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viernes, marzo 28, 2008

Necesito dormir... soy un ogro andante!


Odio dormir mal. Sí, ya sé, ¿quién no? Pero hay afortunados que más o menos lo manejan. Como cualquier ser humano, la sustracción de horas me provoca desastres varios. Además de que amanezco con la misma sensación que si me hubiera tomado dos botellas de vino sola, paso el día con un humor de perros.

Lo peor es que soy de ocho. Sí, de ocho horas, menos de eso ya vamos mal. Menos de seis no entro en la categoría de ser humano. Menos de cuatro ¡aléjense de mí!

En Semana Santa dormí lo mío, pero bastó que se aproximara la semana de rutina para empezar otra vez con el rollo.

Doy vueltas, me estorba todo, tengo calor, quiero hacer pipí, me pica la cara, tengo frío, la almohada se me escurre, sueño mucho, la almohada se me apelota, ay qué frío, no tengo sueño, quiero leer, me duele la cabeza, oigo ronquidos, tapones nuevos, tengo calor, me comería una vaca entera, doy vueltas, mejor me levanto… no, que me despierto más, pateo al pobre prójimo de al lado, le quito la manta, me pica la espalda, quiero hacer pipí otra vez, medio me duermo, ahora ronco yo, me despierto con mis ronquidos, ¡pero si yo nunca ronco!, ay qué cansancio, doy más vueltas, maldita almohada y me duele el cuello.

Me ha dado por despertarme a las 5 am- 6.
Una madrugada quiero hacer pipí.
Otra tengo ataque de tos.
Otra tengo sed.
Otra tengo una seguida de estornudos.
Otra me da un pequeño rayito de sol en la cara. Primavera.

Aghhhhhhh… que quiero dormirrrrrrrrrrrrr.

martes, febrero 19, 2008

Dra Chachita y Mrs Gilipollas

Ya tengo pie derecho otra vez. Me quitaron la venda y me mandaron a caminar, despacito, pero sin muletas. Por fin, estaba harta de andar sin zapato y tener que poner el pie y la media en la calle... ¡qué ascooo!

Pero la visita al doctor de hoy me sembró una duda enorme.

Quienes rondan por aquí hace rato se acordarán de La Muy Gilipollas Estimable Doctora. Para quienes no, pueden leer este post y este, si tienen ganas y/o tiempo.

La cosa es esta… digamos que mi doctora de cabecera se llama la Dra. Chachita, es la que me corresponde desde que me saqué el carné de salud de Barcelona, hace dos años.

He ido al médico unas cuatro o cinco veces en estos dos años y unas tres por urgencias. Esto es lo que ha pasado:

Voy al consultorio de la supuesta Dra Chachita. Me atiende La Doctora Gilipollas (que asumo que es la Dra Chachita), que me trata como un zapato, y a pesar de tener unos calambres rarísimos en el brazo, y no poder juntar dos dedos de la mano, me manda a casa con analgésicos y haciéndome cara de que me lo estoy inventando. Cuando vuelvo porque no se me quita el asunto, me manda una radiografía, aunque me advierte que "no tengo nada".

Voy a Urgencias un domingo porque tengo el brazo fatal. Me atiende otra doctora, me manda analgésicos, que me vaya a la casa y busque a mi dra de cabecera.

Vuelvo un par de días después... con el resultado de la radiografía. Me atiende OTRA doctora, esta amable aunque no demasiado. Esta me mandó un examen más pero el teléfono que me dieron para sacar la cita jamás funcionó. Se supone que tenía que ir una vez más, pero yo, como soy tan terca, paso de ir a ver a la Dra Chachita y cuando llega el verano se me quitan los males.

Declaro que odio a la Dra Chachita.

Voy una vez más (este diciembre) por una amigdalitis. Me atiende otra doctora, medianamente amable… me da ¡analgésicos! Y me manda a casa. Vuelvo a la semana, peor, y me atiende la Doctora Gilipollas. Vaya suerte, pienso, llegar a urgencias y encontrarme a la Dra Chachita. Esta vez me da un antibiótico, aunque me regaña porque tengo la campanilla muy larga y salivo mucho, lo que le dificulta verme las amígdalas (claro, ella sabe que salivo adrede, por joderla).

