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martes, mayo 06, 2008

1:32 am, martes 6 de mayo

En serio. Necesito vacaciones. Cuando hasta Pasapalabra me da ganas de llorar, o de salir corriendo, o de dormir a las 8 p.m., o de tener un interruptor para encender el salvapantallas… es claro el mensaje: necesito vacaciones.

Voy a Madrid del 16 de este mes al 19 en la madrugadita. ¡Ehhhhh! La Murasaki se une a la expedición.

Tengo ganas, muchas muchas muchas, de comer pastel de chocolate. Uno bien calórico. Pero cocinarlo… ay Dios… va a ser que no. Es más, pastel de chocolate con helado de vainilla. Esto es grave.

Extraño a mi familia. Esta semana me muero por un abrazo de mi mamá, una conversación con mi papá, una discusión absurda con mi hermana, un café con historias en casa de mi abuelita. Es increíble, cuando el soporte propio falla las alarmas de familia se disparan.

Acabé de leerme Fahrenheit 451. ¡¡¡¡Diooooos, qué libroooo!!!! No quería terminar, para que no se me acabara. Lo amo, lo adoro, me fascina. Me lo leeré de nuevo apenas saque adelante la cola de libros pendientes que llevo por ahí.

Estoy leyendo “Atentado” de mi bienamada Amélie Nothomb. Iba a empezar con un par de cosillas más espesas, pero necesito algo que ya sé que me gusta.

Voy para Noruega en verano. Y a Costa Rica. Wujuuuuuuu. Life’s sweet.

Sí. Lo sé. Hoy parezco bipolar…

NECESITO VACACIONES.

lunes, abril 14, 2008

Sabiduría cotidiana

“Si el papel no funciona correctamente,
la ruta del papel de la impresora puede requerir limpieza”.



Gran verdad. Basta cambiar “el papel” por “los planes” e “impresora” por vida.


“Si los planes no funcionan
correctamente,
la ruta de los planes de vida
pueden requerir limpieza”.


Sabiduría de lunes por la mañana, jeje, patrocinada por EPSON Photo Quality Ink Jet Paper.

jueves, febrero 21, 2008

Cerrada por reformas


Hay días que debería estar prohibido salir de casa, ir a clases, tratar de defender un ejercicio de dirección que sale mal, leer artículos e intentar hacer tareas.

Un día donde estuviera penado por ley hacer cualquier cosa que no fuera vagabundear, regodearse en el mal humor un poco, ver tele o pelis, da igual, pero no hacer nada “de provecho”.

Que si quisieras opinar la lengua se te congelara, a veces es mejor quedarse callada pero cómo cuesta hacerlo.

Esos días oscuros, lluviosos por dentro, de esos cuando ni siquiera hay ganas de gritar auxilio, que sólo queda el sabor áspero de sentirse, por un instante, de lleno en el fracaso. De esos días, esos conocidos y que tanto se le huye, en que la intuición de la parte más triste del alma te escupe en la mejilla, te acorrala y se ríe de tu pánico... de esos, sí, que todo el peso del pesimismo se te trepa en los rizos... y con mi pelo no es fácil desenmarañarse. Días malditos, como el poeta que -medio borracho, medio suicida -se plantea el por qué de la lucha, de las brazadas para no ahogarse, de la construcción de una balsa que a veces decide hundirse. Días, muy concretos, en que se entiende al lemming que se lanza al vacío, harto de su existencia y de toda su especie.

En estos días lo mejor sería que nadie te contradijera, que la luna llena no moviera las emociones como mareas miedosas, que hasta el señor del supermercado te hablara bajito, o mejor aún, te ignorara. 

Hay días en que el corazón, el estómago y el cerebro deberían ponerse en huelga, como mi entusiasmo, que hoy decidió quedarse en la cama. Tendría que haberle acompañado, hubiese sido mucho menos devastador para mi bienestar, estoy segura.

Hay días así… donde debería colgarme un cartelito de “no molestar” o “cerrada por reformas” y dejar de sonreír sin ganas. Días de huelga personal, sí señor, que vendrían perfectos en días como hoy.

La foto es de Hola Images

lunes, enero 21, 2008

Reencarnación

A raíz de uno de mis posts, Amorexia me invita a hablar de temas… digamos… misteriosos/esotéricos.

