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viernes, mayo 09, 2008

Fuenteovejuna, Lope de Vega

Colección Mil Años de Literatura
El Periódico
249 págs.

Lo que digo yo:
Hace diecisiete años mi profesora de Español de primer año de cole nos puso esta obra como obligatoria. La idea de leerla me crispaba los nervios, pero entonces ella hizo algo muy inteligente: en grupos, debíamos idear una forma original de presentar un acto. Inmediatamente, todos, sin excepción, leímos el clásico con gusto y entusiasmo. Tanto que ahora que me tocó releerla, me maravilla el haberla entendido y disfrutado… sobre todo porque la relectura me resultó muy pesada.

Aparte de lo genial del monólogo de Laurencia, después de que la viola el Comendador y ella quiere que el pueblo entero se levante a defenderla, me parece bastante densa y aburrida. Con todo el respeto para Lope.

Othello de William Shakespeare

Ed. Cátedra 293 págs.

Lo que digo yo

Es gracioso que aquellas obras, libros, películas que hemos visto o leído muchas veces, puedan seguir resultando interesantes. Es el caso de Othello, que debe ser la sexta vez que la leo. Me sigue gustando, talvez en la misma medida que tiene aspectos que me desagradan. En general, con Shakespeare, me pasa… entiendo que era hijo de su tiempo y no podía hablar de algo que le fuera ajeno, pero sus obras a veces me producen un regustillo a viejo. Interesante, pero viejo.

Los casos concretos de Othello son fáciles de explicar: 1. la trama está apoyada sobre las concepciones de diferenciación racial de la época. No como un recurso más, si no como uno de los ejes de todo cuanto pasa. Es interesante, pero molesto, no entender si el autor estaba de acuerdo o en contra de los prejuicios que retrata. Y 2. Exactamente lo mismo pasa con los personajes femeninos, sobre todo el de Desdémona, parece que Shakespeare tuvo una especie de epifanía sobre una hermosa chica inteligente, que luego desdibuja y deja un poco como la sumisa típica.

Del lado positivo, obviando la escritura, me fascina la construcción de Yago, tan aparentemente aleatoria, pero medida en cada palabra. Me gusta la idea de que es tan pero tan malo que tácitamente quiere hacerse daño incluso a sí mismo. No soporta la idea de la bondad/felicidad ajena y se lanza sobre los demás hasta dejarlos completamente destruidos.

Lo que dice la contraportada:
Desde el comienzo de la obra, ya sospechamos que ocurrirá lo inevitable. Atmósfera de inquietud constante, donde asistimos a la rápida consumación de la pasión de Othello y Desdémona. Es la tragedia de los grandes sentimientos, y ésta se acentúa con la victoria de la mezquindad. Las rígidas convenciones -Othello, es un noble moro- harán que este amor esté rodeado de muchos peligros. El límite entre el bien y el mal, las virtudes y los defectos, se anularán continuamente

domingo, mayo 04, 2008

Angélica Liddell en el Lliure


Acabo de salir de ver “El año de Ricardo”, de Angélica Liddell en el Teatre Lliure. Impactada, pensando, acelerada. Al menos doce personas se levantaron y se fueron, una de ellas se paseó cual pasarela con el dedo medio bien alto, donde todos pudiéramos verlo.

Yo, como siempre, mantengo que el arte complaciente no cumple su función. Soy una idealista, seguramente, pero si eso que vemos/leemos/escuchamos no logra calar, no veo el sentido de su existencia. Puede enojarte, hacerte reír, invitarte a reflexionar, lo que sea... pero ALGO. Al menos ese es el ideal, al que muchas veces no llego, naturalmente, pero al que aspiro.

Pero también hay un asunto de “responsabilidad” como público. La Liddell, en el medio teatral, es conocida por sus arranques, sus ideas extremas, su eterna controversia y provocación. ¿Qué esperaban ver los que se fueron? Yo no me meto a una película de Lars Von Trier si tengo ganas de comedias románticas, como tampoco voy a ver “La novia de mi mejor amigo” en busca de respuestas trascendentales.

