domingo, julio 06, 2014

Grandes. Titanes. Orgullo.

No soy fan de los nacionalismos, será porque soy ciudadana de varios lugares y tengo doble nacionalidad. Entiendo que pertenecer a un país es cuestión de suerte, coincidencias y vivencias. No soy fan del fútbol, he perdido el entusiasmo por el deporte de 11 y 11 en los últimos años. Soy crítica con las organizaciones, con los grandes conglomerados mundiales.

Pero hoy soy tica. A muerte. Orgullosamente. He aquí las razones:

1.  Porque esta selección de fútbol ha demostrado que el trabajo y la constancia rinden frutos. La historia puede y debe ser ignorada, lo que cuenta es el ahora.

2. Tenemos un portero que vale oro. Ya puede llorar el Barça por haber dejado pasar la oportunidad de ficharlo. No se la cree, lo trabaja. Entrena y mucho, pero se mantiene humilde.

3. Costa Rica en el mundial ha significado cosas a nivel personal. Mis amigos se unieron para apoyar a la sele. Una de mis amigas del alma (catalana) se refiere a La Sele como “nuestro equipo”.

4.  Estadísticamente  y por probabilidades es una locura lo que lograron. Una locura hermosa.

5. Es bonito sentir que hay algo que nos hace juntarnos y cantar a la vez, que nos pone en una misma sintonía.

6. Le ganamos a campeones mundiales. Empezamos siendo los “chiquititicos” y hoy obligamos a Holanda a ir a penales, a cambiar al portero en el último minuto. ¡Obligamos al equipo que le ganó 5 a 1 al campeón mundial a ir a penales!

7. Y porque hoy, en el bar, empezamos pocos pero acabamos siendo muchos. Tenemos una capacidad de crear empatía y de contagiar a otros… porque no agachamos la cabeza y porque más que “ticos” hoy fuimos costarricenses.

Por todo eso… ustedes son muy grandes, esta Sele es muy grande. No me cabe el corazón en el pecho de orgullo. GRACIAS.


viernes, mayo 16, 2014

Me hago mayor




Me hago mayor. Acabo de cumplir los veinte y quince y empiezo a darme cuenta. No es una cuestión de aspecto (aunque hay parte de eso), ni de capacidad para ciertas cosas (aunque también es eso) sino de actitud vital. Me hago mayor, a veces me parece hermoso, a veces me da un poco de miedo.


Me hago mayor y lo descubro en detalles superfluos como cuando camino con tacones –ahora excepcionalmente, hace 19 años era la norma- y escucho una cadencia que no es mía. Pienso en mi mamá, ese tac tac tac tatác tac tac. Heredado pero latente durante años.

Me enfado, como cualquier ser humano –ahora con menos asiduidad e ímpetu que hace 19 años- y en mi tono de voz, en las palabras que escojo, en la manera de gestionarlo veo un talante que no era mío. Pienso en mi padre, que tiene paciencia para llenar barriles pero que, cuando se le acaba, siempre encuentra las palabras justas. Hace 19 años pensaba: mejor que me gritara, eso de hablar en tono calmado cuando hay enojo da más miedo. Heredado pero escondido durante años.

Y me pasa –en escala- eso que tanta gracia me hace: para mis padres la gente “joven” suele ser cualquiera que vaya unos 15-20 años por debajo de su edad. Los de 20 y poco me parecen casi adolescentes, los de menos de veinte me parecen casi niños, los de menos de diez son todos criaturas pequeñas e indefensas.

Me hago mayor y quisiera que mis amigos menores no sufran, maternal como soy, entregaría un dedo para ahorrarles llanto, pesar y sufrimiento. Me preocupo más de la cuenta por ellos y de vez en cuando pienso: ¡yo pasé por ahí, no caigas en esa trampa! Supongo que de ahí viene eso de los padres, esa actitud que hasta cierta edad nos molesta, eso de que te dicen: hazme caso, sé de qué hablo.

Me hago mayor y el vértigo me ataca. Para mí el año 96 fue hace nada. Hace nada entré a la universidad, hace nada tuve mi primer novio, hace nada aún me dolían las grandes tragedias de la adolescencia.

Me hago mayor y es mágico, es muy mágico, porque de repente entiendo a mi mamá y a mi papá, veo sus razonamientos, entiendo lo que han hecho por mí durante tantos años.

