viernes, febrero 16, 2007

¿Y ahora quién podrá defenderme?


Esta semana ha sido un poco “la semana de la boda”. Fernando y yo fuimos a inscribirnos en el curso prematrimonial que, sorprendentemente, pinta bastante mejor de lo que pensamos. Al parecer no lo da el sacerdote, si no una pareja con muchos años de casados. Según nos explicaron, se trata más de ir y conversar con otras parejas que están por casarse. Sé que se trata de un curso en la iglesia y, por lo tanto, algo nos sermonearán, pero nos vendieron el curso de manera tal que tenemos ganas de hacerlo.

Me compré zapatos para la boda. Jiji. Qué cosas tan raras, zapatos para la boda… en fin, que en este caso desafié las leyes del “glamour” y los que compré son muy muy sencillos, sin tacón, blancos sin nada más. Es que me niego a –a media fiesta –dejarlos por ahí perdidos y terminar bailando descalza.

Y para terminar, ayer me senté con mis amigas de Costa Rica (que han regresado de su periplo europeo) a ver vestidos de novia. Sigo con el dilema, cada vez peor: nada me gusta y lo que me gusta es impagable… vimos al menos ocho revistas de bodas y dos páginas de internet: nada. Bueno, dos o tres pero solo se consiguen del otro lado del charco y yo me niego a irme, digamos, quince días antes de la boda sin el vestido en la mano. La verdad que jamás pensé que llegara a decir esto, pero me tiene MUY estresada el asunto del vestido.

Ya sé que lo importante es casarse con la persona que uno quiere, que lo demás es accesorio… pero puestos ya a casarnos por la iglesia y con todo el burumbúm, pues quiero un vestido hermoso (y accesible).

Hace unos días tuve otro sueño de novia neurótica, en este como en los otros, también la fiesta era un desastre (el brindis era en medio de un campo lleno de barro y plantas crecidísimas… lo demás es fácil de imaginar), digamos que confirme avanzan los meses, en mis sueños el desastre es aún peor cada vez. En este sueño terminé llorando, y cuando me desperté, estaba llorando. Me siento un poco ridícula cuando me pasan estas cosas, yo que siempre he ido de progre y bla bla bla, y en sueños termino llorando si la boda no es perfecta.

“¡Oh! ¿Y ahora quién podrá ayudarme?”.


*el vestido de la foto es de David's Bridal, la ilustración del Chapulín Colorado no sé de quién es!

lunes, febrero 12, 2007

Apocalypto


Me fui con Fernando a ver “Apocalypto”, dirigida por Mel Gibson.

Que no sea exacto con los datos históricos se lo perdono: es cineasta, no historiador.

Que meta sangre por todas partes lo entiendo: va con la historia que cuenta, y además, es mi responsabilidad el ir al cine a ver una de sus películas, sabiendo como sé (si no, basta recordar cómo la pasé viendo “La pasión”) que le gusta ser muy muy muy gráfico.

Hasta le resalto que tuviera el valor de hacer toda la película en maya, según él como un modo de reivindicar la lengua. Digamos que hasta eso le creo.

Pero… que deje a los pueblos mayas como los deja: eso no.

No solo hace una visión absolutamente superficial y desde “occidente” de sus valores y sistema de vida, sino que directamente no expone ningún punto positivo de estas civilizaciones. No te pone a pensar en las posibles razones por las que vivían en esa forma, no te extrapola la historia a otras realidades, no te cuenta el grado de sofisticación en –por poner un ejemplo –la arquitectura… solo te pone un grupo de “salvajes” matándose entre ellos.

Intentando hacer el balance confieso que, muy a mi pesar, las dos horas se me fueron volando y sí, está bien hecha.

Por lo demás, qué patán que es el Mel… qué patán.

jueves, febrero 08, 2007

Casting: el top cinco

Hoy fui a un casting, ya contaré de que era… cuando salga (dedos cruzaditos). De ahí que recordé las cinco razones principales por las que odio las pruebas de este tipo:

1. si es de teatro, lo común es que el director tiene ya un elenco en mente, el ideal. Muchos de los integrantes serán sus amigos (normal, yo también lo hago), así que con mucha suerte habrá uno o dos lugares por llenar, no más.

2. si es televisión, suelo sentirme como la patita fea en el lago de los cisnes. Tengo muy buena opinión de mí misma, pero yo me quiero. Estar sentada, esperando, en una sala llena de chicas que parecen modelos no es exactamente divertido.

3. nunca se sabe qué quieren. La mente me revoletea sin pausa, pienso “tengo que ser seria”, “tengo que ser simpática”, “tengo que parecer segura”. Es un calvario.

4. la mayoría de las veces no te llaman para decirte “la has cagado, gracias por venir pero hay otra mejor”. Si lo hicieran, al menos podrías preguntar por qué y tratar de mejorar, pero no hay caso. La única forma de enterarse de cómo te ha ido es ver el nombre de otra en la tele, en el poster del teatro o, en casos extremos, verla sentada en “Salsa rosa” muy dueña de sí hablando de su vida privada.

