lío.

A veces quiero decir “está lloviendo” (està plovent) y acabo diciendo “está llorando” (està plorant). Queda poético, sí, pero es confuso. Es más, cuando pienso en lluvia siempre me viene a la cabeza la palabra plor, que es llanto. Tardo unos segundos en recordar la palabra correcta. Pluja pluja pluja.

Lo más curioso es que hoy, que está lloviendo, y mucho, se me ocurre que la asociación no es tan descabellada. Al menos en los días cercanos a mi cumpleaños hay pluja o plor.

Este año ya empezó (desde ayer… y seguramente seguirá) con pluja… no ha parado de llover en las últimas casi 48 horas. Lo único que quiero para mi cumple es que al día, aunque haya lluvia, no le acompañe el plorar. Aunque ando propensa. No es ni siquiera el asunto de “cumplir-29-qué vieja estoy”, para nada, pero no tengo especiales ganas de celebrarlo.



Foto: Fox Photos.

martes, mayo 06, 2008

1:32 am, martes 6 de mayo

En serio. Necesito vacaciones. Cuando hasta Pasapalabra me da ganas de llorar, o de salir corriendo, o de dormir a las 8 p.m., o de tener un interruptor para encender el salvapantallas… es claro el mensaje: necesito vacaciones.

Voy a Madrid del 16 de este mes al 19 en la madrugadita. ¡Ehhhhh! La Murasaki se une a la expedición.

Tengo ganas, muchas muchas muchas, de comer pastel de chocolate. Uno bien calórico. Pero cocinarlo… ay Dios… va a ser que no. Es más, pastel de chocolate con helado de vainilla. Esto es grave.

Extraño a mi familia. Esta semana me muero por un abrazo de mi mamá, una conversación con mi papá, una discusión absurda con mi hermana, un café con historias en casa de mi abuelita. Es increíble, cuando el soporte propio falla las alarmas de familia se disparan.

Acabé de leerme Fahrenheit 451. ¡¡¡¡Diooooos, qué libroooo!!!! No quería terminar, para que no se me acabara. Lo amo, lo adoro, me fascina. Me lo leeré de nuevo apenas saque adelante la cola de libros pendientes que llevo por ahí.

Estoy leyendo “Atentado” de mi bienamada Amélie Nothomb. Iba a empezar con un par de cosillas más espesas, pero necesito algo que ya sé que me gusta.

Voy para Noruega en verano. Y a Costa Rica. Wujuuuuuuu. Life’s sweet.

Sí. Lo sé. Hoy parezco bipolar…

NECESITO VACACIONES.

miércoles, abril 16, 2008

No es pereza, es eficacia

Hace unos días Celes hablaba de uno de los pecados capitales más practicados… la pereza. A partir de su post, repasé lo que creo sobre el tema.

En mi casa, eso de ser perezoso siempre ha sido mal visto. Mis padres han sido de trabajar mucho, siempre, de manera que es consideración generalizada en casa que hay que ganarse todo con el sudor de la frente. Con horas y horas de trabajo. Con sufrimiento. Con tiempo, poco a poco.

Pero yo me rebelo. Creo que el problema no es la pereza, como le dije a Celes, si no la dispersión de la energía. Ya lo dice el dicho, muy manido, “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Me explico: si los esfuerzos que hacemos hacia un objetivo concreto son mínimos, pero son precisos, los resultados llegan igualmente. Incluso con mayor rapidez. Mucho trabajo (o la ausencia absoluta de trabajo, estamos de acuerdo) en la dirección contraria no produce resultados.

O sea que no se trata de matarse por demostrar lo trabajadores/esforzados/laboriosos que somos, si no de focalizar el trabajo. Ser efectivo: mínimos esfuerzos para máximos resultados.

Yo, por ejemplo, me administro el tiempo para poder vagabundear de vez en cuando. Examino, priorizo, escojo, decido. Hago. Y luego descanso y descanso. Intento no gastar energías en lo que no me significa beneficio. Estoy convencida de que el éxito reside en esto, en no creerse el cuento de ser mártir para demostrar el valor. Nada de eso.

El mejor ejemplo es un gato. El cuerpo siempre está listo para reaccionar, alerta pero no tenso... de ahí que jamás hacen movimientos superfluos. Y, aún así, son de los animales más ágiles física y mentalmente.

He dicho.

