En la fauna de los amigos hay especies y subespecies. Cada uno de nosotros hemos pertenecido -muy probablemente- a alguno de los siguientes grupos. Pero como ningún mono se ve su propia cola, he aquí la lista de cinco tipos de amigos que pueden resultar -digamos- nocivos:
1. Amigos interesados. Te llaman cuando te necesitan. Pero una necesidad concreta, quiero decir. Tengo una amiga que se había pasado sin enviarme un mail, darme un like en FB o enviarme un emoticono por whatsapp desde el principio de los tiempos. Un día me escribe un mail. Le respondo. Al siguiente mail me pregunta si se puede quedar en mi casa dos semanas.
2. Amigos quejones/amigos con más cuentos que contar sobre sí mismos que Sherezade. Ambos tipos me resultan igual de molestos... el que llena su conversación de "ay de mí" como el que dice "yo" cada tres segundos. Tenía una amiga que sólo quedaba conmigo para hablarme de lo desgraciada que era su vida... dejé de frecuentarla cuando me di cuenta de que me drenaba la energía. Y tuve alguna vez un amigo que o tenía la vida más excitante del planeta o la lengua más larga del mundo, parecía el publicista de su vida.
3. Amigos con excusas. Siempre hay motivos por los que no pueden quedar. Incluso son especialistas en convertir sus excusas en TUS excusas. Por ejemplo un día dices que no comes... yo qué sé... fresas. Entonces este amigo te manda mensajes del tipo: "estuve por llamarte el sábado, pero fuimos a comer fresas y como no te gustan". O pongamos un ejemplo más real: "es que como siempre estás ocupada". ¿Y cómo sabes que lo estoy tanto, alma de cántaro, si no me propones nunca de quedar?
4. Amigos que no se alegran por ti. Hace años tuve algún espécimen de estos, pero ya no. Pero los veo rondar a otros amigos. Incluso es una especie que sabe disfrazarse. Dicen: "me alegro por ti, ya quisiera yo que a mí me fuera tan fácil conseguir X". Toma pedazo de golpe disfrazado de felicitación. He oído algunas peores como "conseguiste X antes que yo... ¡no es justo!". Señores, señoras, para mí los amigos se miden justamente en la felicidad. "Repararle" la vida a alguien está bien, pero hay gente que sólo se siente bien si está por encima y mejor que lo demás y los éxitos ajenos como que le dan alergia.
5. Amigos pasotas. Hay que tener cuidado con esta categoría porque es en la que probablemente tendemos a caer todos con más frecuencia. Es el típico amigo que se acostumbra a que le prestes atención. Cuando pides que ponga un poco de su parte y deje de pasar de tu cara te dice "sí, es verdad, lo siento" y vuelve a pasar de tu cara. Es gente casi siempre muy bien intencionada, pero que hace rato te sacó de sus prioridades, al menos en términos prácticos. Es el que piensa (me incluyo, mea culpa) "debería llamar/quedar/escribir a Xxxxx" y pasan los meses... y no llama.
Y yo ya tengo unos años, así que de estos amigos... ¡huyo como de la peste!
sábado, marzo 07, 2015
miércoles, febrero 11, 2015
La vida sin facebook
Hace varios meses que vengo dándole vueltas... el facebook no sólo me consume mucho tiempo, sino que me genera sentimientos y emociones, algunas positivas -evidentemente- pero otras no tanto. Tengo demasiados contactos en la red social y hay una especie de "contaminación" energética de verles tanto, con tanto detalle, y tantas veces al día.
Así, de la mano de algunos especialistas de medicina alternativa, he decidido probar la desintoxicación por tres motivos: 1. todo es energía y tanta gente junta a veces nos desquicia y ni siquiera nos damos cuenta. 2. quiero recordar qué se siente vivir sin estar pendiente 24/7 de los demás y los demás de mí. 3. tengo ganas de tener amigos de los que -como mucho- usan el whatsapp, pero que saben que hay una persona de carne y hueso detrás de la pantalla.