Pienso, por vez número ochenta, que tengo que cambiarme de médico de cabecera, porque la Dra Chachita AKA Doctora Gilipollas es eso: una imbécil. Como era de urgencias, también atendió a Fernando que tenía una faringitis (sí, en diciembre coleccionamos "itis", mi madre tuvo bronquitis para completar el cuadro) y salió bufando de la doctora tan imbécil que le tocó. "Claro" le digo yo, "es que es la Dra Chachita, mi doctora, ¿verdad que es una bruja?".



Hoy voy a que me mire la pata coja la Dra Chachita. Me preparo psicológicamente para salir desmoralizada, además de que decido que al salir de la consulta, aprovecharé para cambiar de médico de cabecera. Ayer me dijeron que tarda diez días y creo que es suficiente de aguantarle a la Dra Gilipollas. Decido incluso decir el por qué directamente. Me ensayo mi speech "es que la Dra Chachita trata a la gente como si fuera imbécil, como si fuera divertido venir al médico, bla bla bla" o algo similar. Casi entro en catarsis de pensarlo, ¡¡¡finalmente le voy a dar su merecido!!!

Abre la puerta la supuesta Dra Chachita… y NO es la Dra Gilipollas. Es una chica encantadora que me trata super bien. ¿? ¿Ein? Una chica a la que no he visto NUNCA.

Vale, puede que la Dra Chachita esté de vacaciones y esta buena mujer ha venido a hacerle sus horas, pienso. Cuando acabo, bajo por el ascensor y ¡oh sorpresa! Va saliendo del otro ascensor la Doctora Gilipollas.

¡O sea, que la Doctora Gilipollas no es la Dra Chachita! ¿Entonces, he tenido mala suerte crónica o qué carajos pasa?

Estoy por ir al médico la otra semana. Sólo por descubrir el misterio.

No entiendo nada.

lunes, febrero 11, 2008

Ventajas y desventajas de ser Patitiesa

Ventaja: mi señor marido me trae todo. Aunque le pida cien cosas, aunque esté en otras. Va, no se queja, me lo trae. Hasta me regaña si intento hacer las cosas sola.
Desventaja: mi señor marido hoy está trabajando. Nadie me trae nada.

Ventaja: puedo ver películas y series.
Desventaja: eso era ayer, Fernan ponía el tele. Hoy… pata coja no logra cuadrar todos los movimientos para que un DVD funcione exitosamente.

Ventaja: puedo leer.
Desventaja: no tengo ganas.

Ventaja: no tengo que lavar platos ni cocinar.
Desventaja: tampoco puedo traerme un plato con comida de la cocina. Con las muletas no tengo manos libres, saltando en un pie tiraría todo por el suelo. Menos mal que mi señor marido me dejó dos manzanas y un yogurt a mano, pero ya me comí todo. Aghhh.

Ventaja: nadie me regaña si no me quiero duchar.
Desventaja: hoy sí me apetecía ducharme. Lo logré, pero fue una misión de alto riesgo, de sólo pensar en repetir mañana me da una pereza… es que quitarse y ponerse ropa haciendo equilibrio con un pie no es exactamente divertido.

Ventaja: las golosinas son parte del tratamiento.
Desventaja: se supone que yo estoy a régimen.

Ventaja: soy la alegoría de la vagancia.
Desventaja: justo en la vagancia se me ocurren ciento cincuenta cosas qué hacer.


¿Tres-cuatro días sin apoyar el pie? Mjm… eso es mañana. O sea, que mis cálculos indican que miércoles puedo intentar ser persona normal otra vez. Veremos si mi tobillo está de acuerdo con los cálculos.

sábado, febrero 09, 2008

Pata coja is in the house!

