sábado, abril 19, 2008

Concursitis


Lo confieso.

Soy adicta a los programas de concursos.

La adicción mayor es Pasapalabra. Juego desde casa. Digo las palabras, insulto a los concursantes que no adivinan. La más geek de las geeks. Lo sé. A veces dejo la cerveza de después de clases a medias, para volver a casa a tiempo.

La segunda. Operación Triunfo. Cada martes, hasta la 1 a.m. estoy ahí sentada oyendo a los concursantes cantar. Me peleo con la gente que llama y vota favoritos que no valen la pena. Discuto con el jurado. Me emociono con las voces hermosas.

En Costa Rica ya me pasaba con algunos concursos de Estados Unidos: he sido fan declarada de “¿Quién quiere ser un millonario?”, “Wheel of fortune” e, incluso, del muy muy pero MUY hortera/polo: “The price is right”.

Supongo que será el riesgo sin peligro que contienen los concursos. La emoción de alegrarse por algo que no tiene nada qué ver conmigo. El ver a alguien ganar dinero de forma fácil pero “correcta”. Y, a veces, disfrutar de que pierda el que me cae mal. Jiji.

miércoles, abril 16, 2008

No es pereza, es eficacia

Hace unos días Celes hablaba de uno de los pecados capitales más practicados… la pereza. A partir de su post, repasé lo que creo sobre el tema.

En mi casa, eso de ser perezoso siempre ha sido mal visto. Mis padres han sido de trabajar mucho, siempre, de manera que es consideración generalizada en casa que hay que ganarse todo con el sudor de la frente. Con horas y horas de trabajo. Con sufrimiento. Con tiempo, poco a poco.

Pero yo me rebelo. Creo que el problema no es la pereza, como le dije a Celes, si no la dispersión de la energía. Ya lo dice el dicho, muy manido, “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Me explico: si los esfuerzos que hacemos hacia un objetivo concreto son mínimos, pero son precisos, los resultados llegan igualmente. Incluso con mayor rapidez. Mucho trabajo (o la ausencia absoluta de trabajo, estamos de acuerdo) en la dirección contraria no produce resultados.

O sea que no se trata de matarse por demostrar lo trabajadores/esforzados/laboriosos que somos, si no de focalizar el trabajo. Ser efectivo: mínimos esfuerzos para máximos resultados.

Yo, por ejemplo, me administro el tiempo para poder vagabundear de vez en cuando. Examino, priorizo, escojo, decido. Hago. Y luego descanso y descanso. Intento no gastar energías en lo que no me significa beneficio. Estoy convencida de que el éxito reside en esto, en no creerse el cuento de ser mártir para demostrar el valor. Nada de eso.

El mejor ejemplo es un gato. El cuerpo siempre está listo para reaccionar, alerta pero no tenso... de ahí que jamás hacen movimientos superfluos. Y, aún así, son de los animales más ágiles física y mentalmente.

He dicho.

Foto de nihilistka (Devianart)

lunes, abril 14, 2008

Sabiduría cotidiana

“Si el papel no funciona correctamente,
la ruta del papel de la impresora puede requerir limpieza”.



Gran verdad. Basta cambiar “el papel” por “los planes” e “impresora” por vida.


“Si los planes no funcionan
correctamente,
la ruta de los planes de vida
pueden requerir limpieza”.


Sabiduría de lunes por la mañana, jeje, patrocinada por EPSON Photo Quality Ink Jet Paper.

viernes, abril 11, 2008

¿Y qué peli veo?




Hace unos días, Fanma me decía que su imagen del director de teatro estaba marcada por la película "All about Eve". No la he visto, aunque ya la tengo en casa.

A raíz de esto me surgió la curiosidad por las películas clásicas, en blanco y negro o aquellas apenas coloreadas. Tampoco he visto, por poner otro ejemplo de mi poca cultura en cine de hace unos años, "Breakfast at Tiffany's" (y eso que amo a Audrey, pero acepto que como icono).


Et tu? ¿Qué película me recomiendas?

*Prohibidas:
1. Lo que el viento se llevó (y cualquier otra similar)
2. Casablanca (ya la vi)
3. Hitchcock (he visto algunas, las otras ya están en mi lista de pendientes).
4. Cualquiera que sea una pieza rara de museo, imposible de conseguir.

A ver, a ver...

martes, abril 08, 2008

Sobre la belleza, Zadie Smith

Salamandra
480 páginas

Lo que digo yo:

Había oído hablar de Zadie Smith, más por su primer libro “Dientes Blancos” que por este, su tercera novela. La autora parte de un tema que podría ser escabroso: raza, visión de raza, confluencia de razas, pero no lo hace de la forma ni típica ni tópica.

A partir de la historia de dos familias, diferentes absolutamente, enfrascadas en el ambiente universitario, revisa muchos temas. Desde el concepto de belleza hasta el de fidelidad. Muestra una variedad de personajes que actúan movidos por sus impulsos, que muestran una cara y luego otra o que se izan como estandartes de lo correcto.

Lo que más me ha gustado, probablemente, es que tiene la facilidad de crear un mundo que imaginas al detalle, mide con regla milimétrica la descripción para no caer en el tedio (yo odio leer descripciones extensas) y te dibuja el mundo en el que se mueven estos personajes.

Al cabo de las casi 500 páginas te has hecho amiga y enemiga de cada uno de ellos, a algunos los entiendes, a otros no, pero sobre todo no me siento capaz de juzgarles. Este juego es interesante, cómo crear personajes que tienen razón, aunque se equivoquen constantemente.

El error, creo, es que a ratos se siente que hay subtramas poco desarrolladas que apetecería que lo estuviesen más, mientras que algunos personajes secundarios (y poco interesantes) toman un protagonismo que yo encuentro absurdo.