Probablemente muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero eso es lo interesante. Me dejo de rodeos y vamos al ajo. Esta será una pequeña serie de temas, empiezo con la reencarnación.



1. Reencarnación
según la RAE:
1. intr. Volver a encarnar.


Sí. Creo. No sé hasta que punto lo asumo como una cosa real en mi vida, aunque hubo un tiempo en que me pegó la rayada de haber sido alguien más... pero luego dejé el tema, creo que me dio miedo pensarlo en profundidad.

Como concepto pienso que es perfectamente posible.

Siendo como somos un ente/alma/espíritu cuyo cuerpo es sólo el instrumento, no me parece descabellado que éste pueda vivir en cuerpos diferentes, en momentos diferentes. Muchas religiones orientales aceptan la posibilidad y de hecho basan sus creencias y forma de vivir en este principio. Como muestra, el hinduismo y el budismo (y el karma).

Si nos vamos a la religión católica, la verdad es que se supone que se niega esta posibilidad, pues todos los conceptos de “renacer” están vinculados con la vida eterna, esa es la explicación de la "resurección de los muertos", es la vida que nos espera –según nuestros actos en vida –en este espacio poco definido que es el cielo. Como hace unos años dijeron que el infierno no existe, yo sigo sin saber dónde va la gente que hace cosas malillas y nunca llegan a arrepentirse. Esto me parece aún más misterio que la posibilidad de la reencarnación.

Sin embargo, si leemos La Biblia con detenimiento, se hacen referencias a estos temas aunque nunca se les aclara del todo. Por ejemplo:

Durante el pasaje de la transfiguración Jesús dice a sus discípulos: “Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del Hombre a manos de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista”.

Según mi humilde interpretación, Jesús hablaba de Elías y Juan el Bautista como la misma persona, en tiempos diferentes.

Ahora, entiendo que el concepto de meterse –cual espíritu chocarrero –en un embrión es difícil de asumir, pero de nuevo, si no es así… ¿de dónde surge la vida? Ojo, que creo en Dios, incluso me considero católica –no practicante-, pero una cosa para mí no excluye la otra. Así que, aunque entiendo que se diga "viene de Dios", eso no significa que mi idea quede rebatida. Puedo entender, eso sí, que no se tenga respuesta y aún así no se crea en esto. En fin, que yo incluso podría decir quien creo que fui en una vida pasada, aunque sé que en algunos grupos esto es causal directa de internamiento en el psiquiátrico.

lunes, julio 30, 2007

Contame tu fetiche ;-)

Cada quien tiene sus fetiches. Hay quien pagaría 600 dólares por un libro autografiado de Harry Potter (como acabo de ver en ebay), otros que corren a las tiendas a comprar la Barbie edición limitada y la mantienen en la caja, impoluta, hasta que pasan muchos años y se multiplica por veinte su precio inicial y claro, del otro lado, hay un/a amante de estas bichas dispuesto/a a gastarse sus ahorros.

Un primo de los primos de Fernando tiene en su casa una habitación repleta de juguetillos: figuras, muñecos, tarjetas, juegos… todo expuesto pero nada es realmente para jugar, se trata simplemente de su fetiche de hombre casado y con dos hijos (que por cierto deben sufrir porque no los dejan tocar nadita). El mundo de la fantasía y la ciencia ficción le obsesiona y fascina a un punto extremo. Calculo que con lo que él se ha gastado en muñecos, yo podría comprarme un coche. Exagero, seguramente, pero es impresionante.

Yo jamás he sido de gastarme pequeñas ni grandes fortunas en objetos de valor simbólico. Lo más cerca que llego es a tener colecciones una de tarjetas postales y la de mis pendientes/aretes, pero creo que el par de aretes más caro de los que tengo (que no haya sido un regalo) me habrá costado 10 euros ó 15. Y las tarjetas ni se diga, una “muy cara” puede costarme 1 euro.

Por otra parte, me llama la atención el valor que le damos a las cosas. Una firma puede valer miles, un objeto viejo pero cuidado de repente deja su estatus de “basura” y la tendencia es a volver a lo pasado. Para muestra, los discos de vinilo. Me encanta el sonido sucio de la aguja encima del disco, pero me niego a pagar 200 euros por un tocadiscos de estos, si hace menos de diez años seguro que tiramos uno a la basura porque ya nadie atendía desperfectos técnicos de "esos aparatos pasados de moda".

