lunes, septiembre 17, 2007

Rumores blasfemos

No sé por qué me despierto pensando en una excompañera de carrera. Cuando estaba como en segundo año o por ahí, R se suicidó. Toda la historia fue muy rara: estaba embarazada, se encerró en un cuarto con el novio, escribió una carta de despedida (bueno, según los chismes sólo la firmó porque la letra no era suya) conjunta y varios días después el olor alertó a alguien. Abrieron la puerta y donde se supone que debería haber dos cuerpos sólo estaba el suyo… el novio se fue a una finca con sus primos y ahí estaba tan tranquilo (eso es interpretación malsana mía) mientras el cuerpo de ella se empezaba a descomponer.

Recuerdo que el muchachillo después caminaba con la cabeza muy baja, sobre todo si veía venir compañeros de ella y no volvió a saludar. Muy raro todo, ni digo mis conclusiones porque son muy “juertes” y hasta es delito.

Hace unos años también murió Laura. Fuimos amigas los tres primeros años del colegio. Después se pasó de “bando” y con otros amigos míos, dejamos de ser cercanas, pero antes de eso fuimos cómplices, nos reímos mucho, nos contamos cosas. De los recuerdos más graciosos (muuuy adolescente, por cierto) que tengo de ella es cuando, junto con otra compañera del cole, hicimos competencia de quién podía comer más pedazos de pizza. Ganó Laura, me parece, con doce porciones. Yo quedé tercera con diez.

Todavía me acuerdo cuando la fuimos a ver al hospital… la leucemia se la estaba comiendo, juro que se había encogido y le costaba sonreír. Supongo que no ayudó ver a tres amigas llegar de la nada, después de años y años de no verlas… cualquiera se supone que las cosas no andan bien. El funeral fue aún más raro, estaba sonriente metida en su caja, pero el vacío en el estómago fue enorme. No sólo había muerto alguien de mi edad (y entonces yo tendría 21 ó 22) si no que la iban a incinerar. Fue la primera vez que consideré que lo que digo de que “me saquen los órganos útiles y luego me incineren” talvez no sea tan buena idea.

La muerte es tan rara. Yo le tengo un poco de miedito, pero no a la mía, si no a la de la gente cercana. Es rara rara rara. No hablo del dolor que puede provocar, o del impacto para la gente cercana… hablo del capricho de la existencia. Se acaba a veces de las formas más bizarras.

Ya lo dice esta canción de Depeche… I don’t want to start any blasphemous rumours but I think that God’s got a sick sense of humour, and when I die I expect to find him laughing.

domingo, septiembre 16, 2007

Mi fin de.

Con el humor anunciado, la verdad que el fin de semana fue más movido de lo previsto. El viernes vimos un piso que se caía a pedazos, con un agente inmobiliario que me saluda como se fuéramos viejos amigos (nos hemos visto tres o cuatro veces en dos semanas), tanto que le pregunté hace unos días por su alergia y demás. Salimos huyendo de ahí a paliar el impacto comiendo perritos calientes de Ikea. Luego al supermercado y de vuelta a la casa.

Sábado vimos tele hasta que nos explotó el cerebro… este capítulo se llama “Denise y las series”. Nos sentamos horas a ver capítulos de “24” y me di cuenta (aunque es evidente) que me encanta la estructura de la serie y la movidita que es, pero si se le analiza ideológicamente es de salir corriendo, porque justifican las acciones antiterroristas de los gringos y terminan poniéndote de su lado, al menos durante los capítulos.

Salimos a dar una vuelta y volvimos pronto porque el Portal del Angel estaba a petar de gente y yo soy un poco anti-aglomeraciones (por no decir que me sacan de quicio y me dan ganas de gritar). No sé de dónde sale tanta gente en esta ciudad, juro que cada día veo más y más masas humanas. Puagh.

Se supone que por la noche íbamos a una fiesta de cumpleaños (de una amiga de una amiga) pero me rebelé, estoy harta de hacer cosas que no me apetecen sólo porque alguien se puede resentir. Además a la cumpleañera en cuestión la he visto DOS veces en mi vida, así que no entendí muy bien qué pitos tocaba yo en esa fiesta. Paso.

Eso me puso a pensar en que los compromisos son una mierda. O sea, como que a veces la gente no entiende que me gusta estar sola, que no me gustan particularmente las fiestas (al menos no las que están llenas de gente que no conozco) y que disfruto más yendo al cine y a cenar que tomando copas de bar en bar. Siempre he sido así, aunque disfrute de vez en cuando estar hasta el amanecer bailando o cuando las fiestas son en mi casa no quiera que nadie se vaya hasta tarde , y no veo porque tenga que ser de otra forma por quedar bien.

