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viernes, abril 08, 2011

Freedom, de Jonathan Franzen

Lo que digo yo:


Alrededor de la publicación de Freedom, el mundo literario parecía sacado de cualquier revista de prensa rosa. La razones son claras: Obama pidió  que le consiguieran una copia antes de que saliera oficialmente a la venta. Y estamos frente al autor que se atrevió a NO ir al programa de Oprah Winfrey al ser seleccionado como libro para el club de lectura. Esto pasó con Las Correcciones hace sus años, pero al ver la luz el nuevo libro, la cosa se puso interesante.


De hecho, la mitad de los comentarios sobre Freedom van de su "precio", de que se "vendió" a la industria y demás.. porque sí... esta vez fue a Oprah y aguantó la entrevista. Si la vemos con detenimiento, está claro que ha momentos en que no se le ve cómodo. Los más puristas, por decirlo de alguna manera, piensan que tenía que haberse mantenido al margen del ciclón mediático Oprah.


Sea como sea es un libro buenísimo, de un autor que cada vez me gusta más. Las Correcciones me sorprendió más que este, es verdad, pero yo veo una madurez narrativa y estructural en su manera de escribir. La familia que retrata ¡cómo no! es de esas que te dan escalofríos pero a la vez empatizas. Son detestables y adorables.


En esto Franzen es un maestro, nunca sabes quiénes son los buenos y quiénes los malos, les da aire y agua tanto como palos y pesares. No es condescendiente con sus personajes y cualquiera que haya intentando escribir alguna vez, sabe que esto es de las cosas más complicadas.


Buenísimo, sobre todo para los amantes de la mejor narrativa realista anglosajona, como yo.


 


Lo que dice la contraportada:


"A lavishly entertaining account of a family at war with itself, and a brilliant dissection of the dissatisfactions and disappointments of contemporary American life... Compelling...Freedom, though frequently funny, is ultimately tender: its emotional currency is both the pain and the pleasure that that word implies . . . A rare pleasure, an irresistible invitation to binge-read . . . That it also grapples with a fundamental dilemma of modern middle-class America—namely: Is it really still OK to spend your life asserting your unalienable right to the pursuit of happiness, when the rest of the world is in such a state?—is what makes it something wonderful. If Freedom doesn’t qualify as a Great American Novel for our time, then I don’t know what would . . . The reason to celebrate him is not that he is doing something new but that he is doing something old, presumed dead—and doing it brilliantly. Freedom bids for a place alongside the great achievements of his predecessors, not his contemporaries; it belongs on the same shelf as John Updike’s Rabbit, Tom Wolfe’s The Bonfire of the Vanities, Philip Roth’s American Pastoral. It is the first Great American Novel of the post-Obama era." —Benjamin Secher, Daily Telegraph

"The ultimate way-we-live now novel" –Lev Grossman, Time

"Writing in prose that is at once visceral and lapidary, Mr. Franzen shows us how his characters strive to navigate a world of technological gadgetry and ever-shifting mores, how they struggle to balance the equation between their expectations of life and dull reality, their political ideals and mercenary personal urges. He proves himself as adept at adolescent comedy as he is at grown-up tragedy; as skilled at holding a mirror to the world his people inhabit day by dreary day as he is at limning their messy inner lives . . . Mr. Franzen has written his most deeply felt novel yet—a novel that turns out to be both a compelling biography of a dysfunctional family and an indelible portrait of our times." —Michiko Kakutani, The New York Times

"[Freedom is] a work of total genius: a reminder both of why everyone got so excited about Franzen in the first place and of the undeniable magic—even today, in our digital end-times—of the old-timey literary novel . . . Few modern novelists rival Franzen in that primal skill of creating life, of tricking us into believing that a text-generated set of neural patterns, a purely abstract mind-event, is in fact a tangible human being that we can love, pity, hate, admire, and possibly even run into someday at the grocery store. His characters are so densely rendered—their mental lives sketched right down to the smallest cognitive micrograins—that they manage to bust through the art-reality threshold: They hit us in the same place that our friends and neighbors and classmates and lovers do. This is what makes Franzen’s books such special event." —Sam Anderson, New York Magazine

"One of those rare books that starts well and then takes off . . . a joy to read . . . With its all-encompassing world, its flawed heroes and its redemptive ending, Freedom has the sweep of a modern Paradise Lost." Economist

"The Great American Novel." —Esquire

"Epic." —Vanity Fair

viernes, septiembre 03, 2010

Invisible, de Paul Auster

Lo que digo yo:


A ver, a ver... yo -más allá de mis gustos personales -considero que Paul Auster es de los novelistas actuales con más técnica y colmillo en la escritura. Uno de sus libros (Mr. Vértigo) me impactó, me entusiasmó, me atrajo a leer más de Auster. Sabe construir personajes, sabe hilar tramas, sabe cómo coger una historia sin importancia y darle un toque interesante. Eso es lo que hace en esta novela. Además, juega -con mucha habilidad- a cambiar narradores, variar el punto de vista, la trama... si Viajes por el Scriptorium tenía un poco de cuadro de Escher, Invisible es un poquito muñeca rusa (poquito, diría que son dos o tres muñecas nada más). Se lee con interés, quieres saber más... pero...


No sé qué me pasa con Paul Auster. Para mi gusto le falta un condimento. Creo que de alguna manera tengo la sensación de que él mismo se preocupa mucho por el estilo y la técnica, cosa que se agradece; pero poco por la implicación emocional del lector... y es que, de hecho, me parece un escritor frío, calculador y justo por eso poco entregado. Y así me quedo cuando lo leo: maravillada por la pericia narrativa y los recursos que utiliza, fría porque no me deja depósito en el corazón, ni en el estómago. Que no se malinterprete, creo que es un libro excepcionalmente bien escrito, es una lección de narrativa, sí señor... Pero será que soy lectora visceral y tanta distancia me pone nerviosa.