Las reacciones al salir de la sala fueron de las más diversas, desde los que encontramos que es absolutamente consecuente y ya eso valida su trabajo, hasta las asqueados, diciendo enfáticamente que aquello fue una estafa. Para mí, incluso esos que se salieron y esos que se disgustaron, le hicieron un gran favor a la dramaturga/actriz: demostrar que el teatro que nos queda, el que impacta y nos llevamos a casa, es el que –de alguna manera –logra herir las susceptibilidades.

Chapeau.

martes, abril 29, 2008

El Rey Lear, de William Shakespeare


Ed. Austral 160 págs.


Lo que digo yo:


La ventaja de leer los grandes clásicos de Shakespeare es que hay un mínimo de calidad asegurada. Además, se convierte en algo así como el teatro griego en su época, ya sé de qué va. Para terminar, esta es la tercera o cuarta vez que leo la obra. Probablemente la que más atención le he puesto, y por tanto, la que más me ha impactado.

La vejez, el amor y sus demostraciones, la codicia, las relaciones humanas, la crueldad, la compasión, la lealtad… Shakespeare se deleitaba –evidentemente –en hacer un minucioso estudio humano y transformarlo en diversas tramas.

En esta obra, tres hermanas (muy estructura bastante mítica, de hecho) muestran su amor o falta de amor a su padre, lo que trae consecuencias trágicas. Una de ellas decide ser sincera… y qué caro le cuesta.

Lo que más me gusta de la obra es el bufón, el único que se permite decir exactamente lo que le da la gana, y sus palabras en principio no traen consecuencias. Esta idea de que el “loco” guía al sabio me fascina. Dice, disfrazadas sus palabras de boberías, las grandes verdades que el rey no quiere escuchar.


Lo que dice la contraportada: El rey de Inglaterra reparte en vida su reino entre sus hijas pero a la pequeña, Cordelia, la deshereda. Una vez que las hijas son reinas, su comportamiento para con su padre cambia drásticamente y se desentienden totalmente de él. Cordelia será al final la que demuestrará verdadero cariño por su padre.

sábado, marzo 15, 2008

La Mandrágora, Nicolás Maquiavelo


Lo que digo yo: Es un libro ligerito en la forma, aunque el autor apunta a algunos temas inquietantes... realmente lo mejor del texto es que no deja títere con cabeza: desde los curas hasta los amos, pasando por los criados y cuantos se pongan por delante son objeto de crítica.

Es de lectura bastante rápida y fácil, divierte.

viernes, febrero 22, 2008

Égloga de amor de Plácida y Vitoriano, Juan de la Encina


Lo que digo yo:
No era tan terrible, hasta que a la genia de Plácida se le ocurre suicidarse. El genio de Vitoriano le hace una misa con latinazos incluídos, dignos de los ronquidos de hasta el más amante de la historia y la literatura. Por favor. Por algo no se lee mucho a Juan de la Encina.

Lo que dice la contraportada:
No sé, tuve la dichosa idea de buscarlo por internet y no comprarlo…

lunes, febrero 18, 2008

La Celestina, Fernando de Rojas


Lo que digo yo: Creo que esta es una de las obras de teatro que mayores contradicciones me genera. La encuentro divertida en muchas cosas, pero me aburre a morir leerla. A lo mejor porque como pieza dramática es poco efectiva. Entiendo que el autor, en su momento, fue innovador en la búsqueda de un perfil algo más psicológico para sus personajes, pero ahora esas parrafadas y demás se hacen sencillamente lentas.

Como ejercicio intelectual vale… como ocio, pues no.

