Me acabo de enterar, más de un mes después, que una persona a la que le tengo mucho cariño tiene leucemia. Me he quedado a cuadros. Fuimos compañeras de clase un año, cuando ella aún no había acabado la carrera de canto y yo apenas empezaba en teatro; los cantantes líricos compartían aulas con nosotros en Actuación I y II.
No puedo hacer nada por ella, bueno, lo haré en cuanto ponga un pie en Costa Rica. La quimioterapia que le ponen implica que necesita 20 donantes diarios de sangre... no sé qué tipo de sangre tiene, pero para quienes me leen desde Costa Rica, les pido que porfis porfis porfis vayan a donar sangre. Por favor. Ya que yo no puedo.
Viernes. 8:10 p.m. Tras el curso de artes escénicas japonesas voy camino al metro con un chico de tercer año y con S. Al cruzar una calle veo que hay un desnivel, antes de que me dé cuenta me tropiezo y antes de que pueda reaccionar caigo como saco de patatas en media calle. S y el chico de 3ero me levantan y me llevan a una banca. Me duele mucho, MUCHO el tobillo, pero el chico me consigue hielo y se va. S se queda un rato más, pero le insisto en que se vaya, tiene entradas para el teatro, no puede hacer nada por mi pie y ya Fernando viene en camino.
Viernes 8:45 p.m. Cuando recién se ha ido S empiezo a sentirme realmente mal. Puede ser el frío, una bolsa llena de hielo pegada en el pie no ayuda, pero me duele cada vez más, me mareo, siento que me voy a desmayar. Intento parar a varias personas en la calle sin éxito, la última chica con quién lo intento no lleva ningún caramelo encima… me descompongo, me da un kleenex. Finalmente aparece Fernan. Viernes, 9:20 p.m.Vamos a la clínica… la doctora me toquetea el tobillo mientras yo doy saltitos y digo "auch". Me manda al hospital porque ahí no hacen radiografías. La doctora se sospecha que puedo tener algo roto, porque hay un par de puntos de dolor bastante agudos. Los hospitales son muy deprimentes, pero la doctora anterior me dio un ibuprofeno y me duele un poco menos.
Sábado, 12:30- 1 am.Radiografías… no tengo nada roto. Menos mal, es un esguince seriecillo, de 2do grado, pero no es grave. Tres o cuatro días de descanso, muletas y demás y en unos diez días tengo que ir donde el doctor a que me valore.
Hoy me han mandado mensajes mis amigos del Institut, me llamo N, C vino a dejarme unas muletas. La ventaja en la desventaja: es tan reconfortante que la gente se preocupe genuinamente por lo que te pasa, que casi me deja de doler el tobillo.
Mi problema… que no quiero quedarme metida en casa, pero ir en metro a clases es absolutamente inviable. Ya veremos… qué aburrimiento.
Hace unos días, Fanma contó en su blog sobre un cliente molesto, de esos que acaban por intimidar sin mayor esfuerzo por su parte. Empiezo a hablar hoy, entonces, de gente que incomoda.
EL INTIMIDADOR
Ese que invita a agachar la mirada o quedarse muy calladita, gente a la que soy incapaz de llevarle la contraria. Dícese, en algunas ocasiones, de un cabrón (a) que sabe que sólo vencerá metiendo miedo, pero aún así suele salirse con la suya.
En mi defensa debo decir que he mejorado (serán los años) y que cada vez hay menos personas que logren ponerme en dicho estado.
Aún así, reconozco que mi mayor fuente de intimidación viene por cuatro vías:
La gente excesivamente guapa, ya de concurso, fuera de serie y que sabe que está que mata. Esto en chicas y chicos por igual.
La gente muy famosa. Contadas veces me he visto en ocasión de acercarme a un famoso de verdad, pero las pocas veces que me tocó, mientras trabajaba de periodista, me ponía en un estado de nervios que sólo lograba manejar con mucha concentración y actuando. Me acabo de acordar cuando conocí a Saramago (suena a que vino a cenar a mi casa, jajaja, cuando en realidad me dio la mano, hizo un comentario bonito sobre Costa Rica y me firmó un libro). El punto es que estaba bastante nerviosa, poco dije, sólo atiné a sonreír. También es cierto que ¿qué carajos iba a decirle?“¿cuándo sea grande quiero ser como usted?”. Mejor callada.
