viernes, marzo 30, 2007

Mírela cómo se transforma...


Niego, niego y me niego. A veces más lo primero que lo segundo, o mucho más lo segundo que lo tercero. Quiero abrir la boca y en vez de palabras se me escapa un pez. Eso cuando hay suerte, otros días salen sapos y culebras con esos signos que parecen de cómic (&%%$-BAAAM-/&&%%-POW!!!!). Y solo para reírme de mí misma intento pensarlo al revés, que acepto, acepto y me acepto.

Entonces sí que comienza el circo y yo hago todos los papeles, soy desde el malabarista hasta el elefante, a veces soy la contorsionista freak o el chico bala y me lanzan con el cañón, pero mi papel favorito entonces es el de mujer monstruo (mírenla cómo se transforma, mírenla como le salen pe-pe-peloooos) porque nadie me quiere, nadie hace como que me quiere, la gente paga para no quererme y mientras tengo el disfraz gozo de cinco minutos de desprecio directo.

Si dejara el balancín este, si me lanzara desde lo alto del columpio, nadie iría a recoger mis dientes, desperdigados entre el césped y las piedritas. Ni siquiera yo, ¡para que los quiero si ya se me cayeron!

Y con sangre.

Puagh.

Una vez me cayó una banca de iglesia, fue en mi pie derecho y yo tenía cuatro años, o tres. Grité y la gente me mandó a callar, grité y me miraron con rabia, grité y alguien incluso se rió. Grité y mi hermana y mi tía se asustaron, creo que ellas habían empujado la banca sin querer. Grité y por fin apareció alguien y me quitó el peso, pero me quedaron los gritos (y los moretones en mi pie de casi bebé). A veces, niegue o me niegue y acepte o me acepte, me siento como si me cayera la banca de nuevo: esta vez en la vida.

Y entonces me toca ser Súper-Algo/Bati-Algo/La Algo Maravilla y seguir sonriendo con mis súper-poderes escondidos bajo mi súper-manga, como el As. Bah. Com si fos just… Patrañas. Algunes vegades vull plorar i cridar sense donar explicacions! A veces no quiero ser super heroína en patines.

Foto: Zoo image la ilustración, la otra no sé.

miércoles, marzo 28, 2007

La mano, segunda parte


El viernes- amanecer sábado no pude dormir, tenía calambres constantes en todos los dedos, se me quedaban rígidos y se me movían solos. Aunque soy una miedosa pendeja para los doctores, Fernando me convenció de ir a Urgencias. Cuando llegué, la doctora de guardia–esta sí muy amable –me dijo que tenía que esperar que la Dra. Gilipollas me viera los resultados de la radiografía y que siguiera tomando ibuprofeno hasta entonces.

El lunes, temiendo lo peor, fui a la cita en la Oficina de CatSalud. Cuando llegué… ¡había otra doctora haciéndole el turno a La Muy Gilipollas Estimable Doctora! Casi me pongo a bailar en la sala de espera. Una señora al lado mío me dijo “qué lástima, la Dra XXXX es tan maja! Disimulé mi mohín despreciativo y me senté a esperar que me atendieran.

La Doctora Nueva y Buena me dio una referencia para hacerme una electromiografía tras explicarme que no aparecían anormalidades ni daños en los huesos. Tengo que ir a un centro neurológico de no sé qué, he llamado varias veces y siempre está la línea ocupada, pero al menos estoy un pasito más adelante.

Creo que tenía un bloqueo terrible, porque en cuanto me atendió otra persona se me ha ido mejorando el dolor, la rigidez, los calambres…

Foto: foto de mi radiografía… por cierto es la primera que me hago en la vida,
me hizo mucha gracia verme los huesos de mis flaquillas manos.
Las cosas raras que se ven detrás de los huesos es el fondo de la ventana
donde saqué la foto.


martes, marzo 27, 2007

El penúltimo sueño, Ángela Becerra

Lo que digo yo:

Me encantan las historias de amor, es mi componente ñoño… pero todo con medida. Terminé de leer El penúltimo sueño, de Ángela Becerra (Premio Azorín, 2005) y creo que si me voy a revisar el azúcar, la tendré por las nubes. Ahora, la novela tiene el gran mérito de que es interesante la historia que cuenta y las descripciones… de hecho, la autora te transporta a los lugares que va retratando y teje la historia de forma que querés saber más y más.

Cuando me encuentro con este tipo de libros siempre me pongo a pensar qué vale más, si el estilo, el fondo, la fluidez. Alguien me dijo que mi medida de cuan bueno es un libro debería ser si me lo leo de tapa a tapa, casi sin parar. Si es así, este es un buen libro… si valoramos otras cosas me parece que se queda cojo: es demasiado cursi.


Lo que dice la contraportada:


Esta magistral novela es un inmenso canto a los sentimientos, por encima de los intereses, las normas y los dictados de cada momento. Joan Dolgut y Soledad Urdaneta viven el amor en un contexto en el que todo los separa: las clases sociales, las costumbres, el dinero... incluso un océano. Su vida se convertirá en un permanente y dilatado sueño inacabado, que sólo despertará al término de sus vidas, con un sorprendente final. Sus respectivos hijos tratarán de descubrir el gran secreto que dominó la vida de sus padres y los llevó a la muerte. Entre ellos dará comienzo una historia que entrelazará sentimientos inesperados, pasiones sin resolver, contradicciones, equívocos, espiritualidad y erotismo, narrados con una intensidad única.

viernes, marzo 23, 2007

Hablando de corazonadas

Ayer hablé de Sara Astica, mi profe de teatro, que estaba agonizando.
Ayer murió, aunque me acabo de enterar.
A veces la casualidades son demasiado grandes, no sé qué pensar de mis famosas intuiciones.
Bueno, que descanse en paz, que se lo merece

¡Tengo mi vestido de novia!