Llevo apenas un par de días y me jode reconocer que lo echo de menos. Pero a la vez me parece terrible el darme cuenta de cuántas veces al día lo miro en automático... esto lo sé porque aún habiéndome dado de baja de la cuenta, voy al sitio web. El primer día habré ido a la página principal de facebook unas cinco-siete veces. El segundo creo que bajé a cuatro. Ayer tres. Esta mañana volví a caer, son las 9:20 am y la intenté mirarlo una vez. Todo esto sin contar las veces que me parece "raro" no ver la aplicación en el móvil.
Por el lado positivo tengo que decir que tengo tiempo. Ja. Es verdad. Tengo tiempo para cosas que también pueden ser banales, pero que me gustan: mirar alguna serie, leer, armar el puzzle que me he comprado. Duermo mejor y aunque no digo que sea consecuencia, la verdad es que duermo mejor.
Y sí, lo confieso, miro un poco más el twitter...
Mi objetivo es estar así un mes, se trata de una prueba y no de una decisión definitiva, porque en realidad me gusta facebook. O sea que veremos si aguanto y qué conclusiones saco de aquí a entonces.
Mientras tanto... ¡no existo en facebook, qué fuerte!
Así, de la mano de algunos especialistas de medicina alternativa, he decidido probar la desintoxicación por tres motivos: 1. todo es energía y tanta gente junta a veces nos desquicia y ni siquiera nos damos cuenta. 2. quiero recordar qué se siente vivir sin estar pendiente 24/7 de los demás y los demás de mí. 3. tengo ganas de tener amigos de los que -como mucho- usan el whatsapp, pero que saben que hay una persona de carne y hueso detrás de la pantalla.
Llevo apenas un par de días y me jode reconocer que lo echo de menos. Pero a la vez me parece terrible el darme cuenta de cuántas veces al día lo miro en automático... esto lo sé porque aún habiéndome dado de baja de la cuenta, voy al sitio web. El primer día habré ido a la página principal de facebook unas cinco-siete veces. El segundo creo que bajé a cuatro. Ayer tres. Esta mañana volví a caer, son las 9:20 am y la intenté mirarlo una vez. Todo esto sin contar las veces que me parece "raro" no ver la aplicación en el móvil.
Por el lado positivo tengo que decir que tengo tiempo. Ja. Es verdad. Tengo tiempo para cosas que también pueden ser banales, pero que me gustan: mirar alguna serie, leer, armar el puzzle que me he comprado. Duermo mejor y aunque no digo que sea consecuencia, la verdad es que duermo mejor.
Y sí, lo confieso, miro un poco más el twitter...
Mi objetivo es estar así un mes, se trata de una prueba y no de una decisión definitiva, porque en realidad me gusta facebook. O sea que veremos si aguanto y qué conclusiones saco de aquí a entonces.
Mientras tanto... ¡no existo en facebook, qué fuerte!
domingo, febrero 01, 2015
Magdalenas integrales de avena y nueces
Ingredientes
- 3 huevos
- 150 ml de sirope de ágave
- 1 yogur desnatado (yo usé el de muesli pero puede ser natural)
- 1 medida de yogur de aceite (yo puse 50% girasol, 50% oliva suave)
- Ralladura de 1 limón y de 1 naranja
- ½ cdta de jengibre en polvo
- ½ cdta de canela en polvo
- ½ cdta de nuez moscada en polvo
- Un puñado de nueces partidas en trocitos (unas 10-12)
- 2/3 de taza de avena integral (y leche desnatada suficiente para apenas cubrirla)
- 3 medidas de yogur de harina de trigo integral
- 1 sobre de levadura Royal
Instrucciones
1. Poner a remojar la avena con la leche y dejar reposar al
menos media hora para que se suavice un poco.
2. Batir las claras a punto de nieve, cuanto mejor queden
luego la textura es más agradable así que a batir con ganas. Luego agregar las
yemas una por una, el sirope de ágave, el yogur, el aceite, las ralladuras de
limón y naranja (yo las mezclé previamente con la canela, la nuez moscada y el
jengibre).