Viernes. 8:10 p.m. Tras el curso de artes escénicas japonesas voy camino al metro con un chico de tercer año y con S. Al cruzar una calle veo que hay un desnivel, antes de que me dé cuenta me tropiezo y antes de que pueda reaccionar caigo como saco de patatas en media calle. S y el chico de 3ero me levantan y me llevan a una banca. Me duele mucho, MUCHO el tobillo, pero el chico me consigue hielo y se va. S se queda un rato más, pero le insisto en que se vaya, tiene entradas para el teatro, no puede hacer nada por mi pie y ya Fernando viene en camino.

Viernes 8:45 p.m. Cuando recién se ha ido S empiezo a sentirme realmente mal. Puede ser el frío, una bolsa llena de hielo pegada en el pie no ayuda, pero me duele cada vez más, me mareo, siento que me voy a desmayar. Intento parar a varias personas en la calle sin éxito, la última chica con quién lo intento no lleva ningún caramelo encima… me descompongo, me da un kleenex. Finalmente aparece Fernan.

Viernes, 9:20 p.m.
Vamos a la clínica… la doctora me toquetea el tobillo mientras yo doy saltitos y digo "auch". Me manda al hospital porque ahí no hacen radiografías. La doctora se sospecha que puedo tener algo roto, porque hay un par de puntos de dolor bastante agudos. Los hospitales son muy deprimentes, pero la doctora anterior me dio un ibuprofeno y me duele un poco menos.

Sábado, 12:30- 1 am. Radiografías… no tengo nada roto. Menos mal, es un esguince seriecillo, de 2do grado, pero no es grave. Tres o cuatro días de descanso, muletas y demás y en unos diez días tengo que ir donde el doctor a que me valore.

Hoy me han mandado mensajes mis amigos del Institut, me llamo N, C vino a dejarme unas muletas. La ventaja en la desventaja: es tan reconfortante que la gente se preocupe genuinamente por lo que te pasa, que casi me deja de doler el tobillo.

Mi problema… que no quiero quedarme metida en casa, pero ir en metro a clases es absolutamente inviable. Ya veremos… qué aburrimiento.

sábado, diciembre 01, 2007

...

A las tres de la tarde sonó el timbre de casa, yo estaba en la terraza. Fernan me grita desde el pasillo del frente que llame a la ambulancia. Cuando me acerco a la puerta veo al viejito del frente tirado en el suelo de la entrada de su casa. Su esposa gimiendo de un lado para otro, dice que iba a salir, abrió la puerta y cayó al suelo.

Llamo, demasiado nerviosa, no logro comunicarme con el número de emergencias. Toco el timbre de otros vecinos porque noto que no podré ponerme en tesitura traquila, mientras veo a Fernando intentar encontrarle el pulso al señor, me quito los zapatos y paso por encima de él a calmar a la señora. Finalmente logramos llamar a la ambulancia (las vecinas, yo no puedo, soy un saco de nervios bien disimulados pero inutilizantes).

Cuando salgo de casa de la señora lo observo. Tiene los ojos abiertos, la boca abierta y empieza a ponerse… no sé… azul, lila, qué sé yo. Me lo temo sin querer pensarlo en serio, pero no tiene pinta de estar inconsciente (los desmayados como mi única referencia, suelen cerrar los ojos y estar más bien flácidos en su expresión). Me lo temo y padezco los gimoteos de la señora que dice “está helado, ay Dios mío, está helado” mientras le acaricia la mano y el brazo. Un par de minutos después alguien dice que ha movido los dedos un poco. Ahuyento mi hipótesis y me aferro a esa, acaba de mover los dedos.

Cuando la ambulancia llega (los 8 minutos más largos de mi vida) una chica llena de paz le habla, le dice “hola guapo”
mientras le corta la ropa y su compañero le hace masaje sobre el corazón, uno, dos, tres, cuatro, oxígeno; uno, dos, tres, cuatro, oxígeno. La miro con cuidado y noto que ella –con sólo una revisión ocular –sabe que hay poco que hacer.

