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domingo, junio 15, 2008

...

No tengo ganas de escribir.
De hecho, hoy, así sobre las olas y porque no tengo ganas de escribir, borraría el blog. Entero, que no queden ni las más mínimas huellas.
Ni siquiera es un grito silencioso que quiera respuestas del tipo "noooo, no lo hagas", o las respetuosas de "hazlo, te vendrá bien".
Simplemente a veces escribir es un acto complicado.
Fácilmente malinterpretable, o interpretado en todo caso... y de ahí: erróneo.
Como el autor al que ahora le achacan mil teorías... le aducen mil cosas... le plantan etiquetas. Y él únicamente quería escribir, sin segundas intenciones. A lo mejor ni pensó demasiado, dejó que las letras se escaparan de sus dedos y se metieran entre palabras y frases. Escribió. Y años después alguien dijo "escribió". A pesar suyo. Es su culpa, es verdad, por no respetar esos instantes en que no quería decir nada, por dejarse llevar por el impulso, por la pasión, por las vísceras.
Yo no tengo ganas de escribir, aunque haga lo contrario. No quiero decir nada. Bueno, talvez una sola cosa: hoy diría "adiós".
Pero resisto. O eso creo. Eso creo.

lunes, abril 14, 2008

Sabiduría cotidiana

“Si el papel no funciona correctamente,
la ruta del papel de la impresora puede requerir limpieza”.



Gran verdad. Basta cambiar “el papel” por “los planes” e “impresora” por vida.


“Si los planes no funcionan
correctamente,
la ruta de los planes de vida
pueden requerir limpieza”.


Sabiduría de lunes por la mañana, jeje, patrocinada por EPSON Photo Quality Ink Jet Paper.

miércoles, marzo 12, 2008

Tú me hiciste brujería…

Me echaste no sé qué en la comida, bruja brujita bruja… brrr… demoonioo.
(Para los no iniciados es una salsa sabrosona bastante popular en Costa Rica).

8: 30 am Voy hacia el metro, caminando tan tranquila. De repente, en una esquina veo: una vela roja encendida, un plato de barro lleno de algo raro, blancuzco con una cruz de cerillas encima. Al lado una foto, una caja de cerillas abierta, varias cerillas alrededor. Un vaso con algo transparente, un puro y una botella de licor, abierta.

WTF?
¿Brujería, en media calle barcelonesa, a ayer 11 de marzo del 2008?

¿EN SERIOOOO?

Pues sí, tenía toda la pinta. Pensé en sacarle una foto, pero no llevaba la cámara. Cuando llego al metro me doy cuenta de que no llevo la cartera, me devuelvo a casa. Cojo la cámara.

8:45 Algún alma despiadada destruyó aquel monumento a la brujería. Quedó lo que está abajo en la foto, que además es de mala calidad porque había un chico al lado mirándome mientras sacaba la cámara.



Y yo no quería que se pensaran que aquello era obra de mi mano.

Que seré muchas cosas, pero bruja de los que hacen amarres, hechizos y afines… ¡eso no!

martes, febrero 19, 2008

Dra Chachita y Mrs Gilipollas

Ya tengo pie derecho otra vez. Me quitaron la venda y me mandaron a caminar, despacito, pero sin muletas. Por fin, estaba harta de andar sin zapato y tener que poner el pie y la media en la calle... ¡qué ascooo!

Pero la visita al doctor de hoy me sembró una duda enorme.

Quienes rondan por aquí hace rato se acordarán de La Muy Gilipollas Estimable Doctora. Para quienes no, pueden leer este post y este, si tienen ganas y/o tiempo.

La cosa es esta… digamos que mi doctora de cabecera se llama la Dra. Chachita, es la que me corresponde desde que me saqué el carné de salud de Barcelona, hace dos años.

He ido al médico unas cuatro o cinco veces en estos dos años y unas tres por urgencias. Esto es lo que ha pasado:

Voy al consultorio de la supuesta Dra Chachita. Me atiende La Doctora Gilipollas (que asumo que es la Dra Chachita), que me trata como un zapato, y a pesar de tener unos calambres rarísimos en el brazo, y no poder juntar dos dedos de la mano, me manda a casa con analgésicos y haciéndome cara de que me lo estoy inventando. Cuando vuelvo porque no se me quita el asunto, me manda una radiografía, aunque me advierte que "no tengo nada".

Voy a Urgencias un domingo porque tengo el brazo fatal. Me atiende otra doctora, me manda analgésicos, que me vaya a la casa y busque a mi dra de cabecera.

Vuelvo un par de días después... con el resultado de la radiografía. Me atiende OTRA doctora, esta amable aunque no demasiado. Esta me mandó un examen más pero el teléfono que me dieron para sacar la cita jamás funcionó. Se supone que tenía que ir una vez más, pero yo, como soy tan terca, paso de ir a ver a la Dra Chachita y cuando llega el verano se me quitan los males.

Declaro que odio a la Dra Chachita.

Voy una vez más (este diciembre) por una amigdalitis. Me atiende otra doctora, medianamente amable… me da ¡analgésicos! Y me manda a casa. Vuelvo a la semana, peor, y me atiende la Doctora Gilipollas. Vaya suerte, pienso, llegar a urgencias y encontrarme a la Dra Chachita. Esta vez me da un antibiótico, aunque me regaña porque tengo la campanilla muy larga y salivo mucho, lo que le dificulta verme las amígdalas (claro, ella sabe que salivo adrede, por joderla).

