
Yo, por regla general, no disfruto de la ópera. Creo que no está registrada en mis genes como un placer y podría aprender a apreciarla, pero no le veo el sentido. Lo confieso: ME DUERME. Hay algunas arias concretas que me gustan, pero es realmente anecdótico (alguna de Don Giovanni está bien, otra de La Flauta Mágica también). Es, de alguna forma, lo que me pasa con Los Grandes Clásicos de la Literatura, así en mayúsculas... si no me llaman la atención no puedo leerlos.
Tanto en el Máster que hice antes como ahora, la ópera no tarda en aparecer. Lo entiendo, se trata de un espectáculo eminentemente europeo y bastante afamado en Barcelona. Pero qué pereza da. Más cuando la discusión se llena de generalizaciones como que quien va y aplaude fuera de tiempo es un analfabeto. Me niego a aceptar esas frases categóricas... yo no creo serlo y si digo la verdad no sé si se aplaude o no, si se aplaude antes de que el cantante termine la nota o después... ni idea.
Cultura general, dirían algunos... sí, pero ¿hasta dónde hay que jugar de sabelotodos y llenarnos de información de enciclopedia? Además, lo acepto, tengo prejuicios sobre la ópera desde que trabajé como periodista de arte y cultura: me tocó ver en la celebración de no sé cuántos años de la Compañía Lírica a decenas de doñitas metidas en vestidos requete caros. ¡Pero por favor, si el Teatro Nacional está en medio San José y esa no es precisamente la capital del glamour! La mitad ni siquiera miraba al escenario, estaban pendientes de cuál ministro estaba sentado cerca, de si el vecino vino con la esposa o con la querida y de que la peluca no se les despeinara mucho.
El día que estas manifestaciones artísticas sean de la gente y no del museo las defenderé, igual con los conciertos de música clásica (favor pensar en el organizador de cierto festival en Costa Rica callando a gente en media sala del digno Teatro Nacional, todo porque el violinista era taaan genial que espontáneamente se pusieron a aplaudirle). Mientras cuesten lo que cuestan y haya un grupo importante de personas que van para que las vean, seguiré manteniendo que es un ridículo anquilosado, hecho para tan pocas personas que más les valdría hacer concierto privado en el salón de su casa, y que da pataleos para no morir.