Llegaron a ser seis, un técnico, la enfermera y el enfermero y tres doctores que llegaron después. También llegó la hija del señor, que se deshizo en las gradas y el nieto, uno de ellos, intentando mantener el tipo. Yo, junto con Fernan, en el canto de la puerta sin saber qué hacer. La señora, ahora muy tranquila, cuenta mil veces lo que pasó antes de que se cayera el señor, nos da la gracias, repite la historia. Unos siete minutos después el jefe de los médicos explica que podrían seguir tres horas intentándolo, pero que ese era un corazón que ya había decidido no latir más.

He hablado tantas veces de la muerte, a veces digo que lloramos por egoísmo, o por imaginarnos la vida sin esa persona. Pero no. Hoy tengo otra hipótesis… es la impresión tan bestial de que hay un cuerpo hueco al frente. Es la primera vez que veo alguien muerto, así, en el momento mismo de morirse. Ese mismo señor que todas las noches oía tosiendo y quejándose con un tímido “ay”.

Y la imagen que intento obviar, del momento en que esa boca abierta y esos ojos vacíos sean unos amados. Lloré, me calmé, pero estoy desolada, tengo miedo. Mucho. Ante lo inevitable, el deceso jurado e imposible de eludir. Desolada y aterrorizada. No quiero no quiero no quiero no quiero que me pase a mí, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Desolada y con miedo, pensando en el día que me toque cerrarle los ojos a alguien que amo. Desolada. Asustada. Talvez más lo segundo que lo primero. Tan natural... y tan impactante.

domingo, octubre 28, 2007

Domingo de Herodes


Starbucks me gusta. Es un buen lugar para sentarse horas y horas con un café, el ordenador o un libro. Nadie te trae la cuenta como forma disimulada de echarte, ni se te mira mal si gastas poco y te quedas mucho. Pero: tiene un gran pero. Los domingos por la tarde parece la sala de fiestas Tricolín. Para quienes no sabe de la referencia, explico: Tricolín era una sala de fiestas que quedaba en Moravia (San José, Costa Rica) en la que se hacían actividades para niños, fiestas de fin de curso, cumpleaños, etc. Así, hoy vimos desfilar a tantos chiquitos malcriados que mi amor por los peques se vio en peligro de extinción.

El problema, en realidad, no son los chiquitos si no los papás. Es evidente que los llevan ahí porque así pueden hacerse los locos mientras los enanos corren, gritan, se asoman a las pantallas ajenas… es como el campo de juegos donde ellos de paso pueden saborear un café.

Pero hay cosas que no perdono. Ejemplo: dos carajitas de unos diez años hablando a un volumen altísimo, actuando como si tuvieran tres años, tirando una bola por ahí (incluyendo a Fernando que pasó cerca… bola para él) y riéndose de sus estupideces a un volumen demasiado alto para ser natural. Una chica –creo que era italiana porque la verdad que para entonces ya había puesto mi música a todo volumen y los auriculares poco dejaban oír- se hartó y se acercó a pedirles que bajaran el volumen. La madre de las criaturitas se limitó a decirles “se los estoy diciendo”. Una de ellas, herida en su ego de soy-el-centro-del-mundo-a-ver-si-te-enteras empezó a burlarse de la chica que fue a callarlas. Entre remedar como hablaba y decir “es más fea que la novia de Frankestein” se solazó un rato. La madre no le dijo nada.

Aunque la comparación sea -digamos- grosera, me acordé de un programa que me gusta mucho, que se llama “Dog whisperer” o algo así, lo dan en la Cuatro. El tipo –domador de perros, básicamente- explica que si el perro se da cuenta de que puede mandar, lo hace: se autodenomina jefe de la manada y a partir de ahí los límites los pone él, no el dueño.

A veces me da la impresión de que algunos papás, hartos del trajín de tener hijos, los dejan ser jefes de manada. Luego se quejan de que hacen lo que les da la gana… Hablo sin conocimiento de causa, lo admito, pero creo que el que haya pequeños encantadores (alguna vez he terminado enseñándole fotos de la computadora a algún enano en Starbucks, o jugando con otro...) prueba que hay papás que no hacen bien su trabajo.

