miércoles, noviembre 28, 2007

La Zona, historia de paranoia


Acabo de ver la película “La Zona”, ópera prima de Rodrigo Plá. Me gustó muchísimo. No compraría el DVD (que es mi medida de películas de ver y ver y ver, aunque nunca llegue a comprarlas), pero valió la pena. Y eso que fui porque tengo que analizarla para un curso, al final tendré que darle las gracias al profesor.

El planteamiento es sencillo: en México DF hay un residencial de lujo amurallado, con alta seguridad y residentes de "primera". Fuera de esos muros, miles y miles de casas a medio hacer, chabolas, tugurios, gente necesitada. Una noche, tres ladrones logran entrar a La Zona. No cuento más.

Me puse a pensar si una historia como ésta tiene algún impacto en países europeos. Al menos aquí, si no es por las noticias esporádicas de robos a casas de lujo, la gente vive bastante tranquila. No ha llegado la paranoia de poner rejas, portones, guardas con ametralladoras y demás que sí hay en Latinoamérica. Lo más triste, pienso yo, es que la mitad del asunto es miedo infundado.

Pero es tan real que me ericé, y es que para los ticos, aquello era como ver Bosques de Lindora en medio de Los Cuadros. Espeluznante la esquizofrenia social, esa de me tapo los ojos y se acabó.

No tiro piedras a quienes viven así, porque seguramente si yo tuviera tanto dinero me buscaría un residencial al menos con un guarda y bajo ningún concepto tendría una casa sin rejas. Todos estamos contagiados. Triste.

Imagen: fotograma de la peli sacado de aquí

Y PS/ ya tengo cuenta de paypal y demás facilidades para comprar broches (si lo piensan detenidamente, es buenísima opción para regalos de Navidad y por ser bloggers hago precios especiales y amorosos ;-))

Alta Fidelidad de Nick Hornby

Lo que digo yo

Se trata de uno de esos libros que están bien, escritos bien, divertidos, fáciles de leer, cuentan una historia más o menos bien armada y producen cierta satisfacción, pero que el mundo no se detendría si no los leés. Visto así, podría arrepentirme por lo que gasté en él, no era barato y no quise esperar a ver si aparece en edición de bolsillo algún día, pero prefiero reforzar lo de “esos libros que están bien…”. He leído peores, de hecho no es malo, es entretenido, simplemente se suma al montón sin mucha pena ni gloria, desde mi punto de vista. En todo caso, si algún día en edición de bolsillo sale otro del mismo autor sí lo leería, eso si no hay mucho más disponible.

Lo que dice la contraportada

Rob Fleming está a punto de cumplir treinta y seis años y tiene una tienda de discos antiguos en el norte de Londres donde sólo vende vinilos. Su negocio, destinado a un público de serios coleccionistas de frivolidades, está siempre al borde de la bancarrota. Y Laura, su última novia, le ha dejado. ¿Será porque Rob parece empeñado en prolongar su adolescencia hasta la decrepitud o, como piensa él, porque su colección de discos y la de Laura eran incompatibles? Para consolarse, Rob se refugia en la compañía de Barry y Dick, sus cómplices en la tienda, y juntos hacen innumerables listas de los top del pop: las cinco mejores películas, los cinco mejores episodios de «Cheers»... Y también comienza a salir con Marie, una cantante americana. Pero de pronto reaparece Laura. Y aunque Rob creyera al principio que esa ruptura no estaba entre las más cruentas de su vida, muy pronto comenzará a hacerse preguntas arduas sobre la familia, la monogamia, el amor y la madurez. ¿Será que por fin va a descubrir que también hay vida, y música, después de la adolescencia?

martes, noviembre 27, 2007

Anotaciones literarias

1. Por las preguntas sobre mi papá del post anterior ando con el pecho henchido, jeje, como si fuera yo. En dos días le he enseñado su nueva novela a Raimundo y medio mundo, he dicho decenas de veces lo genial que es y he nombrado un par de sus premios cada vez que puedo. No hay que darme mucha pelota que lo tengo un poco subido en el pedestal, es que me parece de las personas más inteligentes de este mundo, más estudiadas y cultas y más humanas. Sueno a chiquita de cinco años, pero es que mi papá es lo más, es un crack, la hostia, el non plus ultra, doña to’a y papichori (jajajaja, la de tiempo que tenía sin decir “doña to’a y papichori”, me pregunto si será dicho de mi casa o general de Tiquicia)