¡Anda, Paul, desnúdate un poco! :-D



Lo que dice la contraportada:


En 1967, Adam Walker, un joven poeta ávido de vida y literatura, estudia en la Universidad de Columbia, se opone a la guerra de Vietnam y es muy apuesto. Una noche, en una fiesta de estudiantes, conoce a una pareja de franceses sofisticados, Rudolf y Margot. Tras varios días en que ambos ejercen su ambigua seducción sobre el inocente americano, Rudolf, le ofrece a Adam la dirección de una revista literaria que él financiará. Adam ya sospecha que quizá el profesor sea un hombre peligroso, pero no puede resistirse a su oferta. Y tampoco se resistirá a la insinuante Margot... Pero, en estos juegos peligrosos, ¿quién es la presa y quién el cazador? «Con unos personajes fascinantes, una estructura en espiral y un final digno de Joseph Conrad y El corazón de las tinieblas, es una novela de un suspense impecable, inteligente e inquietante» (Donna Seaman, Booklist); «Posiblemente nos encontramos ante la mejor novela de Auster» (Don McLeese).

sábado, agosto 28, 2010

Last night in Twisted River, de John Irving

Lo que digo yo:


Empiezo con la reiterativa confesión de culpa: yo amo a John Irving. Cualquier cosa que diga es probable que esté condicionada por el hecho de que es de mis escritores favoritos. Pero intentaré ser objetiva con su último libro.


Last night in Twisted River empieza con la descripción de un pueblo alrededor de un aserradero y la muerte de un chico. Anuncia un poco la violencia –justificada- de la vida de los personajes, y que resume la tesis del libro. Pero Irving también habla del amor (siempre es tema, aunque no se quiera), de la amistad, de las marcas de la infancia, de las consecuencias de los actos (incluso los ajenos) y de la creación literaria.


Sobre este último punto recalco dos cosas, el propio autor hace reflexiones –inmersas en la ficción- acerca de su quehacer y, a la vez, creo que la novela es en sí misma una lección de escritura: tiene una estructura precisa, personajes redondos, detalles que enriquecen la lectura aunque parezcan nimiedades, dosificación de la información para mantener el interés y la intriga… honestamente creo que es el mejor libro de Irving que yo haya leído.


O sea que evidentemente lo recomiendo. Ahora, si hay alguien que ya haya probado con el universo Irving y no conecta, pues que no pierda el tiempo. Esta novela es menos “Irving” en apariencia, pero sigue siendo muy de su estilo.


En vez de lo que dice la contraportada, que es un despropósito -para variar- dejo las primeras líneas del libro.


Lo que dice Irving:


1
Bajo los troncos


El joven canadiense, que tendría a lo sumo quince años, había vacilado más de la cuenta. Suspendido en el aire por un instante, dejó de mover los pies sobre los troncos que flotaban en el remanso situado por encima del recodo del río; antes de que alguien alcanzase a sujetar su mano extendida, ya se había hundido por completo. Uno de los madereros, más veterano, tendió el brazo hacia el largo cabello del joven: buscó a tientas con los dedos en el agua gélida, densa, casi tan espesa como un caldo a causa de los fragmentos de corteza desprendidos. De repente dos troncos chocaron con fuerza, atraparon el brazo del frustrado rescatador y le partieron la muñeca. La alfombra de maderos en movimiento se había cerrado por completo sobre el joven canadiense, que ya no volvió a salir a la superficie; no asomó nada de él sobre aquella agua marrón, ni tan siquiera una mano o una bota.


En un atasco de troncos, tan pronto como se conseguía destrabar el madero clave, los gancheros tenían que moverse con rapidez y sin parar; si se detenían, aunque fuera sólo por uno o dos segundos, se veían lanzados a la impetuosa corriente. En el acarreo de una maderada, uno podía morir aplastado entre los troncos que avanzaban corriente abajo antes de ahogarse, pero ahogarse era lo más habitual.


Desde la margen del río, donde el cocinero y su hijo de doce años oyeron los juramentos del maderero que se había partido la muñeca, saltó a la vista de inmediato que alguien se hallaba en una situación más apurada que el frustrado rescatador, quien, tras liberar su brazo herido, había recuperado el equilibrio sobre los troncos en movimiento. Los otros cuadrilleros, sin prestarle la menor atención, se dirigieron con pasos cortos y ligeros hacia la orilla, voceando el nombre del muchacho perdido. Los hombres hincaban sin cesar sus bicheros en los troncos flotantes para encauzarlos. Los gancheros buscaban, en su mayoría, el camino más seguro hacia la orilla; pero, a ojos del esperanzado hijo del cocinero, daba la impresión de que quizás intentaban abrir un espacio de anchura suficiente para que el joven canadiense saliera a la superficie. Cierto que en ese momento sólo había huecos intermitentes entre los maderos. Así de rápido desapareció el chico que se había presentado ante ellos como «Angel Pope, de Toronto».


-¿Es Angel? -preguntó a su padre el niño de doce años.


Quizás alguien hubiera podido confundir a este chico, por sus ojos de color castaño oscuro y su expresión extremadamente seria, con el hermano menor de Angel; pero en todo caso era inconfundible el parecido familiar entre el niño de doce años y su padre, un hombre siempre alerta. En el cocinero se advertía un halo de aprensión contenida, como si por norma esperase los desastres más imprevistos, y en la seriedad de su hijo se traslucía un reflejo de eso mismo; a decir verdad, el chico era el vivo retrato de su padre, tanto es así que varios de los leñadores habían manifestado su sorpresa por el hecho de que el hijo no caminase también con la acusada cojera del padre.