Pienso, por vez número ochenta, que tengo que cambiarme de médico de cabecera, porque la Dra Chachita AKA Doctora Gilipollas es eso: una imbécil. Como era de urgencias, también atendió a Fernando que tenía una faringitis (sí, en diciembre coleccionamos "itis", mi madre tuvo bronquitis para completar el cuadro) y salió bufando de la doctora tan imbécil que le tocó. "Claro" le digo yo, "es que es la Dra Chachita, mi doctora, ¿verdad que es una bruja?".



Hoy voy a que me mire la pata coja la Dra Chachita. Me preparo psicológicamente para salir desmoralizada, además de que decido que al salir de la consulta, aprovecharé para cambiar de médico de cabecera. Ayer me dijeron que tarda diez días y creo que es suficiente de aguantarle a la Dra Gilipollas. Decido incluso decir el por qué directamente. Me ensayo mi speech "es que la Dra Chachita trata a la gente como si fuera imbécil, como si fuera divertido venir al médico, bla bla bla" o algo similar. Casi entro en catarsis de pensarlo, ¡¡¡finalmente le voy a dar su merecido!!!

Abre la puerta la supuesta Dra Chachita… y NO es la Dra Gilipollas. Es una chica encantadora que me trata super bien. ¿? ¿Ein? Una chica a la que no he visto NUNCA.

Vale, puede que la Dra Chachita esté de vacaciones y esta buena mujer ha venido a hacerle sus horas, pienso. Cuando acabo, bajo por el ascensor y ¡oh sorpresa! Va saliendo del otro ascensor la Doctora Gilipollas.

¡O sea, que la Doctora Gilipollas no es la Dra Chachita! ¿Entonces, he tenido mala suerte crónica o qué carajos pasa?

Estoy por ir al médico la otra semana. Sólo por descubrir el misterio.

No entiendo nada.

miércoles, enero 23, 2008

Telepatía y sueños premonitorios

3. Telepatía

f. Coincidencia de pensamientos o sensaciones entre personas generalmente distantes entre sí, sin el concurso de los sentidos, y que induce a pensar en la existencia de una comunicación de índole desconocida.

f. Transmisión de contenidos psíquicos entre personas, sin intervención de agentes físicos conocidos.


Cuando estaba en el colegio me di cuenta de que decía cosas a la vez con una amiga. Como nos pasaba muchísimo, empezamos a probar hasta dónde podíamos llegar. Por jugar, y sin avisar a la otra, escribíamos en un cuaderno una palabra o una orden (sencillas, como rascate el brazo derecho). Casi el 100% de las veces, la otra de repente pensaba en la misma palabra, o ejecutaba la orden.

Mi madre me responde cosas que no le he dicho. Cosas muy concretas, completa mis frases, me hace bromas que no vienen a cuento y corresponden con lo que tenía en mente. Una vez iba conduciendo hacia mi casa, pensando en una sopa que hace mi madre y cuando llegué estaba terminándola de hacer. Dije "maaami" y ella, antes de que le dijera nada más me dijo "es que te oí llamarme y pedirme que te hiciera sopa". A veces tengo ganas de hablar con ella, me concentro y la imagino llamándome. Puede que tarde incluso medio día, pero siempre me llama. Me llegan “mensajes” de amigas, sobre todo las cercanas.



4. Sueños premonitorios y/o de relevación



Los sueños… pues cuento uno de familia y luego uno personal.

Mi tía casi mamá soñó que otra de mis tías estaba encerrada en una casa, con una chica de X características (muy particulares, por ejemplo pelirroja) que intentaba atacarla y hacerle daño. Ella se ponía en medio de las dos y al final lograba espantarla. Unas semanas después mi otra tía se enteró de que su marido le era infiel, con una tipa exacta en descripción a la del sueño de mi tía casi mamá. Esta misma tía (casi mamá), que es bastante particular, soñó días después de que me comprometiera, que llegaba a su casa a contarle que me iba a casar. (Como que el mensaje llegó muy rápido por vías alternativas, jiji). Ella sostiene que sabe cuando un sueño es “normal” y cuando es de premonición/revelación. Nunca falla. Nunca nunca nunca.

En marzo del 2005 pasé una semana de depresión chunga. Me sentía sola, pero de esa manera en que pocas veces se siente uno en la vida. Llevaba varios meses bajando de peso, pero la mayoría lo perdí esa semana, estaba al borde del abismo en todos los sentidos tras un laaaargo duelo. Muy en serio le pedí a Dios una cosa. Que me mostrara en sueños quién era la persona con que iba a estar, pasar mi vida, crear vida juntos. Cuando me levanté, no me acordaba del sueño, pero tenía un nombre. Me sentí estafada, el único con ese nombre que tenía cerca y conocía era gay, el otro le había perdido el rastro meses atrás y no pegábamos ni con cola como pareja. Me enojé un poco, “para una vez que pido un sueño de revelación”, pensé.

Olvidé el sueño durante meses.

En agosto-setiembre de ese mismo año conocí a Fernando. En diciembre, antes de venirme a vivir a Barcelona, una de mis compañeras de piso me recordó el sueño… y el nombre. Sí. Era “Fernando”.