No digo que haya que castrar a nadie, ni tenerlos bajo régimen militar, pero un mínimo de normas de conducta no les vendría mal a muchos… Los niños inteligentes y bien criados suelen saber cómo comportarse en cada ocasión, aunque a veces se les vaya la pinza y se porten mal. Eso es normal, pero cuando esa conducta errática es la común... algo no funciona.

Y sobre todo, me guardo en el disco duro la siguiente orden “no irás a Starbucks un domingo en la tarde nunca más”. Es casi tan anticonceptivo como el supermercado el sábado en la tarde…

Ilustración de Iskra (photostock)

miércoles, septiembre 19, 2007

Quina mandra!

Hoy es uno de esos días laaargos y chiclosos en los que no pasa nada de nada. Pero tanta tanta nada que ni siquiera se me ocurre nada que decir, hacer o pensar. Y me niego a lavar los platos, que es lo único práctico que puedo hacer a esta hora.

En serio empiezo a saturarme con el tema de los pisos. Necesito saber qué ondas con dos que vimos y entregamos los papeles y me da pereza llamar a las inmobiliarias… a las 4 me pongo en eso, sé que me toca, aunque los de las agencias hayan dicho “esta tarde te llamo sin falta” y ‘esta tarde’ fue hace dos días.

Cuando se inventó la pérdida de tiempo, se decidió que días como hoy existirían para ejemplificarlo.

Me gusta la palabra pereza en catalán: MANDRA. Suena como algo espeso y turbio, como una pereza muy muy gorda que no cabe por las puertas.

Bla bla bla. Quiero un control remoto como el de Click (qué película más estúpida, no aguanté más de media hora viéndola) para darme fast-forward hoy.

Me voy a sacar fotos a la calle. O a andar en bici.

O no… qué pereza.

martes, septiembre 18, 2007

Todo por el módico precio de 10 mil euros

Sí, sí, el piso está muy bien. Baño y cocina recién reformados, techos altos de esos que me gustan, un salón enorme y un petit balcón que mira a la Gran Vía. Tiene tres habitaciones y en total son ochenta metrazos cuadrados. Qué bello, how nice, maco!

Pero (pequeños saltamontes, siempre siempre siempre hay un pero): piden dos meses de fianza (1700 euros), un mes más IVA para la agencia (990 euros), 274 euros de un impuesto divino de la Generalitat (me pregunto por qué el DUEÑO no lo paga si es SU piso y va a ser él quien gane dinero con los inquilinos), 130 euros de un seguro civil sobre la finca (por aquello de que alguien joda el ascensor) y el mes del alquiler (850). Además hay que darse de alta de luz, gas y agua (unos 400 euros más según el señor de la inmobiliaria), el contrato es por cinco años con dos años de cumplimiento obligado (si no, hay que pagar 800 euros de penalización). Según los ingresos que tengamos, tendremos que hacer un aval bancario de entre dos y seis meses (entre 1700 y 5100 euros congelados en el banco). El total podría llegar a ser, fácilmente, de 10 mil eurazos. Toma.

Como si fuera poco, del banco tienen que certificar que somos buenos clientes y no gastamos todos nuestros dineros suciooos de zopetón, y la dueña de los pisos de ahora recibirá una llamada para que jure que no andamos en pelotas por la escalera, ni usamos drogas duras, ni vendemos los electrodomésticos del piso.

Todo esto se cumplirá si llevo a la agencia el DNI de Fernando, contrato de trabajo, últimas tres nóminas y pago 300 euros por “reserva”. Si el dueño no nos quiere, me devuelven el dinero, pero si soy yo la que ya no lo quiero, pierdo el dinero.

A estos les podrá fallar todo, menos la máquina registradora.



Seguro que una vez entregado todo me piden un certificado oficial médico de no poseer enfermedades infectocontagiosas dignas de cuarentena y un masaje de pies para la secretaria del agente inmobiliario.

Grrrrr grrrrr grrrr… malditos mojarras.

martes, julio 31, 2007

Voy a ser una mamá preocupona...