2. ¿Alguien se sabe algún cuento divertido, más o menos para niños, que pueda contar en mis clases de voz? Es que lo único que se me ocurre es lo típico de Cenicienta, Los Tres Cerditos y demás… Y otro que me gusta mucho que se llama Where the wild things are tiene poca gracia sin las ilustraciones. De hecho son taaan bonitas que da cosa contarlo sin ellas (ya se ve en la de arriba por dónde van)

3. ¿Por qué la gente forra los libros? He visto forrados con papel de regalo, con páginas de revistas, hojas de periódico. Hoy vi uno que ya era la alegoría a las cosas raras… una chica en el metro con el libro forrado… ¡con la bolsa plástica en que se lo dieron cuando lo compró en FNAC! Si alguien sabe el por qué de esto o –directamente- forra los libros, se le ruega contestar la incógnita. Porque digo yo ¿taaaan malo es el libro en cuestión que da vergüenza ir por ahí mostrándolo? O ¿es puro egoísmo en plan “este libro tan genial no lo comparto con nadie”? Y el cuento de "para protegerlo" me suena raro... ¡existe el plástico adhesivo TRANSPARENTE! No lo entiendo, de verdad. Y además, reinvindico mi derecho a chismear-cotillear-marujear lo que los demás leen ¡sólo eso me faltaba, el secretismo literario, viajar en metro con la duda, nunca llegar a evacuarla! ¡Misericordia, forradores del mundo!

miércoles, noviembre 21, 2007

Ya huele a tamales

En Costa Rica hay un plato típico de Navidad que se llama “tamal”. Cada vez que se acerca la época navideña, las cocinas empiezan a oler a ese platillo tan nuestro. Yo, con esta Navidad, voy a cumplir cuatro navidades sin tamalitos. O talvez no, pero eso es un detalle que todavía no comento.

La cosa es que, a fuerza de costumbre, he reemplazado ese olor por otros, como el del jamón recién cortado, el aquavit y el salmón. Confieso que me apasionan estas comidas, pero sigo añorando los tamales de mi madre con una taza de café.

Me gusta la Navidad, aunque aquí ha sido bastante tristecilla por no estar con mis papás, siempre hay un momento en que me pongo llorona, o reflexiva, incluso creo que da la impresión de que la paso mal; no es eso, es que esta fecha en concreto siempre fue de estar juntos, hasta que me vine para España.

Y, aunque me guste como concepto, me pone muy nerviosa y estresada el rollo de regalar. Sé que lo que vale es la intención y bla bla bla, pero eso sólo cuenta con Fernando. Agh. Ahora que lo pienso… queda menos de un mes y ni me había parado a pensar qué regalarle.

En casa de su familia hacen intercambio de regalos y sufro de pensar que, según quién me toque, mis días de Navidad serán un estrés absoluto.

Supongo que sin carreras, regalos de última hora, gastadera de dinero, multitudes agolpadas en las tiendas y este frío, no tendría sentido la festividad.

martes, noviembre 13, 2007

La blogosfera y sus vericuetos

Alguna vez fui link en un blog. Alguna vez dije algo en contra del pensamiento de la persona detrás de la pantalla. De inmediato desaparecí de sus links. Como si el mundo se redujera a un pensamiento… entendí que no quería ni siquiera que siguera leyéndole, porque el "corte" fue contundente y evidente. Lo peor es que es una persona con la que me gustaba tener intercambio de ideas. Pero bueno, le parecí agresiva, seguro y ya tá. Básicamente me dijo que no hablara de lo que no sabía y desaparecí. Yo la sigo leyendo, por el google reader aunque guarde silencio y silencio.

Alguna vez visité blogs por compromiso. Lo confieso. Muy al principio no sabía dónde encontrar gente afín y tiraba la cuerda. Ahora no lo hago, leo los que me gustan, comento en los que me gustan, incluso cuando no sea recíproco. Me siento más sincera aunque alguna vez, si alguien me deja un comentario y no tengo ganas de seguirle visitando, siento que mi sinceridad es medio mala. Y secretamente, si visito a alguien siempre porque me parece interesante y esa persona jamás me visita, me da un poco de tristeza pasajera no despertar su interés.

A veces, aunque poco, me siento cohibida de escribir algunas cosas. Es el precio de decir el nombre, de ser identificable y –encima- de procurarse visitas de gente conocida. Me gusta el comentario de quien me conoce y el del desconocido, pero a veces me doy cuenta de que me aplico la censura, sobre todo si el tema puede afectar a 3eros a pesar de que no diga sus nombres. Claro que pensar en hacer un blog “secreto” me suena más raro en mi caso, me sentiría extrañísima.


