Cuando tenía 17 años decidí que quería tatuarme. Mis papás no son nada fans de la piel entintada, pero yo me fui de escondidillas con dos amigos que también querían tatuarse. Llegamos, escogimos tatuaje y esperamos turno. Cuando me tocó hablar con el chico que tatuaba me dijo que no me recomendaba hacerme el que había escogido porque con mi color de piel los colores no quedaban bien. Me desanimé y no me hice nada. Mis amigos se tatuaron con mi apoyo moral, pero me quedé con las ganas.
Y menos mal, porque era un angelito muy bonito pero que ahora no sé si acabaría de hacerme gracia.Desde entonces he querido tatuarme, pero nunca había decidido el qué.
Ya lo decidí, lo del diseño estará pronto en proceso y cuando esté acabado iré corriendo a donde alguien con agujas y tintas que me lo pueda hacer. Me muero de las ganas, y aunque sé que los tatuajes aún levantan cejas en algunas personas (incluidos mis padres, jejejeje), me parece algo bonito qué hacer antes de cumplir los 30 y pico que cumpliré este año.
Una de mis amigas de toda la vida me preguntó que qué podía ser tan importante como para marcar mi cuerpo para siempre... y aunque ella me lo preguntó para disuadirme, en realidad la respuesta me ha ayudado a ver por qué quiero hacerlo: sí hay tres o cuatro cosas muy importantes como para llevarlas en el cuerpo y ahí las llevaré.
Pronto.