A veces me vuelvo loca y me estreso según lo que sueñe, gracias a esto... pero divertido es. ¡Lástima que nunca sueñe con el número del Euro Bote!

lunes, enero 21, 2008

Reencarnación

A raíz de uno de mis posts, Amorexia me invita a hablar de temas… digamos… misteriosos/esotéricos.

Probablemente muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero eso es lo interesante. Me dejo de rodeos y vamos al ajo. Esta será una pequeña serie de temas, empiezo con la reencarnación.



1. Reencarnación
según la RAE:
1. intr. Volver a encarnar.


Sí. Creo. No sé hasta que punto lo asumo como una cosa real en mi vida, aunque hubo un tiempo en que me pegó la rayada de haber sido alguien más... pero luego dejé el tema, creo que me dio miedo pensarlo en profundidad.

Como concepto pienso que es perfectamente posible.

Siendo como somos un ente/alma/espíritu cuyo cuerpo es sólo el instrumento, no me parece descabellado que éste pueda vivir en cuerpos diferentes, en momentos diferentes. Muchas religiones orientales aceptan la posibilidad y de hecho basan sus creencias y forma de vivir en este principio. Como muestra, el hinduismo y el budismo (y el karma).

Si nos vamos a la religión católica, la verdad es que se supone que se niega esta posibilidad, pues todos los conceptos de “renacer” están vinculados con la vida eterna, esa es la explicación de la "resurección de los muertos", es la vida que nos espera –según nuestros actos en vida –en este espacio poco definido que es el cielo. Como hace unos años dijeron que el infierno no existe, yo sigo sin saber dónde va la gente que hace cosas malillas y nunca llegan a arrepentirse. Esto me parece aún más misterio que la posibilidad de la reencarnación.

Sin embargo, si leemos La Biblia con detenimiento, se hacen referencias a estos temas aunque nunca se les aclara del todo. Por ejemplo:

Durante el pasaje de la transfiguración Jesús dice a sus discípulos: “Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del Hombre a manos de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista”.

Según mi humilde interpretación, Jesús hablaba de Elías y Juan el Bautista como la misma persona, en tiempos diferentes.

Ahora, entiendo que el concepto de meterse –cual espíritu chocarrero –en un embrión es difícil de asumir, pero de nuevo, si no es así… ¿de dónde surge la vida? Ojo, que creo en Dios, incluso me considero católica –no practicante-, pero una cosa para mí no excluye la otra. Así que, aunque entiendo que se diga "viene de Dios", eso no significa que mi idea quede rebatida. Puedo entender, eso sí, que no se tenga respuesta y aún así no se crea en esto. En fin, que yo incluso podría decir quien creo que fui en una vida pasada, aunque sé que en algunos grupos esto es causal directa de internamiento en el psiquiátrico.

jueves, enero 17, 2008

Me acuerdo de un recuerdo


Una de las cosas que más me da miedo en este mundo es perder la memoria. Me parece de una crueldad terrible... el que el disco duro desaparezca es el mejor sinónimo de quedarse desamparado, porque lo único que tengo, que es mío, es lo que me ha pasado. El cuerpo es un instrumento, el cerebro es el procesador.

Leí un artículo (confieso que fue en la Cosmo o en la Glamour, mea culpa mea culpa) una vez sobre una chica que sufrió amnesia, cambió su vida radicalmente porque nada de lo que le decían sobre sí misma le satisfacía y confesaba que, tras muchos años, le aterrorizaba recuperar la memoria, porque sabía que se encontraría con “residuos” de su anterior yo.

Me parece alucinante.

Bueno, todo el fenómeno de la memoria me parece increíble. Porque si nos paramos a pensarlo, los recuerdos no son más que una construcción medio ficticia – medio real de lo que nos pasa.

Mi hermana, por ejemplo, cuenta una historia de cuando estaba chiquitilla, de que se cayó en un hueco y no podía salir. Daría su vida jurando que es verdad, pero mis papás (que según ella estaban) juran sobre sus seres más preciados que nunca pasó. ¿Quién tiene la razón?

Mi teoría, en este caso, es que estuvo a punto de caerse o algo similar, que luego su mente magnificó. O no, yo qué sé... sólo sé que no sé nada y eso ya lo dijo el filósofo, así que nada qué aportar.

Me he pasado, y para eso no tengo explicaciones, que me acuerdo de cosas que sé que no soñé pero que tampoco me han pasado, al menos en esta vida (uy, obviemos el tema, no tengo ganas de hablar de reencarnaciones y cosas de estas). Y la sensación es de realidad absoluta. Podría describir el tacto, el olor, los sonidos de las situaciones.

Tengo mucha imaginación, pero no creo que tanta.

A lo mejor el cerebro guarda informaciones sin procesar que luego construye, qué se yo, pero raro es.

De paso, se recuerda lo que se quiere y en las dimensiones que se quiere. Apasionante e inquietante, porque a la vez es una cosita tan frágil...


La ilustración es del oh, maestro, Quino.

lunes, enero 14, 2008

No soy perfecta.

Me construyeron perfeccionista.

Tengo clarísimo que el daño es equivalente al bien que me hicieron.

Cuando sacaba un 8 en mi casa me decían que era una nota mediocre. Un 9 estaba bien pero era insuficiente. Un 9,5 era un intento fallido de lo excelente, que era el 10. Para demostrar mi inteligencia SÓLO podía sacar 10. Menos era mala señal.

Gracias a esto siempre fui buena estudiante, muy muuuy responsable. Pero también lo he pasado muy mal.