Y me doy cuenta de que el futuro no existe y no hace falta preocuparse por él. No es un pensamiento pesimista, sino todo lo contrario: esta vida se trata de vivirla hoy, hacer planes –grandes planes- casi siempre es perder el tiempo. He aprendido la diferencia entre planificar y tomar previsiones y asumir que el futuro será “X”. Porque sea quien sea que maneja el destino tiene mucho sentido del humor y le vale un reverendo pepino lo que hayamos planeado.

Si me hubieran dicho, hace once u doce años, que hoy sería española/catalana/costarricense, que estaría viviendo en Barcelona, haciendo teatro con mi propia compañía, casada con un vikingo-canario y añorando Navidad por una sopa de galets… me habría reído. Yo tenía otros planes, pero la vida es maravillosa y sabe más que una chiquilla de 23 ó 24.

Y entonces brindo conmigo porque hacerse mayor significa que me importa cada vez menos lo que piensen de mí la generalidad de la gente, pero tengo muy claro cuáles opiniones y cuáles afectos me son fundamentales. Pasé años diciendo que no necesitaba de nadie. Ahora no tengo miedo de decir que sí, que nadie es indispensable para nadie, pero que yo prefiero mi vida con un grupo pequeñito de gente que he forjado en años. Y de alguna manera en realidad esas personas me son indispensables. No imagino la vida sin ese club de gente, terca como mula, que me sigue queriendo, que me escucha, me entiende y me quiere a dos lados del Atlántico. Y eso está muy bien.

Y brindo porque he aprendido a reconocerme las virtudes, yo que tantos años me había pasado mirándome los defectos. Sé en qué soy buena, sé que en qué flaqueo. Sé cuándo dudo de mí misma porque tengo un mal día, sé cuáles dudas son ya parte de mi genotipo, de mi carácter. Sé cuáles dudas no puedo resolver porque no soy tan mayor como para tener perspectiva. Sé que quiero y aunque no sepa cuándo llegará o cómo lo conseguiré, me conformo con hacer el viaje rodeada de amores.

Me hago mayor. Y está muy pero que muy bien, hacerse mayor con gente que te entrega el corazón es un placer.


Sí, podría tener menos años. Podría. Pero mi hoy, mis amores, y mis certezas e incertidumbres no las cambio por menos años. Maravilloso entonces esto de hacerse mayor.

Aunque, para que nos vamos a engañar, ¡podría ahorrarme las canas!

jueves, abril 10, 2014

Por qué no me gusta que me toquen el pelo (y por qué usted, si no es muy cercano a mí, debería dejar de insistir)

Ayer venía de vuelta a casa, en metro. Por esas cosas de la vida, en vez del habitual viaje de abstracción con el ipod a todo volumen, venía sin música, sin mirar el móvil, simplemente presente.

Como iba de cara a las puertas y son de cristal, me sirvieron de espejo opaco y pude ver a dos chicos hablando a mi espalda. Me miraban, hablaban en secreto, volvían a mirarme. Se bajaron del metro y yo me hice la loca. Pero a la siguiente parada, cuando se subieron una chica y un chico y empezaron a hacer la misma cosa (mirarme, hablar, mirarme) pensé que era suficiente.

El chico dijo “Es igual al pelo de Marge Simpson”.

Esperé a que estuvieran mirándome los dos y me giré muy rápido. Ellos desviaron mirada y cabeza, de una manera tan cliché que me dio risa. Entonces solté un monólogo…

YO: Oye, sé que estás hablando de mi pelo y que hace rato que lo miras. Y no pasa nada. Lo puedes mirar, yo sé que es llamativo y entiendo que te dé curiosidad. Eso no me parece ofensivo, de hecho lo que puede ser ofensivo es que hagáis ver que no estabais hablando de mí, pero no que me miréis el pelo.

ÉL: Es que me gusta mucho.

YO: Ah, gracias. Bueno, pues entonces míralo… si alguien se ofende porque le miras pues es su problema, pero hablar a las espaldas… no hace falta. Mira, me doy una vuelta para que lo veas desde todos los ángulos (lo hago, hago 360 grados)

EL: ¿Puedo…?

YO: ¿Tocarlo? Ja. No. No me tocan el pelo ni mis amigos. No me gusta, lo siento.

Llego a la parada que me toca, me bajo. El chico, todavía rojo como un tomate no sabe dónde mirar.


...