Lo que dice la contraportada:
«La Celestina» es, ante todo, un texto sorprendente y original, que ha suscitado gran variedad de interpretaciones. Todo en ella plantea problemas: autor, datación, título, género, significación, intención. Claves significativas que se nos escapan por su ambigüedad. Esta edición, destinada al lector joven, se ha permitido ciertas «licencias»: aunque se han omitido ciertas partes, se ha procurado que estas supresiones no alteren la continuidad y coherencia textuales. La peculiaridad de la obra y el ingenio de su autor permanecen íntegros.

miércoles, enero 30, 2008

Tríptico de la aflicción de Angélica Liddell


Lo que digo yo:
En cuanto al exceso, la estética desde lo escrito “en tu cara” y la desfachatez, la Liddell es la reina. Creo que juega con una desventaja (o no) y es que su teatro no acaba de entenderse si no se conoce la ideología que lo respalda. Es como leerse un tratado político sin dominar los términos que se usan. Hay que saber a que juega para poder disfrutarlo. O disfrutarlo no es la palabra, más bien es acabar indigesto, pero está bien porque queda claro que es lo que la dramaturga quiere.

Definitivamente no es para todos los gustos, pero quien busque un poco de acidez contra el mundo se la puede pasar muy bien.

Lo que dice la contraportada:

Nada, así son algunos libros de teatro. Este en concreto fue una publicación especial de la Revista Acotaciones del 2004.

jueves, noviembre 01, 2007

Complete plays, de Sarah Kane


Horrorizada, a la vez que fascinada, me leí las cinco obras de teatro y el guión de cortometraje que dejó Sarah Kane, antes de suicidarse a finales de los noventa. Mucha gente se pregunta si el éxito que ha tenido tras su muerte se debe, precisamente, a la forma tan triste de morir (tras un primer intento de suicidio con pastillas, logró su cometido a la segunda: colgarse con los cordones de sus zapatos). Pero, al pensar esto, se deja de lado que antes de morir, ya era exitosa. O al menos reconocida en un Londres espantado de la crueldad de esa muchacha delgada, de cabello corto e ideas tan extremas. Algún crítico dijo, de su primera obra, que era un puñado de mierda... como venganza, o lección, la Kane lo incluyó en su siguiente obra... y claro está, no lo dejó muy bien parado.

Sin intentar hacer una masa donde hay particularidades diría que Blasted, Phaedra’s Love, Cleansed, Crave (traducido a veces como Ansia) y 4.48 Psychosis tienen como denominador común la crudeza. Es como si Beckett se hubiera quedado sin palabras –como lo hizo- y se hubiera convertido al teatro pánico, como si Artaud hubiera engendrado una hija despojada de toda esperanza en el mundo, en la gente, en ella misma. Y aún peor. A la Kane le encanta la sangre, lo brutal, el sexo como forma de violencia, la muerte, la tristeza, la desesperación. Pone en escena todo eso que a lo mejor no es habitual ver, pero que es un espejo de toda la roña escondida en la sociedad.

Aplaudo sus letras, la tipa no se dejó nada dentro, aunque estoy convencida que algunas de estas obras no verán jamás la luz del escenario… al menos en países como Costa Rica un sacerdote de rodillas frente a una bragueta abierta sería un serio problema. No sólo porque es evidente que puede herir susceptibilidades, si no porque a veces preferimos que nos mientan.

En cuanto al corto, llamado Skin, es cuestión de verlo:
Skin, 1era parte
Skin, 2da parte

lunes, octubre 15, 2007

Esquilo ¿Premio Planeta 2007?

Con todo respeto lo digo…Esquilo es famoso porque se conservaron obras de teatro de la Grecia Antigua sólo de tres dramaturgos. Sin competencia ¡qué fácil! Sería como haber mandado un libro al Premio Planeta 2007 y que se presente mi vecina y el del bar… ¡no tendrían con quién pactar el ganador!

Y qué poco de bla bla bla… pobres griegos, no puedo entender cómo alguien fue a ver Los Persas y siguió confiando en el gran Dionisio. Sería las dionisíacas previas, mucha fiesta, mucho movimiento, mucho vino, mucho trance. De otra forma no se entiende. Por Dios. Que se acabe ya la parte del programa de Esquilo, que le amarren como a su bienamado Prometeo... ¡algo!

Espero con ansias a Sófocles pero más aún a Eurípides, lo digo sin sarcasmo, estos dos me gustan. Claro que a la luz de lo que se publica por ahí, casi prefiero morirme de aburrimiento.