5. la espera es interminable. Relacionado con el anterior, te pasas semanas pensando que talvez todavía te llamen. Lo peor es que en algunos casos sí que te llaman y ya para entonces tienes otros compromisos. Caso de la vida real: estando en Coruña me llamaron a una audición, fui… un mes, dos, tres. Dos semanas antes de venirme a vivir a Barcelona me llaman para decirme que me han dado el protagónico. Respuesta obligada: es que ya no puedo. Plop.

Una extra: en mi caso, para todos los castings del mundo mundial tengo un plus que también es un menos: mi look, puede ser “interesante” pero es diferente. Nunca sé si eso me traerá consecuencias positivas o negativas. Y, como si fuera poco, toda mi vida voy a ser así, no es nada que pueda “mejorar”. Agh.

En fin. Es lo que toca a veces, ir, hacer el numerito, creérsela y esperar.

Pero de que apesta: apesta.

Fotografía: Alex & Laila

lunes, febrero 05, 2007

Blandengue Anónima


A veces soy una lela. Trato y trato, pero termino siendo una blandengue. Si, finalmente, logro plantar un “no”, la culpa me dura un buen rato.

Me explico: harta de mi trabajo (
y de que NO me han pagado y hoy estamos a 5…) llamé a la supervisora el sábado y renuncié. Después de que me besara los pies 15 minutos, terminé por aceptar “pensármelo” durante el fin de semana. ¿PENSARME QUÉ? Pero dije “vale, vale, me lo pienso”.

Esta mañana la llamo, para decirle
LO MISMITICO del sábado, habiendo ensayado y todo (porque me conozco y quería estar segura de saber cómo salir de cualquier propuesta que no me agradara) y al final me pide que vaya dos semanas más, mientras busca a alguien. Yo, aún sin querer hacerlo, termino diciéndole “vale, vale, voy”. ¿Voy? ¿VOY?

Menos mal que ella misma me llamó después para explicarme por qué no me han pagado (
excusas baratas) y me mandé: le dije que no le veía sentido a seguir yendo, que no y no y no.

Pero estuve a punto de decir que sí. Otra vez.

Ahora me siento culpable como un ermitaño que le roba la concha a otro.

Sé que no tengo ningún motivo para sentirme culpable, pero igual me siento mal. Sé que el seguir yendo sería “
un favor” para una empresa en la que ni siquiera confío, y donde nadie me dará las gracias. Sé que la insistencia de la supervisora de que me quedara se debe, en la mayor parte, a una necesidad y no a que ella crea en mí, o realmente piense que soy la mejor empleada. No. Se trata de que tendría que ir ella a hacer mi trabajo, y eso –claro está- a nadie le apetece.


Pero: qué culpable me siento.


¿Por qué tengo que ser así?


Grrrr.



Fotografía: Image Source y Hiroshi Yoshii

viernes, febrero 02, 2007

Piso de 30 metros

Jaja... este se lo toma con buen humor, digamos.

I want out!


Ya no entiendo los significados de algunas palabras. Se me enredan en el cerebro porque desde hace casi tres semanas tengo que asumirlas como otras cosas:

-La portabilidad dejó de ser una característica relacionada con la facilidad y el movimiento, ahora es un término mercenario para explicar que malo=malo, pero se escoge otro pensando que es mejor.

-Migrar por migrar, ya no tiene nada que ver con países y regiones, solo se trata de un cobro mínimo al mes –que fácilmente será el máximo si les es posible-.

-Alta nueva, anexo, sim, prepago, pack, stock: estoy hasta las pestañas de las palabrejas que se me antojan chiclosas y vacías. Suenan iguales, retumban: bla bla bla bla y bla.

Tengo alergia a las *naranjas*... a este paso será a TODOS los cítricos y a la ropa negra (el uniforme).


I want out.




Ps. Glosario: portabilidad en empresas de móviles significa que se pasa de una compañía de teléfono a otra; migración cuando se tiene un teléfono de recarga y se pasa a un contrato con un consumo mínimo y las demás… dan igual, palabras, palabras.

jueves, febrero 01, 2007

Mandato tras la hiedra

Agazapado entre la mala hierba, cualquiera puede mandar.

Solo falta dejar que entre la hiedra se escondan suficientes cucarachas, luego metódicamente habrá que dejarlas salir, asustarlas con un golpe certero: digamos, una sierra que tala las ramas, hasta que los insectos se queden sin casa y, tras superar el miedo inicial, dejen la petrificación y ataquen. No falla, la fórmula resulta porque estás usando a un insecto para lograr que los demás se sientan, a su vez, como insectos. Así se manda. O se estila mandar, también habrá manos dóciles dirigiendo con frescura (pero son las menos).

Yo nunca, repito: nunca.

No quiero ser criadora de hiedras y bichos.
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