Me bajo, me río. Y luego llego a mi casa y la historia me hace menos gracia, porque yo nací con este pelo: para mí es normal. Yo nací con este pelo como usted nació con el suyo, como usted nació con cinco dedos en la mano. Imagine que al menos de día de por medio alguien se quedara mirando su dedo gordo de la mano derecha. Incluso habría días en que le pasaría dos, tres, cuatro veces. Imagine que al menos una vez por semana es tema de conversación: la gente pregunta si se trata de su dedo “normal”, si es así de natural o usted hace algo para que sea así. Imagine ahora que hay días en que la gente sujeta su dedo gordo de la mano derecha para “ver cómo se siente”, algunos sin permiso. Otros piden permiso, sí, pero la mayoría no lo pide. No hasta que usted se harta y avisa que no le gusta que le toquen el dedo.

De pequeña una vez me dijeron que mi pelo era como un peluche. Me han dicho que es como una esponja, como una almohada, como una peluca… como algunas otras cosas menos agradables… y señoras, señores, es pelo. Nada más. Como el suyo. Como el de cualquiera.

Entonces, la próxima vez que vea alguien con afro, admírele el afro, si le gusta. Sonría si lo descubren mirando y sea natural. Actúe como actuaría si un chico guapísimo la ve observándolo, o como miraría los ojos de alguien de mirada preciosa y penetrante. La curiosidad es normal, es sana, es humana. Cosificar un rasgo físico no lo es.

Mis amistades muy cercanas –a veces- reciben el privilegio de tocarme el pelo. Porque yo les toco el suyo, les cojo de las manos, les abrazo. Pueden –a veces- comentar sobre mi afro porque yo comento sobre sus ojos, sobre su altura, sobre sus pecas. Porque es una relación pareja, porque sé que no me miran el color de piel las 24 horas del día, como yo tampoco a ellos.

Pero si usted no me conoce, o realmente no tenemos una amistad cercana… por favor… por fa… por fi… no insista. No soy un peluche, no soy un juguete, no llevo peluca. No insista. No soy Marge Simpson. No insista. Soy una persona, no un personaje y no me ofende su curiosidad, me ofende que me cosifique.



lunes, abril 07, 2014

Señor Presidente, no me rompa el corazón



Señor Presidente. Don Luis Guillermo:

Sólo le pido que ahora no me rompa el corazón. Sé que habrá días mejores, días peores... pero tengo fe. Usted es distinto y ya eso me llena de esperanza.

Felicidades.

Somos el pueblo que decidió cambiar.


jueves, marzo 06, 2014

¡Pen-pals!

Cuando yo tenía unos once o doce años era asidua lectora de una revista de esas medio tontas pero entretenidas. Si no recuerdo mal era la Eres y, si no recuerdo mal, en las últimas páginas siempre venía una sección de gente que quería hacer amigos/as por correspondencia.

Eran otros tiempos, eso de hacer amigos por correspondencia quería decir escribir a mano, meter la carta en un sobre, ir a correos, esperar, repetir. Eran tiempos de cadenas en el buzón de correo de casa, de aquellas de "manda esta carta a diez personas o... (insertar amenaza)".

Un buen día leí la revista como siempre y encontré un anuncio de una chica que parecía simpática. De Guatemala, más o menos de mi edad. Me apunté la dirección y decidí mandarle una carta. Ella respondió, yo respondí y así sucesivamente. Pasamos años intercambiando cartas. Cuando los correos electrónicos empezaron a ser normales y comunes, la verdad que perdimos un poco el contacto, pero cuando llegó facebook nos reencontramos.

Pensar en ella siempre me hace recobrar la fe en la humanidad. Éramos dos nenas que querían comunicarse con otro ser humano, porque sí, porque significaba una compañía y -ahora lo veo- una visión objetiva sobre nuestras vidas, una ajena, una no contaminada. Crecí con ella, entendí cosas de la vida por ella, me sentí acompañada de ella a pesar de los kilómetros y la distancia física. Nos hemos visto una vez en veinte años. Fue además un encuentro bastante rápido cuando yo pasaba por Guatemala un par de días, pero siempre la llevo en el corazón.

Foto sacada de: http://theromanticvineyard.files.wordpress.com/2011/09/penpals.jpg


Pasaron los años y las cartas de papel ya no se estilan. ¡Qué lástima! podría pensarse. Y sí, puede que sea una pena que ya no nos escribamos a mano. Pero... a ver. Vamos por partes: la gente se queja de que por culpa de los teléfonos ya no hablamos tanto cara a cara... y sí, puede ser. Pero hay una segunda parte que no vemos: eso quiere decir que todo contacto no mediatizado por un aparato adquiere un peso mayor.