3. Agregar la avena a cucharadas y batir.
4. Agregar la harina poco a poco y la levadura, batir hasta
que quede una mezcla homogénea.
5. Poner en los moldes, siempre pensando que es mejor que
quede por debajo del límite superior para que no se hagan gigantescas.
6. Precalentar el horno a 180 grados. Mi horno avisa cuando
está listo, pero depende del horno… supongo que con 20 mins es suficiente.
7. Hornear 20 mins con calor arriba y abajo, apagar, dejar
reposar 5 minutos más en el horno.
Y Voilà! Dependiendo de la profundidad de los moldes salen unas 10-12 magdalenas.
jueves, enero 01, 2015
Diez aprendizajes del 2014
2. El trabajo. Estrenar cinco espectáculos en un año. Escribir 8 obras de teatro nuevas. Ensayar unas 1500 horas en un año, trabajar fuera de ensayo otras 1500 horas en un año. Viva La Pulpe. No sé si volverá a pasar, pero fue un subidón muy bonito aunque agotador. Aprendo a medirme y a racionar las energías. No todo es trabajo y se puede decir “no”.
3. El ocio. Lo mejor en libros creo que fue Drácula, aunque no fue precisamente el año más interesante en cuanto a lectura de ficción. Lo mejor en música el concierto de Joaquín Sabina. Lo mejor en cine definitivamente ver Relatos Salvajes con su sentido del humor tan bestial. Lo mejor en teatro me lo reservo :D, gajes del oficio, secreto profesional.
4. La vida. Cumplí diez años en España. Casi la tercera parte de mi vida, y lo cumplí poco después de recibir mi DNI y mi pasaporte que me certifican como española. Vivir esa curiosa sensación de que un documento diga que eres de este lugar, cuando naciste en aquel otro lugar.
5. Los "no" amigos. Algunos/as se han quedado atrás y aunque dolió en su momento, tengo clarísimo que… esas personas que salieron de mi vida o bien realmente piensan que soy mala persona (en cuyo caso mejor no estar cerca) o dicen que lo soy para hacerme daño (en cuyo caso mejor no tenerles cerca). También está el caso de gente tóxica que tardé en sacar de mi vida y agradezco el haberlo visto y haber tenido ¡finalmente! el valor de alejarme. Y está el caso de las personas que podrían seguir a mi lado, pero así funcionan los ciclos: a veces se agotan y se acaban.
6. El opio. Costa Rica en el Mundial. Una locura muy divertida.
7. La política. Monté un burumbún en las elecciones de Costa Rica. Inesperado, divertido, emocionante. Empieza con una carta que le escribo a un candidato a la presidencia y concluye (como aventura) con la visita al Presidente de la República.
8. La familia. Tengo un marido que vale su peso en oro. Tengo una familia noruega, catalana, gallega, costarricense… tengo mucha gente bonita que me ama con sinceridad y a quien amo con entusiasmo. Eso es ser afortunada.
9. Los "sí" amigos. Hay un colador implacable llamado tiempo y distancia. Hace años se sacude y quedan pocos entre las rejillas. Pero los que quedan… ay los que quedan. No tengo muchos amigos cercanos, pero los que tengo son un pilar. Y eso también es de ser muy afortunada.
10. Yo. Si algo me enseñó el 2014 es que ser “buena persona” pasa por no serlo. Tener buenas intenciones significa –a veces- permitirse los defectos. A veces soy mala, a veces… a veces me cae mal la gente, no la quiero, a veces incluso soy una nube espesa de sentimientos chungos. Pero eso me hace humana y eso hace que cuando soy luz, cuando soy arcoiris, sea sinceramente. Agradezco profundamente el no ser perfecta, el tener sentimientos que no son ideales… y me propongo permitirme ser humana, que hace años lucho demasiado por ser un cyborg infalible.