Me pregunto si es una cosa de personalidad… o de dinero. Es decir, si yo tuviera mucha mucha mucha pasta… ¿sería capaz de pagar bestialidades por cosas que me gustan? Y sobre todo ¿cuál sería mi fetiche?


ps. tengo que sacarle una foto a MIS aretes, mañana lo hago.

lunes, junio 18, 2007

La nada, críptica, por eso es nada

No tengo nada nada de nada tengo una nada enorme como caldero de bruja, adentro siete enanos me dicen aquí no pasa nada, mas qué juntos están, y piando. Se comerían a una vaca antes de que los hierva y los sirva en tazas con asas. “Mejor no se coman a la vaca”, les digo, las vacas a veces dan dolor de panza. “Sigamos juntos y piando, como pollitos nacidos sin cabeza piensan y luego no hacen nada, nada de nada.

Talvez dolor, talvez placer, de ese que se siente cuando otro sufre, no soy sado, no soy maso pero el dolor ajeno algunas veces me sabe a solomillo del más fino. No soy nada. Allí tampoco hay nada aunque se disfracen y sonrían: la la la la, cantemos como gregorianos: dos cuencos vacíos con ese tufillo rancio a la nada, a la nada que se pudre, se agusana y se llena de moho y nadie lava; luego apesta, la la la la.

Y después… ya eso podrías adivinarlo, queda la nada comiendo boronas, migajas, pedazos injustos de las historias ajenas, nos queda la nada, por eso duele, la nada duele cuando antes era el todo, como el cosmos me f r a c- t u - r é en diez mil por diez partículas que ahora nadan, sucumben a ser nada como el gato que se esconde debajo de la cama y ya no maulla ni ronronea porque le tiene miedo a los ratones. No queda nada, te lo dije mil veces, nada de nada….

Por eso no sé qué hacer con las manos, lo mejor sería no hacer nada, qué hacer si antes de cortármelas quiero decirte adiós, como desde un barco, este es mi barco y zarpo mañana, del Puerto de La Nada hasta La cumbre de La Nada. Nada, nada, no queda nada. Talvez el ovillo en que me convierto a veces o el escupitajo que quisiera dedicarte y nunca logró lanzar suficientemente lejos, pero eso está por verse.

Me canso de decir nada, pero no puedo decir nada más que nada. Lo digo y me ahogo, no me agito, me muero, es fácil leerlo pero no escribirlo: aQuí No hAy NaDa. Quiero ahogarme, ser funesta, y funesta quiero ser nada de nada, fúnebre suspiro que le di a tus palabras cuando se merecían un féretro invisible, donde pudieras meter tus vocales y tus consonantes, esas huecas _________ de nada con nada.

Que Dios te bendiga, nada de eso sirve ya. Que Dios te perdone, no creo que tenga ganas. Ni siquiera Dios tiene ganas de nada.

viernes, mayo 25, 2007

Naufragio

Tantos se retiran como el mar después del tsunami… viendo la destrucción siguen su camino. Nunca llega el ejército de salvación, ni los bomberos, ni los marines gringos con sus caras de malas pulgas. Es como un naufragio en aguas de tiburones, más vale asumirse como el festín de tantos dientes, más vale no llorar, más vale rezar antes de que sea tarde, más vale no pensar en el frío ni en la humedad ni en el hambre. Más vale no sentir.

Hasta aquí no llega nadie, aunque hace rato que agito los brazos. Pero se puede oír el eco de alguien gritando sálvese quién pueda. Irónico, es como gritar nada, porque aquí nadie puede salvarse. Al menos yo no, es que no tengo salvavidas y nunca aprendí a nadar si no toco el fondo. Ya sé, puras tonterías, pero no puedo... ¡no puedo!