El cocinero sabía de sobra que el joven canadiense era quien, en efecto, había caído bajo los troncos. Él mismo había advertido a los madereros que Angel estaba demasiado verde para trabajar con la cuadrilla delantera; el muchacho no debería haberse metido a intentar deshacer un atasco de troncos. Pero seguramente el chico tenía ganas de complacer, y tal vez en un primer momento los gancheros no habían reparado en su presencia.

viernes, enero 08, 2010

Atmospheric disturbances, de Rivka Galchen

Lo que digo yo:


A veces un libro te ofrece la luna y luego te da una piedra. En una metáfora bastante acertada de El Hubby, es como que los últimos diez segundos del Carmina Burana fueran sustituidos por un “chin- pún” estrepitoso. O como que en una película como Kill Bill al final Kiddo se casara con Bill y fueran felices y comieran perdices.


Pero vamos al principio. Durante 230 de las 240 páginas, la autora es genial. Le da vida a un personaje muy curioso, un psiquiatra que de repente padece el Síndrome de Capgras. Este síndrome, básicamente, hace que el paciente no pueda reconocer a una persona, normalmente muy cercana, y que esté convencido de que quien lo reemplaza es un impostor. Genial idea para empezar.


A partir de ahí, la autora tiene la maestría de llevarte –desde el punto de vista del protagonista, el afectado –por los caminos que sigue para intentar desentrañar el misterio. A pesar de que ves su punto de vista, en realidad entiendes que está fatal de la cabeza. Y sientes pena por quienes le rodean. Quieres que se ponga bien, o que la autora lo resuelva de una manera ágil, tan ágil como el propio planteamiento.


Y es una lástima, de verdad… porque ella misma echa a perder las 230 páginas anteriores. El final es tan absolutamente nefasto, abrupto y facilón que acabas pensando que el libro es malo. Y no lo es, pero eso, queriditos, nos muestra lo delicado de terminar una historia.


Una lástima que una joya haya terminado siendo una pelusilla.



Lo que dice la contraportada:


Imagine what it might be like to realize that the person you love is, in fact, not the person you love but a doppelgänger: or, what Leo Liebenstein coolly terms a "simulacrum" of his wife Rema at the outset of Atmospheric Disturbances. David Byrne's infamous cry that "this is not my beautiful wife" seems the most likely response, but Leo's reaction to this sea change takes unpredictable and dazzlingly plotted turns in the story that follows. Leo's journey to recover the "real" Rema is nothing short of byzantine; among its many mysteries is the delightfully inscrutable Dr. Tzvi Gal-Chen, a master meteorologist who in cleverly constructed flashback sequences takes up residence in the daily rhythms of Leo and Rema's marriage and becomes as much a focus of Leo's obsession as his wife's whereabouts. (Think Vertigo but directed by Charlie Kaufman.) Make no mistake: this is dizzying debut fiction, bursting at the spine with beautifully articulated ideas about love, yes, but also--and with maddening resonance--about the private wars love forces us to wage with ourselves. Be sure to keep a pen or pencil handy: it's impossible to resist underlining prose this good.

lunes, enero 04, 2010

La llamada de la naturaleza, de Jack London

Lo que digo yo:

Tras varios intentos de El Hubby, decidí darle una oportunidad a Jack London. Y es que tengo una confesión que hacer… los libros de autores nacidos antes de 1900 me dan no sé qué… sé que es prejuicio, pero soy un poco perezosa para los clásicos. A mí todo lo que esté fechado de los años 60 para acá me parece apetitoso. Lo demás me cuesta mucho más.

Creo que también tiene que ver con la poca especialización que parecían tener los traductores hace unas décadas… y este es el caso de este libro. Es un libro hermoso, en verdad que sí, pero si me lo leí fue porque El Hubby se lee cerca de 70-80 novelas al año y jamás me ha decepcionado con sus reomendaciones.

Cuestión que si hay que leerlo, mejor en idioma original. Y en su defecto, hay que huir a toda prisa de las de Alianza… es la 3era que leo y que te mueres del asco de cómo la han traducido (las otras dos Mrs. Dalloway y El Lobo Estepario).

En resumen, un libro precioso que casi muere asfixiado por unos traductores sin vergüenza.

Lo que dice la contraportada:

El protagonista de esta historia se llama Buck, pero no es una persona, es un perro, un cruce San Bernardo y pastor escocés propiedad de un rico juez californiano. En una finca espaciosa y soleada pasa sus días feliz y tranquilo hasta que lo raptan para utilizarlo como perro de tiro en el norte de Canadá. Así que pasa del sol y la buena vida, al frío y las penurias del trabajo duro. Tendrá que aprender rápido y recuperar instintos perdidos (la llamada de la naturaleza ancestral), si quiere sobrevivir.

lunes, diciembre 28, 2009

I know this much is true, de Wally Lamb

Lo que digo yo:


Novela laaarga laaarga como las pestañas de un elefante. Pero hermosa. Empieza con la historia de un gemelo esquizofrénico paranoide que intenta automutilarse en una biblioteca pública. A partir de este hecho, su hermano gemelo no enfermo hace un repaso tanto de la vida de su familia durante varias generaciones como de la situación de su gemelo.


Curiosamente, y a pesar de la extensión, creo que hubo un solo momento en que me pareció excesivo el detalle con que Lamb narra, pero dos o tres capítulos más allá vi el sentido de aquello.


Con esta novela confirmo lo que ya había visto en “She’s come undone”, del mismo autor, y es la maestría con que Lamb construye la tensión dramática y lo complejo de los personajes que retrata, de hecho creo que me enamoré –para variar- del libro sólo porque los personajes son de esos que siempre digo que parece que saltan de las páginas, no son juzgados a pesar de lo que hacen, es el lector quien debe decidir qué pensar sobre ellos.


En fin, que me podría extender pero para qué… es buenísima la novela, buenísimo el autor.