Este 2015 no tengo propósitos, sólo el de pensar en mí y hacer sólo lo que me haga feliz.
viernes, diciembre 12, 2014
El 2014 en libros
Aunque
el año aún no acaba, dudo que tenga tiempo de terminar alguna novela antes de
que llegue el 2015. Repaso, entonces -muy rápidamente- mis lecturas de este
año:
Lo
Mejor
Drácula
de Bram Stoker
El
coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez
Hablando
del asunto de Julian Barnes
Galveston
de Nic Pizzolatto
Stoner
de John Williams
El
informe de Brodeck de Philippe Claudel
Macanudo,
de Liniers
Lo
normalete
Baila,
baila, baila, de Haruki Murakami
Gone
girl, de Gillian Flynn
Ha
vuelto, de Timur Vermes
Juliet,
Naked de Nick Hornby
Lo regulero
El
Club de la buena estrella de Amy Tan
La
soledad era esto, de Juan José Millás
El
Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald
El
jardín de cemento, de Ian McEwan
Lo tirando a malo
Big
Brother, de Lionel Shriver
La
mujer de púrpura, de Jeanette Winterson
Diez
veces siete, de Maruja Torres
El
increíble caso de Barnaby Brocket, de John Boyne
Viaje
al pasado de Stefan Zweig
Lo terrible
El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea,
de Romain Puértolas
Mr
Gwyn de Alessandro Baricco
La
identidad, de Milán Kundera
Y lo no-ficción
El
poder del metabolismo (Frank Suárez)
Muchas
vidas, muchos maestros (Brian Weiss)
Las
leyes espirituales (Vicent Guillem)
Viendo la lista espero tener mejor puntería el próximo año, porque la verdad que ninguno de los citados en "lo mejor" me cautivó... no he sacado un sólo libro nuevo "favorito" este año, ni he descubierto autores apasionantes. Ha sido un poco blah.
¡2015, quiero libros apasionantes!
jueves, octubre 30, 2014
Abuelita, está linda la mar
Me ha costado muchos días tener el valor de sentarme a escribir sobre vos, abue. Lo he hecho en privado: ahora hay una libreta que empieza hablando de los días que pasé en Costa Rica, hace poco menos de tres semanas. Pero en público intento no ser excesiva: he entendido en pocos días que el duelo es personal, innegociable e intransferible. No sé cómo se hace... no sé qué hacer con este corazón arrugado, con este amor que es sólo tuyo y que ya no tengo a quien darle.
Pero es que tengo un tapón en el alma, una piedrita que contiene un dique. Lo abro a ratos, cuando siento que puedo controlarlo. Es que te extraño con toda el alma, extraño tener noticias tuyas desde aquí, extraño saberte allá, extraño hacer planes para la próxima vez que vaya a Costa Rica. Sé que cuando regrese y no pase por tu casa a saludar en cuanto llegue se me encogerá un poquito el alma, como se me encogió hace semana y media, cuando tu casa no fue la última que visité antes de coger el avión de vuelta.
¿Qué hago yo con este corazón arrugado, con este amor que es sólo tuyo y que ya no tengo a quien darle?
El sábado estuve en una playa, miré las olas, pensé en el poema. Abue... la mar estaba linda y el viento llevaba la esencia sutil de azahar. Guardo el gentil pensamiento, lo guardaré siempre. Te amo.
No sé cómo hacer esto de dejarte ir. No lo sé. Por ahora miro fotos, te lloro, me río. Pienso en lo afortunada que soy por haber vivido tantos años de mi vida con vos, en lo afortunados de todos los que te conocieron.
A tu vela vino una señora... contó que había sido vecina tuya en Guadalupe... hace muchos pero muchos años. Nos dijo que se había enterado de tu muerte y que venía a despedirse de una persona maravillosa. Nos contó que le dabas de comer porque en aquel momento estaba en una situación económica durísima, y que vos siempre tenías un plato de arroz y frijoles para ella. Venía a despedirse de una mujer preciosa que estaba dispuesta a comer la mitad con tal de que la vecina comiera.
