jueves, diciembre 01, 2011

I'm back, como Terminator

Tanta agua ha corrido debajo del río que no pienso ni hacer el intento de recapitular. Vuelvo a mi casa bloggera vieja, que estaba llena de telarañas pero aún tibiecita. Vuelvo empezando diciembre del 2011, cuando ya este año agoniza o se despide, para evitar ser tan dramáticos. Vuelvo cuando la Caja Costarricense del Seguro Social se retuerce entre huelgas y malas gestiones, cuando la crisis económica mundial parece en su punto álgido, cuando hay quien se pregunta en España si habría que volver a las pesetas.

Y yo sigo siendo la misma aunque no sea la misma. Sigo siendo tica y soy casi española. Digo vale y sigo diciendo qué varas. Digo joder con el mismo entusiasmo con que digo ah mae. Ya no me peleo con mi doble pertenencia, como mucho me quejo de una y de otra con la misma naturalidad, con el mismo amor y el mismo desprecio cuando toca.

Ya no me siento una Pluma en la tempestad, como el blog que cerré hace unos años (quien tenga ganas de husmear encontrará por aquí los archivos, pero advierto que poco queda de esa otra). Ahora soy más la tempestad dirigida, coordinada, asumida, perfilada o eso pretendo, ser la que se lleva cualquier pluma que se le ponga delante, no con maldad sino con ánimos de poner las cosas en su sitio y que no quede nada colgando. Ya nadie ni nada me baila por los aires, ya no, o al menos eso intento.

Hace un par de meses cumplí 7 años en este país y aunque todo pinte marrón, yo le apuesto al número 7. Porque resulta que hace 7 llegué y resulta que en el Tarot hay un número de la vida y uno del alma, y en ambos soy el 7. Y porque en numerología mi nombre suma 7. Y porque el 7 siempre me ha gustado mucho. O sea que decreto que este año que empieza ahora y que incluye al 2012 será espectacular y necesitaba dejar constancia en alguna parte.

Comenzamos. O volvemos.


ps. una última cosa... si usted es de las personas curiosas y se va al archivo a husmear, genial. Se encontrará mis opiniones sobre libros que he leído en los últimos años y, un poco más atrás, los archivos de mi blog anterior "Pluma en la tempestad". Si ahí se encuentra historias sobre usted o referencias a cosas que hicimos junt@s, disfrútelo. Si no consigue disfrutarlo y no quiere ser parte del archivo o estar con su nombre/cara en un blog, puedo entenderlo... pero dígalo, mejor que me lo cuente y no que incube y encone un rencorcillo inútil. Sólo basta que me envíe un mail a d.duncan.v@gmail.com con la fecha y el título del post en cuestión y yo lo borraré/cambiaré. Todo muy decente y amable...no hace falta alterarse porque ya es pasado ;)

martes, octubre 18, 2011

Cuando Dios era un conejo, de Sarah Winman

Lo que digo yo:

Será la portada, la descripción o el título, pero tenía altas expectativas. Altas expectativas que no acabaron de cumplirse. El planteamiento es hermoso, los personajes tienen muchas posibilidades... y sin embargo, conforme pasaron las páginas, cada vez me entusiasmó menos la novela. No es mala, pero es fácilmente olvidable :p

lunes, octubre 17, 2011

Lágrimas en la lluvia, de Rosa Montero

Lo que digo yo:


Me es muy difícil hablar de esta novela por dos motivos... el primero es que había leído "Bella y oscura" y "Te trataré como a una reina" de Rosa Montero... y Lágrimas en la lluvia no tiene nada que ver con estas dos. El segundo es que desde hace unos años digo que no me gusta la ciencia ficción... y Lágrimas en la lluvia es ciencia ficción pura y dura.


Entonces vamos por partes. El que no se parezca a las otras novelas suyas que leí no es bueno ni malo. Es un dato objetivo. El que yo diga que no me gusta la ciencia ficción es mentira. Ja. No me gusta cierto tipo de ciencia ficción, pero cada vez le cojo más el tranquillo a los temas de futuro, espacio, tiempo y esas cosas.