Nota al pie de párrafo: no entiendo cómo hace la gente que tiene muuuchos comentarios, no sé... es que eso requiere de un "mantenimiento" muy grande. Hablo de más de 80 comentarios, yo creo que me daría el agobio...



Alguna vez pensé en dejar de escribir, hay rachas de ideas secas, momentos donde quieres hacer más cosas que pensar “tengo que escribir un post sobre esto” o estar leyendo y leyendo por una necesidad que no puedo definir. De vez en cuando me digo que me volví loca, esto de seguir tantos blogs no puede ser normal.

Algunas veces me siento super cercana con los bloggers, como amigos de toda la vida, o amigos recientes, pero cerca. Estoy tan pendiente de sus vidas que si no hay noticias en un tiempo me preocupo, me hago historias, soy un caso. Algunas veces me preocupo de mí misma porque de vez en cuando llego tarde a clases por quedarme leyendo blogs. Es lo que tiene ser adicta.


jueves, noviembre 08, 2007

De raza, racismo, chistes y demás

No me gustan los chistes racistas, creo que perpetúan los estereotipos más abyectos de este mundo. Pero, extrañamente, cuando entro en confianza con la gente, me gusta pasarme con comentarios o hacer bromas que en otro contexto podrían ser malinterpretados.

Pongo un ejemplo. En clases de música estábamos viendo cosas básicas como las blancas, las negras, las corcheas, etc. Al final de una de las lecciones, Albi se me acerca y me dice “Denise, haz un silencio de negra”. Después de reírme, yo que soy un poco payasa, hice un gesto contundente de “silencio” y me quedé callada. A partir de esto, la clase de música a veces es un carnaval por las connotaciones que tiene en relación conmigo.

Otras veces me paso. Ayer dije, por ejemplo, que me haría una camiseta con un cartel que dijera “Fuera inmigrantes” e iría así por toda Barcelona, sólo para ver la reacción de la gente al verme (con esta pinta de caribeña que no me la quita ni Dios Padre) con semejante consigna en el pecho. Me gusta la provocación, porque ahí es dónde se ve la personalidad de la gente.

Un excompañero de la Universidad en Costa Rica contó una vez un chiste racista conmigo al lado, sin darse cuenta de que estaba ahí. Cuando me vio, no sabía dónde meterse… el resultado positivo es que le dije lo que me parecía sobre el tema, dejó de ser una cuestión importante en su cabeza y aprendió que podía hacerme bromas si quería, o decirme “negra” (antes no lo hacía, estaba el impedimento de lo que era “políticamente correcto”) y pasamos página. Dudo que haya vuelto a contar chistes de esos porque su imagen de la "negritud" quedó inmediatamente humanizada.

Creo que la risa es la mejor forma de que las cosas feas no te hagan mella, o de que aquellos cercanos saquen los temas escabrosos de la zona del tabú. Hablo de cosas en este nivel, no de agresiones (quiero decir que no me río viendo a un neonazi pateando gente). No lo apoyaría como movimiento “colectivo” porque el que deje de ser excepcional le da un tinte de validez que no es el que busco, pero creo que a nivel pequeño crea un buen efecto. Al menos a mí me ha funcionado, me doy cuenta de que la gente, en el momento en que aquello es un tema normal, del que se bromea y habla con naturalidad, logran olvidarse de “cómo” me veo. Y sobra decir que hago bromas sobre cualquier otro rasgo de personalidad o físico de alguien si es del caso, pero con cariño y nunca pasados de tono si se trata de otra persona.

Valoro la gente que se ríe conmigo, que no se escandaliza y que, después, tiene la inteligencia de asumirlo como es.

domingo, noviembre 04, 2007

Bichos en fieltro

Algún día, Celestina-que-no-cocina habló de broches de fieltro. La idea me pareció muy hermosa, así que tras hacer un regalito para la Celes, me quedé con la inquietud. ¿Y si me ponía en serio?

Así que me puse. Esta semana, los dos días que salgo temprano, haré ronda por las tienditas de cosas de estas en el Gótico, talvez alguien caiga y me compre un par, talvez venda unos cuantos en el Institut durante la semana... ¡nada pierdo intentándolo, en todo caso!

Estoy a la espera de la confirmación de mi cuenta de Paypal (serán 5-7 días) y taráaan... negocio montado. Espero vender suficientes y sacar de ahí los dineroosss suciosss para el café de cada día y las cervezas de los jueves. Si después alcanza para otras cosas pues genial.

Presentando en sociedad a algunos de mis pequeñuelos:

Sr. Crabby, Mister B y el "Mounstruito" enamorado



al resto los pueden ver en:



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