viernes, febrero 29, 2008

Simply Irresistible

Al volver hoy a la casa, me pasó la cosa más surrealista de mi vida.

Voy por la calle, paro en el semáforo. Llevo música puesta, a todo volumen, voy con cara de cansancio y de ¡quiero llegar a casa yaaa!

Un chico de treinta y tantos se me acerca, viene corriendo desde su coche que dejó incluso con la puerta abierta. He aquí lo que me dice:

CHICO: Perdona, sé que te parecerá una locura, pero iba a aparcar mi coche y te he visto, y no he podido aguantarme, tenía que venir a preguntarte si me aceptas que te invite a tomar un café.

Yo me echo a reír. No me lo puedo creer, jajaja, es que la gente no hace esas cosas por la calle. Como me río y no puedo parar, vuelve a hablar.

CHICO: de verdad, perdona, es que no pude evitarlo.

Dejo de reírme, el pobre se puede pensar que es de él, pero es de la situación.

YO: Pues, muchas gracias pero no te lo puedo aceptar.

CHICO: Hoy no... ¿pero otro día?

YO: Es que estoy casada, no me parece muy correcto y no creo que a mi esposo le haga gracia.

CHICO: Vale, jejej, pues perdona ¿eh? y gracias.

El ligador divertido se va sonriendo, le creo que no es algo que haga todos los días.

Yo también me voy sonriendo... llego y le cuento a Fernando, me parece muy gracioso. Y estos infladores instantáneos de ego son buenísimos tras una semana feroz. Que se quite Beyoncé, a ella en la calle seguro que nadie la para, jijijiji. Oh sí, oh sí, soy irresistible, jajajaja.



miércoles, febrero 27, 2008

Cocinar... quin plaer!


Amo cocinar. Me relaja, me pone de buen humor… debe ser herencia o aprendizaje porque mi madre es así.

Aprendí tarde, lo reconozco, y por necesidad. Hasta los 16 años no sabía hacerme ni un huevo frito. Mi madre es genial cocinera, así que tenía maestra; pero no le gusta que nadie meta mano en sus cacerolas, así que tenía limitaciones.

En una casa donde normalmente se comía carne, a mí un día se me ocurrió hacerme vegetariana. Y claro, comer ensalada nada más, o verduritas hervidas… no. Empecé comprándome un libro de cocina vegetariana buenísimo, entre recetas y copiando platos de un restaurante, mejoré mucho.

Cuando me vine a España me enfrenté con el segundo reto, porque aunque yo cocinaba, la verdad que en mi casa me ayudaban a hacerme cosas. Aquí, nanay de china, era yo y mi olla solas contra el mundo.

Pronto me di cuenta de que sabía menos de lo que creía.

Abandoné el vegetarianismo. Primero por ser práctica, es más fácil hacerse un pollo a la plancha y unas verduras que hacer un plato interesante sólo con verduras. Al menos es más rápido. Segundo, porque cometí el error de probar el jamón serrano. Tercero, porque pronto después me vine a Barcelona y el Fernan disfruta comiendo carne.

Así, si él iba a cocinar, mi limitación de ya-no-soy-vegetariana-pero-solo-como-pollo (aparte de pescado, que ya lo comía) resultaba complicado. De hecho creo que no llegué a decirle nunca que no comía carne roja, me la comía y ya.

Y la última fase ha sido la de sobrevivir los dos, sin aburrirnos. También ayudó el año y medio que estuve de ama de casa, sin hacer nada más (no, en ese tiempo TAMPOCO planchaba, jeje). Como Fernan venía a comer al mediodía, yo procuraba entretenerme y divertirme inventando platos o probando nuevas recetas.

Mis webs favoritas de recetas son EPICURIOUS y ALLRECIPES. Sobre todo la primera, de ahí son las fotos de un sabroso curry de pollo y el cheesecake :-P

Mjm… creo que el tema me sale del alma, se supone que estoy intentando comer menos.

martes, febrero 26, 2008

Post muuuy profundo

Domingo, 7 de la tarde.

El estereotipo girado al revés.

Fernando plancha ropa, viendo Grey’s Anatomy.

Yo leo, gafas de pasta y demás. Estudio, hago tareas… de vez en cuando miro el reloj porque S viene a buscar unas fotocopias.

Bueno, también le echo un ojo a mis espectaculares lentejas, que se medio hacen solas en la cocina.

A veces no es así, soy yo la ama de casa. Sobre todo si se trata de cocinar, me la paso genial entre ollas.