Foto de nihilistka (Devianart)

domingo, abril 06, 2008

El ego y las relaciones humanas

Hablando con Fernan sobre una situación que me viene pasando hace días, llegamos a la conclusión de que lo peor, sin lugar a dudas, es tocarle el ego a la gente.

Me explico. Tenemos a P, que hasta hace unas semanas tenía una relación cordial y amable conmigo. Algo hice yo, que no puedo especificar, que la ha hecho cambiar de actitud.

Ahora P está a la defensiva, discute por cualquier cosa, me hace caras por todo. Como una adolescente resentida. CUALQUIER opinión que dé yo, es digna de ser discutida por ella. Noto perfectamente que hace esfuerzos por no saltarme a la yugular. Ya me ha dicho, entre otras cosas, esa típica de no-puedes-opinar-porque-no-lo-has-vivido.

Sé que yo también he cambiado mi percepción de P. En mi caso, sé exactamente qué hizo que me tocó el ego. Incluso podría ponerme, yo también, como adolescente y decir que fue ella quien empezó. Ya da igual. Lo que pasa es que yo evito (o al menos lo intento) que una cosa absurda como que te “toquen el ego” influya en las relaciones personales, sobre todo cuando el buen rollo común puede verse tocado.

Fernan me repite que hable con ella. Yo no tengo ganas, sé que es de esas situaciones donde difícilmente me va a decir la verdad. Y en todo caso, también creo que si es ella quien tiene un problema, es ella quien debería intentar resolverlo.

En fin. También es verdad que llevo dos o tres semanas con el ánimo un poco tocado, y esto podría ser mitad verdad mitad paranoia.

Qué sé yo.

martes, abril 01, 2008

El destape


Alguna vez he contado que escribo teatro y novelas. En total, de novelas, tengo cuatro, más o menos terminadas. Dos que se dejan leer y otras dos que necesitan revisión. Pero he decidido que este es el año de salir del clóset y dejar que otros digan lo que piensan de lo que escribo, más allá de mi círculo familiar y de amigos cercanos.

Dicho lo cual, he aquí el asunto. Se me ocurrió que ustedes, sí, ustedes, me podrían dar una mano. Mi idea es publicar en un blog privado una de las novelas y someterla al escrutinio público. Esto requiere, para empezar, que haya gente dispuesta a leerla. Segundo, que tengan el tiempo de hacerlo y de comentar aspectos concretos a mejorar, a potenciar, a eliminar. Tercero, que no haya ninguna intención de “hacerme la pelota”, “pasarme la brocha”, es decir, no quisiera que fuera un asunto de ser complacientes y decirme cosas bonitas (a menos de que realmente sean 100% sinceras, claro). Y cuarto y último, que me lo digan, porque necesitaría un email para enviarles la dirección y apuntarlos como lectores autorizados.

Así, dejo mi correo durante esta semana abierto a quienes quieran (y puedan) ser parte de la aventurilla (d.duncan.v@gmail.com). No me voy a ofender si nadie quiere, o si es una persona. Por descontado que me gustaría que sean todos los que pasan por aquí, pero entiendo que el tiempo a veces no da para cumplir con un compromiso así.

Espero noticias.

Muchas gracias por adelantado.

Besos.

lunes, marzo 31, 2008

Será el cansancio


...o el sueño obligado con pastillas naturales, tan escaso y poco profundo, pero ando con el ánimo por los suelos. Me pesan los pies, me pesan las ganas. Odio estar así. Ya volveré, con la sonrisa habitual. Roñosa primavera. Odio que me roben una hora. Basta de cielos grises, que quiero dejar de ser un conejito triste de Luke Chueh

miércoles, febrero 27, 2008

Cocinar... quin plaer!


Amo cocinar. Me relaja, me pone de buen humor… debe ser herencia o aprendizaje porque mi madre es así.

Aprendí tarde, lo reconozco, y por necesidad. Hasta los 16 años no sabía hacerme ni un huevo frito. Mi madre es genial cocinera, así que tenía maestra; pero no le gusta que nadie meta mano en sus cacerolas, así que tenía limitaciones.

En una casa donde normalmente se comía carne, a mí un día se me ocurrió hacerme vegetariana. Y claro, comer ensalada nada más, o verduritas hervidas… no. Empecé comprándome un libro de cocina vegetariana buenísimo, entre recetas y copiando platos de un restaurante, mejoré mucho.