Tengo una compañera de la Universidad de Costa Rica en mi casa, María Luisa. Estuvo por aquí varios días, se fue a Sevilla y Granada y volvió ayer por la noche. Hoy en la mañana vino a despertarme con carita de “ya me muero”, fuimos a dar a Urgencias con su migraña, escalofríos y temblores a pesar de los 32 grados al sol, dolor de cuello y garganta hasta para respirar, mareo, dolor de oído, dificultad para moverse… le diagnosticaron una amigdalitis aguda bacteriana. Antibióticos, reposo, hidratación. Puré de patatas casi líquido que apenas probó, gelatina en la nevera esperando mejor suerte.

Me sorprendí a mí misma con mi reacción porque soy una pendeja para las enfermedades. Le ayudé a resolver todo, hablé por ella en el centro de salud y en el Hospital, hablé con su mamá en Costa Rica, le cancelé su billete a París esta tarde (absolutamente imposible que viajara, el cuadro le durará entre 4 y 6 días y hasta mañana al menos no se va a sentir ni un poquito mejor), me cercioré de que se tragara los antibióticos y se acostara un rato.

Pero por otro lado me preocupo demasiado, ahora soy yo la que tiene dolor de cabeza y mientras estuvimos en el hospital, la angustia de verla tan mal me anudó la garganta varias veces. No sé qué hacer porque el viernes me voy a Costa Rica y se queda sola, su regreso es hasta el 9 de agosto. Me preocupa, no lo puedo evitar. Me autodenomino la mamá protectora de cuántos caen en mis manos…en el caso de esta amiga es normal porque está sola a muchas millas de su casa y soy la única conocida que tiene, si yo estuviera sola en un país de 40 millones de personas agradecería mucho que me cuidara alguien.

Justamente hablando con Lulú hace unos días de otro tema, me dijo que soy “demasiado empática. Jamás pensé que se pudiera ser “demasiado…” pero veo que acertó, lo soy.

De ahí que pienso que voy a ser una mamá horrible, de esas que se enferman cuando sus hijos están mal, que logran atenuar los males pero luego caen ellas en cama… o peor, que se paralizan cuando hay que reaccionar. Tengo un miedo especial a las enfermedades, a cualquiera. Evito ir al doctor a menos de que sea gravísimo. Espero que Fernando tenga menos líos que yo en el tema de salud… o mis hipotéticos hijos la llevan clara.

Me gusta preocuparme sinceramente por la gente, siento que es una cualidad valiosa, pero a veces se me va la mano :-( Debo escribir cien veces “preocuparse por los demás no es padecer”.

Y ya está, me voy a tomarme una gelocatil o una aspirina.

ps. No puedo quejarme de la atención, en todas partes fueron amabilísimos y nos ayudaron mucho... a pesar de que Lulú, por ser turista, no tiene tarjeta de salud de aquí. Inicialmente nos dijeron que nos darían una "factura" por el importe de la consulta pero no nos dieron ni eso, incluso le hicieron un descuento del 50% en las medicinas. Estoy maravillada. Y la ilustración es de A. Boyana.

martes, julio 10, 2007

Tic tac tac tic

Tic
Tic tac
Tic tac tic
Tic tac tic tac
Tic tac tic tac tic


En un mes y ocho días me caso.

Tic tac

Voy a estar todo agosto en Costa Rica.

Tac tic tac tic

En octubre me quedo sin piso.

Tic tac

Parece que falta mucho, pero hay que restar el mes en el trópico.

Tic

Aún no hemos visto ningún piso que nos convenga.

Tac tic tic tac

A decir verdad no hemos visto ninguno. Y ya.

Tic tic tic tac

Casi nos estafan en un sitio, una supuesta inmobiliaria donde “no había comisiones”, sólo una cuota de inscripción PREVIA de 300 euros, antes de ver cualquier piso.

Tic

Y todavía hay quien me pregunta si estoy nerviosa por la boda.

Tac

¡Que me quedo sin casa! Eso me pone nerviosa.

