Y luego, cuando más cómoda estaba en mi actitud de mujer autosuficiente-que-no-necesita-de-nadie… vino la sorpresa.
Y claro, como así funciona, pasé a otra fase típica (pero como se goza), esa de ver todo con mariposas, flores, sonrisas… esa me ha durado ya un buen rato, supongo que será buena señal esto de que una vez pasado el momento de que todo es perfecto, a mí me siga pareciendo que lo que tengo vale y mucho la pena.
Hace unos días estaba viendo un capítulo de “Sex and the City” que habla de eso, lo llaman el factor “ick”, por cursi. Y si me pongo a pensar, no es tan malo. Digo, puede cansar a los demás… pero ¿por qué se acepta más a alguien gruñón que se queja y le parece mal todo y es tan difícil entender al que sueña y suspira?
Así que, sacando la cursi que hay en mí y que anda sonriendo por las calles, le pedí prestado un poema a Gioconda Belli –ella dice lo mismo que yo pero con más arte- y aquí se los dejo... me encanta lo de la mujer más linda del mundo.

Sencillos Deseos
Hoy quisiera tus dedos
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.
Cosas quiero, como una gran ola de ternura
deshaciéndome un ruido de caracol,
un cardumen de peces en la boca,
algo de eso frágil y desnudo,
como una flor a punto de entregarse
a la primera luz de la mañana,
o simplemente una semilla, un árbol,
un poco de hierba.
Gioconda Belli