Con 9 años me eché a llorar mientras decía “castígueme, si quiere” porque me saqué un 7 en matemática. Mi papá me miró con cara de ¿qué qué? Y me dijo que no era para tanto, había sacado 2 puntos más de los necesarios para pasar el examen, pero me sentía fracasada. Mi mamá era más puñetera con estas cosas, su ansia de vernos como mujeres triunfadoras la hizo exigir hasta los límites.

En los primeros años de secundaria sufría mucho, yo había entrado a un cole donde la mitad de las clases eran en inglés y no sabía nada de nada, por más que me esforzara las notas siempre eran apenas la sombra de lo que se esperaba de mí. Cuando estaba por terminar, ante la evidente dificultad de entender las ecuaciones trigonométricas, pasaba horas en clases privadas para lograr lo exigido.

En la universidad, vivía con la amenaza permanente de que si no aprobaba TODOS los cursos, estaría obligada a trabajar para seguir estudiando. A principios de primer año en matemática (malditas mates, las detesto) el cerebro y la disposición no bastaron, saqué un 4, suspendí con entusiasmo y la gastritis fue de campeonato. No sé cuánto estuve enferma, pero no fueron pocos días. Tenía miedo, de verdad, tanto que mis papás se enteraron de que me quedé en aquella materia unos diez años después.

Una de las razones por las que dejé el periodismo, lo confieso aquí, fue porque sabía que jamás sería excelente. Sí, es cierto, tampoco me apasionaba el mundo ese, pero tenía la certeza de que siempre sería malilla, mediocre o, con mucho esfuerzo, apenas buena.

Ahora, sin miedos a repetir cursos, esta exigencia es tan personal que me cuesta no tenerla.

Lloro de impotencia cuando no entiendo algo, cuando me doy cuenta de que se escapa de mis posibilidades. No puedo evitarlo, es casi patológico.

Hoy, para más inri, me eché a llorar en plena clase de música porque no entendía de la misa la media. Visto desde mi yo de afuera me di cuenta de que era un ridículo aquello, pero por más que me lo repetía, las cabronas lágrimas seguían saliendo.

Quiero pensar que algún día aceptaré que no soy, ni tengo porque ser perfecta. Y que un 5, 6 ó 7 no dice nada de mí, dice de mis aptitudes concretas en un área concreta, no más. Quiero dejar eso que durante 28 años y medio de vida he asumido. No soy peor persona por no controlar las cosas. No.

Quiero creérmelo.

sábado, enero 12, 2008

Tres años, cuatro, cinco ¿seis?

Esta semana me enteré de que, para que me den la nacionalidad, tengo que quedarme aquí unos tres años más. Sí, eso es lo que tardan. La razón es que en el 2005 se regularizaron miles de inmigrantes ilegales, entre ellos los latinoamericanos y tras dos años de residencia legal (que no sea por estudios) se puede pedir la nacionalidad. El sistema ha colapsado, no tienen capacidad de reacción ante la ola de solicitudes.

Tres años “más o menos”, me dijo el señor que me atendió. "¿Por qué, te urge?" remató. "No, clarooo que nooo, es curiosidad", respondí. Tres años, o más. TRES AÑOS. Juro que no sé si estoy feliz de tener la excusa, finalmente, para seguir aquí o si más bien estoy un poco descolocada por tener un plazo mínimo establecido.

Hasta ahora me he quedado mucho más tiempo del decidido inicialmente, pero es algo que se va sumando paulatinamente... siempre puedo largarme "ya casi" si lo quiero. Pero con este trámite no, estoy obligada a quedarme.

No quiero irme sin eso por diversas razones, entre ellas que los padres y familia de Fernan se quedan aquí y nunca se sabe cuándo y por cuánto tiempo podría verme en necesidad de venir. Segundo, ahora no piden visa a la gente de Costa Rica, pero es probable que en cinco, diez o ‘X’ años sí la pidan. Y me niego a seguir haciendo papeleo, llevo cuatro años entre burocracia y ya está bien.

Pienso en tres años y la vida se me hace contradictoria… es un poco menos de lo que llevo en España, han pasado tantas cosas que me suena muuucho tiempo, pero no lo he sentido como un período muy largo. Pero claro, sumo tres y medio que llevo, tres que quedan: y seis años me suena a mucho.

Temo perder los vínculos, con todo… no sólo los personales. Lo de perder amigos sé que va como tiene que ir, la gente que te quiere aguanta el tiempo que tiene que aguantar. Lo sé. Ya lo he vivido y entiendo que es un proceso natural. También laboralmente, sé que quien confía en tu trabajo te hará un sitio, ahora o en unos años… pero seis años no son pocos, suenan a echar otras raíces.

Me suena a posibilidades tan abiertas que me colapsa mi propio sistema.

Y sí, lo reconozco… da mucho miedo. Sobre todo porque ayer se fueron mis papás, y no puedo evitarlo, cada vez que me despido y cambio (o cambian) de país, me queda una sensación de desamparo terrible, físicamente dolorosa. Da miedo.

lunes, diciembre 10, 2007

Adiós, Fer.



Mi querido Fer… Hice el Máster en La Coruña con él y nos hicimos muy amigos. Confieso que entre mi mudanza a Barcelona y sus ocupaciones, dejamos pasar meses sin hablarnos, nos vimos poco, pero al menos yo siempre tuve la sensación de ser afortunada de tenerlo en mi vida.