A todo esto, la novela me gustó. La protagonista me cayó bien, la imaginé y la invitaría a tomar café un día, si me la encontrara por la calle... es una tipa interesante. Por el lado negativo, creo que tiene detalles que hasta una no amante de la ciencia ficción como yo nota, detalles de descuido o desfase o no sé... de repente cosas que chirrían en el contexto de la novela, que desentonan con el conjunto. Pero es porque quiero ponerme puñetera, porque leerla me dio ganas de leer más a Rosa Montero, y creo que eso ya es una buena señal.


Tengo por ahí Instrucciones para salvar al mundo, que creo que me pondré pronto con ella.


The slap, de Christos Tsiolkas

Lo que digo yo:


Me gustó. Me sorprendió. Me mantuvo interesada. El autor hace un juego muy interesante, que es jugar descaradamente con tus prejuicios, identificaciones, filias y fobias. No sabes con quién ir y de eso, precisamente, va la novela.


Como mayor virtud diría que Tsiolkas consigue algo que considero complicado, que es justificar la coralidad en una novela. No se queda como un juego de estilo, sino que ayuda a conformar un universo propio, particular, formado por individuos ¡como todos! reprobables y adorables. No, no, perdón, más bien todos un poco detestables, pero  motivaciones, carne y vísceras y realidad.


Además, expone -sin remarcar innecesariamente- a una Australia multicultural pero deseosa de esconderlo, que se quiere menos "mezclada". Una Australia metaforizada por la familia de la historia, que también quiere esconder algunos trazos de su historia. Otra novela de familias locas, pero bien parida, dichosamente.


Como mayor defecto diría que desaprovecha el tema central... de hecho en la versión anglosajona que tengo, la premisa es que a partir de la bofetada a un niño se desarrolla la trama. Y es mentira, porque en realidad es simplemente una excusa. No es problema, en el fondo, pero para mí el detonante era tan poderoso que podría haber sido de más provecho a lo largo del libro.


Por lo demás, bien.

miércoles, agosto 10, 2011

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, de HarukiMurakami

Lo que digo yo:

No vamos a ocultar que me gusta Murakami. De hecho, el otro día preguntaba Celes que si una vez leído uno, ya es como si hubieses leído todos... tengo que decir que un poco sí y un poco no. Hay dos que efectivamente se parecen mucho (Kafka y Crónica del pájaro...) porque comparten imaginario, simbolismo, tono, atmósfera. Luego, para mí, está After Dark que es curioso en sí mismo y que tiene cierto aire a estas dos, pero que también se acerca a Tokio Blues Y luego están justamente Tokio Blues y Sputnik mi amor. No puedo seguir con la clasificación porque no he leído más. Bueno, acabo de terminar El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Y a este lo situaría también como una setita medianamente independiente.

Me gustó mucho. Lo único que le reprocho son los últimos dos o tres capítulos de una de las historias que cuenta (dos, paralelas) porque destiñan un cierto ñoñismo que no me esperaba en el autor.

Por lo demás, incluso diría que es un Murakami menos embelesado consigo mismo, y eso es muy agradable. Ahora, no es apto para amantes de Kafka y Crónica del pájaro porque aunque echa mano de sus dejes característicos, no es exactamente lo que uno espera al abrir un libro del japonés.

En todo caso, me gusta mucho leer a Murakami porque vas a tiro hecho, me pasa como con John Irving, Lionel Shriver... esos autores que pueden apasionarte más o menos, pero que no te saldrán con algo que parece parido por otro.


Lo que dice la contraportada:

Dos historias paralelas se desarrollan en escenarios de nombre evocador: una transcurre en el llamado «fin del mundo», una misteriosa ciudad amurallada; la otra, en un Tokio de un futuro quizá no muy lejano, un frío y despiadado país de las maravillas. En la primera, el narrador y protagonista, anónimo, se ve privado de su sombra, poco a poco también de sus recuerdos, e impelido a leer sueños entre unos habitantes de extrañas carencias anímicas y unicornios cuyo pelaje se torna dorado en invierno. En la segunda historia, el protagonista es un informático de gustos refinados que trabaja en una turbia institución gubernamental, enfrentada a otra organización no menos siniestra en una guerra por el control de la información; sus servicios son requeridos por un inquietante científico que juguetea con la manipulación de la conciencia y de la mente y vive aislado en la red de alcantarillado, una red poblada por los tinieblos, tenebrosas criaturas carnívoras.