Y aún así, sigo sentada en el techo de esta casa que no conozco, viendo la inundación subir. Al menos ya no tengo que sujetarme a ramas que ceden -y que no sabía que cederían hasta que las muy malditas lo hicieron-. Juro por mi honor que no estoy esperando nada, pero ya todos sabemos que es mentira (sí, aunque haya jurado por mi honor) y que, con el silencio llenando hasta los poros, ansío el sonido del helicóptero entre las nubes. De eso o de un angelito con casco de acero que baje de una nube hecha de algodón de azúcar. O de un abrazo ¿has notado que suenan? Suenan a caramelo derritiéndose, o a botella al descorche: todo depende del abrazo.

Es lo patético de tener esperanzas, ni siquiera se reconoce cuando se está muerto. Lo bueno, en todo caso, es que no soy el único daño colateral (aunque otras “víctimas” disimulen su estado de putrefacción y sigan caminando por las calles). Lo malo, en todo caso, es que a veces se está más solo de lo que jamás se sospechó.

En fin. Patética sobreviviente de este tsunami que a veces parece naufragio. Ya ha sido suficiente de flotar y flotar, estoy a punto de escoger la inmersión de una sola vez.

Ps. Sí, es terrible, pero a veces le deseo infelicidad, aunque no lo confiese ni me dé permiso de decirlo en voz alta. Que sufra, que sufra, que sufra, me repito. Aunque después la culpa me coma las vísceras. Yo no empecé el bombardeo, en todo caso. Y no estaré libre de pecado, pero me da la gana tirar la piedra.

jueves, mayo 17, 2007

7 divagaciones y contando

Metí la rabia en capsulitas y decidí dosificarme… una al día, es que por un momento temí morir de sobredosis. Me la estaba tomando toda en vasos grandes… sin hielo, sin limón, nada de nada. Además del malestar estomacal, empezaba a mostrar señales de intoxicación general.

Lo peor de todo, LO PEOR de TODO es gritarle a una puerta cerrada. Del otro lado, el que debería escucharte, se compró tapones para los oídos o tiene la música a todo volumen. Es probable que baile y cante como si nada pasara mientras el que toca la puerta ya ve cómo le corre un hilo de sangre por la mano, los nudillos destrozados de intentar hacerse oír.

Frase hecha “nunca se termina de conocer a la gente”. Respuesta deshecha: nadie lo piensa realmente hasta que esa verdad le saca los ojos. Todas esas frases que explican el comportamiento humano son metódicamente ignoradas, todos padecemos el síndrome de “eso no me va a pasar a mí”. Pues ¡sorpresa, sorpresa! Sí pasa.

Lástima que por la borda… se suicidó, talvez, no sé o no quiero saber. Creo que no está muerta, disimula para que yo me canse y me vaya. Maldita tu cobardía y la mía por no insistir. Bendita mi paz que está dormida, pero que saldrá del nido apenas se le acabe su invierno. Adiós, adiós, adiós, adiós. Y no, no te molestes en llamar. Puagh. Apaguen la luz, la traidora ha salido del edificio. Sí, tengo rabia ¿y qué? Anda a poner ojos de santa donde te los crean. Apaguen la luz, quiero que sea de noche otra vez.

Yo no quiero ser esta de ojillos llorosos. Quiero aprender, de una vez, a mandar a quienes se lo merecen al bote de basura. Pero hacerlo de corazón y sin dudas. No hacerlo para luego asomarme a la basura cada tres segundos, a ver si están bien o no, si necesitan algo, si no los ha asfixiado la bolsa.

Mi amiga Mónica dice que qué dichosa que soy sensible.
Patrañas, dichosos los que les resbala “teflonariamente” el mundo. Los que no se dejan tocar por nada que no sea importante, incluso envidio a la gente fría, calculadora e incluso, un poquito, a los malos malosos con caras de osos… yo quiero ser mala cuando sea grande.


Hoy no, no, no tengo muchas ganas. Tengo examen de catalán más tarde y me es indiferente. Pienso en estudiar algo más, otro máster o un doctorado y me es indiferente. Imagino mi regreso a Costa Rica y me es indiferente. ¿Es que para qué se hace tanta cosa, para qué carajos, para qué? Sí, sueno existencialista aquí, analizando el sentido de la vida de dónde vengo a dónde voy porqué estoy aquí, pero así amanecí. Lo bueno es que lo pienso y me es indiferente. Hoy soy Miss Apatía 2007, saludo indiferentemente con la mano y pido que me traigan mis mantas, tampoco quiero salir de la cama.

martes, mayo 08, 2007

Noticia de último minuto: Lealtad ha muerto

A las tres con siete de esta madrugada encontraron a La Lealtad fría en el suelo del baño de su casa. No tenía muestras de violencia e incluso sonreía, como aliviada. El Silencio no ha querido hablar con la prensa, está en la suite presidencial, preparando el discurso que tirará por la ventana.