La gente increíblemente inteligente, o conocedora de un tema. Sobre todo si el tema me interesa a mí también, me siento pequeñititititita.
La gente con mucho poder. Según el caso puede ser desde alguien que me atienda en la oficina de Extranjería, el director de la carrera, el dueño del piso. Sobre todo si nos los conozco personalmente… nunca se sabe si usarán su posición jerárquica para ayudarte o para joderte. De estas tengo mil historias, pero la peor de todas fue una profesora que, cuando me atreví a llevarle la contraria en algo que yo tenía razón, usó su mejor táctica de terror, acoso y derribo, hasta que –muy a pesar mío- me rendí.
Si hacemos combinaciones ya la cosa deja de ser manejable, alguien famoso muy guapo: me muero. Alguien muy muy guapo e increíblemente inteligente: no puedo. Alguien inteligentísimo y famoso: me quedaría congelada. Alguien con poder, inteligente, guapo y famoso: la muerte en patines.
Ahora, sé que algunos de estos especimenes no hay motivos para temerles, o sentirse amenazado, pero tengo claro que más o menos así funciono.
Lo gracioso es que, no siendo ni guapa de concurso, ni increíblemente inteligente, ni famosa ni poderosa… intimido a mucha gente. Es probable que la gente que me tiene miedito sea porque tengo un carácter fuerte, o porque hablo como si me las supiera de todas: todas. Es curioso pensar que a cada cual nos crea esa sensación de indefensión algo diferente.
Hace bastantes años, tendría yo 11 ó 12 y hasta mucho tiempo después, me apasioné por el terror. La mitad -al menos- de los libros que leía eran de este género, al igual que las películas, que devoraba sin criterio ni discriminación alguna. Así, me vi todas las Amityville(tras leer el libro, que por lo menos a mí me dio mucho miedo), las Pet Cementery, incluso las muy baratas Scream y I know what you did last summer. Me sabía perfectamente las Viernes Trece y –aún con cierto reparo- podía seguir las sangrientas aventuras de Freddy Krueger. Leí Itde Stephen King y me desvelé por la historia, incluso llegué al extremo de no poder dormir con el libro en la misma habitación. Era, con todas las de la ley, una forofa del terror.
Luego me cansé y me pasé al suspenso. Hasta hoy disfruto de las películas donde estás al borde de la silla, al borde del grito, con el suspiro atravesado en la garganta aunque no veas nunca al bicho que causa el miedo. Por ejemplo, me gustó The Blair Witch Project por ese motivo.
El terror dejó asustarme cuando me cansé de ver bichos sangrientos poco creíbles… pasé de estar asustada hasta más no poder, a casi sentir que aquello era una comedia (con excepción de las películas japonesas y coreanas de este género, que por lo general siguen matándome del susto).
Entiendo que es muy complicado contar una mentira tan grande, con sangre y bichos, casi siempre muy gore, y que la gente se lo trague. Inevitablemente, el propio género crea una distancia difícil de salvar, que sólo mantiene el contacto con quien lo ve por su propia voluntad.
Ayer fuimos a ver 28 semanas después. Tenía mis reparos porque sabía que era de terror y, como si fuera poco, la segunda parte de otra película que no llegué a ver. Tras la primer secuencia cualquier duda de la calidad y efectividad se fue al suelo. Pasé la hora y media al borde de la silla, grité de vez en cuando (mientras Fernando se reía de mí un poquito), salté veinte veces… es buenísima, la verdad. El director supo crear el vínculo y mantenerlo, tanto que ni siquiera puedo decir si el guión tiene lagunas, o es consecuente... ¡es que no me enteré de nada técnico ni formal!
28 semanas después está hecha con inteligencia, logra poner al espectador en un estado de alerta impresionante. La música es genial y termina de ayudar en eso de meterte en la historia.
Hubo una sola escena que me pareció excesivamente grotesca, sangrienta y asquerosa, aunque advierto que en toda la cinta hay sangre para tirar para arriba. De hecho, pienso en mi madre que odia estas películas y sé que se habría salido del cine, jamás habría aguantado la matanza. O sea, es muy buena pero está hecha para los que disfrutan de ver un poquillo de vísceras viscosas.