Asesinos sin rostro, de Henning Mankell



Lo que digo yo:


Es un libro entretenido, fácil de leer. Básicamente me lo leí sin esfuerzo alguno en el bus, en dos trayectos diarios de 30 minutos. Poco más tengo que decir... no engancha, no aprovecha las oportunidades, no crea un suspense inaguantable. De hecho me sorprende muchísimo que haya sido el inicio de la famosa y tan vendida saga "Wallander", porque no tiene mucha chicha.


Como dato curioso, escuché este podcast del BBC World Book Club con el


autor y me llamó la atención que:


1. no tiene sentido del humor, o lo pierde cuando habla inglés


2. habló fatal de Stieg Larsson, y yo tengo la sensación de que debe ser porque, a pesar de sus muchas pero muchas novelas publicadas (y que sigue vivo), es probable que Larsson haya vendido más... con menos novelas y muertito.


En fin. Olvidable. Pero no me hagan caso que de novela policiaca no sé nadita.



Lo que dice la contraportada:


Kurt Wallander atraviesa uno de los momentos más sombríos de su vida personal (sus relaciones familiares son un desastre, está ganando peso, bebe mucho y duerme poco) cuando tiene que ponerse al frente de la investigación del asesinato de un apacible matrimonio de ancianos, en una granja de


Lenarp. El marido ha sido horriblemente torturado y la mujer muere estrangulada poco a poco, con el tiempo justo de pronunciar antes de morir la palabra 'extranjero'.

viernes, mayo 06, 2011

No hay silencio que no termine, de Ingrid Betancourt

Lo que digo yo:


Me leí más de 700 páginas en cinco días. Es la mejor manera de explicar mi experiencia con este libro. Además, me produjo una experiencia muy rara, porque sabía que todo lo que me estaban contando viene de una experiencia real, pero lo consumí como si fuera un thriller en toda regla. Por ejemplo, empieza contando un intento de fuga. Yo sé -porque vi su rescate- que NO se escapa en ese intento y, sin embargo, lo leo casi con la esperanza de que consiga salir. Pasa cada vez que intenta escaparse, cada vez vas corriendo a leer la siguiente página para ver qué pasó. Eso quiere decir que es una narradora potente.


Betancourt -evidentemente y se nota- se implica emocionalmente como narradora, pero también tiene la sangre fría de describir pasajes que casi son periodísticos y de ser, a la vez, muy cuidadosa con lo que dice. Encuentra un equilibrio que a mí me pareció atinado.


De ese raro embrujo de leerlo como si fuera ficción salí de golpe al final. Las últimas cinco o seis páginas me sembraron un peso enorme en el pecho, en el estómago... es como si consiguiera que estés atrapada con ella y cuando empieza el final, empiezas también a soltar. Terminé, cerré el libro y me quedé en shock, dolida con el mundo, sorprendida, triste pero esperanzada, dándole vueltas a veinte mil cosas. Así al menos diez minutos. Una especie de resaca desde hace dos días en los que no he podido empezar ningún libro, porque tengo la sensación de que tengo que desintoxicarme de tanta realidad para poder aceptar, de nuevo, la invención.


Acabo diciendo que, aún cuando se puede ver su carácter fuerte detrás de las letras, hay cosas que se entienden mejor tras leerla, como la demanda al estado colombiano. Puedo estar en desacuerdo, me puede parece desmedido... pero no he sufrido un secuestro como para afirmarlo y, cuando se conocen los detalles, es bastante más fácil de entender.



Lo que dice la contraportada:


No hay silencio que no termine. En 2002 Ingrid Betancourt, candidata a la presidencia de Colombia, fue secuestrada. No hay silencio que no termine es el relato de sus seis años y medio de cautiverio a manos de las FARC. Íntimo, terrible, intensamente personal, este testimonio de su propia aventura no se parece a ningún otro. He aquí un viaje al corazón de las emociones extremas, una meditación sobre la vida, sobre la condición del réprobo y sobre lo que significa ser humano.

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