Ayer por la noche me llamó. “Estoy en Barcelona”, me dijo. Luego quedamos en vernos una hora que es lo que podíamos coordinar antes de que cogiera su avión a Marruecos. Se va de paseo, vuelve en una semana, recoge sus bártulos y se va. La Colombia natal lo espera.

Acompañados por un café con leche me confesó que no acaba de aclararse, a ratos quiere irse ya, a ratos desearía quedarse más tiempo. Ya son tres años de vida de este lado y, como a mí, le da un poco de miedito el shock del regreso.

Después de la brevísima cita, nos dimos un abrazo. Le desee lo mejor de lo mejor. Luego tuvimos que hacer bromas, era evidente que era reírnos o llorar y las lágrimas ya se estaban asomando, así que fingí darle una patadita en el culo y le dije “largateeee”.



Y se fue.


No sé si lo vuelvo a ver. Mi esperanza es que sí, pero no sé cuándo mis finanzas me van a permitir hacer viajes que no sean nada más a Costa Rica o a Tenerife. Mis papás y mis suegros siempre salen ganando, pero hay que pagar por verlos. Con mucha suerte lo veré, calculo, otras seis u ocho veces. Talvez diez o doce, poco probable que sea más. Es duro asumirlo. Seis, ocho, diez, doce… la cuestión es que jamás volveremos a compartir lo liviano y lo profundo. Al menos no en vivo. Al menos no a diario, no en el mismo país.

Yo, con el corazón encogido a más no poder me di cuenta de que me toca, me seguirá tocando.

Algún día me iré de aquí, o no, en cuyo caso, muchos días me seguiré despidiendo de gente que quiero, y que como Fer, no sé si volveré a ver. Duele asumirlo, mucho.

Adiós, Fer.

sábado, diciembre 01, 2007

...

A las tres de la tarde sonó el timbre de casa, yo estaba en la terraza. Fernan me grita desde el pasillo del frente que llame a la ambulancia. Cuando me acerco a la puerta veo al viejito del frente tirado en el suelo de la entrada de su casa. Su esposa gimiendo de un lado para otro, dice que iba a salir, abrió la puerta y cayó al suelo.

Llamo, demasiado nerviosa, no logro comunicarme con el número de emergencias. Toco el timbre de otros vecinos porque noto que no podré ponerme en tesitura traquila, mientras veo a Fernando intentar encontrarle el pulso al señor, me quito los zapatos y paso por encima de él a calmar a la señora. Finalmente logramos llamar a la ambulancia (las vecinas, yo no puedo, soy un saco de nervios bien disimulados pero inutilizantes).

Cuando salgo de casa de la señora lo observo. Tiene los ojos abiertos, la boca abierta y empieza a ponerse… no sé… azul, lila, qué sé yo. Me lo temo sin querer pensarlo en serio, pero no tiene pinta de estar inconsciente (los desmayados como mi única referencia, suelen cerrar los ojos y estar más bien flácidos en su expresión). Me lo temo y padezco los gimoteos de la señora que dice “está helado, ay Dios mío, está helado” mientras le acaricia la mano y el brazo. Un par de minutos después alguien dice que ha movido los dedos un poco. Ahuyento mi hipótesis y me aferro a esa, acaba de mover los dedos.

Cuando la ambulancia llega (los 8 minutos más largos de mi vida) una chica llena de paz le habla, le dice “hola guapo”
mientras le corta la ropa y su compañero le hace masaje sobre el corazón, uno, dos, tres, cuatro, oxígeno; uno, dos, tres, cuatro, oxígeno. La miro con cuidado y noto que ella –con sólo una revisión ocular –sabe que hay poco que hacer.

Llegaron a ser seis, un técnico, la enfermera y el enfermero y tres doctores que llegaron después. También llegó la hija del señor, que se deshizo en las gradas y el nieto, uno de ellos, intentando mantener el tipo. Yo, junto con Fernan, en el canto de la puerta sin saber qué hacer. La señora, ahora muy tranquila, cuenta mil veces lo que pasó antes de que se cayera el señor, nos da la gracias, repite la historia. Unos siete minutos después el jefe de los médicos explica que podrían seguir tres horas intentándolo, pero que ese era un corazón que ya había decidido no latir más.

He hablado tantas veces de la muerte, a veces digo que lloramos por egoísmo, o por imaginarnos la vida sin esa persona. Pero no. Hoy tengo otra hipótesis… es la impresión tan bestial de que hay un cuerpo hueco al frente. Es la primera vez que veo alguien muerto, así, en el momento mismo de morirse. Ese mismo señor que todas las noches oía tosiendo y quejándose con un tímido “ay”.