Lo que dice la contraportada:



No mucho, críticas de esas típicas de “a masterpiece”, etc etc que me da palito copiar :-D

domingo, septiembre 27, 2009

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

Lo que digo yo:


Hasta donde entiendo, esta novela ganadora del Pulitzer fue la única que escribió Harper Lee. Se trata de una ficcionalización de sus vivencias en un período concreto de su infancia. Desde la primera página te metes en los rincones de la casa de la familia Finch y vas viviendo con ellos los acontecimientos.


Hay dos cositas que me guardo con especial cariño: no todos los personajes-personas son exactamente como creemos. Los buenos, los malos, los viejos, los peligrosos… depende de la situación pueden cambiar de etiqueta. La autora sabe hacerlo sin que quede forzado. Y la segunda… el capítulo del juicio –no digo más- que me dejó patidifusa y sobrecogida… ohhhhhh.



Muy recomendada. Mucho.

Lo que dice la contraportada:


Jean Louise Finch evoca una época de su infancia en Alabama (EE UU), cuando su padre, Atticus, decidió defender ante los tribunales a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca. Matar a un ruiseñor muestra una comunidad dominada por los prejuicios raciales, la desconfianza hacia lo diferente, la rigidez de los vínculos familiares y vecinales.

miércoles, septiembre 02, 2009

Las correcciones, de Jonathan Franzen

Lo que digo yo: franzen


Da gusto esta novela. Pero mucho… muchoooo gusto. Los primeros capítulos son difíciles, algo espesos, pero sobre todo porque se necesita un tiempecillo para tomarle la temperatura a la novela y al tipo de narración. Pero una vez que empiezas, fluye.


El autor tiene la destreza de ir mostrando las relaciones familiares desde el punto de vista de cada miembro. Así, conocemos de cerca la realidad de los tres hijos del matrimonio Lambert y de la propia pareja. Lo hace, además, con claridad y buen sentido del humor. Los personajes son justamente los que nos hacen ver la historia y el tema… es decir y en resumen, que Franzen se toma su tiempo para definir con detalles a los personajes, y gracias a esto, vemos el cuadro completo.


Lo que más me gustó, sin echar a perder el libro para nadie, es que Franzen pasa de situaciones graciosas a tristes, gira tu percepción de los personajes cuando menos te lo esperas y te hace reflexionar.


Recomendado al cien por cien.



Lo que dice la contraportada:


Ésta es la historia de los Lambert, una familia normal: Alfred, un ingeniero retirado al borde del caos mental y físico de un Parkinson terminal; Enid, su mujer, obsesionada con reunir en casa a sus tres hijos durante una última cena de Navidad; Chip, un ex profesor despedido por acostarse con una alumna, que emprende negocios turbios en Lituania; ... El prodigio de esta novela es la secreta conexión entre el universo de los Lambert y el resto del mundo, la Norteamérica de los últimos noventa, un país irascible que se tambalea hacia un nuevo milenio.

miércoles, agosto 19, 2009

El mundo después del cumpleaños, de Lionel Shriver

Ed. Anagrama
704 págs.




Lo que digo yo:


Desde que leí Tenemos que hablar de Kevin, una de mis novelas favoritas, he estado buscando otras cositas de Shriver qué devorar. Guiada por Nür, otra admiradora de Kevin,  decidí leer esta novela. No sé si por el impacto de la novedad o por la maestría de aquel libro, creo que la propia autora debe vivir con la sombra de su novela anterior. Esta no es mejor, incluso diría que no es igual de intensa, pero casi.


Y tiene mérito, mucho diría yo… los mecanismos en algunos aspectos son similares: la autora presenta las dos caras de la moneda, las aristas de sus personajes, las situaciones en que pueden verse forzados a pensar o decidir de una manera u otra. En este caso, lo lleva al extremo y, a partir de un momento concreto, nos va dibujando las variantes de un mismo asunto.


Lo que más me gusta de Shriver es que tiene la capacidad de hablar de los temas “de siempre” o candentes de una forma en que te parece que es novedosa. Y los personajes viven esa situación como si fueran los únicos en el mundo que les ha pasado.


En fin, que me gusta mucho Shriver, es una novelista apasionada, con sentido del humor, detallista, ágil en la construcción… espero con ansias otras novelas suyas. Como Nür, con esta novela constato que es una de mis autoras favoritas.




Lo que dice la contraportada:

Irina y Lawrence son dos americanos que viven en Londres. Desde hace cinco años, el día del cumpleaños de su amigo Ramsey Acton, cenan con él. Irina se compadece un poco de Ramsey, un jugador profesional de snooker, que está solo desde su divorcio –o eso es lo que ella cree–, y siempre ha evitado quedarse a solas con él. Llega el día del cumpleaños, Lawrence, ausente en un viaje de trabajo, insiste en que Irina cene con Ramsey. Ella no tiene ninguna gana, pero van a un refinado restaurante japonés, y después a casa de él. E Irina descubre a un Ramsey desconocido, y lo que iba a ser un encuentro inocuo se convierte en la divisoria de las aguas, en ese instante único en que la decisión que se tome cambia para siempre la vida. Shriver, en un giro inesperado,conduce a los protagonistas de su novela y al lector pordos caminos simultáneos y alternativos, los dos futuros que se abren ante Irina...«Fascinará a cualquiera que se haya preguntado algunavez qué habría pasado si hubiera seguido, o ignorado,uno de esos impulsos que cambian la vida» (Francine Prose, People)

lunes, agosto 03, 2009

Lecciones de abstinencia, de Tom Perrotta

Ed. Salamandra


384 págs.





Lo que digo yo:

Me gusta Tom Perrota, la verdad. Me gusta su criticidad hacia la sociedad estadounidense, pero que podría ser cualquier sociedad cerrada y conservadora. Me gusta el estilo de escritura, de hecho tengo ganas de leerlo en inglés.  Y como tanto me gusta, esta novela la disfruté.