Y pienso en las bromas (Chinto pinto gorgorinto saca la vaca por 25...), en las travesuras (comer masa cruda de pudín en un plato hondo y con cuchara), en los regaños tan breves y tan contados (un día nos fuimos de excursión escapadas), en tu risa, en tu sonrisa, en el "no estoy dormida, estoy descansando los ojos", en las veces que nos contabas historias de miedo al irse la luz, en tus tortillas aliñadas, en tus abrazos, en tus "te amo", en tus "bendiciones, mi amor", en la máquina de coser que era refugio, en las luchas por quién se sentaba en tus regazos, en tu arroz con leche, en los abrazos tibios y tan... tan... pienso en... pienso en cuánto te extraño. Y en cuánto te voy a extrañar.
No sé, abuelita, de verdad yo no sé soltarte. Sé que en algún plano estás mirándome, con una sonrisa preciosa. Sé que llevarte en el corazón es el lugar más seguro posible. Pero no me basta: saber que nunca más podré verte la cara, sonreír, oír tu voz, contarte cómo estoy, verte en tu silla leyendo el periódico... saber que este amor no tiene depositario... es tremendo. No sabía que la desolación y la tristeza son un aeropuerto estadounidense, un 12 de octubre del año 2014. No sabía que el corazón duele, físicamente, cuando el alma se parte. No lo sabía. Eso nunca me lo explicaste.
Te me fuiste abue. Te fuiste, pero dejaste algún mensaje. Gracias por los mensajes. Por cada uno de ellos. Por demostrarme tanto amor. Te fuiste.
Mierda. Te me fuiste.
Respiro. Lo intento, intento respirar y pienso: hace un par de años te conté un secreto y te hice una promesa. Sé que cuando la cumpla estarás aplaudiendo conmigo, sé que entonces tendremos un pacto, otro pacto. Y sentiré que seguís aquí.
Mierda. No sé hacerlo. No lo sé.
Tal vez algún día lo sepa, mientras tanto echo mano de la herencia de las lágrimas.
Abue.
¿Dónde te fuiste?
¿Y qué hago yo con este corazón arrugado, con este amor que es sólo tuyo y que ya no tengo a quien darle?
Pero es que tengo un tapón en el alma, una piedrita que contiene un dique. Lo abro a ratos, cuando siento que puedo controlarlo. Es que te extraño con toda el alma, extraño tener noticias tuyas desde aquí, extraño saberte allá, extraño hacer planes para la próxima vez que vaya a Costa Rica. Sé que cuando regrese y no pase por tu casa a saludar en cuanto llegue se me encogerá un poquito el alma, como se me encogió hace semana y media, cuando tu casa no fue la última que visité antes de coger el avión de vuelta.
¿Qué hago yo con este corazón arrugado, con este amor que es sólo tuyo y que ya no tengo a quien darle?
El sábado estuve en una playa, miré las olas, pensé en el poema. Abue... la mar estaba linda y el viento llevaba la esencia sutil de azahar. Guardo el gentil pensamiento, lo guardaré siempre. Te amo.
No sé cómo hacer esto de dejarte ir. No lo sé. Por ahora miro fotos, te lloro, me río. Pienso en lo afortunada que soy por haber vivido tantos años de mi vida con vos, en lo afortunados de todos los que te conocieron.
A tu vela vino una señora... contó que había sido vecina tuya en Guadalupe... hace muchos pero muchos años. Nos dijo que se había enterado de tu muerte y que venía a despedirse de una persona maravillosa. Nos contó que le dabas de comer porque en aquel momento estaba en una situación económica durísima, y que vos siempre tenías un plato de arroz y frijoles para ella. Venía a despedirse de una mujer preciosa que estaba dispuesta a comer la mitad con tal de que la vecina comiera.
Y pienso en las bromas (Chinto pinto gorgorinto saca la vaca por 25...), en las travesuras (comer masa cruda de pudín en un plato hondo y con cuchara), en los regaños tan breves y tan contados (un día nos fuimos de excursión escapadas), en tu risa, en tu sonrisa, en el "no estoy dormida, estoy descansando los ojos", en las veces que nos contabas historias de miedo al irse la luz, en tus tortillas aliñadas, en tus abrazos, en tus "te amo", en tus "bendiciones, mi amor", en la máquina de coser que era refugio, en las luchas por quién se sentaba en tus regazos, en tu arroz con leche, en los abrazos tibios y tan... tan... pienso en... pienso en cuánto te extraño. Y en cuánto te voy a extrañar.