Tic tic tic tic tac tac tac tac tic

domingo, julio 08, 2007

Oh domingo...

¿por qué sólo duras 24 horas?
Y mañana a trabajar... ¿alguna vez he contado de mi trabajo ocasional, ese en que me hago flash Duncan pegando-etiquetas-ensobrando-cosas-cerrando-sobres?
Ya tengo sueño, así, previo a mañana por la mañana.

miércoles, abril 25, 2007

Niña Bonita y sus preguntas


Tengo dos jefas en la tienda. La encargada, a quien llamaré “Niña Bonita” y la segunda, que le diré “Jefa Cool”. Las dos son simpáticas, como todas las que trabajan ahí, pero tienen diferencias estructurales que hacen que a una la adore y a la otra le tenga tirria.

Niña Bonita parece de esas chiquillas que, puestas en un cargo de responsabilidad, necesitan dejar patente y claro que son las que mandan. La Jefa Cool, seguro porque no termina de ser la que responde por todo, es más tranquila.

Niña Bonita me vigila, literalmente, todo el rato que trabajo. Pero eso no es lo peor, si no su forma de decir las cosas. Por ejemplo, en vez de decirme “tienes que estar cinco minutos antes de que empiece tu turno” me dice “¿qué hora es?”, yo le digo la hora y ella me dice “tendrías que estar ya en tu puesto de trabajo” con un mal modo horroroso (nótese que era en punto mi hora de entrada y al día siguiente ella misma llegó 45 minutos tarde… hablando de dar el ejemplo). Hoy, por vez número ochenta desde que entré perdí la calma con Niña Bonita:

Niña Bonita: Denise, súbeme un cesto de ropa con lencería.
Denise: Vale. (Me fui repitiendo “lencería” para no olvidarme. Llené el cesto y lo subí).
Niña Bonita: ¿Qué es esto?
Denise: Un cesto con ropa.
Niña Bonita: ¿Pero con qué ropa?
Denise: Con lencería.
Niña Bonita: ¿Qué te dije?
Denise: “Súbeme un cesto de ropa con lencería”.
Niña Bonita: No, dije con corsetería, corsetería, Denise, bragas, sujetadores… ¿esto es corsetería?
Denise: No.
Niña Bonita: ¿Entonces para que lo subes? Esto es para alarmar abajo. Súbeme un cesto de ropa con corsetería.

Y yo digo… aunque sea cierto que dijo “corsetería”, ¿no sería más sencillo, menos humillante y más rápido que me dijera “era corsetería, seguro escuchaste mal” y punto? Siempre sigue ese patrón de hacer preguntas en las que uno se sienta estúpido para llegar a su argumento. Niña Bonita me trata como si fuera imbécil si no sé perchar un sujetador, el otro día se enojó porque no reconocí a una yonqui (que por cierto era la mejor vestida del mundo, no la típica drogadicta andrajosa), me da órdenes distintas y como no me dice qué urge más, yo las hago en el orden que me lo dijo, pero ella se enoja porque “esto hay que hacerlo ya”. En fin, que la Niña Bonita me regaña por cosas que no me ha explicado antes… es una pesadilla tenerla de jefa. Lo peor es que cada vez que se me acerca me pongo nerviosa y la cago. O me dice algo y yo me quedo con un nudo en la garganta porque me siento impotente y subestimada. Juzga antes de preguntar.

La Jefa Cool, en cambio, me indica todos los errores que cometo y hasta me cae bien cuando me los dice. Me pide las cosas directamente, es decir “Denise, fíjate bien cuando perches porque un par de sujetadores estaban al revés”. Cuando trabajo con la Jefa Cool estoy de buen humor y soy más eficiente. Pero La Jefa Cool no es “LA JEFA” y me temo que a Niña Bonita no termino de convencerle… veremos dentro de dos semanas si me aguanta o no más allá del mes de prueba.

Honestamente... No sé si quiero que me aguante.


Foto: Dirk Anschutz

miércoles, marzo 07, 2007

¡¡¡Me lleva!!!