Ps. y hablando de Premios Planetarios... sin juzgar al ganador ni al finalista, eso me lo guardo para cuando lea los libros; pero los de Planeta dicen que fomentan la salida de nuevos y jóvenes escritores... jua jua jua. Millás y Boris Izaguirre ¿nuevos y/o jóvenes escritores? ¡¡¡AY PERO POR FAVOOOR!!!

domingo, septiembre 23, 2007

Marceau has left the building


Yo, desde que era muy pulguita, tenía una afición por imitar. Hacía personajes variados, desde el entonces presidente de Costa Rica (Luis Alberto Monge… queridos… compatriotas) y personajes de la tele hasta las bailarinas del carnaval de Río (tiene gracia pensar en una cachetona negrita de cuatro años, con sus calzones de vuelitos metido entre las nalgas, moviéndose según ella como si bailara en una comparsa). Esto era con mis papás, pero más aún con mi hermana.

Cada noche tenía que darle función. Cuando mi mamá nos mandaba a dormir yo me subía en la cama, cantaba el jingle del “programa” (se llamaba Chistes de mal gusto) y hacía sketches para ella. Mi hermana siempre fue el mejor público, de hecho entre nosotras tenemos la broma de que ella, de lejos y con sólo mover la mano, me provoca cosquillas… y que yo, con sólo decir “caca” la puedo hacer reír.

Eventualmente, estos “numeritos” infantiles trascendieron la habitación de las hermanas Duncan y pasaron a la familia entera. En este caso, hacía sobre todo mimo (o lo que yo entendía por mimo con ocho o nueve años) con mi primo Andrés. Recuerdo como nuestros grandes cuadros el inflarlo como si fuera un globo, asomarnos por un invisible muro o tirar de una cuerda… nos la pasábamos genial haciendo estas cosas en cada fecha especial. Es más, se volvió una tradición que hiciéramos algo "teatral" en el día de la madre, del padre, navidad, el día del niño.

Cuando entré a estudiar Artes Dramáticas tuve seis cursos de expresión corporal. Confieso que siempre me dieron pereza, pero también confieso que el curso de mimo me divirtió mucho. Descubrí las posibilidades que tiene (aunque también tengo que decir que no soy muy hábil) y aún más cuando conocí a Shannon, una profe de mimo con la que coincidimos varios en un taller de Commedia dell’Arte en Venecia. Verla jugar con sus manos era un placer.

Shannon estudió con Marcel Marceau. El hombre que redefinió el mimo como una expresión importante dentro del teatro… de hecho se estudian sus ejercicios, sus ideas y probablemente ningún mimo profesional se atrevería a negar que, en esa área, Marceau era el maestro. Se murió, como cualquier ser humano… estará en el “más allá” divirtiendo a otros más, pero calladito, como siempre.

jueves, julio 05, 2007

¡Otra loca como Denise!


Mi prima M (esa que es como mi hermanita) ha anunciado que quiere estudiar teatro ahora que acaba el cole. Ha cundido el pánico… ¡otra como la loca de Denise! La verdad sí me siento parcialmente responsable de que sea eso lo que quiere, ha crecido muy cerca de mi hermana y de mí, somos sus modelos en muchas cosas. Pero también me entra la rabia cuando oigo a mi tía decirle que se va a morir de hambre. Es lo que se cree, en general, y se repite, aunque a veces no sea verdad.

Yo estudié periodismo porque mis papás no veían viable que me dedicara al teatro nada más, ellos también pensaban que me iba a “morir de hambre”. Entiendo, de verdad, porque mi papá es escritor, tiene casi veinte libros publicados y jamás ha vivido de eso…Resulta que acabé por creerles, me largué de la escuela de teatro y trabajé como periodista unos años. Así, con 22 años era una amargada que sufría por tener que escribir sobre el teatro en vez de hacer teatro. Tomé la determinación que me cambió la vida para bien… dejé mi trabajo-estable-sueldo decente-inicio-de-carrera-periodística y regresé a la escuela de teatro. No voy a hablar de las cosas malas de ese lugar, pero siento que tuve la dicha de poder quedarme con lo bueno.