Una de las buenas citas: “Es un despilfarro de energía gratuito. Casi toda la crueldad del mundo es sólo energía fuera de lugar”


Lo que dice la contraportada:
La publicación de Dientes blancos el año 2000 supuso uno de los debuts literarios más sonados de los últimos tiempos. Con apenas veinticinco años, la escritora inglesa Zadie Smith asombró a la crítica y al público con una novela exuberante, intensa y envolvente. Sobre la belleza, su obra más reciente —ganadora del premio Orange 2006, finalista del Booker 2005 y durante varios meses uno de los libros más vendidos de Gran Bretaña—, corrobora sin duda que estamos ante una de las voces más destacadas de la narrativa contemporánea en lengua inglesa.

Con una mirada lúcida e irónica sobre el mundo en que vivimos y un talento fuera de serie para dar vida a personajes de carne y hueso, la autora ha recreado, en clave del siglo XXI, la incisiva mirada de E.M. Forster en Regreso a Howards End, una de sus novelas favoritas. Profesor universitario en una pequeña y próspera ciudad de Nueva Inglaterra, el británico Howard Belsey está pasando, a sus cincuenta y siete años, por uno de sus momentos vitales más bajos: su futuro académico parece definitivamente estancado y, en su casa, las cosas van de mal en peor. Tras treinta años de convivencia con Kiki, una hermosa activista afroamericana que ahora pesa ciento veinte kilos, un desliz amoroso amenaza con hundir su matrimonio. En cuanto a sus tres hijos, se encuentran absortos en sus propias vidas: el enamoradizo y sesudo Jerome, de veinte años, se ha convertido al cristianismo; la ingenua y ambiciosa Zora, de diecinueve, sigue los dictados de su precoz inteligencia, y el quinceañero Levi es un abanderado de la negritud. Y como si el panorama no fuera lo bastante complejo, el odiado Monty Kipps, especialista en Rembrandt como él y su adversario intelectual más acérrimo, ha sido invitado a formar parte del cuerpo académico de la universidad.

Así pues, todo está servido para que estalle una hilarante historia sobre las filias y fobias de la especie humana —desencuentros generacionales, amores contrariados y conflictos ideológicos incluidos—, en la que el bagaje intelectual y cultural parece reducirse meramente a un brillante y frágil escudo personal diseñado para protegernos del desamparo y mitigar el implacable paso del tiempo. La agilidad de los diálogos, el ritmo vertiginoso de la acción y el final sorprendente hacen de esta novela una obra única, absorbente y conmovedoramente humana.

domingo, abril 06, 2008

El ego y las relaciones humanas

Hablando con Fernan sobre una situación que me viene pasando hace días, llegamos a la conclusión de que lo peor, sin lugar a dudas, es tocarle el ego a la gente.

Me explico. Tenemos a P, que hasta hace unas semanas tenía una relación cordial y amable conmigo. Algo hice yo, que no puedo especificar, que la ha hecho cambiar de actitud.

Ahora P está a la defensiva, discute por cualquier cosa, me hace caras por todo. Como una adolescente resentida. CUALQUIER opinión que dé yo, es digna de ser discutida por ella. Noto perfectamente que hace esfuerzos por no saltarme a la yugular. Ya me ha dicho, entre otras cosas, esa típica de no-puedes-opinar-porque-no-lo-has-vivido.

Sé que yo también he cambiado mi percepción de P. En mi caso, sé exactamente qué hizo que me tocó el ego. Incluso podría ponerme, yo también, como adolescente y decir que fue ella quien empezó. Ya da igual. Lo que pasa es que yo evito (o al menos lo intento) que una cosa absurda como que te “toquen el ego” influya en las relaciones personales, sobre todo cuando el buen rollo común puede verse tocado.

Fernan me repite que hable con ella. Yo no tengo ganas, sé que es de esas situaciones donde difícilmente me va a decir la verdad. Y en todo caso, también creo que si es ella quien tiene un problema, es ella quien debería intentar resolverlo.

En fin. También es verdad que llevo dos o tres semanas con el ánimo un poco tocado, y esto podría ser mitad verdad mitad paranoia.

Qué sé yo.

martes, abril 01, 2008

El destape


Alguna vez he contado que escribo teatro y novelas. En total, de novelas, tengo cuatro, más o menos terminadas. Dos que se dejan leer y otras dos que necesitan revisión. Pero he decidido que este es el año de salir del clóset y dejar que otros digan lo que piensan de lo que escribo, más allá de mi círculo familiar y de amigos cercanos.

Dicho lo cual, he aquí el asunto. Se me ocurrió que ustedes, sí, ustedes, me podrían dar una mano. Mi idea es publicar en un blog privado una de las novelas y someterla al escrutinio público. Esto requiere, para empezar, que haya gente dispuesta a leerla. Segundo, que tengan el tiempo de hacerlo y de comentar aspectos concretos a mejorar, a potenciar, a eliminar. Tercero, que no haya ninguna intención de “hacerme la pelota”, “pasarme la brocha”, es decir, no quisiera que fuera un asunto de ser complacientes y decirme cosas bonitas (a menos de que realmente sean 100% sinceras, claro). Y cuarto y último, que me lo digan, porque necesitaría un email para enviarles la dirección y apuntarlos como lectores autorizados.

Así, dejo mi correo durante esta semana abierto a quienes quieran (y puedan) ser parte de la aventurilla (d.duncan.v@gmail.com). No me voy a ofender si nadie quiere, o si es una persona. Por descontado que me gustaría que sean todos los que pasan por aquí, pero entiendo que el tiempo a veces no da para cumplir con un compromiso así.

Espero noticias.

Muchas gracias por adelantado.

Besos.
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