Y la imagen que intento obviar, del momento en que esa boca abierta y esos ojos vacíos sean unos amados. Lloré, me calmé, pero estoy desolada, tengo miedo. Mucho. Ante lo inevitable, el deceso jurado e imposible de eludir. Desolada y aterrorizada. No quiero no quiero no quiero no quiero que me pase a mí, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Desolada y con miedo, pensando en el día que me toque cerrarle los ojos a alguien que amo. Desolada. Asustada. Talvez más lo segundo que lo primero. Tan natural... y tan impactante.

martes, noviembre 27, 2007

Anotaciones literarias

1. Por las preguntas sobre mi papá del post anterior ando con el pecho henchido, jeje, como si fuera yo. En dos días le he enseñado su nueva novela a Raimundo y medio mundo, he dicho decenas de veces lo genial que es y he nombrado un par de sus premios cada vez que puedo. No hay que darme mucha pelota que lo tengo un poco subido en el pedestal, es que me parece de las personas más inteligentes de este mundo, más estudiadas y cultas y más humanas. Sueno a chiquita de cinco años, pero es que mi papá es lo más, es un crack, la hostia, el non plus ultra, doña to’a y papichori (jajajaja, la de tiempo que tenía sin decir “doña to’a y papichori”, me pregunto si será dicho de mi casa o general de Tiquicia)

2. ¿Alguien se sabe algún cuento divertido, más o menos para niños, que pueda contar en mis clases de voz? Es que lo único que se me ocurre es lo típico de Cenicienta, Los Tres Cerditos y demás… Y otro que me gusta mucho que se llama Where the wild things are tiene poca gracia sin las ilustraciones. De hecho son taaan bonitas que da cosa contarlo sin ellas (ya se ve en la de arriba por dónde van)

3. ¿Por qué la gente forra los libros? He visto forrados con papel de regalo, con páginas de revistas, hojas de periódico. Hoy vi uno que ya era la alegoría a las cosas raras… una chica en el metro con el libro forrado… ¡con la bolsa plástica en que se lo dieron cuando lo compró en FNAC! Si alguien sabe el por qué de esto o –directamente- forra los libros, se le ruega contestar la incógnita. Porque digo yo ¿taaaan malo es el libro en cuestión que da vergüenza ir por ahí mostrándolo? O ¿es puro egoísmo en plan “este libro tan genial no lo comparto con nadie”? Y el cuento de "para protegerlo" me suena raro... ¡existe el plástico adhesivo TRANSPARENTE! No lo entiendo, de verdad. Y además, reinvindico mi derecho a chismear-cotillear-marujear lo que los demás leen ¡sólo eso me faltaba, el secretismo literario, viajar en metro con la duda, nunca llegar a evacuarla! ¡Misericordia, forradores del mundo!

jueves, octubre 25, 2007

Emocionate!

Hablábamos hoy, entre los frikis del Institut, de lo que nos emociona. No sólo para llorar, que es lo primero que se viene a la cabeza, si no también para reír, o enojarse. Yo llegué a la conclusión muy teórica de que cada uno tiene una especie de círculo de tolerancia de estímulos emocionales… cuando el estímulo se acerca al límite de tolerancia, viene la emoción. Según la persona, el límite queda más o menos lejos. El mío está tan cerca que si me descuido me encierra. Conozco algunos que pueden andar y andar y jamás ven la frontera del “ahora me emociono”.

Pero de cosas concretas hay tantas que tiran de los límites de mi círculo que me cuesta listarlas. Ahora me emocionan algunas sensaciones que antes no me hacían ni “mu”. De pequeña me reía de que mi mamá y mi hermana lloraran viendo una peli mientras les decía “pero si es mentira”. Incluso me acuerdo de que si algo empezaba a conmoverme, me distraía o me repetía la misma frase bajito, para controlarlo. Ahora hay que verme, que casi hasta los anuncios pueden conmigo. También me río más, incluso cuando nadie más le ve la gracia.

Cambio de emoción con facilidad, según el caso, aunque confieso que hay dos o tres grandes temas que me suelen descolocar: la distancia con mi familia y amig@s de Costa Rica, el sentirme incompetente/malinterpretada/abandonada y el corazoncillo de chocolate que tengo (ese se derrite fácilmente). Estos tres temas funcionan en positivo y negativo, es decir, a veces me hacen reír, otras enojarme, otras llorar, pero nunca me dejan indiferente.

Finalmente, quedó en el aire la pregunta del millón… Expresar los sentimientos ¿es una acción que busca afirmarse como ser gregario, o más bien se trata de una actividad onanista de yo-mi-conmigo que no tiene relación con los demás?

lunes, septiembre 17, 2007

Rumores blasfemos

No sé por qué me despierto pensando en una excompañera de carrera. Cuando estaba como en segundo año o por ahí, R se suicidó. Toda la historia fue muy rara: estaba embarazada, se encerró en un cuarto con el novio, escribió una carta de despedida (bueno, según los chismes sólo la firmó porque la letra no era suya) conjunta y varios días después el olor alertó a alguien. Abrieron la puerta y donde se supone que debería haber dos cuerpos sólo estaba el suyo… el novio se fue a una finca con sus primos y ahí estaba tan tranquilo (eso es interpretación malsana mía) mientras el cuerpo de ella se empezaba a descomponer.

Recuerdo que el muchachillo después caminaba con la cabeza muy baja, sobre todo si veía venir compañeros de ella y no volvió a saludar. Muy raro todo, ni digo mis conclusiones porque son muy “juertes” y hasta es delito.

Hace unos años también murió Laura. Fuimos amigas los tres primeros años del colegio. Después se pasó de “bando” y con otros amigos míos, dejamos de ser cercanas, pero antes de eso fuimos cómplices, nos reímos mucho, nos contamos cosas. De los recuerdos más graciosos (muuuy adolescente, por cierto) que tengo de ella es cuando, junto con otra compañera del cole, hicimos competencia de quién podía comer más pedazos de pizza. Ganó Laura, me parece, con doce porciones. Yo quedé tercera con diez.