La Lealtad se suicidó con ansiolíticos, según fuentes confidenciales. Decía que nadie la entendía, aunque no tuvo la delicadeza de dejar una nota. El forense se rió del caso, lo declaró estúpido y por tanto cerrado y se fue a su piso de treinta metros a joder a su mujer. De todas maneras el forense no era un tipo muy astuto, no se dio cuenta de que si bien La Lealtad tomó la sobredosis de su propia mano, alguien había hecho el trabajo de llenarle la cabeza de malos humos. Algo así dijeron los detectives del caso, pero a nadie le interesa realmente si La Lealtad murió de causas naturales o si realmente se envenenó, de todas maneras eso de las muertes es bastante común.

Al funeral de La Lealtad no vino casi nadie, solo las lágrimas gemelas que vivían al lado de su casa, pero esas se asomaron por curiosidad, la verdad que nunca habían cruzado palabra con La Lealtad. Su esposo tenía que hacer doble jornada y tampoco pudo asistir, es lo que tiene ser El Silencio, hoy le tocaba plantarse en casa de Ella.

Y Ella, que sabía que era su culpa lo del suicidio, envió una corona de flores (que por supuesto se marchitó antes de llegar a su destino) y volvió a su casa de alto standing en el residencial El Engaño, a creerse tan mujer, tan mujer, tan mujer, tan dueña de su vida. Luego se atragantó con un caramelo de menta que le dio su vecina y estuvo vomitando toda la tarde, pero es que así es Ella, no soporta nada que venga de la del quinto, piensa que esa víbora de La Verdad intenta matarla.

Pero La Lealtad, antes de salir de esta tierra, miró a Ella con sorna. “El día que se dé cuenta…” pensó, “ese día tendrá ganas de venir a acompañarme, pero yo me encargaré de que El Silencio no le eche una mano”. Después pudo descansar en paz. O eso creían, porque La Lealtad es tan tonta tan tonta que renace e insiste, aunque muta. Por eso nadie se pone de acuerdo, nadie sabe de qué se trata y cada quién habla de ella como si la conociera, aunque luego no sepa cómo se le debe tratar.

martes, abril 03, 2007

Lluvia


Odio la lluvia, me moja hasta el alma. En serio, los días grises -más si se siguen unos a los otros sin tregua, como ahora- me dan ganas de enrollarme en las mantas y no salir. Me dan ganas de no comer, de no ducharme, de no leer... me dan ganas de desaparecer, como en acto de magia, hasta que el sol vuelva a salir.
Ayer llovió, hoy también, no ha salido el sol ni por 5 minutos ¡ya está bien! ¿no?



Foto: Dennis C.

viernes, marzo 30, 2007

Mírela cómo se transforma...


Niego, niego y me niego. A veces más lo primero que lo segundo, o mucho más lo segundo que lo tercero. Quiero abrir la boca y en vez de palabras se me escapa un pez. Eso cuando hay suerte, otros días salen sapos y culebras con esos signos que parecen de cómic (&%%$-BAAAM-/&&%%-POW!!!!). Y solo para reírme de mí misma intento pensarlo al revés, que acepto, acepto y me acepto.

Entonces sí que comienza el circo y yo hago todos los papeles, soy desde el malabarista hasta el elefante, a veces soy la contorsionista freak o el chico bala y me lanzan con el cañón, pero mi papel favorito entonces es el de mujer monstruo (mírenla cómo se transforma, mírenla como le salen pe-pe-peloooos) porque nadie me quiere, nadie hace como que me quiere, la gente paga para no quererme y mientras tengo el disfraz gozo de cinco minutos de desprecio directo.

Si dejara el balancín este, si me lanzara desde lo alto del columpio, nadie iría a recoger mis dientes, desperdigados entre el césped y las piedritas. Ni siquiera yo, ¡para que los quiero si ya se me cayeron!