Desde que decidí dedicarme a lo que me gusta y hasta llegar a España, jamás me faltó trabajo. Tenía suficiente para no morirme de hambre, incluso para comprarme ropa de vez en cuando, salir por ahí con los amigos y ¡ponerle gasolina al denisemóvil! Cierto que nunca me dio para ahorrar, o para hacer un viaje a Turquía, pero morirme de hambre… ¡pues no! Si mis amigos tienen vidas más “estables” es porque las han elegido, yo he sido más velero y sí, asusta no tener nada cuando una se enrumba a los 30… ¡pero tengo mucho, aunque no sea tangible como una casa o un coche! Como decimos en Ticolandia, nadie me quita lo baila’o.

Recuerdo una conversación a principios del 2004 con mi papá. Yo le decía que no sabía qué estudiar, si un máster en teatro y cine o uno en periodismo o producción audiovisual. Su respuesta me la guardo para siempre, me dijo “desde que tenés 13 ó 14 años sabés lo que querés hacer con tu vida. Ya una vez te desviaste del camino por influencia de tus papás, no te desviés de nuevo por tu propia voluntad, hacé lo que querás hacer, no lo que creés que debés hacer”.

Y así, lo del premio –por poner un ejemplo- y mi felicidad, en todos los planos, se la debo a que decidí mi ruta. Hasta el tener a Fernando en mi vida se lo debo al teatro y a la decisión de dedicarme a esto y no a ser una honorable periodista. Entiendo las preocupaciones prácticas de mis tíos en cuanto a lo que Mariela quiere… pero que alguien entienda que más vale un esfuerzo adicional –si es que de verdad se ve en ocasión de “morirse de hambre” alguna vez y le toca trabajar de día en un Mc Donald’s–que la frustración.

Fotos: Art Montes de Oca y creo que Fernando (la de mi prima y moi)

jueves, marzo 22, 2007

Sara y la "brujita"



A veces tengo corazonadas que no sé explicarme. El año pasado, cuando fui a Costa Rica, aproveché para hacer visitas poco usuales. Una de ellas fue a mi profesora de teatro, Sara Astica –chilena de nacimiento y exiliada en Costa Rica-, fui con mi amiga "P" a su casa una tarde en la que el aguacero fue torrencial.

El domingo antes de verla se me cruzó un pensamiento en la mente, a pesar de que no tenía ningún indicio para tenerlo. Pensé que tenía que aprovechar la oportunidad, porque era probablemente la última que tendría de verla con vida. Lo seguí pensando cuando nos despedimos de ella, que agitaba la mano desde la entrada de su casa después de darnos pan con su mermelada de naranja casera, y sobre todo me lo confirmó que nos confesó que no quería hacer teatro nunca más, ella la más apasionada renunciaba a su profesión y oficio, porque desde que había muerto su esposo Marcelo Gaete, los escenarios le daban tristeza.

Unos meses después de que volví, mi amiga P me contó que le habían diagnosticado cáncer de pulmón. Dejó de fumar muy tarde, solo después de ver morir a su esposo por el mismo mal. Hace pocos días, P me dijo que se había ido a Chile con sus hijos y que está agonizando.

Me da mucha tristeza, pero más me asusta haberlo sentido antes de que pasara. Tengo una amiga que me llama “brujita”. Lo malo es que estas cosas me pasan de vez en cuando, y nunca sé si es paranoia o intuición.

En todo caso, desde aquí trato de pensar que puedo mandar buenas vibras a esa señora hermosa, que imagino reduciéndose a poquitos, pero feliz de hacerlo entre sus hijos y en su patria, tantos años después de verse obligada a salir.

jueves, febrero 08, 2007

Casting: el top cinco

Hoy fui a un casting, ya contaré de que era… cuando salga (dedos cruzaditos). De ahí que recordé las cinco razones principales por las que odio las pruebas de este tipo:

1. si es de teatro, lo común es que el director tiene ya un elenco en mente, el ideal. Muchos de los integrantes serán sus amigos (normal, yo también lo hago), así que con mucha suerte habrá uno o dos lugares por llenar, no más.