Cuando me vine a España me enfrenté con el segundo reto, porque aunque yo cocinaba, la verdad que en mi casa me ayudaban a hacerme cosas. Aquí, nanay de china, era yo y mi olla solas contra el mundo.

Pronto me di cuenta de que sabía menos de lo que creía.

Abandoné el vegetarianismo. Primero por ser práctica, es más fácil hacerse un pollo a la plancha y unas verduras que hacer un plato interesante sólo con verduras. Al menos es más rápido. Segundo, porque cometí el error de probar el jamón serrano. Tercero, porque pronto después me vine a Barcelona y el Fernan disfruta comiendo carne.

Así, si él iba a cocinar, mi limitación de ya-no-soy-vegetariana-pero-solo-como-pollo (aparte de pescado, que ya lo comía) resultaba complicado. De hecho creo que no llegué a decirle nunca que no comía carne roja, me la comía y ya.

Y la última fase ha sido la de sobrevivir los dos, sin aburrirnos. También ayudó el año y medio que estuve de ama de casa, sin hacer nada más (no, en ese tiempo TAMPOCO planchaba, jeje). Como Fernan venía a comer al mediodía, yo procuraba entretenerme y divertirme inventando platos o probando nuevas recetas.

Mis webs favoritas de recetas son EPICURIOUS y ALLRECIPES. Sobre todo la primera, de ahí son las fotos de un sabroso curry de pollo y el cheesecake :-P

Mjm… creo que el tema me sale del alma, se supone que estoy intentando comer menos.

martes, febrero 26, 2008

Post muuuy profundo

Domingo, 7 de la tarde.

El estereotipo girado al revés.

Fernando plancha ropa, viendo Grey’s Anatomy.

Yo leo, gafas de pasta y demás. Estudio, hago tareas… de vez en cuando miro el reloj porque S viene a buscar unas fotocopias.

Bueno, también le echo un ojo a mis espectaculares lentejas, que se medio hacen solas en la cocina.

A veces no es así, soy yo la ama de casa. Sobre todo si se trata de cocinar, me la paso genial entre ollas.

Incluso puedo limpiar sin fruncir el ceño.

Diría que hasta lavar ropa me parece poca cosa, si me toca lo asumo y ya está.

¿Plancha? ¿Y ezo qué é?

No.

Me niego.

Si voy saliendo muy arrugada hay dos opciones: me hago la loca y me consuelo pensando que ¡ya se estirará! o me cambio. A veces mi señor marido se apiada y me plancha él, aunque diría que sólo un 1% de mi ropa lo necesita.

Me compro la ropa así, aposta, para que nadie tenga que apiadarse de mí.

Antes era mi madre la que se apiadaba.

Orgullosamente declaro que apenas si sé cómo va una plancha.

Es un aparatejo feo. No me gusta nada de nada. Por mí que se extinguieran.

Nunca NUNCA NUNCA plancho ropa. Bueno, sólo si Fernando está enfermo accedo a romper mi código de ética.

Lo puse en letra pequeña debajo de la firma cuando me casé.

Yo no plancho.

Y punto.


ps. y estoy así de profunda porque es más de la una de la madrugada, y no tengo sueño...

martes, febrero 19, 2008

Dra Chachita y Mrs Gilipollas

Ya tengo pie derecho otra vez. Me quitaron la venda y me mandaron a caminar, despacito, pero sin muletas. Por fin, estaba harta de andar sin zapato y tener que poner el pie y la media en la calle... ¡qué ascooo!

Pero la visita al doctor de hoy me sembró una duda enorme.

Quienes rondan por aquí hace rato se acordarán de La Muy Gilipollas Estimable Doctora. Para quienes no, pueden leer este post y este, si tienen ganas y/o tiempo.

La cosa es esta… digamos que mi doctora de cabecera se llama la Dra. Chachita, es la que me corresponde desde que me saqué el carné de salud de Barcelona, hace dos años.

He ido al médico unas cuatro o cinco veces en estos dos años y unas tres por urgencias. Esto es lo que ha pasado:

Voy al consultorio de la supuesta Dra Chachita. Me atiende La Doctora Gilipollas (que asumo que es la Dra Chachita), que me trata como un zapato, y a pesar de tener unos calambres rarísimos en el brazo, y no poder juntar dos dedos de la mano, me manda a casa con analgésicos y haciéndome cara de que me lo estoy inventando. Cuando vuelvo porque no se me quita el asunto, me manda una radiografía, aunque me advierte que "no tengo nada".