Hoy fuimos a almorzar en casa de unos amigos, con otro amigo que vino de Madrid. Después de hablar de todo lo posible, desde Fernando Alonso y el espionaje en la Fórmula 1 hasta la compra de casas en Costa Rica, nos vimos a casa.

Entonces yo, que soy buena para eso, me pongo a pensar por qué hay gente que directamente me da pereza, aunque les quiera, y por qué otros me gusta tanto verles. Y voy a sentirme mala por un rato hasta que me doy permiso de sentir lo que me da la gana.

Hasta que vuelvo al pensamiento de que hago lo que me da la real gana, puntoseacabó y que quien me quiera así es bienvenido… y el que no que se busque personas menos antipáticas para su vida, yo estoy muy vieja para jugar a caerle bien a todos.

he dicho.

viernes, septiembre 14, 2007

Cancelado por mal tiempo

Todo iba bonito –menos el clima, odio los días nublados –cuando de repente ¡zaz! El asunto empezó a estremecerse y ahora… cha cha cha chaaaaaaán:

Anuncio la cancelación por mal tiempo de:

1. el único piso que me ha gustado hasta ahora… ni siquiera se lo alquilaron a alguien más, simplemente los dueños están dividiendo sus propiedades legalmente y ya no van a alquilar ni costra hasta nuevo aviso (en la inmobiliaria me han dicho que serán dos meses más o menos y que “puedo pasar a recoger los papeles”). Muy emocionante, muy de thriller, de suspense esto de que me queden DOS semanas para encontrar algo. Después de haber visto unos 12 pisos empiezo a sentirme en un reality show. Empiezo a creer, también, que mis estándares deben ser revisados… o lo que es lo mismo, a bajarme de la nube se ha dicho.

2. mi ordenador. Mi mac ha muerto, bueno, no ha muerto, pero decidió que su tarjeta de vídeo ya no iba a funcionar y hay que cambiarle no sé qué más, así que arreglarla cuesta 950 euros… maldita manzanita, no pudo con mi ritmo, ni siquiera porque hasta nombre le puse (se llamaba My B. Kiddo). Con ese precio por su tratamiento es evidente que la vamos a inyectar para que no sufra… pasará a ser un disco duro externo malísimo, porque ni siquiera tiene tanta memoria. La parte buena es comprar otra, la mala es pagarla.

3. mi buen humor. Desde ayer ando con una cara de zombie que no me la quita nadie. La justificación es sencilla, me puse a escribirle a una amiga sobre lo bueno y malo de mi último viaje a Costa Rica y entre la nostalgia y el revivir ratos me quedé así: CHOF. Ya se me pasará, supongo, pero ando más averiada que la susodicha del punto 2.

Y ya está… menos mal que es viernes y tengo a Fernando para que me mime el fin de semana. Si no lo muerdo, claro, porque mal humor es mal humor y no distingue.

Estruendo y furia

Sumergirse en la ola, en el vacío, en el perímetro que separa un cuerpo del otro.

Abandonar la resistencia y saludar con ímpetu a los caracoles amarrados a sus conchas.

Sumergirse tan solo por probar, para sentir los arañazos de los corales y dejar que la arena se cuele entre los poros.

Dar vueltas, caóticas, fascinantes, entre el estruendo y la furia, dejando que el paladar se acostumbre al miedo. Retozar con el miedo hasta hacerlo propio, lleno, palpitante, tan asquerosamente corrosivo que se vuelva tierno.

Sumergirse y permanecer inmerso, un segundo, dos, tres, hasta que el alma amenace con dejar el edificio. Hacerle la corte al mar con frases hechas que suenan a nuevas, hasta que no pueda resistir el impulso y baile al unísono, bailar con el mar, no contra él.

Y después… saber cuando salir a flote, lo que ahoga no es la ola, es quedarse demasiado tiempo extasiado y querer emerger cuando el agua empieza a llenar los pulmones.


Querida… pocas veces habrás sacado una foto tan clara en significados.

jueves, septiembre 13, 2007

Malditos piropeadores...



Voy caminando por la calle y un tipo, a unos cinco pasos de mí, empieza a decirme idioteces. Me hago la que no oigo y termino esperando a su lado a que cambie el semáforo peatonal. Cuando estoy a dos palmos suyos no es capaz de decir nada… pero en cuanto empiezo a caminar y vuelve a tener distancia protectora, empieza de nuevo.