Básicamente se fundamenta en el retrato de uno de esos barrios “bien” que Perrotta prefiere retratar. Poco a poco vamos viendo como la apacible primera mirada se convierte en una crítica detallada de los componentes de esa sociedad, de sus valores y prioridades.


Lo genial del libro (que tampoco es un libro genial, ojo…) es que el autor consigue no hacer demasiado evidente su propia opinión. Es decir, yo sé perfectamente de parte de cuál personaje estaba Perrotta cuando escribió la novela, pero también está claro que te pone a los dos personajes principales bajo la lupa, a ambos. No hay buenos, ni malos… como mucho hay gente razonable, fanáticos, gente con necesidades espirituales que sacia con la religión y gente con necesidades espirituales que mira a otra parte.


Lo leí rápido, lo disfruté… eché de menos más acción, más giros… pero eso ya son puñetas.




Lo que dice la contraportada:

La educación sexual en la escuela en un ambiente cargado de puritanismo es la original propuesta de esta nueva novela de Tom Perrotta, uno de los más interesantes novelistas estadounidenses de la actualidad. Definido como «un Chejov americano» por The New York Times Book Review y aclamado por su maestría para retratar con inteligencia y sensibilidad las aflicciones de la vida contemporánea, Perrotta tiene ya dos novelas trasladadas al cine con éxito, una de las cuales, Little Children —Juegos de niños, publicada también por Salamandra—, mereció tres nominaciones al Oscar.

Recientemente divorciada, madre de dos niñas y mujer independiente y decidida, Ruth Ramsey es profesora de educación sexual en una escuela del imaginario Stonewood Heights, un idílico entramado de casas con jardín cuyos habitantes conviven en un ambiente de tolerancia y moderación. Sin embargo, un comentario casual de Ruth a sus alumnos desata las protestas de los feligreses de una iglesia evangélica local, el Tabernáculo de la Verdad Evangélica, que no tardarán en pedirle a Ruth que cambie el enfoque de sus clases y promueva exclusivamente la castidad. Y por si esto fuera poco, Ruth se verá obligada a plantar cara al entrenador del equipo de fútbol de su hija, el agraciado y carismático Tim Mason, un ex alcohólico que ha reconducido su vida con el apoyo y el consejo del pastor del Tabernáculo. Si en Juegos de niños Tom Perrotta tejía un hilarante relato de vicios privados y públicas virtudes, en Lecciones de abstinencia retrata con gran empatía y sin prejuicios las dos caras de una apasionante controversia, en la que dos personas que creen estar en terrenos irreconciliables descubren las ventajas de no dejarse guiar por las apariencias.

martes, junio 23, 2009

La carretera, de Cormac McCarthy

Lo que digo yo:

Como no he leído nada más del autor, me cuesta un poco discernir qué corresponde al estilo del autor y qué es del libro. En todo caso, McCarthy te pone un poquito a prueba en las primeras páginas: lenguaje con tintes poéticos, casi cifrado, casi telegráfico. Hay frases cortas, incluso sin enlazar con las anteriores. Sin embargo, una vez superado el shock inicial por el estilo (y viniendo de la lectura de libros mucho más sencillos en construcción), la verdad que te dejas llevar.


Un chico y su padre vagan por los bordes de una carretera. Son dos de los pocos sobrevivientes de algo terrible que McCarthy no explica, pero que tampoco hace falta. La lucha por encontrar comida, aunque es la misma cada vez que les acaban las provisiones, adquiere matices diferentes cada vez. Es decir, cada paso que dan es una prueba de lo difícil que es seguir vivos. Sin ser catastrófica, de alguna manera es una metáfora de la vida.


Hablábamos con el profesor de Escritura Creativa justamente de eso, del acto de supervivencia que significa levantarse cada mañana y llegar al trabajo, o ir a estudiar… de los peligros escondidos detrás de cada esquina y que obviamos, gracias a nuestro automatismo asimilado. McCarthy hace el ejercicio contrario, le da peso a cada manzana medio seca que se comen, a la presencia del “otro” que es siempre una amenaza.


Creo que hay momentos en que exige demasiado del lector, justamente por el estilo… pero no creo que sea negativo, es una opción estética del autor.



En todo caso, vale la pena.



Lo que dice la contraportada:

La carretera transcurre en la inmensidad del territorio norteamericano, un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear. Un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él. Rodeados de un paisaje baldío, amenazados por bandas de caníbales, empujando un carrito de la compra donde guardan sus escasas pertenencias, recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada a veces en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío «capaz de romper las rocas».

She’s come undone, de Wally Lamb

Lo que digo yo:

Primero, y como me pasa tantas veces… el autor nos pone enfrente un personaje-persona. Dolores Price, desde pequeña, tiene sus particularidades, su visión de mundo… La ves con sus defectos de carácter, de comportamiento, con sus fallas tan humanas que esperas encontrártela en el supermercado, con el carrito intentando pasar desapercibida.


Aún con los tópicos de los que el autor echa mano (que no digo cuáles son para no arruinar una posible lectura), hay una profundidad en la manera que las plantea y en cómo las vive el personaje. A veces, como también me pasa con libros apasionantes, quieres meterte en las páginas y ayudarla a decir “te quiero” o a ver a los otros personajes con una lente más amplia que la que ella tiene.


Una de las cosas que más me impactó es cómo te engañan… o no, no es eso, es más bien que el lector es quien debe decidir qué pensar de los personajes. A veces te los muestran desde un punto y luego reconoces que tenías la visión sesgada, a veces piensas una cosa de la protagonista, y al adquirir más datos, lo ves con otros ojos. Es difícil de explicar, en fin, que está súper bien escrito.