Voy a Urgencias un domingo porque tengo el brazo fatal. Me atiende otra doctora, me manda analgésicos, que me vaya a la casa y busque a mi dra de cabecera.

Vuelvo un par de días después... con el resultado de la radiografía. Me atiende OTRA doctora, esta amable aunque no demasiado. Esta me mandó un examen más pero el teléfono que me dieron para sacar la cita jamás funcionó. Se supone que tenía que ir una vez más, pero yo, como soy tan terca, paso de ir a ver a la Dra Chachita y cuando llega el verano se me quitan los males.

Declaro que odio a la Dra Chachita.

Voy una vez más (este diciembre) por una amigdalitis. Me atiende otra doctora, medianamente amable… me da ¡analgésicos! Y me manda a casa. Vuelvo a la semana, peor, y me atiende la Doctora Gilipollas. Vaya suerte, pienso, llegar a urgencias y encontrarme a la Dra Chachita. Esta vez me da un antibiótico, aunque me regaña porque tengo la campanilla muy larga y salivo mucho, lo que le dificulta verme las amígdalas (claro, ella sabe que salivo adrede, por joderla).

Pienso, por vez número ochenta, que tengo que cambiarme de médico de cabecera, porque la Dra Chachita AKA Doctora Gilipollas es eso: una imbécil. Como era de urgencias, también atendió a Fernando que tenía una faringitis (sí, en diciembre coleccionamos "itis", mi madre tuvo bronquitis para completar el cuadro) y salió bufando de la doctora tan imbécil que le tocó. "Claro" le digo yo, "es que es la Dra Chachita, mi doctora, ¿verdad que es una bruja?".



Hoy voy a que me mire la pata coja la Dra Chachita. Me preparo psicológicamente para salir desmoralizada, además de que decido que al salir de la consulta, aprovecharé para cambiar de médico de cabecera. Ayer me dijeron que tarda diez días y creo que es suficiente de aguantarle a la Dra Gilipollas. Decido incluso decir el por qué directamente. Me ensayo mi speech "es que la Dra Chachita trata a la gente como si fuera imbécil, como si fuera divertido venir al médico, bla bla bla" o algo similar. Casi entro en catarsis de pensarlo, ¡¡¡finalmente le voy a dar su merecido!!!

Abre la puerta la supuesta Dra Chachita… y NO es la Dra Gilipollas. Es una chica encantadora que me trata super bien. ¿? ¿Ein? Una chica a la que no he visto NUNCA.

Vale, puede que la Dra Chachita esté de vacaciones y esta buena mujer ha venido a hacerle sus horas, pienso. Cuando acabo, bajo por el ascensor y ¡oh sorpresa! Va saliendo del otro ascensor la Doctora Gilipollas.

¡O sea, que la Doctora Gilipollas no es la Dra Chachita! ¿Entonces, he tenido mala suerte crónica o qué carajos pasa?

Estoy por ir al médico la otra semana. Sólo por descubrir el misterio.

No entiendo nada.

sábado, febrero 16, 2008

De Metallica a Etta James

Una vez superada la etapa de “oigo lo que mis padres ponen”, empecé a desarrollar mis gustos musicales. Hay gente que encuentra un estilo, eventualmente, que le llena todas sus expectativas, o que se alza sobre los otros como el favorito.

Yo no.

Me encantaría ser una apasionada de un tipo de música, saberlo todo… pero siempre me encuentro en el caso de amar y adorar otras cosas.

De adolescente, para una muestra, oía obsesivamente: Janis Joplin, Metallica y Tracy Chapman

Odiaba todo lo que fuera trova y música tropical.

Luego, empecé a amar la trova… era una fiebre de Silvio, Pablo Milanés, los Mejía Godoy, Mercedes Sosa, Filio, Fernando Delgadillo. De ahí derivé a Victor Manuel, Ana Belén, Jorge Drexler y… finalmente… mi amado Sabina. A él sí que lo sigo amando.

Incluso aprendí a querer a la música tropical. Nunca me compraría un disco de salsa ni de merengue (ya ni digamos reggeatón), pero si me lo ponen en la disco bailo, disfruto y no me quejo. Incluso tengo en mi ordenador muestras de todo esto, incluyendo el reggaetón.