Todavía me acuerdo cuando la fuimos a ver al hospital… la leucemia se la estaba comiendo, juro que se había encogido y le costaba sonreír. Supongo que no ayudó ver a tres amigas llegar de la nada, después de años y años de no verlas… cualquiera se supone que las cosas no andan bien. El funeral fue aún más raro, estaba sonriente metida en su caja, pero el vacío en el estómago fue enorme. No sólo había muerto alguien de mi edad (y entonces yo tendría 21 ó 22) si no que la iban a incinerar. Fue la primera vez que consideré que lo que digo de que “me saquen los órganos útiles y luego me incineren” talvez no sea tan buena idea.

La muerte es tan rara. Yo le tengo un poco de miedito, pero no a la mía, si no a la de la gente cercana. Es rara rara rara. No hablo del dolor que puede provocar, o del impacto para la gente cercana… hablo del capricho de la existencia. Se acaba a veces de las formas más bizarras.

Ya lo dice esta canción de Depeche… I don’t want to start any blasphemous rumours but I think that God’s got a sick sense of humour, and when I die I expect to find him laughing.

viernes, septiembre 14, 2007

Estruendo y furia

Sumergirse en la ola, en el vacío, en el perímetro que separa un cuerpo del otro.

Abandonar la resistencia y saludar con ímpetu a los caracoles amarrados a sus conchas.

Sumergirse tan solo por probar, para sentir los arañazos de los corales y dejar que la arena se cuele entre los poros.

Dar vueltas, caóticas, fascinantes, entre el estruendo y la furia, dejando que el paladar se acostumbre al miedo. Retozar con el miedo hasta hacerlo propio, lleno, palpitante, tan asquerosamente corrosivo que se vuelva tierno.

Sumergirse y permanecer inmerso, un segundo, dos, tres, hasta que el alma amenace con dejar el edificio. Hacerle la corte al mar con frases hechas que suenan a nuevas, hasta que no pueda resistir el impulso y baile al unísono, bailar con el mar, no contra él.

Y después… saber cuando salir a flote, lo que ahoga no es la ola, es quedarse demasiado tiempo extasiado y querer emerger cuando el agua empieza a llenar los pulmones.


Querida… pocas veces habrás sacado una foto tan clara en significados.

jueves, junio 07, 2007

Pragmáticos e idealistas

Dice mi amiga malagueña que hay dos tipos de personas… la gente práctica y la idealista. No quiere decir que el idealista no pueda ser práctico, o que el práctico no tenga ideales, si no que un sistema de vida prevalece sobre el otro. Ella, según me cuenta, no tiene problemas en trabajar –poner copas, vender zapatos, ser asistente del asistente del asistente en una empresa –mientras sepa que con eso resuelve sus necesidades básicas.

Su novio, por el otro lado, vive del arte. Para él, si hace eso es venderse y no está dispuesto, aunque pasen penurias él se mantiene fiel a sus ideales. Es cantante, da clases y básicamente respira por su pasión. Cuando tiene unos euros de más los invierte en cosas que para otro mortal podría ser un lujo (se compró un bandeonón hace poco, de segunda y medio maltrecho por unos 800 euros).

Ella lo quiere así y asegura que lo entiende y acepta.

A veces, sin embargo, me da la impresión de que su pragmatismo roza demasiado con su idealismo y salen chispas.

Si lo pienso un poco, yo no me compro instrumentos musicales… pero hago cosas similares. Cada día invento un interés nuevo –que por ahora ninguno es rentable- y me apasiono. Algunos permanecen en el tiempo, otros apenas llegan a serme interesantes.

Solo en la última semana he pensando que quiero: una cámara digital buena y hacer de la fotografía mi pasatiempo en serio (tengo la cámara digital menos buena de este universo), aprender a hacer bisutería y a tejer (compré lana y agujas), que quiero dibujar y pintar decentemente (solo pinto mandalas con mis lápices de colores) y que debería seguir estudiando (me tienta algo de literatura comparada, hispanoamericana o latinoamericana).

Lo bueno es la curiosidad que sé que tengo por todo -menos por la matemática pura y la física que no me interesan ni un poquititito-. Lo malo es que a veces me falta constancia en algunas áreas y que cuanto más quiero, menos concreto.

Algunas mañanas quiero ser práctica, me bajo de la cama y me propongo serlo... entonces se despiertan los ideales y arman un escándalo horripilante hasta que los subo de nuevo al podio.

Creo que me rindo. Yo soy así, como dijo Betty.


Ps. las fotos son mis lanas nuevas sobre los mandalas, todavía no sé tejer ni media cadenilla... pero ya lo lograré. Y por cierto, este es mi post 200! y yo que pensé que llevaba el triple!!!

miércoles, marzo 28, 2007

La mano, segunda parte


El viernes- amanecer sábado no pude dormir, tenía calambres constantes en todos los dedos, se me quedaban rígidos y se me movían solos. Aunque soy una miedosa pendeja para los doctores, Fernando me convenció de ir a Urgencias. Cuando llegué, la doctora de guardia–esta sí muy amable –me dijo que tenía que esperar que la Dra. Gilipollas me viera los resultados de la radiografía y que siguiera tomando ibuprofeno hasta entonces.