A pesar de las 500 páginas del libro, la historia fluye… y se quedan partes ahí ancladas en el estómago, en el corazón… de hecho confieso que al terminar un capítulo hacia la mitad se me salieron las lagrimillas. Eso y hacer reír me parece siempre un logro del autor, uno de esos que cuestan, porque sólo se consigue cuando parece que no lo quieres. O sea, en cine es más fácil y siempre hay una musiquita que ayuda. En las novelas, todo está confiado en las palabras. Y el autor, en este caso, saca matrícula. De lo mejor que he leído en los últimos tiempos.



Lo que dice la contraportada:

She's Come Undone. ""Mine is a story of craving: an unreliable account of lusts and troubles that began, somehow, in 1956 on the day our free television was delivered....""



Meet Dolores Price.She's 13, wise-mouthed but wounded, having bid her childhood goodbye.Beached like a whale in front of her bedroom TV, she spends the next few years nourishing herself with the Mallmomars, potato chips, and Pepsi her anxious mother supplies.When she finally rolls into young womanhood at 257 pounds, Dolores is no stronger and life is no kinder.But this time she's determined to rise to the occasion and give herself one more chance before "really going belly up.
In this extraordinary coming-of-age odyssey, Wally Lamb invites us to hitch a wild ride on a journey of love, pain, and renewal with the most heartbreakingly comical heroine to come along in years.At once a fragile girl and a hard-edged cynic, so tough to love yet so inimitably lovable, Dolores is as poignantly real as our own imperfections."She's Come Undone" includes a promise: you will never forget Dolores Price.

martes, junio 16, 2009

Fantasmas, de Chuck Palahniuk

Lo que digo yo:

Había leído un solo libro de Palahniuk antes de este: Asfixia. Rápidamente me di cuenta que es de esos autores que leo, sin mucha dificultad, y que aborrezco y me entretienen a la vez. No en vano tardé varios años en volver a él. Así, con Fantasmas empecé con cierto recelo, esperando encontrarme la fórmula sexo-drogas-rock and roll.


Y bueno, no es eso, aunque sí es un poco vísceras-maldad-personajes decadentes. Una variante, digamos, más o menos acertada.


Me explico: la novela no es exactamente novela. Es más bien un libro de cuentos hilado con una trama más bien patillera.


El autor, no la historia que cuenta, encierra a unos cuantos escritores en potencia. No pueden salir de donde están y se dedican a contarse historias. Ya con esto empecé a enojarme un poco, soy talvez un poco obsesiva, pero una novela es una novela, no unos cuentos pegados con crazy blue. Lo segundo que me molestó es justamente que esta estructura a veces le juega en contra. A él y al lector. Cuando estás enganchándote a una de las historias se acaba y empieza otra. Con suerte la siguiente te entretiene suficiente, pero no siempre lo consigue.


Por el lado bueno, sin embargo, las historias que son interesantes te atrapan. Algunas me quitaron el hambre. Y no es metáfora, dejé de cenar un par de veces por las imágenes que me instaló Palahniuk en el cerebro. Y esa sea probablemente su mayor virtud: lo que cuenta adquiere un peso enorme en la cabeza. Creo que podría contar un par de ellas y con sólo pensarlas suficiente provocarme náuseas otra vez.



Ahora, eso no quita que reclame… la próxima vez, querido Palahniuk, titula el libro como antología de cuentos. No te cuesta nada. Te lo pido por favor.

Lo que dice la contraportada:

Un grupo de escritores acuden, tras leer un anuncio en la prensa, a un retiro para artistas donde supuestamente darán rienda sueltaa su imaginación. Inmersos en un escenario aislado de las preocupaciones mundanas, los escritores llegan dispuestos a escribir su obra maestra. No obstante, la colonia de escritores resulta ser un lugar apartado del mundo, un viejo teatro abandonado, donde la comida, la electricidad y los suministros básicos son bienes escasos. En estas condiciones precarias, los protagonistas comenzarán a escribir historias terroríficas hasta llegar a un grado de maquinación diabólico, y alzarse ante la masa como héroes de una película documental.

viernes, mayo 22, 2009

Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster

Lo que digo yo:


Me debato. No sé si me gustó el libro o no.


Cuando acabé, de hecho, lo único que dije fue “qué curioso… es un libro… curioso”. Y lo sigo pensando.


Está muy bien escrito, no esperaba menos de Auster, tiene personajes inquietantes, te mantiene interesado. El problema es muy sencillo, el autor –por una razón que desconozco –no resuelve las preguntas que el mismo planteó.


Un hombre encerrado en una habitación, entran y salen personajes, hay un misterio… todos los ingredientes están servidos para un libro magistral, pero no lo es.


Lo de curioso, de hecho, viene porque Auster logra hacer un cuadro de Escher en una novela. Y hasta aquí puedo leer. La pregunta que sigo teniendo en la cabeza es si esto tiene sentido, es decir, el ejercicio onanista puede ser intelectualmente estimulante ¿pero es la novela la mejor forma de reflexionar sobre la novela?




Lo que dice la contraportada:


Un hombre mayor está encerrado en una habitación. No recuerda quién es. Sobre el escritorio ve una pila de papeles cuya importancia no es capaz de descifrar. Ignora que le vigilan: lo que leemos es el informe de los movimientos de este amnésico al que llaman Mr. Blank y de las visitas que irá recibiendo. Una serie de personajes relacionados con su pasado pretenden ajustar cuentas con él. Otros le muestran su gratitud, como la mujer que le cuida, Anna (a quien está unido pese a haberle hecho algo terrible que no logra recordar). Cada visita proporcionará nuevas pistas sobre la identidad y el pasado de Mr. Blank. ¿Quién es realmente Mr. Blank? ¿Cuál es su relación con esos personajes que lo tienen encerrado? ¿De qué lo acusan? Uno de los manuscritos que hay entre los papeles del escritorio encierra la clave de su situación actual. La novela deviene entonces una mise en abyme donde resuenan ecos de las obras de Paul Auster.