Mi Itunes es la mejor muestra de mi eclecticismo, tengo casi cualquier cosa que se puedan imaginar, desde acid jazz y música electrónica hasta foxtrot, pasando por gente como Janis Joplin, The Beatles, Alanis, Chico Buarque, System of a down, Eva Cassidy, Gilberto Santarosa , Fiona Apple y Bersuit Vergarabat.

Aunque últimamente estoy pegada en la música vieja en inglés. Léase Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Bobby Dorin, e incluso menos antiguos como Joni Mitchell.

Soy rara, yo creo.

martes, febrero 12, 2008

Mis Manolo Blahnik

Hace unos días leí por ahí, de nuevo, sobre la discusión de los libros cibernéticos. Los que están en contra de esta tecnología aseguran que serán los que hagan desaparecer los libros de papel. Los amantes de los libros insisten en que eso no puede pasar.

Yo, que amo los libros con loca pasión, pienso que asumir que un día dejarán de existir es ir en contra del principio mismo de la cultura. Y de la escritura. Si no ha desaparecido ni el teatro -amén de la existencia del cine y la tele -¡no me vengan con cuentos!

Para empezar, ni los ordenadores ni el acceso a internet es realmente universal. Mientras haya la pobreza que hay en este mundo, no hay caso siquiera en pensar que un objeto electrónico pueda sacar de juego a uno hecho de papel. A esto se suma que nadie anda con un ordenador por ahí "por si acaso", como ocurre con los libros. Ya sé que hay lectores de ciberlibros, pero ¿alguien conoce a alguien que tenga uno? A mí me gusta hacer el viaje en metro con el libro en la mano, a veces hasta caminar y leer a la vez.

En segundo lugar, leer en la pantalla es cansado. De hecho creo que, una de las razones por las que los blogs con entradas excesivamente largas (tipo novelas o cuentos larguísimos) no prosperan es que el medio no es tan cómodo, además de que la conexión a internet significa demasiados estímulos y posibilidades como para quedarse en un sitio demasiado tiempo.
Pero la tercera razón que pienso es la fundamental. Los amantes de los libros, los frikis que los compramos a veces por el placer de tener “uno nuevo” en la interminable lista de espera, lo hacemos por amor a la literatura, claro está, pero también por amor al objeto.

Aunque yo no soy de las que paga cualquier cosa por un libro (de hecho diría que el 90% de mis libros son ediciones compactas o de bolsillo y sólo si me muero de ganas y no puedo resistirme me compro libros de más de 20 euros), hay una cosa tremendamente fetichista en tenerlo. No, ni siquiera cuenta sacarlo de la biblioteca, hay que poseerlo.

Al menos yo lo confieso, tengo una relación amorosa, a veces incluso sado-maso con mis libros. Los compro aunque sufra porque no puedo leer más, los compro aunque luego los lea y los odie, o los lea y los ame aún más. Los compro aunque en los estantes ya no quepan y se peleen entre ellos cuando me acerco a la estantería, buscando una nueva presa. Los compro porque son lo que para Carrie Bradshaw sería un nuevo modelo de Manolo Blahnik. Son mis Manolo Blahnik.


Una vez una amiga, tratando de convencerme de no comprarme un libro caro me dijo "piensa la blusa que te puedes pagar de ahí". Salí corriendo a comprame... el libro. Y no me arrepiento, fue uno de mis favoritos del año pasado. Y aunque me guste la ropa, fíjate tú... ¡no tengo blusa favorita!

Aún así, y conociendo a gente más obsesiva, diría que tengo una relación bastante sana con ellos. Fernan tiene prohibido llevar mis libros a la bañera, pero uso las tapas como marcadores de lectura (pecado capital para algunos puristas). La regla que poquísimas veces rompo es entrar en librerías de segunda mano, aún es tema tabú para esta servidora. Lo hago, sí, pero a escondidas y en contadas ocasiones. Me siento infiel en estos lugares.

lunes, febrero 11, 2008

Ventajas y desventajas de ser Patitiesa

Ventaja: mi señor marido me trae todo. Aunque le pida cien cosas, aunque esté en otras. Va, no se queja, me lo trae. Hasta me regaña si intento hacer las cosas sola.
Desventaja: mi señor marido hoy está trabajando. Nadie me trae nada.