Me volteo, le pregunto si me conoce, como los dos sabemos que no, le digo que no me salude, que no me hable y que aprenda a respetar a las mujeres. Medio se acobarda, medio no, hay varias personas cerca pero ninguna se da por enterada… podría hacerme cualquier cosa y es evidente que nadie quiere meterse en camisa de once varas. Finalmente el tipo se aleja… mientras tanto yo pienso “tenía que ser latinoamericano” y me reprendo a mí misma por pensarlo, pero es que ya tengo mucha experiencia en el campo. Me vengo a la casa con el hígado pateado, a punto del vómito, con la vena de la sien derecha amenazando con explotarme.

Cerca de mi piso hay un par de sitios de reunión de tipos latinoamericanos que siempre tienen alguna vulgaridad que decir cuando pasan chicas al frente. Siempre, pero siempre… jamás he pasado por ahí sola, en horario de mucha gente, sin recibir algún “ptsss, adiooos, uuuy, mamacitaaa”. No importa si he subido de peso, o he bajado, si voy en minifalda o con falda por los tobillos. Y las mujeres, en su mayoría, lucen los michelines sin pudor, medio tallados y medio salidos de sus blusas despampanantes con escotes de miedo, mientras hablan a gritos.

No estoy exagerando, eso es exactamente lo que pasa.

No todos somos así, es verdad, de hecho tiendo a creer que son una minoría y que es más fuerte ese estilo en ciertos países (no digo cuales porque no quiero ofender, pero jamás he sido acosada por -digamos- un chileno), pero desgraciadamente estos son los que más llaman la atención. No justifico la xenofobia, ni la discriminación ¡pero a veces entiendo de dónde sale!

Si salgo a la calle en Costa Rica y lo que veo por doquier –por llamativos que resultarían- son españoles borrachos, seguro que llegaré eventualmente a creer que son generalmente así.

Por desgracia: metonimia inevitable, la parte adquiere el valor del todo.

lunes, septiembre 10, 2007

Diccionario básico para la búsqueda de piso

A veces el lenguaje nos juega malas pasadas, todo por no conocer el significado real de algunas palabras. Con el fin de reducir los malos entendidos a la hora de buscar piso, apartamento o casa dónde vivir, he aquí una guía rápida con algunas de las palabras que he aprendido últimamente.


A.
Agente inmobiliario: pobre pardillo igual que uno que se dedica a sonreír a extraños, venderles aire pero hacerlo pasar por oro y –encima- a lo mejor no tener ni piso propio.

Amueblado: dícese de aquel piso en el cual los dueños han ido depositando todos sus trastos viejos, con el fin de cobrar más al arrendatario incauto, que no sabe si debería estar furioso por el timo o agradecido de vivir entre tanta reliquia.

Ascensor: del latín ascensor ascensoris. Bien bastante reciente, inexistente en algunos edificios de Barcelona… (pero seamos serios ¿un 5º piso SIN ascensor y la finca tiene entresuelo y principal?).

Ático: último piso de los edificios viejos, usualmente de pocos metros cuadrados y que se cobra a precio de suite presidencial en un Marriot.

Aval bancario: figura mediante la cual tu dinero, correspondiente a 4, 5 o 6 meses de alquiler, queda congelado por todo el plazo que estés en dicho piso, sean dos o tres o veinte años… por si algún pillo quiere escaparse sin pagar, o en su defecto, para que unos pocos puedan alquilar sitios decentes y otros muchos vivir compartiendo con la amiga Anacleta, su novio Juan Leoncio, la prima Chuchis, el perro Bolet y el gato Calçot.


B
Badalona: provincia de Barcelona a la que todavía resisto para irme a vivir, a pesar de ser más barata…

Balcón: esa cosita, algunas veces minúscula, que aumentará exponencialmente el precio del alquiler… más aún si es de cara a alguna calle interesante de la ciudad, y que usted probablemente jamás use más que para cuando llegan sus amigos fumadores.

Buen estado: piso hecho pedazos que sus dueños intentaran enmascarar con una capita de pintura o una mesa de comedor nueva, o que dirán que es "antiguo" por no decir "viejo, sucio, medio roto". Si se mira bien es posible que se vea el estado no tan bueno de detalles como la tubería, instalaciones eléctricas o ubicación.

Buena zona: piso caro o carísimo.

C
Calefacción: bien del orden del ascensor ascensoris, poco común y caro de pagar… con lo paradójico que eso pueda ser en un país con inviernos largos y fríos.

Coqueto: como me dijeron por ahí, quiere decir “diminuto”.

Correcto: dícese de algunas cocinas que se caen de viejas, inservibles e indeseables pero siguen funcionando. Ej: estado de la cocina: correcto.