Un trabajo muy sucio, de Christopher Moore

Lo que digo yo:

Hice una lista mental de los fallos de “El ángel más tonto del mundo”. Aún así, me entretuvo tanto que decidí darle una segunda oportunidad al autor. Y… la verdad que diría que todos los fallos están trabajados y mejorados. Si en el primero se crean expectativas y se saca recursos de la manga, en esta novela, Moore se cuida de dosificar la información para mantener el interés y para que, aún con los recursos menos inverosímiles, acabemos entrando en el mundo ficticio que plantea.


Y no puedo decir nada más porque no tendría gracia, pero es muy muy divertido.



Lo mejor: la construcción del personaje de la niña. Lo menos currado: algunas partes del final se hacen largas. Pero es altamente recomendable para pasar un buen rato y no cansarse de descubrir el imaginario Moore.

Lo que dice la contraportada:

Charlie Asher es dueño de un edificio en San Francisco, tiene una tienda de objetos de segunda mano y está casado con una mujer guapa e inteligente que lo quiere por ser tan normal. Sí, a Charlie le van bien las cosas... hasta el día en que nace su hija, Sophie. Justo cuando se dispone a irse a casa, ve junto a la cama de su mujer a un extraño que asegura que nadie debería poder verlo. Pero Charlie lo ve y, de allí en adelante, comienzan a suceder cosas muy raras: la gente cae muerta a su alrededor, cuervos gigantes se posan en su edificio y parece que, allá donde va, oye susurros de una presencia siniestra. Sí, Charlie ha sido reclutado para un trabajo desagradable pero muy necesario: la Muerte. Es un trabajo sucio. Pero alguien tiene que hacerlo.

El ángel más tonto del mundo, de Christopher Moore

Lo que digo yo


Moore me parece uno de los autores más intrépidos que he leído. El ángel más tonto del mundo parte de dos situaciones coincidentes graciosas y divertidas: un tipo vestido de Santa Claus se enfrenta a su exmujer, que roba árboles de navidad armada con una pala. Por otra parte, un ángel muy tonto baja del cielo, con la misión de cumplirle un sueño de Navidad a un niño. Pero el autor no se queda en una trama curiosa, sino que también construye personajes llenos de humor.


Lo que pasa es que no hace nada más que eso.


Así, Moore crea en la primera parte una serie de expectativas, que en la segunda parte, no se cumplen. Y esa es una de las cosas que menos soporto en un libro. No me vendas una idea y luego te olvidas de ella... Es decir, para no desvelar nada, es como que yo cuente una historia sobre manzanas y acabe hablando de coches de carrera. Conforme pasaron las páginas las historias me hacían más gracia, pero tengo la sensación de que se descuida el libro.



(Por cierto y para acabar, no es verdad que pueda comparársele con El Curioso Incidente del Perro a medianoche, no tienen nada pero nada que ver).

Lo que dice la contraportada:


Falta una semana para Navidad, pero no todo el mundo es feliz en el pueblecito de Pine Cove (California). El pequeño Joshua Barker necesita con urgencia un milagro navideño. Y no es que esté moribundo, ni que su perro se haya escapado de casa: es que Josh ha visto cómo a Santa Claus le abrían la cabeza con una pala. Ahora solo anhela una cosa: que el viejo barbudo regrese de entre los muertos. Lo que no puede imaginar es que alguien esté escuchando sus plegarias... Aunque no destaque por ser, precisamente, el más listo de los ángeles.
Solo a una mente como la de Christopher Moore se le podría haber ocurrido una historia tan hilarante como esta. Sus novelas se convierten en superventas de The New York Times y se publican en más de una docena de países. El fenómeno de El ángel más tonto del mundo, al que los lectores anglosajones empujaron a las listas de bestsellers de forma progresiva, ha sido comparado con el de "El curioso incidente del perro a medianoche", de Mark Haddon.

domingo, abril 19, 2009

Middlesex de Jeffrey Eugenides


Lo que digo yo

Me gusta cuando de pronto me encuentro con una novela bien hecha. Es decir, que a nivel técnico, puramente formal, ya funciona. Durante muchos trozos de Middlesex tenía la impresión de estar recibiendo una lección de escritura de novelas, una buena lección. Si a esto le sumamos una historia interesante, con personajes de esos que me gustan a mí (los que logro imaginarme hasta cuando duermen), pues la lectura se vuelve placer puro.


Aunque parte de una premisa muy particular, una niña que nace como niño pero es criada como niña (me he liado, es hermafrodita, la crían como chica), la verdad que gran parte de las cosas que cuenta, de los problemas a los que se enfrenta y de las historias que te cautivan no tienen que ver con eso. Es decir, que podría ser una chica cualquiera y muchos de sus conflictos serían los mismos. Con esto quiero decir que el que sea hermafrodita es una excusa para ahondar en algunos temas, pero el autor no cae en la trampa fácil de quedarse ahí.


De esos libros que se gozan, que cuando llega el final hasta te da rabia. Y por supuesto, me pasa lo de siempre con los libros buenos… me da miedo llevarme una decepción y ahora no sé qué leer.




Lo que dice la contraportada

Cal Stephanides es agregado cultural en la embajada de los Estados Unidos en Berlín. Enamorado de una mujer pero temeroso de lo que pueda suceder en el momento de la verdad, cuando caen máscaras, velos y vestiduras, decide, ya en «la mitad del camino de la vida», contar su historia, revelar su secreto. Porque Cal, como Tiresias, ha vivido como mujer y como hombre. Todo comienza en 1922, cuando Desdemona y Lefty Stephanides, los abuelos de Cal, que vivían en una pequeña aldea cerca de Esmirna y pertenecían a la comunidad griega de Turquía, huyen tras la guerra entre estos dos países. Novela galardonada con el Premio Pulitzer 2003

domingo, marzo 29, 2009

Oración por Owen, de John Irving

Ed. Tusquets
515 págs.