Estoy que me lleva la gran petra. Desde hace varios meses tengo un problema en el brazo izquierdo, ando con el dedo pequeño dormido (siempre) y el costado de la mano izquierda. Se me acalambran los dedos, no tengo fuerza en esa mano y, lo que me parece más grave, no tengo fuerza para juntar el dedo meñique al resto de la mano cuando la tengo estirada.

La estimable doctora a la que fui me había dicho que tenía tendinitis, reposé el brazo y tomé las medicinas que me mandó… mejoró, pero hace cosa de un mes empecé otra vez, aún peor porque no puedo unir el meñique ni el anular al resto de la mano. Ahora son los dos. Cualquier peso, aunque sea pequeño, hace que se me acalambre el brazo entero; siento un hilito de dolor desde la muñeca hasta el hombro, no tengo control sobre el movimiento sobre todo del dedo meñique y me cuesta hasta hacerme un moño. En fin, que estoy evidentemente jodida.

Pero veamos el divertido diálogo que montamos, después de explicarle los otros síntomas.

YO:
No puedo juntar los dedos con la mano estirada.

LMGED (La Muy Gilipollas Estimable Doctora):
Ponla aquí (me la pone sobre la mesa, en reposo y ella con su mano me junta los dedos al resto de la mano) claro que puedes juntar los dedos, ¿ves?

YO:
Claro, en reposo y si uso la otra mano para juntarme los dedos puedo. Pero estirada y con la propia fuerza de la mano no puedo (hago de nuevo la demostración)

LMGED:
Pero no lo pienses, hazlo. (aquí empiezo a cabrearme, qué pedazo de cabrona “no lo pienses”)

YO:
No lo estoy "pensando", estoy tratando de unirlos y NO PUEDO (sigo intentándolo, incluso cambio la mano de posición). Solo puedo unirlos con el puño cerrado.

LMGED:
Pues no sé que decirte, chica (qué bien, para eso va uno al doctor, pienso yo), seguro que siempre has tenido la mano así y no te habías dado cuenta.

Sí claro, pensé, CLARO QUE SIEMPRE LA HE TENIDO ASÍ, POR ESO VENGO AL DOCTOR, pensé, mientras soltaba una sonrisita, solo para no escupirla. Claro, toda la vida he tenido problemas de estos, nunca he logrado cortarme las uñas como una persona normal (ahora puedo hacer el movimiento pero no logro la presión para hacerlo), siempre he tenido problemas para hacerme una coleta, nunca he juntado los dedos con toda la mano estirada, jamás he bebido agua de mi mano hecha cuenco para lavarme los dientes (evidentemente con los dedos malos se me escapa el agua), mi estado normal es la incomodidad porque mi dedo meñique y el anular se mandan solos... hasta lo disfruto ¿porque a quién se le ocurre que uno los controla?, y es normal y divertido tener calambres que te hacen soltar lo que sea que tengas en las manos… ¡ESTÚPIDA!

YO:
No, no he tenido la mano así siempre.

LMGED (con visible cabreo): pues no sé, te mando a que te hagan una radiografía y me traes después los resultados. Pero ya te digo yo que no va a salir nada.

¿Entonces para qué carajos me manda nada? ¿Cuál es su problema en la vida? ¿De verdad la tipa cree que voy a ir a inventarle males que no tengo? ¿O me cree tan idiota como para no notar una deformidad así durante casi 28 años de vida?

Salí con el hígado peor que la mano, escupiendo bilis, con ganas de devolverme y ser bien insolente, mandarla al carajo, cag... en sus muertos, vomitarle el escritorio. Pero claro, mientras no tenga dinero para una clínica privada ESTA MUY GILIPOLLAS ESTIMABLE DOCTORA será siempre mi médico. Siempre. Por los siglos de los siglos amén. O sea, que estamos bien.















¡¡¡Me lleva la grandísima!!!

Ps. Pongo las fotos que me acabo de hacer de mi mano izquierda y la derecha, en la misma posición, solo para verlas de vez en cuando, así talvez entienda lo que ella ve tan “normal”.

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