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martes, octubre 09, 2007

Ópera... nooo, por favor.


Yo, por regla general, no disfruto de la ópera. Creo que no está registrada en mis genes como un placer y podría aprender a apreciarla, pero no le veo el sentido. Lo confieso: ME DUERME. Hay algunas arias concretas que me gustan, pero es realmente anecdótico (alguna de Don Giovanni está bien, otra de La Flauta Mágica también). Es, de alguna forma, lo que me pasa con Los Grandes Clásicos de la Literatura, así en mayúsculas... si no me llaman la atención no puedo leerlos.

Tanto en el Máster que hice antes como ahora, la ópera no tarda en aparecer. Lo entiendo, se trata de un espectáculo eminentemente europeo y bastante afamado en Barcelona. Pero qué pereza da. Más cuando la discusión se llena de generalizaciones como que quien va y aplaude fuera de tiempo es un analfabeto. Me niego a aceptar esas frases categóricas... yo no creo serlo y si digo la verdad no sé si se aplaude o no, si se aplaude antes de que el cantante termine la nota o después... ni idea.

Cultura general, dirían algunos... sí, pero ¿hasta dónde hay que jugar de sabelotodos y llenarnos de información de enciclopedia? Además, lo acepto, tengo prejuicios sobre la ópera desde que trabajé como periodista de arte y cultura: me tocó ver en la celebración de no sé cuántos años de la Compañía Lírica a decenas de doñitas metidas en vestidos requete caros. ¡Pero por favor, si el Teatro Nacional está en medio San José y esa no es precisamente la capital del glamour! La mitad ni siquiera miraba al escenario, estaban pendientes de cuál ministro estaba sentado cerca, de si el vecino vino con la esposa o con la querida y de que la peluca no se les despeinara mucho.

El día que estas manifestaciones artísticas sean de la gente y no del museo las defenderé, igual con los conciertos de música clásica (favor pensar en el organizador de cierto festival en Costa Rica callando a gente en media sala del digno Teatro Nacional, todo porque el violinista era taaan genial que espontáneamente se pusieron a aplaudirle). Mientras cuesten lo que cuestan y haya un grupo importante de personas que van para que las vean, seguiré manteniendo que es un ridículo anquilosado, hecho para tan pocas personas que más les valdría hacer concierto privado en el salón de su casa, y que da pataleos para no morir.

lunes, noviembre 27, 2006

Arte, "arte" o ¿arte?


Hace unos meses me enemisté tácitamente con una amiga de Fernando, por una discusión vía blog. En ella, la chica en cuestión estaba indignada porque yo osé decir que Duchamp había sido un genio por la época en que hizo sus obras (hablo sobre todo de los ready-mades), pero que eso además de astucia era oportunismo (si hiciera esas cosas ahora no estoy segura de que se hiciera tan famoso, hay demasiado listillo en las mismas, a lo mejor gracias a él, no lo dudo).

Luego le discutí sobre Warhol… no porque no me guste, que sí que me gustay mucho sino porque pienso que, tomando a estos dos y otros tantos de excusa, muchos artistas contemporáneos en vez de hacer arte, se ponen graciositos y quieren ser “los más innovadores”, “los más extremos”, “los más trasgresores”… y se quedan siendo los menos originales, los menos revolucionarios y, sobre todo, los menos artistas. Me odió, se le notó en la respuesta, muy de libro, muy académica (perdón, pero me cae un poco mal la gente que es incapaz de aprender y luego sacar sus propias conclusiones y solo se defiende repitiendo lo que dice el libro: DIOS LOS LIBRE PENSAR POR CUENTA PROPIA... y yo me pregunto ¿entonces pa qué tanto estudio y tanta cosa? ¿pa qué si el cerebro funciona solo y solo si puede repetir datos?).

Pero cuando surgen excepciones me pongo feliz como la lombriz. Ayer fui a una expo en el CCCB, del Festival de Arte Contemporáneo de Barcelona, centrada sobre todo en el tema de las identidades y una gran parte de lo que vi me pareció muy bueno. Me quedo con un video llamado “A room with a view” de SHOJA AZARI, artista de Irán… alucinante. Vi desde fotos de mujeres embarazadas hasta una cámara forrada con fotos de vísceras. Esta última podría entrar en cuestionamiento porque a mí me pareció que solo busca la provocación, pero digamos que las fotos están muy bien hechas...

Pero de nuevo, como cada vez que tengo oportunidad de estar cerca del arte contemporáneo, me pregunto demasiadas veces a quién se le considera artista (vi un par de cosas que podría haber hecho cualquiera, con todo respeto: un vídeo casero de gente subida en juegos mecánicos no me mueve nada, no me dice nada, solo me cabrea) y cómo los curadores deciden cuándo un vídeo casero –por poner un ejemplo –es una pieza que puede salir del salón de la casa familiar y mostrarse al público como “arte”.

El día que entienda cómo funciona el mercado del arte estaré muy agradecida con la vida, por ahora sigo creyendo que hay demasiados oportunistas y mediocres que, disfrazados y con la actitud esperada, se cuelan y reciben el título de “artista”. Que alguien me explique, sin libro de por medio cuándo debería considerarse algo Arte, "arte" y ¿arte?.


Foto: fotograma del vídeo de Shojo Azari que, lastimosamente, no se encuentra más que en la exposición
Y foto del urinal de Duchamp, sí señores, aquí respetamos a los que aparecen en los libros ;-)

lunes, agosto 28, 2006

Música mohosa, o como amaestrarse en 2 horas

Se me había olvidado escribir sobre uno de los conciertos del Festival de Música en el Teatro Nacional, que terminó el fin de semana antepasado. Fue muy hermoso casi todo, porque Schumann me tuvo al borde del colapso somnífero.

Como no podía faltar la nota pintoresca, resulta que algunos de los asistentes estaban tan contentos que aplaudían en medio de las piezas, es decir, al terminar los movimientos. Según nos hizo saber el coro de gente haciendo “SHHH” y el productor, con voz de papá regañón, no se usa aplaudir sino al terminar el numerito de cada compositor.

Ok. Lección aprendida, pero entonces… ¿Por qué lo repitió al menos tres veces más? ¿Tan bru-ticos somos?

Pero además, la verdad, me parece un poco fascista el asunto. Sería como que, en medio de una buena obra, el público aplauda y se le pida que se espere al final. ¡Callad oh público espontáneo, que hay reglas justificadísimas que seguir, callad, callad herejes! Por amor al violoncello, al violín y al contrabajo, ¿no se supone que si cada uno paga su entrada, cada uno disfruta del evento como quiere? (Digo, con límites, un topless con comparsa a lo mejor sí que distrae demasiado)

Será que soy muy pola, pero para mí lo central es que se disfrute el arte, no que se encapsule en un manual de etiqueta. Digo, si al productor (no tengo nada en su contra, de hecho me parece un profesional en todos los sentidos) no le gustan las reacciones poco dogmáticas, talvez pueda organizar el concierto en su casa para sus amigos, los conocedores. Me pregunto si el Sr. Productor calló a la gente en la iglesia de Hatillo 8, o es que los del Teatro Nacional somos de otra “categoría” y nos merecemos el regaño por eso taaaan evidente que deberíamos conocer.

El arte es de la gente, sino es una pieza de museo con olor a moho, yo me niego a aceptar que nos amaestren como monitos. El arte, aunque sea música clásica, debería estar vinculada con alimentarse el alma y no con punzarse el hígado… ¡oh ilusa de mí, acabo de recordar cuál es el patrocinador oficial! ERGO: arte para la “élite”, aunque haya que corregirle tan tremendas "maiceradas".
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