2. si es televisión, suelo sentirme como la patita fea en el lago de los cisnes. Tengo muy buena opinión de mí misma, pero yo me quiero. Estar sentada, esperando, en una sala llena de chicas que parecen modelos no es exactamente divertido.

3. nunca se sabe qué quieren. La mente me revoletea sin pausa, pienso “tengo que ser seria”, “tengo que ser simpática”, “tengo que parecer segura”. Es un calvario.

4. la mayoría de las veces no te llaman para decirte “la has cagado, gracias por venir pero hay otra mejor”. Si lo hicieran, al menos podrías preguntar por qué y tratar de mejorar, pero no hay caso. La única forma de enterarse de cómo te ha ido es ver el nombre de otra en la tele, en el poster del teatro o, en casos extremos, verla sentada en “Salsa rosa” muy dueña de sí hablando de su vida privada.

5. la espera es interminable. Relacionado con el anterior, te pasas semanas pensando que talvez todavía te llamen. Lo peor es que en algunos casos sí que te llaman y ya para entonces tienes otros compromisos. Caso de la vida real: estando en Coruña me llamaron a una audición, fui… un mes, dos, tres. Dos semanas antes de venirme a vivir a Barcelona me llaman para decirme que me han dado el protagónico. Respuesta obligada: es que ya no puedo. Plop.

Una extra: en mi caso, para todos los castings del mundo mundial tengo un plus que también es un menos: mi look, puede ser “interesante” pero es diferente. Nunca sé si eso me traerá consecuencias positivas o negativas. Y, como si fuera poco, toda mi vida voy a ser así, no es nada que pueda “mejorar”. Agh.

En fin. Es lo que toca a veces, ir, hacer el numerito, creérsela y esperar.

Pero de que apesta: apesta.

Fotografía: Alex & Laila

viernes, enero 26, 2007

De los 19 a los 91




A la tienda donde estoy ahora no llegan pakistaníes. Solo llegan viejitos. Muchos, muchos viejitos. Pero a mí me encanta atenderlos, aunque sus consultas no generen dinero, porque te miran con una cara de agradecimiento genial, como si al encenderles el teléfono y explicarles cómo desbloquearlo fueras una especie de milagro operante. Luego dan las gracias cien veces e incluso se disculpan “por molestar”. ¡A mí no me molestan! Todo lo contrario, siempre me dejan una sonrisa porque me siento útil, amable y sincera (y no la mercenaria disimulada que me toca ser el resto del día).

Además, me da una visión contrastada perfecta de la vida… trabajo con dos nenas jóvenes, una de ellas demasiado joven para mi gusto. A veces la entiendo: si yo tuviera 19 años es probable que también sería despreocupada y un poco descuidada con mi trabajo, seguramente pensaría “qué más da, solo tengo 19 años y si me despiden ya me busco otra cosa”. La otra, un poco menos chiquilla pero el doble de fresca, se justifica con que “estudia teatro”, como si eso fuera sinónimo de ser desordenada. A ella, aunque me cae bien, no termino de entenderla: yo también estudié teatro, pero siempre me he cuidado de ser responsable con las cosas que hago.

De todas maneras, me veo reflejada a tres bandas: la chiquilla me hace pensar en las cosas que hice a la ligera antes, amparada por la edad. La menos chiquilla me recuerda que siempre hay un punto utópico e irreal en los que estudiamos arte, que nunca acaba de curarse. Y los viejitos me dan la certeza de que pase como pase por esta vida, hay unas arruguitas y un andar pausado esperándome.

Mientras tanto, trato de ver la vida con menos gravedad –como si tuviera 19 años-; de ser un poco loca –“es que estudié teatro”-, pero asumirme responsable como ya me corresponde -y es que hasta espero con impaciencia cumplir años-. Y sobre todo, intento sonreír la mayor cantidad de tiempo posible… al menos así las arrugas habrán valido la pena.

Ilustraciones: Chris Rachka y McMillan Digital Art

lunes, diciembre 11, 2006

Por fin se murió aquel.