Ventaja: puedo ver películas y series.
Desventaja: eso era ayer, Fernan ponía el tele. Hoy… pata coja no logra cuadrar todos los movimientos para que un DVD funcione exitosamente.

Ventaja: puedo leer.
Desventaja: no tengo ganas.

Ventaja: no tengo que lavar platos ni cocinar.
Desventaja: tampoco puedo traerme un plato con comida de la cocina. Con las muletas no tengo manos libres, saltando en un pie tiraría todo por el suelo. Menos mal que mi señor marido me dejó dos manzanas y un yogurt a mano, pero ya me comí todo. Aghhh.

Ventaja: nadie me regaña si no me quiero duchar.
Desventaja: hoy sí me apetecía ducharme. Lo logré, pero fue una misión de alto riesgo, de sólo pensar en repetir mañana me da una pereza… es que quitarse y ponerse ropa haciendo equilibrio con un pie no es exactamente divertido.

Ventaja: las golosinas son parte del tratamiento.
Desventaja: se supone que yo estoy a régimen.

Ventaja: soy la alegoría de la vagancia.
Desventaja: justo en la vagancia se me ocurren ciento cincuenta cosas qué hacer.


¿Tres-cuatro días sin apoyar el pie? Mjm… eso es mañana. O sea, que mis cálculos indican que miércoles puedo intentar ser persona normal otra vez. Veremos si mi tobillo está de acuerdo con los cálculos.

sábado, febrero 09, 2008

Pata coja is in the house!

Viernes. 8:10 p.m. Tras el curso de artes escénicas japonesas voy camino al metro con un chico de tercer año y con S. Al cruzar una calle veo que hay un desnivel, antes de que me dé cuenta me tropiezo y antes de que pueda reaccionar caigo como saco de patatas en media calle. S y el chico de 3ero me levantan y me llevan a una banca. Me duele mucho, MUCHO el tobillo, pero el chico me consigue hielo y se va. S se queda un rato más, pero le insisto en que se vaya, tiene entradas para el teatro, no puede hacer nada por mi pie y ya Fernando viene en camino.

Viernes 8:45 p.m. Cuando recién se ha ido S empiezo a sentirme realmente mal. Puede ser el frío, una bolsa llena de hielo pegada en el pie no ayuda, pero me duele cada vez más, me mareo, siento que me voy a desmayar. Intento parar a varias personas en la calle sin éxito, la última chica con quién lo intento no lleva ningún caramelo encima… me descompongo, me da un kleenex. Finalmente aparece Fernan.

Viernes, 9:20 p.m.
Vamos a la clínica… la doctora me toquetea el tobillo mientras yo doy saltitos y digo "auch". Me manda al hospital porque ahí no hacen radiografías. La doctora se sospecha que puedo tener algo roto, porque hay un par de puntos de dolor bastante agudos. Los hospitales son muy deprimentes, pero la doctora anterior me dio un ibuprofeno y me duele un poco menos.

Sábado, 12:30- 1 am. Radiografías… no tengo nada roto. Menos mal, es un esguince seriecillo, de 2do grado, pero no es grave. Tres o cuatro días de descanso, muletas y demás y en unos diez días tengo que ir donde el doctor a que me valore.

Hoy me han mandado mensajes mis amigos del Institut, me llamo N, C vino a dejarme unas muletas. La ventaja en la desventaja: es tan reconfortante que la gente se preocupe genuinamente por lo que te pasa, que casi me deja de doler el tobillo.

Mi problema… que no quiero quedarme metida en casa, pero ir en metro a clases es absolutamente inviable. Ya veremos… qué aburrimiento.

viernes, febrero 08, 2008

I miss you


Yo me acostumbro muy rápido a la buena compañía. 

Teníamos casi cuatro años sin vernos, vino unos días y ya se fue. 

Lo del tiempo sin vernos yo no lo noté... hablamos, paseamos, comimos... como si nos hubiéramos visto seguidito desde el 2004. Creo que esas son las cosas bonitas de la gente con que uno tiene real afinidad, el tiempo no carga nada, no disminuye nada, se disipa.






Extraño decir "buenos días, Alita".  