Lo que digo yo

No es secreto que Irving es uno de mis autores favoritos, así que asumo que puedo ser un poquito más subjetiva de lo normal cuando se trata de sus novelas. Sin embargo, en este caso, me esperaba una novela pastelosa y estaba dispuesta a asumirlo, pero me llevé una grata sorpresa.


Es decir, tiene algo de pastelosilla pero el autor se encarga de contrarrestarlo antes de que llegue a niveles inaguantables. Los personajes son geniales, como me pasa usualmente con los suyos, los ves enteros, cada inflexión de voz, cada manera de moverse. Probablemente es por eso que siempre vuelvo a Irving, de alguna manera siento como “verdad” lo que cuenta.


Y de nuevo, muy en su línea, te mantiene interesado en una trama que tampoco es nada del otro jueves, pero que te obliga a seguir leyendo. Muy recomendable.




Lo que dice la contraportada

John Wheelwright, un hombre maduro, anglicano, recuerda a su amigo de infancia, Owen Meany, un extraño niño enclenque y bajito, de voz quebradiza y una excepcional capacidad de predicción, con el que jugaba al béisbol.

martes, octubre 21, 2008

La Maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz

Lo que digo yo:



Desde el mismo momento en que el autor explica cómo es Oscar Wao, es imposible no quererle. Es de esos personajes que en la vida real, a lo mejor, pasarían inadvertidos o –aún peor –nos daría igual lo que le pasase. Pero cuando alguien pone la lupa sobre un dominicado gordito llamado Oscar, no hay forma de no dejarse llevar por si historia.

A esto le sumamos una maestría narrativa, unos personajes poliédricos, humanos, que se salen de la ficción y casi sientes que te los puedes encontrar por la calle. La genialidad surge sin problemas, la lectura es amena y enriquecedora.


Me gusta el acercamiento que hace a la política de República Dominicana, a la cultura y pensamiento de su gente. Díaz hace un paseo sutil por la historia de Rafael Leónidas Trujillo, sin caer en los tópicos, hablando desde la gente que lo padeció de las formas más diversas posibles.


Creo que es un libro para leer en inglés, en caso de tener la posibilidad, por la riqueza de la mezcla lingüística.


La diferencia entre este libro y “La fiesta del chivo” (entre miles…) es que con este sientes la miseria humana, el sufrimiento, te ríes… lo vives. Con el de Vargas Llosa, que creo que es fantástico también, la relación es más intectual, talvez.


De lo mejor que he leído este año, recomendable absolutamente.


Esto opinó la Celes/Zeles



Lo que dice la contraportada:

La vida nunca ha sido fácil para Oscar Wao, un dominicano dulce, obeso y algo desastroso que vive con su madre y su hermana en un gueto de Nueva Jersey. Oscar sueña con convertirse en un J.R.R. Tolkien dominicano y, por encima de todo, con encontrar el amor de su vida. Pero puede que nunca alcance sus metas debido a una extraña maldición presente en su familia desde hace generaciones; enviando a los Wao a prisión, predisponiéndolos a accidentes trágicos y, ante todo, al desamor.

Después del éxito internacional de Los Boys (Mondadori, 1996), Junot Díaz recrea, con humor, la experiencia de los dominicanos en Estados Unidos y la capacidad de perseverar en medio del desengaño amoroso y la pérdida. El autor ha sido galardonado con el Premio Pullitzer 2008.

domingo, octubre 19, 2008

Shopgirl, de Steve Martin

Lo que digo yo:


Mirabelle es una chica que lleva una vida, digamos, de rutina. Trabaja vendiendo guantes en una tienda de departamentos en Los Angeles. El humor empieza con semejante paradoja: a pesar de que ella está ahí, esperando a sus clientes, lo hace precisamente en una ciudad que poco necesita de ellos.


En la breve novela quedan retratadas su soledad, que se puede tocar al repasar la historia que nos cuenta el autor, las relaciones amorosas que vive, los problemas en que se mete sin siquiera pretenderlo (como con su compañera de trabajo, envidiosa hasta la médula).


La riqueza de este libro está en los temas que toca, sobre todo porque lo hace sin remarcarlos, sin subrayarlos. Aún así, creo que mientras “The pleasure of my company” es una obra maestra de retrato psicológico, esta, probablemente, se queda en la pretensión. De todas formas es muy entretenida.




Lo que dice la contraportada:

Mirabelle, the image of fragile, feminine loveliness, is the shopgirl. She works in the glove department at Neiman’s in L.A., where she’s come to escape the provincialism of her Vermont hometown. And though she may remind people of Olive Oyl, once the resemblance is noted, many readers also will find a likeness to Chaplin’s little tramp, the poor, lonely soul with a heart of gold. But Mirabelle is not just a shopgirl; she spends her nights toiling as an artist. Her specialty is creating a striking image surrounded by a black background. Mirabelle lives with two cats; one is always hiding. She has a few friends, who invariably forget to include her in their social activities, and she can barely claim the interest of Jeremy, an awkward, inexperienced young man without means, whom she met in a laundromat. Then, abruptly and mysteriously, Mr. Ray Porter, a millionaire, comes into her life. They becomes lovers, and that initiates the ire of Mirabelle’s antagonist, Lisa Cramer. Cramer’s aim in life is to be flawlessly pleasing to men, to which end she has viewed a few “`educational’ porno tapes,” discussed techniques extensively with other women, and “once attended a class given by Crystal Headly, a down and going sex-film actress.” The action moves quickly, yet the narrative takes its time to develop, which is a very skillful bit of writing business. Martin’s literary fable of a novella is disarming, particularly for those who come to it expecting the biting, zany humor of Pure Drivel (1998), but it may mark a new direction in a noteworthy writer’s career. (Reviewed July 2000)

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