Si las películas de terror funcionaran siempre tan bien… volvería a mis viejos hábitos.
Como diría Fanma, cosas que hice el fin de semana:
Fuimos a clases de canto, me pasé de vinos y acabé cantando sí, pero de vuelta a la casa y el himno del Barça (“blaugraaanaaa al veeent, un crit valent…tenim un nom qui ho sap tothom…Barça, Barça, Baaaaarça!). A veces se siente tan sabroso cuando uno hace el ridículo. De la resaca ni hablar.
Leí mucho, mi libro nuevo de Lucía Extebarria. Voy a acabar fundando el club de fans de Barna y dejándome de rollos en plan“no me gusta, miimimimimi, blablabla”. Aprendí que quiere decir aquí “repipi”. No trabajé sábado. Se me fue volando el fin pero es una sensación sin igual esto de librar dos días seguidos. Hoy por la tarde volvemos a la realidad.
Me divertí pensando y hablando con Fernan de algunas cosas extrañas, como los himnos. Por ejemplo, a mí me enseñaron con 6 añitos el de la independencia de Costa Rica. Dice “nuestro brazo nervudo y pujante, contra el déspota inicuo, opresor… a los ruines esbirros espante, que prefieren el ocio al honor”. Todavía tengo que pensar lo que significa la mitad de las palabras, jejeje, y que nadie se asuste si me toca ir al diccionario. ¿Esbirros?Ni quiero imaginarme lo que yo creía que decía cuando me lo enseñaron. Pobres chiquillos.
Me puse muy muy muuuy contenta porque mi madre me dijo que ya habló con JULIA, que nos va a hacer las fotos de la boda. ¡Gracias, Julia, sabés que es un honor! Fuimos a ver “Sunshine”. No me gustó nadita de nada. La primera hora estuvo bien y luego se acabó lo que se daba. Además, como Murphy es un cabronzuelo, detrás de nosotros estaba Saruman (la compañera de piso) y su novio horroroso, Bond. Lo bueno es que recuperé mis 6 euros de la entrada porque Fernan dijo que si no me gustaba él me invitaba, eso y que las próximas dos veces que vayamos al cine escojo yo! Ñaca ñaca ñaca. Quiero ver La Maldición de la Flor Dorada (dir. Zhang Yimou) y Retrato de una obsesión (sale la hermosa más hermosa, Nicole Kidman).
Hablé con mi mamá, escribí un mail muy muy triste pero el más honesto de mi vida y empecé a cerrar capítulo. Como cuando uno se corta, hay que darle tiempo a la herida para que cierre, pero espero que sea un proceso poco doloroso, que ya haya pasado lo peor y que todo esto tengo alguna razón de ser.
¡Feliz semana... antes de que se acabe yo tendré un año más de vida!
Esta noche soñé que me mordía un perro enorme, un pastor alemán que –detrás de una vitrina –me mostraba los dientes con rabia. En una de las ocasiones en que tuve que pasar cerca de él, sin querer tiré de la puerta de vidrio que nos dividía y logró prensarme el brazo. Lloré y lloré, aunque no recuerdo ver la herida, pero sobre todo chillé porque estaba muy asustada, aterrorizada, porque aún después de morderme el perro seguía gruñendo y yo tenía que dormir en un sillón al lado de la puerta transparente. No podía cambiar de lugar, me tocaba quedarme ahí a la par.
En el sueño estaba mi papá (que por cierto no se metió a zafarme del perro) diciendo “la próxima vez no te le acerqués tanto, si ya sabés que te puede morder”. Como si hubiera sido intencional, como si el hecho de que me mordiera fuera mi culpa... me cabreaba mucho, pero pronto se me iba el cabreo al escuchar la respiración del perro.
Supongo que el sueño es fácil de interpretar: me han pasado un par de cosas estos días que me tienen un poco alterada, o asustada… supongo que la mente lo canaliza de la mejor forma, para no explotar durante la noche. Y ambas cosas son producto de elecciones que he hecho en la vida, así que no hay nada de qué quejarme.
Pero este sueño fue de esos que te dejan con las sensación durante el día siguiente, que aunque sepa que no es verdad, hay una semillita de terror en medio de mi estómago (que se siente como ese hueco que queda en el estómago tras vomitar). Espero que sea cuestión de horas para volver al estado normal. Espero…