E
Exterior: dícese de aquel piso que, dando a la calle, tiene mucha luz. Como es bien sabido, la luz se cobra aunque salga del sol y no del dueño. A más exterior, más euritos, sí señor.

Estudio: habitación mediana o grandecita (de unos 25 m2 o menos) que el dueño ambientó, pintó y llenó de muebles raros de diseño para cobrar por él más que por duplex en el Paseo de Gracia. Algunos no tienen cocina, pero eso los convierte en un sitio aún más alternativo. Wow, ¡18 m2 sin cocina por solo 550 euros, voy a morir de placer!

I
Interior: piso que puede entrar en cualquiera de las siguientes variantes: 1. sitio callado y con suficiente luz, pero sin vista a la calle. 2. sitio callado por tratarse de un zulo oscuro y gris del que saldrás para no deprimirte. 3. sitio cuyo pecado es dar al patio de vecinos… y con eso dije suficiente.

J

Junto a: metro, mar, buses, mercado… entiéndase junto a cualquier comodidad que hace subir su precio.

L
Loft: estudio pero en chic, con pedigrí.

M
M2: metros cuadrados, calculados según el ojo que mire… es increíble lo que cambian 40 m2 de un piso a otro, lo digo por experiencia propia, no es lo mismo 40 m2 cerca de la Sagrada Familia y sus picos gaudianos que en el Poble Nou (ahí se estiran un poco más). De ahí que sospecho que la “m” no debe ser de metros, si no de “mentirosos” :-P

N
Nuevo: piso que seguramente será muy bonito, muy pequeño y muy caro… o exactamente lo contrario, pero en este caso será impagable.

P
Paciencia: lo que le pido a Dios todos los días y a cada momento, lo que se necesita para no decidir vivir debajo de un puente –que es menos lioso-.

R
Reformado: aquel piso que –antes de que caerse a pedazos –fue rescatado por el dueño. En algunos casos con buen resultado, en otros se trata de un simple maquillaje para hacer creer a los posibles arrendatarios que aquella mancha en la pared no es humedad disfrazada, si no pintura expresionista.

U
Un Ambiente: piso igualito al estudio pero definido con más arte. Olé.

V

Vivienda digna: el chiste del día. Jua jua jua jua.


Sigo sin descubrir que quiere decir “finca regia” o qué carajos es la cédula de habitabilidad –o algo así -, y creo que puedo afirmar sin miedos que esto de buscar piso es asqueroso.

He dicho.

Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver


Lo que digo yo: Soy, o al menos eso he creído siempre, muy maternal. Me gustan los bebés, los niños… disfruto con ellos y desde siempre me he visto a futuro con hijos. De ahí que me llamara mucho la atención el libro de Shriver, pero justamente por su confrontación con los tabúes y prejuicios sobre la maternidad, la familia, el amor.

El libro, narrado por medio de cartas de Eva a su esposo, cuenta la historia de una familia, liderada por Kevin, un carajillo insoportable con el que su madre no sabe qué hacer. A partir de esto, la autora es hábil en desgranar elementos muy sintomáticos de la sociedad estadounidense (y de otras probablemente también), del papel de la “madre perfecta” VRS la real.

Sin embargo, no se trata de eso solamente: de hecho el libro lo que deja es un amarguito en la boca por las incapacidades humanas (de amar, de comunicarse, de decir la verdad aunque sea políticamente incorrecta) y sus consecuencias. A veces es un relato cruel, duro, gráfico, sádico, sarcástico… vale mucho pero mucho la pena.

Sumando tiempos antes y después del viaje a Costa Rica, me lo leí en una semana… devoré sus 600 páginas casi sin respiro y desde la página 300 repetí “no quiero que se me acabe”, de esos libros que te dejan con una sensación de duelo cuando se llega a la última página.

Lo que dice la contraportada:
Eva es autora y editora de guías de viaje para gente tan urbana y feliz como ella. Casada desde hace años con Franklin, un fotógrafo de publicidad, decide, con muchas dudas, cerca de los cuarenta años, tener un hijo. Y el producto de tan indecisa decisión será Kevin.

Pero casi desde el comienzo, nada se parece a los mitos familiares de la clase media urbana y feliz. Eva siente que Franklin se ha apoderado de su maternidad, convirtiéndola en el mero contenedor del hijo por nacer. Y Kevin es el típico bebé difícil, que tortura con sus llantos, que no quiere comer. Se convertirá en el terror de las niñeras, en un adolescente terrible, en el antihéroe a quien sólo le interesa la belleza de la maldad.

Al llegar la sangrienta, mortífera epifanía de Kevin, dos días antes de cumplir los dieciséis años, el niño es un enigma para su madre.

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