Ayss... a veces esto de las distancias me parece la peor de las mierdecillas que se inventaron.

viernes, febrero 01, 2008

Gente incómoda: el intimidador

Hace unos días, Fanma contó en su blog sobre un cliente molesto, de esos que acaban por intimidar sin mayor esfuerzo por su parte. Empiezo a hablar hoy, entonces, de gente que incomoda.


EL INTIMIDADOR

Ese que invita a agachar la mirada o quedarse muy calladita, gente a la que soy incapaz de llevarle la contraria. Dícese, en algunas ocasiones, de un cabrón (a) que sabe que sólo vencerá metiendo miedo, pero aún así suele salirse con la suya.

En mi defensa debo decir que he mejorado (serán los años) y que cada vez hay menos personas que logren ponerme en dicho estado.

Aún así, reconozco que mi mayor fuente de intimidación viene por cuatro vías:

La gente excesivamente guapa, ya de concurso, fuera de serie y que sabe que está que mata. Esto en chicas y chicos por igual.

La gente muy famosa. Contadas veces me he visto en ocasión de acercarme a un famoso de verdad, pero las pocas veces que me tocó, mientras trabajaba de periodista, me ponía en un estado de nervios que sólo lograba manejar con mucha concentración y actuando. Me acabo de acordar cuando conocí a Saramago (suena a que vino a cenar a mi casa, jajaja, cuando en realidad me dio la mano, hizo un comentario bonito sobre Costa Rica y me firmó un libro). El punto es que estaba bastante nerviosa, poco dije, sólo atiné a sonreír. También es cierto que ¿qué carajos iba a decirle? “¿cuándo sea grande quiero ser como usted?”. Mejor callada.

La gente increíblemente inteligente, o conocedora de un tema. Sobre todo si el tema me interesa a mí también, me siento pequeñititititita.

La gente con mucho poder. Según el caso puede ser desde alguien que me atienda en la oficina de Extranjería, el director de la carrera, el dueño del piso. Sobre todo si nos los conozco personalmente… nunca se sabe si usarán su posición jerárquica para ayudarte o para joderte. De estas tengo mil historias, pero la peor de todas fue una profesora que, cuando me atreví a llevarle la contraria en algo que yo tenía razón, usó su mejor táctica de terror, acoso y derribo, hasta que –muy a pesar mío- me rendí.

Si hacemos combinaciones ya la cosa deja de ser manejable, alguien famoso muy guapo: me muero. Alguien muy muy guapo e increíblemente inteligente: no puedo. Alguien inteligentísimo y famoso: me quedaría congelada. Alguien con poder, inteligente, guapo y famoso: la muerte en patines.

Ahora, sé que algunos de estos especimenes no hay motivos para temerles, o sentirse amenazado, pero tengo claro que más o menos así funciono.

Lo gracioso es que, no siendo ni guapa de concurso, ni increíblemente inteligente, ni famosa ni poderosa… intimido a mucha gente. Es probable que la gente que me tiene miedito sea porque tengo un carácter fuerte, o porque hablo como si me las supiera de todas: todas. Es curioso pensar que a cada cual nos crea esa sensación de indefensión algo diferente.

lunes, enero 14, 2008

No soy perfecta.

Me construyeron perfeccionista.

Tengo clarísimo que el daño es equivalente al bien que me hicieron.

Cuando sacaba un 8 en mi casa me decían que era una nota mediocre. Un 9 estaba bien pero era insuficiente. Un 9,5 era un intento fallido de lo excelente, que era el 10. Para demostrar mi inteligencia SÓLO podía sacar 10. Menos era mala señal.

Gracias a esto siempre fui buena estudiante, muy muuuy responsable. Pero también lo he pasado muy mal.

Con 9 años me eché a llorar mientras decía “castígueme, si quiere” porque me saqué un 7 en matemática. Mi papá me miró con cara de ¿qué qué? Y me dijo que no era para tanto, había sacado 2 puntos más de los necesarios para pasar el examen, pero me sentía fracasada. Mi mamá era más puñetera con estas cosas, su ansia de vernos como mujeres triunfadoras la hizo exigir hasta los límites.

En los primeros años de secundaria sufría mucho, yo había entrado a un cole donde la mitad de las clases eran en inglés y no sabía nada de nada, por más que me esforzara las notas siempre eran apenas la sombra de lo que se esperaba de mí. Cuando estaba por terminar, ante la evidente dificultad de entender las ecuaciones trigonométricas, pasaba horas en clases privadas para lograr lo exigido.