Y con sangre.

Puagh.

Una vez me cayó una banca de iglesia, fue en mi pie derecho y yo tenía cuatro años, o tres. Grité y la gente me mandó a callar, grité y me miraron con rabia, grité y alguien incluso se rió. Grité y mi hermana y mi tía se asustaron, creo que ellas habían empujado la banca sin querer. Grité y por fin apareció alguien y me quitó el peso, pero me quedaron los gritos (y los moretones en mi pie de casi bebé). A veces, niegue o me niegue y acepte o me acepte, me siento como si me cayera la banca de nuevo: esta vez en la vida.

Y entonces me toca ser Súper-Algo/Bati-Algo/La Algo Maravilla y seguir sonriendo con mis súper-poderes escondidos bajo mi súper-manga, como el As. Bah. Com si fos just… Patrañas. Algunes vegades vull plorar i cridar sense donar explicacions! A veces no quiero ser super heroína en patines.

Foto: Zoo image la ilustración, la otra no sé.

jueves, marzo 22, 2007

Por eso te lo cuento.

Dejame que te cuente del mar al que quise anexarme. Tenía siete barcas, tres cayucos, un yate y dos botes: vacíos, anclados, pero con promesas de movimiento. Nadé por el puerto y me perdí en risas. Algún día el sol me llenó de historias, me sedujo el viento, me detuvo un caracol que jugaba con el cangrejo. Absorta, absurda, anduve por la arena tan indolentemente que me secuestró el silencio. Finalmente huí, arrastrando el cuerpo.

Dejame que te cuente del río en el que hice campamento. Era remanso de paz toda la superficie, con aguas apacibles dibujando pequeños remolinos. Había leña seca en una cueva cercana, podía pescar, sembrar, cazar. Luego descubrí que en el fondo, no muy profundo, dormía –como Ness- el pequeño monstruo de las mil mentiras. Cuando dije tantas que me costaba flotar, alcé mi improvisada villa y busqué otro sitio, un nuevo silencio.

No voy a contarte, eso sí que no, del volcán y el fuego; ni de la nube con vaivenes eternos, ni del elefante que se rió de mis miedos, ni del catalejo que perdí en batalla, ni del dinosaurio que me quiso y lo quise –pero de lejos-. Es que si te cuento, sería eterno el encuentro: yo he visto dragones, he visitado arañas, me han sacrificado en torres, he sido a veces muy canalla. No te cuento, y así, puedes imaginar que miento.

En cambio ahora me siento, y te cuento un nuevo cuento. No sé de qué se trata, si es suspiro o es ron viejo. No sé si tiene alas o se arrastra por el suelo. No sé si canta al alba o se queda quieto. No sé si puedo atraparlo o se escapa sin remedio. Pero sí te cuento que yo, repleta de sentimientos, conociendo finalmente los parajes de mis cielos, desde que estoy a su lado olvidé los cuentos viejos. Tengo una chispita loca, como el gnomo del jardín ajeno, y me relamo, segura, en esta historia-leyenda-poema-soneto, este cuento que se transforma y que nunca deja de ser bueno.

Y es por eso que te lo cuento.

lunes, marzo 19, 2007

Regalo ranita, con pedigrí


Tengo una ranita atravesada en la garganta desde ayer. Debo haberme dormido en un pantano de sentimientos sin darme cuenta y la muy ágil aprovechó para colarse.

Regalo ranita, con todas las vacunas (y sin modales, pero de pedigrí).


Foto: Frans Lemmens / ¡la foto es de una ranita de Costa Rica!

miércoles, febrero 28, 2007

.


Si no sintiera que tengo que pedirme permiso para estar triste,
talvez habría una lágrima lista para desembarcar.


Foto: Macduff Everton

lunes, febrero 26, 2007

Algo como esto.


Es como levantarse y dejar al corazón dormido, remoloneando entre las mantas, y andar por ahí con el café en la mano, sin encontrar una silla para dejar las nalgas. Como si cerrara los ojos y me llevara de un manotazo toda la penumbra que puede engendrar este mundo. Es eso, no puedo decirte nada más, es como vomitar sobre la tumba de quién más quisiste y saber –muy a tu pesar –que después irás sin que nadie te lo pida a limpiar el estropicio. Incluso caerás en la trampa fácil de soltar la lagrimita, solo para que el espectáculo grotesco sea más contundente.