Ayer, viendo la noticia de la muerte de Pinochet, me acordé de Sara Astica, excelente actriz y aún mejor ser humano. Fue mi profesora de voz, dicción y actuación durante varios años en la Universidad, luego quedó como buena consejera y cariñosa amiga. Ella, como tantos otros, fue víctima del despiadado sistema de terror del tipo aquel en el Chile de los setentas.

Llegó a Costa Rica en 1974, después de pasar casi dos semanas en una casa de torturas y nueve meses en la cárcel. De las torturas, como es natural, no le gusta hablar... pero uno adivina y entiende que la lista es amplia. En la cárcel pues se supone que la pasaban menos mal, es decir, al menos comían una vez al día y no cada tres días y las torturaban esporádicamente y no hasta doce veces en un día, como antes de estar ahí.

En cuanto logró salir de la cárcel se subió en un avión y se fueron exiliados para Costa Rica, ella, Marcelo Gaete ("Flaco" lo llamaba Sara, director y actor, murió el año pasado) y sus cinco hijos. Allá, contaba Marcelo entre risas, hicieron muchas travesuras: entre ellas comerse los patos de cierto parque en el centro de San José. Ellos lo cuentan ríendo, aunque la razón no fue bonita: no tenían nada para comer.

Pero su talento les abrió las puertas y sus amigos les dieron cobijo.

Espero que la noticia de la muerte de aquel le llegue a Sara como una gotita balsámica ahora que está un poco complicadilla de salud, que le dé un impulso para levantarse y hacer esa mermelada de naranja tan deliciosa que siempre nos daba en el comedor de su casa, que tenga tiempo y ganas de hacer de nuevo el Pío Nono que juró que hacía por primera vez hace unos meses, pero que le quedó como si fuera su receta estrella.



Ponete buena, Sara, por fin se murió aquel.



Me alegro de corazón, porque sí -es verdad- lo ideal sería que lo hubiesen condenado, pero como no iba a pasar un solo día en la cárcel y a mí lo que me importa es Sara, me alegro. Y mucho... sé que ella también, porque ambas creemos que Alguien, Algo, No Sé Qué lo hará pagar lo que hizo y multiplicado.


Descansá en paz, Flaco, por fin se murió.



Info adicional: Informe Nacional sobre la Tortura y Prisión Política (Chile)
Foto: memoriachile.cl (Sara y Marcelo, hace unos añitos :-) )

martes, noviembre 21, 2006

“Los jóvenes de hoy en día no distinguen el mal del bien…”

.
El fin de semana fui con Fernando a ver a Les Luthiers. No me acuerdo cuándo fue la primera vez que los oí, pero desde siempre tenía estas ganas locas de verlos. Salí feliz después de reírme dos horas.

Según leí por ahí, estos cinco cómicos cantaban en el coro de su universidad… según la historia oficial uno de ellos tuvo la idea de hacer una opereta cómica, lo demás es historia. Pero una leyendilla urbana dice que eran un grupo de indisciplinados y terminaron por echarlos… aunque no sea verdad esto último, me divierte pensar en que a lo mejor su destino fue producto de un desatino. Como la Shakira, que cuenta que nunca la dejaron entrar en el coro por cantar “raro”, su antiguo profesor de música debe darse contra las paredes de vez en cuando por no haberle visto la estrella en la frente.

En fin, que la pasé genial, es impresionante lo que hacen, la gracia que tienen y sobre todo las voces tan flexibles después de años y años de andar en las mismas.

Dejo un clip, aunque no es mi favorito pero está graciosín.

miércoles, marzo 08, 2006

Los genes levantan la voz


Hoy me encontré con una bonita sorpresa. Soy oficialmente escritora… una obra de teatro que escribí incluida en un libro… cierto, hay otras dos, pero nadie me quita el orgullo de tener mi nombre estampado en la portada. Ya lo publicaron, estoy a la espera de mis copias: ¡esto es demasiado emocionante!

Dejo aquí una parte del medio de la obra, que se llama “Negra. O nocturnal de una piel inoculada por el odio nuestro de cada día” y que ganó un accésit del Premio de Textos Teatrales Marqués de Bradomín 2005, que convoca anualmente el Instituto de Juventud de España.