No sé, abuelita, de verdad yo no sé soltarte. Sé que en algún plano estás mirándome, con una sonrisa preciosa. Sé que llevarte en el corazón es el lugar más seguro posible. Pero no me basta: saber que nunca más podré verte la cara, sonreír, oír tu voz, contarte cómo estoy, verte en tu silla leyendo el periódico... saber que este amor no tiene depositario... es tremendo. No sabía que la desolación y la tristeza son un aeropuerto estadounidense, un 12 de octubre del año 2014. No sabía que el corazón duele, físicamente, cuando el alma se parte. No lo sabía. Eso nunca me lo explicaste.
Te me fuiste abue. Te fuiste, pero dejaste algún mensaje. Gracias por los mensajes. Por cada uno de ellos. Por demostrarme tanto amor. Te fuiste.
Mierda. Te me fuiste.
Respiro. Lo intento, intento respirar y pienso: hace un par de años te conté un secreto y te hice una promesa. Sé que cuando la cumpla estarás aplaudiendo conmigo, sé que entonces tendremos un pacto, otro pacto. Y sentiré que seguís aquí.
Mierda. No sé hacerlo. No lo sé.
Tal vez algún día lo sepa, mientras tanto echo mano de la herencia de las lágrimas.
Abue.
¿Dónde te fuiste?
¿Y qué hago yo con este corazón arrugado, con este amor que es sólo tuyo y que ya no tengo a quien darle?
sábado, octubre 04, 2014
¡¡¡Puta!!! 10 años son muchos años.
2014
Diez años. ¡¡¡Puta!!! Diez años. Diez años son muchos años. Un huevo de años. Un cachimbal... es
casi la tercera parte de mi vida. He aprendido catalán, entiendo el mallorquín
(siempre y cuando no se unan más de dos mallorquines a la vez, jejeje), pasé por el gallego. He conocido fiordos, he aprendido a pedir ayuda, he dejado de pedir ayuda. Escribo como profesión. Me entusiasmo con el ejercicio. He subido de peso, he bajado de peso, me he obsesionado con el peso, he dejado en paz mi peso. He cambiado de costumbres, he descubierto que los lácteos y el trigo no son mis amigos. Soy la reina del transporte público pero sigo sin sacarme el carné de conducir. Me gusta ir en bici pero prefiero caminar. He vivido en 6 pisos en dos ciudades distintas. He hecho amigos, he perdido amigos. He estado triste, fatal, muy bien, genial. Tengo
familias múltiples distribuidas en el país y en el mundo. No tengo perro en
casa pero Thor, Soca, Puça y Hanna hacen las veces cuando se puede. Vivo lejos
de mis padres pero he ganado tíos y tías, primos, primas, noruegos, catalanes, canarios.
Tengo casa, un Vikingo que me mima tal vez más de lo debido, una vida. Una vida. ¡Puta! En diez años hay tiempo de hacer una vida.
Gracias a internet y la
distancia he ganado a perlas vitales como Iva, Ale, la Hempel y Su. Gracias a
internet sigo teniendo a mis amigos de allá…esos que resisten con tesón: Álvaro,
Wendy, LD. Estoy ahí aunque no esté cuando se casa mi amiga del alma MaryJoe con el pedazo de persona de Tavito.
Estoy
cuando nacen hijos, cuando se mueren familiares, cuando se gana y se pierde.
Mejor sería un abrazo físico pero al menos me queda el emoticono. Comparto
veinte minutos preciosos con Ile y David. Mis amigos siguen sabiéndome parte de
sus vidas, los sé en la mía. Gracias a internet sigo a Gina en su propio
periplo en Brasil, a Ile en Nueva York, y pienso en el machillo aquel Wayne,
veo a Paula domando las velas frente a cualquier viento y me pregunto cómo está
Sofi. Me siento cerca de Iva M, leo a Ale F, celebro sus postales. Y pienso a
mis bichos Lil, Krons, y a Sonia.