El lunes, temiendo lo peor, fui a la cita en la Oficina de CatSalud. Cuando llegué… ¡había otra doctora haciéndole el turno a La Muy Gilipollas Estimable Doctora! Casi me pongo a bailar en la sala de espera. Una señora al lado mío me dijo “qué lástima, la Dra XXXX es tan maja! Disimulé mi mohín despreciativo y me senté a esperar que me atendieran.

La Doctora Nueva y Buena me dio una referencia para hacerme una electromiografía tras explicarme que no aparecían anormalidades ni daños en los huesos. Tengo que ir a un centro neurológico de no sé qué, he llamado varias veces y siempre está la línea ocupada, pero al menos estoy un pasito más adelante.

Creo que tenía un bloqueo terrible, porque en cuanto me atendió otra persona se me ha ido mejorando el dolor, la rigidez, los calambres…

Foto: foto de mi radiografía… por cierto es la primera que me hago en la vida,
me hizo mucha gracia verme los huesos de mis flaquillas manos.
Las cosas raras que se ven detrás de los huesos es el fondo de la ventana
donde saqué la foto.


viernes, marzo 23, 2007

Hablando de corazonadas

Ayer hablé de Sara Astica, mi profe de teatro, que estaba agonizando.
Ayer murió, aunque me acabo de enterar.
A veces la casualidades son demasiado grandes, no sé qué pensar de mis famosas intuiciones.
Bueno, que descanse en paz, que se lo merece

lunes, diciembre 11, 2006

Por fin se murió aquel.





Ayer, viendo la noticia de la muerte de Pinochet, me acordé de Sara Astica, excelente actriz y aún mejor ser humano. Fue mi profesora de voz, dicción y actuación durante varios años en la Universidad, luego quedó como buena consejera y cariñosa amiga. Ella, como tantos otros, fue víctima del despiadado sistema de terror del tipo aquel en el Chile de los setentas.

Llegó a Costa Rica en 1974, después de pasar casi dos semanas en una casa de torturas y nueve meses en la cárcel. De las torturas, como es natural, no le gusta hablar... pero uno adivina y entiende que la lista es amplia. En la cárcel pues se supone que la pasaban menos mal, es decir, al menos comían una vez al día y no cada tres días y las torturaban esporádicamente y no hasta doce veces en un día, como antes de estar ahí.

En cuanto logró salir de la cárcel se subió en un avión y se fueron exiliados para Costa Rica, ella, Marcelo Gaete ("Flaco" lo llamaba Sara, director y actor, murió el año pasado) y sus cinco hijos. Allá, contaba Marcelo entre risas, hicieron muchas travesuras: entre ellas comerse los patos de cierto parque en el centro de San José. Ellos lo cuentan ríendo, aunque la razón no fue bonita: no tenían nada para comer.

Pero su talento les abrió las puertas y sus amigos les dieron cobijo.

Espero que la noticia de la muerte de aquel le llegue a Sara como una gotita balsámica ahora que está un poco complicadilla de salud, que le dé un impulso para levantarse y hacer esa mermelada de naranja tan deliciosa que siempre nos daba en el comedor de su casa, que tenga tiempo y ganas de hacer de nuevo el Pío Nono que juró que hacía por primera vez hace unos meses, pero que le quedó como si fuera su receta estrella.



Ponete buena, Sara, por fin se murió aquel.



Me alegro de corazón, porque sí -es verdad- lo ideal sería que lo hubiesen condenado, pero como no iba a pasar un solo día en la cárcel y a mí lo que me importa es Sara, me alegro. Y mucho... sé que ella también, porque ambas creemos que Alguien, Algo, No Sé Qué lo hará pagar lo que hizo y multiplicado.


Descansá en paz, Flaco, por fin se murió.



Info adicional: Informe Nacional sobre la Tortura y Prisión Política (Chile)
Foto: memoriachile.cl (Sara y Marcelo, hace unos añitos :-) )

sábado, diciembre 02, 2006

Cerebro modelo 79

Stephen Hawking dijo hoy en Londres que el ser humano tendrá que abandonar el Planeta Tierra y buscar otro en el espacio para asegurar la supervivencia a largo plazo. Ok. Vale. Comprendo.

Luego dijo que tiene que ser cerca de otra estrella, porque ninguno de los planetas cercanos al sol tiene las condiciones. Ok, Hawking, ¿exactamente cuál línea de metro me deja cerca de esta nueva urbanización de la que usted habla? ¿puedo ir en bici o mejor en un 4X4?

Ya sé que habla de años y años adelante, cuando podamos viajar más rápido en el espacio y esas cosas bonitas que él explica tan bonitamente... pero a mí no me cabe esto en la cabeza sin que la luz de "Ciencia Ficción" se encienda. Ya, lo acepto, mi cerebro es modelo 79, del siglo pasado... y estas cosas me suenan irremediablemente a mentirijillas (no pongo en duda sus teorías, es nada más que mi procesador es más lento).

Y sobre todo, me imagino a los ricos, famosos y poderosos haciendo como con el Titanic: volando bala para salvarse primero, o mandando a construir sus propias naves espaciales (nada de juntarse con la chusma) Y todos los demás, mirando como se va despoblando el Planeta y a ellos ni siquiera les dijeron lo que pasa... y, perdón por mi pesimismo, estoy segura que alguien intentará dejar detrás a enfermos, viejitos, negros, chinos, latinos... todo depende de quién comercialice los viajes.

En fin. Como siempre dice mi amiga Krons... ¿no es más fácil que venga un meteorito?
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