Mi papá es escritor, supongo que los genes finalmente están haciendo su acto de aparición… y como estoy tan contenta me permito este pequeño desliz de pedantería.

Feliz, orgullosa… aquí les va





Túnel, lo que soy

KENYA:

(Canta)
Lo que soy
se fue a pasear con lo que quise
Lo que fui se quemó en la hoguera
de lo que me negué y no fui

(Kenya se alista para conocer a Ligia. Se peina. Se maquilla. Se perfuma. Se vuelve a peinar, retoca el maquillaje, se pone un poco más de perfume, se alisa la ropa, se peina, sacude sus zapatos, se retoca el maquillaje, se peina, se alisa la ropa…)

Ante los ojos ciegos por decisión camino con la cabeza agachada. Miro la calle, asfaltada con capas y capas y me pregunto cuándo empezamos a asfaltar el espíritu. Cruzo, sin fijarme en el alto ante la mano batiente, insolente de prepotencia del policía “pase negrita, no atrase”. Mierda. Vaya a decirle “negrita” a su mama. “ita”, “ita”, “ita”, de diminutivos está hecho el asfalto que cubre las almas. Entro a la tienda “en qué le puedo servir, negrita”. Mierda, tengo nombre. El asfalto es negro y no tiene nombre. ¿A las “blanquitas” les dirán “blanquitas”?… “en qué le puedo ayudar, blanquita”. Digo gracias y antes de salir “con gusto, negrita”… salgo. Las tiendas cambian de estilo según el cristal con que te miren. Salgo al asfalto. Y eso cuando tengo suerte y no soy “morena”, con ese dejo de “menos que negrita”… carajo, como si hubiera una escala que atravieso solo para llegar un poco más abajo… tengo nombre, coño, tengo nombre… Y no, no me llamo “negrita”, ni “morena”. Paso por el segundo semáforo, ahora en verde para los peatones y pienso… Debajo de la capa de asfalto algo debe quedar de quien fui. Nadie sabe lo que yace debajo de las carreteras por donde conduce. Hoy hice tres altos, pasé al menos 7 semáforos y crucé unas 12 calles y no pensé, ni por un instante, en los sueños ajenos que pisé. Habría que dragar debajo de las calles, extirpar las ideas aplastadas por los odios, extraer lo sucio y separarlo de lo puro… ¿por qué nadie me ha preguntado cómo me llamo? ¿Es más fácil etiquetar? Tengo nombre. Nombre, que no etiqueta. Y no es negrita, ¿entendido?

Debajo del asfalto hay toneladas de basura y de sueños que se pudrieron por descuido.

(termina de alistarse, se da una última mirada en el espejo)

(canta) Lo que quise
anda de la mano con mi ser
juega entre la espuma
de lo que no fue

Si se quedan en silencio hoy
entenderán que solo soy
lo que soy, negra soy, negra soy.

sábado, octubre 29, 2005

La funcion debe continuar


Como actriz y aprendiz de directora estoy acostumbrada a ensayar y ensayar para luego tener pocas funciones. Lo hago con amor, con pasión, con entusiasmo. Y luego me entrego en la función, me dejo todo ese trabajo ahí sobre el escenario porque es lo que me hace seguir respirando y lo disfruto a morir, incluso deseo que no se acabe nunca esa parte, la de la función.

La vida a veces es así, cada paso que dimos bueno o errado, cada vuelta que nos precede, es el ensayo. Claro que le pusimos amor, pasión y entusiasmo... pero por momentos, en algunos áreas, llegamos finalmente a la función.

Yo acabo de escuchar la tercera llamada y estoy en medio del escenario, dando función. Y quiero que me dure… que nadie apague las luces del escenario, yo le pago al técnico, me da igual. Quiero seguir aquí subida en medio de las tablas, en esta arrebatada representación de mí misma. Ni siquiera me importa no tener el aplauso del final, solo quiero seguir esta función para la que ensayé durante años. Que no se cierre el telón.
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