Incluso puedo limpiar sin fruncir el ceño.

Diría que hasta lavar ropa me parece poca cosa, si me toca lo asumo y ya está.

¿Plancha? ¿Y ezo qué é?

No.

Me niego.

Si voy saliendo muy arrugada hay dos opciones: me hago la loca y me consuelo pensando que ¡ya se estirará! o me cambio. A veces mi señor marido se apiada y me plancha él, aunque diría que sólo un 1% de mi ropa lo necesita.

Me compro la ropa así, aposta, para que nadie tenga que apiadarse de mí.

Antes era mi madre la que se apiadaba.

Orgullosamente declaro que apenas si sé cómo va una plancha.

Es un aparatejo feo. No me gusta nada de nada. Por mí que se extinguieran.

Nunca NUNCA NUNCA plancho ropa. Bueno, sólo si Fernando está enfermo accedo a romper mi código de ética.

Lo puse en letra pequeña debajo de la firma cuando me casé.

Yo no plancho.

Y punto.


ps. y estoy así de profunda porque es más de la una de la madrugada, y no tengo sueño...

viernes, febrero 22, 2008

Égloga de amor de Plácida y Vitoriano, Juan de la Encina


Lo que digo yo:
No era tan terrible, hasta que a la genia de Plácida se le ocurre suicidarse. El genio de Vitoriano le hace una misa con latinazos incluídos, dignos de los ronquidos de hasta el más amante de la historia y la literatura. Por favor. Por algo no se lee mucho a Juan de la Encina.

Lo que dice la contraportada:
No sé, tuve la dichosa idea de buscarlo por internet y no comprarlo…

jueves, febrero 21, 2008

Cerrada por reformas


Hay días que debería estar prohibido salir de casa, ir a clases, tratar de defender un ejercicio de dirección que sale mal, leer artículos e intentar hacer tareas.

Un día donde estuviera penado por ley hacer cualquier cosa que no fuera vagabundear, regodearse en el mal humor un poco, ver tele o pelis, da igual, pero no hacer nada “de provecho”.

Que si quisieras opinar la lengua se te congelara, a veces es mejor quedarse callada pero cómo cuesta hacerlo.

Esos días oscuros, lluviosos por dentro, de esos cuando ni siquiera hay ganas de gritar auxilio, que sólo queda el sabor áspero de sentirse, por un instante, de lleno en el fracaso. De esos días, esos conocidos y que tanto se le huye, en que la intuición de la parte más triste del alma te escupe en la mejilla, te acorrala y se ríe de tu pánico... de esos, sí, que todo el peso del pesimismo se te trepa en los rizos... y con mi pelo no es fácil desenmarañarse. Días malditos, como el poeta que -medio borracho, medio suicida -se plantea el por qué de la lucha, de las brazadas para no ahogarse, de la construcción de una balsa que a veces decide hundirse. Días, muy concretos, en que se entiende al lemming que se lanza al vacío, harto de su existencia y de toda su especie.

En estos días lo mejor sería que nadie te contradijera, que la luna llena no moviera las emociones como mareas miedosas, que hasta el señor del supermercado te hablara bajito, o mejor aún, te ignorara. 

Hay días en que el corazón, el estómago y el cerebro deberían ponerse en huelga, como mi entusiasmo, que hoy decidió quedarse en la cama. Tendría que haberle acompañado, hubiese sido mucho menos devastador para mi bienestar, estoy segura.

Hay días así… donde debería colgarme un cartelito de “no molestar” o “cerrada por reformas” y dejar de sonreír sin ganas. Días de huelga personal, sí señor, que vendrían perfectos en días como hoy.

La foto es de Hola Images

martes, febrero 19, 2008

Dra Chachita y Mrs Gilipollas

Ya tengo pie derecho otra vez. Me quitaron la venda y me mandaron a caminar, despacito, pero sin muletas. Por fin, estaba harta de andar sin zapato y tener que poner el pie y la media en la calle... ¡qué ascooo!

Pero la visita al doctor de hoy me sembró una duda enorme.

Quienes rondan por aquí hace rato se acordarán de La Muy Gilipollas Estimable Doctora. Para quienes no, pueden leer este post y este, si tienen ganas y/o tiempo.

La cosa es esta… digamos que mi doctora de cabecera se llama la Dra. Chachita, es la que me corresponde desde que me saqué el carné de salud de Barcelona, hace dos años.