En la universidad, vivía con la amenaza permanente de que si no aprobaba TODOS los cursos, estaría obligada a trabajar para seguir estudiando. A principios de primer año en matemática (malditas mates, las detesto) el cerebro y la disposición no bastaron, saqué un 4, suspendí con entusiasmo y la gastritis fue de campeonato. No sé cuánto estuve enferma, pero no fueron pocos días. Tenía miedo, de verdad, tanto que mis papás se enteraron de que me quedé en aquella materia unos diez años después.

Una de las razones por las que dejé el periodismo, lo confieso aquí, fue porque sabía que jamás sería excelente. Sí, es cierto, tampoco me apasionaba el mundo ese, pero tenía la certeza de que siempre sería malilla, mediocre o, con mucho esfuerzo, apenas buena.

Ahora, sin miedos a repetir cursos, esta exigencia es tan personal que me cuesta no tenerla.

Lloro de impotencia cuando no entiendo algo, cuando me doy cuenta de que se escapa de mis posibilidades. No puedo evitarlo, es casi patológico.

Hoy, para más inri, me eché a llorar en plena clase de música porque no entendía de la misa la media. Visto desde mi yo de afuera me di cuenta de que era un ridículo aquello, pero por más que me lo repetía, las cabronas lágrimas seguían saliendo.

Quiero pensar que algún día aceptaré que no soy, ni tengo porque ser perfecta. Y que un 5, 6 ó 7 no dice nada de mí, dice de mis aptitudes concretas en un área concreta, no más. Quiero dejar eso que durante 28 años y medio de vida he asumido. No soy peor persona por no controlar las cosas. No.

Quiero creérmelo.

sábado, enero 12, 2008

Tres años, cuatro, cinco ¿seis?

Esta semana me enteré de que, para que me den la nacionalidad, tengo que quedarme aquí unos tres años más. Sí, eso es lo que tardan. La razón es que en el 2005 se regularizaron miles de inmigrantes ilegales, entre ellos los latinoamericanos y tras dos años de residencia legal (que no sea por estudios) se puede pedir la nacionalidad. El sistema ha colapsado, no tienen capacidad de reacción ante la ola de solicitudes.

Tres años “más o menos”, me dijo el señor que me atendió. "¿Por qué, te urge?" remató. "No, clarooo que nooo, es curiosidad", respondí. Tres años, o más. TRES AÑOS. Juro que no sé si estoy feliz de tener la excusa, finalmente, para seguir aquí o si más bien estoy un poco descolocada por tener un plazo mínimo establecido.

Hasta ahora me he quedado mucho más tiempo del decidido inicialmente, pero es algo que se va sumando paulatinamente... siempre puedo largarme "ya casi" si lo quiero. Pero con este trámite no, estoy obligada a quedarme.

No quiero irme sin eso por diversas razones, entre ellas que los padres y familia de Fernan se quedan aquí y nunca se sabe cuándo y por cuánto tiempo podría verme en necesidad de venir. Segundo, ahora no piden visa a la gente de Costa Rica, pero es probable que en cinco, diez o ‘X’ años sí la pidan. Y me niego a seguir haciendo papeleo, llevo cuatro años entre burocracia y ya está bien.

Pienso en tres años y la vida se me hace contradictoria… es un poco menos de lo que llevo en España, han pasado tantas cosas que me suena muuucho tiempo, pero no lo he sentido como un período muy largo. Pero claro, sumo tres y medio que llevo, tres que quedan: y seis años me suena a mucho.

Temo perder los vínculos, con todo… no sólo los personales. Lo de perder amigos sé que va como tiene que ir, la gente que te quiere aguanta el tiempo que tiene que aguantar. Lo sé. Ya lo he vivido y entiendo que es un proceso natural. También laboralmente, sé que quien confía en tu trabajo te hará un sitio, ahora o en unos años… pero seis años no son pocos, suenan a echar otras raíces.

Me suena a posibilidades tan abiertas que me colapsa mi propio sistema.

Y sí, lo reconozco… da mucho miedo. Sobre todo porque ayer se fueron mis papás, y no puedo evitarlo, cada vez que me despido y cambio (o cambian) de país, me queda una sensación de desamparo terrible, físicamente dolorosa. Da miedo.

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