Después de probarme unos 25 o 30, ver al menos 120 en catálogos y pensar que todo estaba perdido …


¡Tengo Vestido de Novia!




Sí, se siente como cuentan en las películas, la novia en cuestión (es decir, yo) no puede contener la emoción y llora. En mi caso lloré dos veces, en dos tiendas distintas, pero hoy me pusieron un velo hermoso (y eso que yo no quería velo, o eso creía) y tuve que respirar hondo varias veces para mantener el tipo. Me decidí, di la señal y el veintialgo de junio tengo la primera prueba.

Supongo que es el ver materializado algo que uno quiere de corazón, el dedicarle tiempo y energías a encontrar ese con el que vas a decir “sí” a un proyecto de vida. Pero además, con toda la vergüenza del mundo, acepto que: SOY UNA VANIDOSA, Y SE ME VE DIVINO.

Estoy feliz, emocionada, acelerada… ¿ahora quién me quita esta sonrisa de tonta de la cara?



Ps. La foto es de Terry Vine. Y no voy a contar cómo es, será secreto marcial hasta el 18 de agosto.

jueves, marzo 22, 2007

Sara y la "brujita"



A veces tengo corazonadas que no sé explicarme. El año pasado, cuando fui a Costa Rica, aproveché para hacer visitas poco usuales. Una de ellas fue a mi profesora de teatro, Sara Astica –chilena de nacimiento y exiliada en Costa Rica-, fui con mi amiga "P" a su casa una tarde en la que el aguacero fue torrencial.

El domingo antes de verla se me cruzó un pensamiento en la mente, a pesar de que no tenía ningún indicio para tenerlo. Pensé que tenía que aprovechar la oportunidad, porque era probablemente la última que tendría de verla con vida. Lo seguí pensando cuando nos despedimos de ella, que agitaba la mano desde la entrada de su casa después de darnos pan con su mermelada de naranja casera, y sobre todo me lo confirmó que nos confesó que no quería hacer teatro nunca más, ella la más apasionada renunciaba a su profesión y oficio, porque desde que había muerto su esposo Marcelo Gaete, los escenarios le daban tristeza.

Unos meses después de que volví, mi amiga P me contó que le habían diagnosticado cáncer de pulmón. Dejó de fumar muy tarde, solo después de ver morir a su esposo por el mismo mal. Hace pocos días, P me dijo que se había ido a Chile con sus hijos y que está agonizando.

Me da mucha tristeza, pero más me asusta haberlo sentido antes de que pasara. Tengo una amiga que me llama “brujita”. Lo malo es que estas cosas me pasan de vez en cuando, y nunca sé si es paranoia o intuición.

En todo caso, desde aquí trato de pensar que puedo mandar buenas vibras a esa señora hermosa, que imagino reduciéndose a poquitos, pero feliz de hacerlo entre sus hijos y en su patria, tantos años después de verse obligada a salir.

Por eso te lo cuento.

Dejame que te cuente del mar al que quise anexarme. Tenía siete barcas, tres cayucos, un yate y dos botes: vacíos, anclados, pero con promesas de movimiento. Nadé por el puerto y me perdí en risas. Algún día el sol me llenó de historias, me sedujo el viento, me detuvo un caracol que jugaba con el cangrejo. Absorta, absurda, anduve por la arena tan indolentemente que me secuestró el silencio. Finalmente huí, arrastrando el cuerpo.

Dejame que te cuente del río en el que hice campamento. Era remanso de paz toda la superficie, con aguas apacibles dibujando pequeños remolinos. Había leña seca en una cueva cercana, podía pescar, sembrar, cazar. Luego descubrí que en el fondo, no muy profundo, dormía –como Ness- el pequeño monstruo de las mil mentiras. Cuando dije tantas que me costaba flotar, alcé mi improvisada villa y busqué otro sitio, un nuevo silencio.

No voy a contarte, eso sí que no, del volcán y el fuego; ni de la nube con vaivenes eternos, ni del elefante que se rió de mis miedos, ni del catalejo que perdí en batalla, ni del dinosaurio que me quiso y lo quise –pero de lejos-. Es que si te cuento, sería eterno el encuentro: yo he visto dragones, he visitado arañas, me han sacrificado en torres, he sido a veces muy canalla. No te cuento, y así, puedes imaginar que miento.

En cambio ahora me siento, y te cuento un nuevo cuento. No sé de qué se trata, si es suspiro o es ron viejo. No sé si tiene alas o se arrastra por el suelo. No sé si canta al alba o se queda quieto. No sé si puedo atraparlo o se escapa sin remedio. Pero sí te cuento que yo, repleta de sentimientos, conociendo finalmente los parajes de mis cielos, desde que estoy a su lado olvidé los cuentos viejos. Tengo una chispita loca, como el gnomo del jardín ajeno, y me relamo, segura, en esta historia-leyenda-poema-soneto, este cuento que se transforma y que nunca deja de ser bueno.

Y es por eso que te lo cuento.
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