Es, digamos, escuchar a Silvio solo para encontrarlo un poco menos triste esta mañana, porque calla donde debería estar hablando, o habla donde debería estar callando: eso tampoco lo sé. Y ese mismo, que me repite en voz baja que no todo fue naufragar por haber creído… es al que le pido que guarde prudencial silencio, que haga mutis por la izquierda, antes de que pierda la paciencia y le enseñe yo de qué está hecho el cuero que me tapa los venenos.

Es como eso, querida, no más. Como si la traición pesara aunque se sabe que nunca ha llegado, como si cada día se tratara de vaciar el depósito para encontrarlo un poquito lleno unas horas después… como acumular los gritos que jamás darás, alimentarlos hasta que estén tan gordos como cerdos y nunca rematarlos (solo disfrutando de su propio sufrimiento contenido).

Como desmembrarte las entrañas muy lento, alargando el sufrimiento como un chicle recién comprado, si es que eso es posible, y mirar a los perros del vecino (esos estúpidos bichos ruidosos) olisqueando tu hígado o tu riñón como si fueran hienas. Aunque quieras reclamar, es saber que fuiste la que les puso el botín a mano y poco habrá que decir cuando el primero inaugure el festín.

Es eso, no puedo decirte más y quisiera que ya no me lo preguntes, porque en resumen esto es sembrar la desnudez del alma, que es aún menos pudorosa y mucho más pornográfica que la física.

Es eso, no más, es como siempre mi devaneo: esperando la fuga.




Foto: John Foxx

jueves, febrero 01, 2007

Mandato tras la hiedra

Agazapado entre la mala hierba, cualquiera puede mandar.

Solo falta dejar que entre la hiedra se escondan suficientes cucarachas, luego metódicamente habrá que dejarlas salir, asustarlas con un golpe certero: digamos, una sierra que tala las ramas, hasta que los insectos se queden sin casa y, tras superar el miedo inicial, dejen la petrificación y ataquen. No falla, la fórmula resulta porque estás usando a un insecto para lograr que los demás se sientan, a su vez, como insectos. Así se manda. O se estila mandar, también habrá manos dóciles dirigiendo con frescura (pero son las menos).

Yo nunca, repito: nunca.

No quiero ser criadora de hiedras y bichos.

lunes, diciembre 18, 2006

Devaneo y fuga.


No basta el abrazo (aunque alivie) cuando una se siente más desamparada que un pollito en medio de un aguacero tropical. Me están saliendo uñas larguísimas y me parece que empiezo a tener la piel un tanto verde… ¡por favor, que alguien adelante el reloj, que sea de una sola vez enero, febrero, cualquier mes menos evidente en ausencias!

Este año, Santa, no quiero nada. ¿Me oíste? Y si te da por llamarme caprichosa o malcriada tené cuidado, que para insultos soy yo la que tengo la cachimba llena. Vos tampoco, Niñito Dios, que sabés que aún queda tela por cortar y explicaciones que darme. Sí, sí, no niego las bendiciones del 2006, pero dejaste algunos detalles sin atender y ya ves… se me sueltan las lágrimas con demasiada facilidad. Y es tu culpa, sí señorito sin nacer, si no de quién. A mí me enseñaron en el catecismo... ¿te aburro, Niñito? Bueno, bueno, otro día lo hablaremos.

Ah, renegando de mi tendencia grinchística tengo mi arbolito y es hermoso, mi primer arbolito "mío", no de "mi casa", me siento a mirarlo como tonta y sí, me logra sacar sonrisas. Pero hay tantos cosas que tendría que sustituir que el pobre se queda manco, cojo e inmóvil sin saber qué decirme. Creo que no solo a él le pasa, digo, eso de no saber qué más decirme.

Mi problema es que sigo creyendo en la magia. Lo admito: los árboles de Navidad no hablan… ya sé… aquí solo habla Soledad: no puedo echarla a la calle justo en estas épocas, hace frío y sé que hay pocas casas dónde ir.