Y gano gente, a toda esa que no nombro pero
que sabe que es parte de este viaje. Podría ser mejor amiga de mis amigos, pero
empiezo a aceptar que soy así, puedo mejorar pero no cambiarme por otra. Me
quieren así, parece, o al menos diez años dan fe de ello. Hay quien ha salido
huyendo, varias personas de hecho, pero está bien. Y necesito recordármelo
porque a veces siento que no hago más que perder, pero no es así. Gano años y
gano amor. Hablo con mis padres cada fin de semana. Cuando los visito siguen tratándome como la que se fue, o como la que fui... acepto ser la pequeña y la bebé de la casa, lo seré toda la vida supongo. Y mi hermana está a un
whatsapp de distancia. Nunca hemos estado tan cerca, somos dos mujeres que nos entendemos. Y todas esas personas me acompañan aunque haya escogido una vida que más
bien tira a la soledad. Y conozco la soledad, pero no le tengo miedo. Nos tratamos con respeto la una a la otra y vamos tirando.
Diez años. ¡Puta! Son años... no soy la misma,
me parece. Un día mi mamá me dijo que tenía que “re-conocerme” porque de
repente descubría cosas nuevas en mí… y yo misma me descubro haciendo el mismo
proceso. A veces me veo y no acabo de entender quién soy. Hay cosas que nunca cambiaré: el café de Costa Rica es sagrado. Pero hay otras que asumo como propias: nada como un buen aceite de oliva. No sé hablar a medias tintas (a veces incluso se me tilda de borde),
me gusta mandar y lo asumo como parte de mi forma de ser (ya no me peleo, es que no
soy mandona… soy la que mando). Pierdo la vergüenza y la dignidad hablando catalán, pero lo hago porque amo este lugar, y el amor es respeto. Digo más “te quiero” pero no lo fuerzo si no lo
siento. Lloro menos, pero lloro si hace falta y al que no le guste que “s’hi
posi fulles”. Implacable, lapidaria pero comprensiva, dice mi padre.
Y en otras cosas soy la misma, a veces me descubro atrapada en un momento pasado, en un cruce en el que tomé el camino de la derecha y nunca sabré lo que había a la izquierda.
Veo a la distancia la que era, lo que hice antes, lo que he hecho… y a veces me parece que todo es ficción.
¿Cómo carajos llegué aquí, aquí al 2014, así, cómo carajos? Y no sé responderme,
Entonces me veo como si fuera un personaje que alguien más se inventó, como si esta decisión y este camino me dejaran clarísimo que hay mil maneras más y que allá afuera, a lo mejor en otro universo o en otra dimensión, hay una Denise que se quedó en Costa Rica en el 2004. Tiene otra familia y otra vida, me parece intuir. Otra Denise siguió en Coruña, tal vez sigue soltera y se dedica a actuar. Alguna Denise se fue a viajar por el mundo con su perro, un Petit Basset Griffon malhumorado pero precioso. Hay una Denise que volvió a Costa Rica hace un par de años y lleva una vida tranquila, más tranquila que esta. Y hay otra que sigue teniendo hambre de mundo, que reconoce su fortaleza pero se niega a esconder su fragilidad.
Todas tienen días majestuosos, todas
aprenden a domar la soledad. Todas reconocen sus 35 años y todas piensan en
cómo sería volver a los diez. Todas son fuertes y todas, algunas veces, están
cagadas de miedo.
Iba a hablar de papeleo, de
lo que costó llegar a ser española. De las enfermedades, del invierno, de los
lazos que se han roto irremediablemente. De cuando la vida me ha dado un par de
pataditas, de mil cosas específicas. Pero ahora veo que es igual, porque al
final somos esta suma. Suma azarosa, pienso, de circunstancias. Y tras diez
años… la suma es tan amplia que he perdido la cuenta. Y aquí estoy. Y aquí
sigo. Y ya veremos qué viene. A veces caigo en la tentación de planear el
futuro, pero es casi una broma conmigo misma: vendrá cualquier otra cosa que no
me estaba esperando. Y eso está bien.
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