He ido al médico unas cuatro o cinco veces en estos dos años y unas tres por urgencias. Esto es lo que ha pasado:

Voy al consultorio de la supuesta Dra Chachita. Me atiende La Doctora Gilipollas (que asumo que es la Dra Chachita), que me trata como un zapato, y a pesar de tener unos calambres rarísimos en el brazo, y no poder juntar dos dedos de la mano, me manda a casa con analgésicos y haciéndome cara de que me lo estoy inventando. Cuando vuelvo porque no se me quita el asunto, me manda una radiografía, aunque me advierte que "no tengo nada".

Voy a Urgencias un domingo porque tengo el brazo fatal. Me atiende otra doctora, me manda analgésicos, que me vaya a la casa y busque a mi dra de cabecera.

Vuelvo un par de días después... con el resultado de la radiografía. Me atiende OTRA doctora, esta amable aunque no demasiado. Esta me mandó un examen más pero el teléfono que me dieron para sacar la cita jamás funcionó. Se supone que tenía que ir una vez más, pero yo, como soy tan terca, paso de ir a ver a la Dra Chachita y cuando llega el verano se me quitan los males.

Declaro que odio a la Dra Chachita.

Voy una vez más (este diciembre) por una amigdalitis. Me atiende otra doctora, medianamente amable… me da ¡analgésicos! Y me manda a casa. Vuelvo a la semana, peor, y me atiende la Doctora Gilipollas. Vaya suerte, pienso, llegar a urgencias y encontrarme a la Dra Chachita. Esta vez me da un antibiótico, aunque me regaña porque tengo la campanilla muy larga y salivo mucho, lo que le dificulta verme las amígdalas (claro, ella sabe que salivo adrede, por joderla).

Pienso, por vez número ochenta, que tengo que cambiarme de médico de cabecera, porque la Dra Chachita AKA Doctora Gilipollas es eso: una imbécil. Como era de urgencias, también atendió a Fernando que tenía una faringitis (sí, en diciembre coleccionamos "itis", mi madre tuvo bronquitis para completar el cuadro) y salió bufando de la doctora tan imbécil que le tocó. "Claro" le digo yo, "es que es la Dra Chachita, mi doctora, ¿verdad que es una bruja?".



Hoy voy a que me mire la pata coja la Dra Chachita. Me preparo psicológicamente para salir desmoralizada, además de que decido que al salir de la consulta, aprovecharé para cambiar de médico de cabecera. Ayer me dijeron que tarda diez días y creo que es suficiente de aguantarle a la Dra Gilipollas. Decido incluso decir el por qué directamente. Me ensayo mi speech "es que la Dra Chachita trata a la gente como si fuera imbécil, como si fuera divertido venir al médico, bla bla bla" o algo similar. Casi entro en catarsis de pensarlo, ¡¡¡finalmente le voy a dar su merecido!!!

Abre la puerta la supuesta Dra Chachita… y NO es la Dra Gilipollas. Es una chica encantadora que me trata super bien. ¿? ¿Ein? Una chica a la que no he visto NUNCA.

Vale, puede que la Dra Chachita esté de vacaciones y esta buena mujer ha venido a hacerle sus horas, pienso. Cuando acabo, bajo por el ascensor y ¡oh sorpresa! Va saliendo del otro ascensor la Doctora Gilipollas.

¡O sea, que la Doctora Gilipollas no es la Dra Chachita! ¿Entonces, he tenido mala suerte crónica o qué carajos pasa?

Estoy por ir al médico la otra semana. Sólo por descubrir el misterio.

No entiendo nada.

lunes, febrero 18, 2008

La Celestina, Fernando de Rojas


Lo que digo yo: Creo que esta es una de las obras de teatro que mayores contradicciones me genera. La encuentro divertida en muchas cosas, pero me aburre a morir leerla. A lo mejor porque como pieza dramática es poco efectiva. Entiendo que el autor, en su momento, fue innovador en la búsqueda de un perfil algo más psicológico para sus personajes, pero ahora esas parrafadas y demás se hacen sencillamente lentas.

Como ejercicio intelectual vale… como ocio, pues no.

Lo que dice la contraportada:
«La Celestina» es, ante todo, un texto sorprendente y original, que ha suscitado gran variedad de interpretaciones. Todo en ella plantea problemas: autor, datación, título, género, significación, intención. Claves significativas que se nos escapan por su ambigüedad. Esta edición, destinada al lector joven, se ha permitido ciertas «licencias»: aunque se han omitido ciertas partes, se ha procurado que estas supresiones no alteren la continuidad y coherencia textuales. La peculiaridad de la obra y el ingenio de su autor permanecen íntegros.

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