En fin.

Devaneo, fuga.

C’est tout.

miércoles, noviembre 08, 2006

Gente y más gente

Me es urgente gritar que hay gente,
gente con dinero que vive como indigente:
indigentes de amor, masacrando el presente,
sicarios a sueldo matando valientes,
sacrificando cariño por una vida pudiente.

Gente y más gente, toda la gente,
gente que aplaude y se ríe ante la realidad indecente,
gente que piensa pero no es inteligente.

Gente que finge y juega, gente que miente,
con media palabra atascada entre dientes,
gente que saluda con aire paciente
y si te descuidas te tiran por la pendiente:
gente que busca el ataque, gente serpiente.

De esa que preferirías no conocer.

Gente, tanta gente,
mucha gente imprudente,
gente que ya no quiere ser decente,
gente invidente por su deseo, caliente.

Gente y más gente, mucha pero mucha gente,
gente que se divierte odiando a otra gente,
pisoteando flores de primavera reciente,
gente insolente, de bondad pendiente:
¡tanta gente de esa, más y más gente!

Que alguien le diga a toda esa gente
Que nos hemos cansado, que es suficiente,
que estamos hastiados de ser títeres vivientes
y vivir a sus pies, tan sucios, malolientes.

Que alguien venga, con su mano ardiente,
les corte las alas, los deje silentes:
¡Necesito gente que acalle a esta gente!
¿Hay alguien ahí afuera, queda otra gente?

miércoles, octubre 25, 2006

Mariposas


Tengo miedo de abrirle la puerta a las mariposas que tanto he buscado, dijo ella.
No entiendo cuando hablas así, dijo él.
Y a pesar de que los dos se amaban y deseaban entenderse, cada palabra incomprendida se transformaba en ladrillo hasta que el muro fue tan alto que no hubo posibilidades de derribarlo, ni saltarlo, ni hacerle un agujero para seguirse viendo.

Tengo miedo de abrirle la puerta a las mariposas que tanto he cuidado, dijo ella.
Nunca me gustaron las mariposas, dijo él.
Y aunque los dos quisieron verse a los ojos y tocarse las almas, las mariposas se la llevaron volando. Cuando él la vio partir quiso colgarse de una de sus piernas pero el viento lo balanceó y lo tumbó de la escalera donde estaba.

Tengo miedo de abrirle la puerta a las mariposas que tanto he escondido, dijo ella.
No te preocupes, voy a cerrar mi ventana, dijo él.
Entonces ella abrió la puerta de par en par, la hizo añicos para que nunca más nadie pudiera cerrarla y se sentó en el taburete. Él, como había prometido, cerró las ventanas y las mariposas volaron alrededor, sin escaparse.

Tengo miedo de abrir la ventana que cerraste, dijo ella.
Y él iba a decir algo, pero una mariposa se le atoró en la garganta.

sábado, septiembre 30, 2006

Don’t want to shatter your dreams…

Me gusta la resonancia de la palabra “shatter”, suena casi onomatopéyica, como si se hiciera una bola con una hoja de papel. Hay un acto de destrucción, de reducir y deformar el objeto inicial.

Pero no me gusta el significado. Hacer añicos.

Quiero asumir que es verdad, que cuando alguien dice “estoy por ti” y eso implica la parte económica, no hay que rasgarse las vestiduras y asumirse un parásito; entiendo que estar con alguien es cuidar de esa persona y el que tiene el “kit” de primeros auxilios más grande es quien se encarga: al menos por un tiempo.

Pero no me gusta.

Siento que estoy “shattering” sueños, planes, carreras… que egoístamente aparto a la persona de lo que podría hacer y ser, aunque le tome más tiempo, que le obligo a atarse a un trabajo, a un estilo de vida, a una responsabilidad. Y eso, la verdad, me da tanta tristeza que siento que it’s shattering mi fortaleza.

I really don’t want to shatter your dreams, quisiera que tu vida solo fuera, que no tuvieras que cambiarle el caudal al río, que pudieras hacer una o dos locuras. I really wish that you could pursue whatever it is that your heart desires, no lo que necesita nuestro bolsillo.

En fin. Shatter, como podría decir arrebatar. Lo siento.




Ilustración: Kari Von Tine
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