
Hoy me encontré con una bonita sorpresa. Soy oficialmente escritora… una obra de teatro que escribí incluida en un libro… cierto, hay otras dos, pero nadie me quita el orgullo de tener mi nombre estampado en la portada. Ya lo publicaron, estoy a la espera de mis copias: ¡esto es demasiado emocionante!
Dejo aquí una parte del medio de la obra, que se llama “Negra. O nocturnal de una piel inoculada por el odio nuestro de cada día” y que ganó un accésit del Premio de Textos Teatrales Marqués de Bradomín 2005, que convoca anualmente el Instituto de Juventud de España.
Mi papá es escritor, supongo que los genes finalmente están haciendo su acto de aparición… y como estoy tan contenta me permito este pequeño desliz de pedantería.
Feliz, orgullosa… aquí les va

Túnel, lo que soy
KENYA:
(Canta)
Lo que soy
se fue a pasear con lo que quise
Lo que fui se quemó en la hoguera
de lo que me negué y no fui
(Kenya se alista para conocer a Ligia. Se peina. Se maquilla. Se perfuma. Se vuelve a peinar, retoca el maquillaje, se pone un poco más de perfume, se alisa la ropa, se peina, sacude sus zapatos, se retoca el maquillaje, se peina, se alisa la ropa…)
Ante los ojos ciegos por decisión camino con la cabeza agachada. Miro la calle, asfaltada con capas y capas y me pregunto cuándo empezamos a asfaltar el espíritu. Cruzo, sin fijarme en el alto ante la mano batiente, insolente de prepotencia del policía “pase negrita, no atrase”. Mierda. Vaya a decirle “negrita” a su mama. “ita”, “ita”, “ita”, de diminutivos está hecho el asfalto que cubre las almas. Entro a la tienda “en qué le puedo servir, negrita”. Mierda, tengo nombre. El asfalto es negro y no tiene nombre. ¿A las “blanquitas” les dirán “blanquitas”?… “en qué le puedo ayudar, blanquita”. Digo gracias y antes de salir “con gusto, negrita”… salgo. Las tiendas cambian de estilo según el cristal con que te miren. Salgo al asfalto. Y eso cuando tengo suerte y no soy “morena”, con ese dejo de “menos que negrita”… carajo, como si hubiera una escala que atravieso solo para llegar un poco más abajo… tengo nombre, coño, tengo nombre… Y no, no me llamo “negrita”, ni “morena”. Paso por el segundo semáforo, ahora en verde para los peatones y pienso… Debajo de la capa de asfalto algo debe quedar de quien fui. Nadie sabe lo que yace debajo de las carreteras por donde conduce. Hoy hice tres altos, pasé al menos 7 semáforos y crucé unas 12 calles y no pensé, ni por un instante, en los sueños ajenos que pisé. Habría que dragar debajo de las calles, extirpar las ideas aplastadas por los odios, extraer lo sucio y separarlo de lo puro… ¿por qué nadie me ha preguntado cómo me llamo? ¿Es más fácil etiquetar? Tengo nombre. Nombre, que no etiqueta. Y no es negrita, ¿entendido?
Debajo del asfalto hay toneladas de basura y de sueños que se pudrieron por descuido.
(termina de alistarse, se da una última mirada en el espejo)
(canta) Lo que quise
anda de la mano con mi ser
juega entre la espuma
de lo que no fue
Si se quedan en silencio hoy
entenderán que solo soy
lo que soy, negra soy, negra soy.