Hoy vi a dos personas encontrarse en el metro. Ambas venían con el teléfono en la mano, pero en cuanto se vieron hicieron un gesto idéntico: guardar el móvil. Fue bonito, muy bonito. La conexión extrema bajo la cual vivimos quiere decir, también, que podemos ser sujetos de esos momentos: del momento en que bajas al buzón y hay una carta desde Inglaterra, desde Costa Rica. Una postal desde Alemania. Significa que cuando quedas con ese amigo tan querido y él coge su teléfono, lo pone en silencio y lo guarda en su bolsillo, puedes respirar tranquila. Y pensar, yo también apago el mío porque... yo también te quiero.

El encuentro del metro me recordó que en el fondo necesitamos esa conexión mediatizada, o al menos nos hemos acostumbrado, pero que seguimos sabiendo -en el fondo del alma- que nada sustituye a mirar los ojos de la gente.

Y eso está muy bien.

Feliz cumple pen-pal. Gracias Mariposa. Gracias Chica Morada. Gracias Amigo-sin-teléfono. La vida es bonita.

miércoles, marzo 05, 2014

Don Luis Guillermo, el 6 de abril le renuevo mis votos

Estoy frente a la pantalla, mirando las noticias que llegan desde Costa Rica. Una "renuncia" -y nótense las comillas- sorpresiva que nos pone en una coyuntura inédita en la historia de la democracia costarricense. Un candidato que se da cuenta de que la mayoría del pueblo no lo quiere en el poder y se hace a un lado.




¿Por qué si hay un sólo candidato voy a ir a Madrid a votar? Las preguntas son las mismas que me planteaba hipotéticamente a finales de enero, de cara a la primera ronda de las elecciones presidenciales: ¿Por qué voy a viajar 1400 kilómetros para votar por Luis Guillermo Solís? ¿Por qué ir y volver de Barcelona a Madrid en 24 horas? ¡Pero es un voto, nada más!, podría pensarse. ¿Qué diferencia hay? Una: estoy enamorada.

Hoy, a un mes de la segunda ronda sigo estando enamorada. Lo estoy de usted, don Luis Guillermo Solís pero también de mi país, cuyos cimientos se mueven con gran magnitud Richter. Voy a ir a votar por usted el 6 de abril porque el amor no se declara en un arranque, sino que se construye cada día. Voy a ir a votar por usted porque yo no voté en contra de nadie, voté por usted. Voy a recorrer esos 1400 km una vez más porque el ejercicio del voto no es un juego. Para mí ir a Madrid es renovar mi amor político. Voy a ir votar porque tengo voz en esto y quiero usarla. Usted se lo merece. 




Don Luis Guillermo, el 6 de abril le renuevo mis votos. Voy a comprometerme otra vez con usted, con su mirada limpia y su sonrisa cálida. Con sus ideales y su honestidad. Con la integridad que intuyo en sus palabras, en sus ideas, con su cerebro brillante que tendrá que bregar y dialogar, pero que -confío- sabrá hacerlo. Pero sobre todo voy a ir a votar con las promesas de un futuro mejor en mi corazón. Los dos sabemos que habrán altos y bajos, los dos sabemos que el día a día desgasta y el trabajo es arduo. Sabemos que las relaciones son hermosas pero requieren paciencia, constancia, integridad. Pero es que, señor Presidente, tiene que saber que soy una romanticona y creo que el amor lo puede todo. 

Yo prometo poner de mi parte, ser constructiva, escucharlo y hablarle. De usted pido una sola cosa: no me rompa el corazón. El 6 de abril se lo doy, vestido de amarillo y rojo y una vez más, espero que mucha gente más se nos usa en este sí.





lunes, febrero 03, 2014

Vale la pena

No han empezado los cortes de las mesas, no tengo ni idea qué va a pasar con las elecciones en Costa Rica, pero este fin de semana he entendido qué quiere decir "PATRIA". Muy fuerte, precioso. Hoy me siento más costarricense que nunca y más orgullosa de serlo que nunca.


ACTUALIZO: se lo dije, don Luis Guillermo, usted es el próximo presidente de la república. Un voto hace la diferencia, ¡siempre vale la pena!
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