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jueves, junio 21, 2007

Anselmo, disertación sobre el matrimonio y el libertinaje

Anselmo: Ay, mi’jita… ¿cómo que se va a casar? No ve que su amigo, ese que usté tanto quiere, se casó todo enamora’o y menos de dos años después cantó viajera… No, no es que yo la quiera poner a pensar en esas cosas, pero también está su amiga, usté mismita fue la madrina y firmó y todo el libro ese ¿y pa’ qué? A los dos meses estaban agarra’os del pelo, a los cuatro se dejaban y volvían y al año cada uno cogió sus cosas y se fue para su lado.

Es que los chiquillos en la actualidá no se piensan bien las cosas. En mis tiempos uno se casaba de a de veras. No como ahora, que se casan y se divorcian como quien se cambia de calzones. Por eso hay menos gente firmando y yendo a la iglesia para darse el sí, porque les da miedo, saben que a la primera se bajan de burro y mejor no hacen mucho escándalo. Y de ahí que toda la gente se arrejunte... con lo feo que es eso.

Bueno, la ventaja es que ese chiquillo que es novio suyo es buen chiquillo. Yo lo he visto, sólo en fotos, pero se le ve que es muy respetuosito y todo. El problema es usté, mi’jita, yo veo que usted es medio pata caliente y nada de señorita de su casa. ¿Su mamá no le enseñó bien? Las mujeres salen de su casa pa’ casarse y usté ya vive con el muchacho ese. En eso sí que no estoy de acuerdo, mamita, porque eso es pecado. Y además, ese muchacho debe ser medio santo, porque aguantarle ese carácter… ¡n’ombres, qué vaina! ¡Ve, ya se enojó, no le digo... por cualquier cosita ya se arranca!

Mi amigo Juancito, el que viaja tanto, me contó que por allá hay cosas muy raras. Me dijo algo de pornomuchachas… ah, "pornochachas", eso eso… qué cosas, verdad, usté no se meta en eso aunque le paguen bien, ¿oyó? Los europeos sí que tienen platica, se nota, pagar a alguien para que limpie y de paso haga esas cosas… hay que tener mucho qué gastar, nada en qué gastarlo y bastante imaginación. Pero usted ni de broma, ¿estamos? Ese continente es peligroso, mamita, está lleno de gente así morbosa, yo he visto esas vainas del “guei parei”, hay un montonazo de muchachos perdidos del camino de Dios, a quién se le ocurre ¿hombres con hombres?… ¿cómo? ¿que mujeres con mujeres también? ¡La Santísima Trinidad, ni me cuente! No, no, demasiado libertina esa gente.

Está bien, mi’ja, ya la dejo tranquila. Usté sabe que hablo por hablar, cásese, pero que sea para siempre. Como Sole y yo. Aunque mi viejita cada día está más difícil… ahora anda con el cuento de que está enferma… no para de ir donde el doctor. “Anselmo, que me voy al doctor, me duele aquí” y yo ya ni me fijo dónde es "aquí", porque todos los días es el mismo telele. Por mí que vaya, ¡si ella está más tranquila! Pero me tiene harto, entre el doctorcito y que ahora oye al Buki todo el día, dale que dale con esa canción que dice “Amor en silencio es andar a favor del viento, amor en silencio, es de Dios la manera de enseñarnos la verdad, es ganar en la vida, el amor con voluntad”. ¡Hasta parece quinceañera, la confisgada! ¿El doctor? No, no lo conozco, pero debe ser bueno porque cada vez que habla de él se le ilumina la cara a la Sole, dice que es un santo varón.

En fin, mi’ja, usté cásese si quiere, pero que conste que yo le advertí que esa carajada no es sencilla. Hasta luego, mamita, llame cuando quiera. Sí, yo le dejo sus saludos a Sole, cómo no. Adiós.

martes, mayo 08, 2007

Noticia de último minuto: Lealtad ha muerto

A las tres con siete de esta madrugada encontraron a La Lealtad fría en el suelo del baño de su casa. No tenía muestras de violencia e incluso sonreía, como aliviada. El Silencio no ha querido hablar con la prensa, está en la suite presidencial, preparando el discurso que tirará por la ventana.

La Lealtad se suicidó con ansiolíticos, según fuentes confidenciales. Decía que nadie la entendía, aunque no tuvo la delicadeza de dejar una nota. El forense se rió del caso, lo declaró estúpido y por tanto cerrado y se fue a su piso de treinta metros a joder a su mujer. De todas maneras el forense no era un tipo muy astuto, no se dio cuenta de que si bien La Lealtad tomó la sobredosis de su propia mano, alguien había hecho el trabajo de llenarle la cabeza de malos humos. Algo así dijeron los detectives del caso, pero a nadie le interesa realmente si La Lealtad murió de causas naturales o si realmente se envenenó, de todas maneras eso de las muertes es bastante común.

Al funeral de La Lealtad no vino casi nadie, solo las lágrimas gemelas que vivían al lado de su casa, pero esas se asomaron por curiosidad, la verdad que nunca habían cruzado palabra con La Lealtad. Su esposo tenía que hacer doble jornada y tampoco pudo asistir, es lo que tiene ser El Silencio, hoy le tocaba plantarse en casa de Ella.

Y Ella, que sabía que era su culpa lo del suicidio, envió una corona de flores (que por supuesto se marchitó antes de llegar a su destino) y volvió a su casa de alto standing en el residencial El Engaño, a creerse tan mujer, tan mujer, tan mujer, tan dueña de su vida. Luego se atragantó con un caramelo de menta que le dio su vecina y estuvo vomitando toda la tarde, pero es que así es Ella, no soporta nada que venga de la del quinto, piensa que esa víbora de La Verdad intenta matarla.

Pero La Lealtad, antes de salir de esta tierra, miró a Ella con sorna. “El día que se dé cuenta…” pensó, “ese día tendrá ganas de venir a acompañarme, pero yo me encargaré de que El Silencio no le eche una mano”. Después pudo descansar en paz. O eso creían, porque La Lealtad es tan tonta tan tonta que renace e insiste, aunque muta. Por eso nadie se pone de acuerdo, nadie sabe de qué se trata y cada quién habla de ella como si la conociera, aunque luego no sepa cómo se le debe tratar.

jueves, abril 19, 2007

Amor en silencio.

Buenos días, doctor. ¿Qué tal durmió? Me alegro... yo quería comentarle algo ¿ve que tengo aquí como rojo? No, no es alergia, es que me pasé toda la noche con la mano en el pecho, según yo por si me daba un infarto. Como un peso. Bueno no, no me duele. Es más adentro, doctor. Revise bien… ¿está seguro? Meta la mano, sin vergüenza, doctor, somos de confianza. Usted tantee. Use ese aparatejo, el etestocopsio… ay, mi madre, ya se me enredó la lengua; o como dicen en mi pueblo “es que se me lengua la traba”, ja ja ja.

¡Hoy sí que está serio! Ya, disculpe, sí, entiendo…

¿Sabe cómo qué es? Como cuando me duermo boca abajo y al principio me cuesta respirar… Ya sé que usted me dijo que no durmiera así, pero es que si no me siento taaan sola. Por lo menos así abrazo a la almohada, doctor.

No, no, no, no, nada de eso, no señor, no me mande ninguna receta, la última vez me destrozó el estómago con la cosa aquella, esa que es para las inflamaciones y ¿sabe qué? prefiero no seguir experimentando. No, doctor, no, es que usted como que se aprovecha de que no sé mucho y me usa de… ¿cómo es que dicen, como rata de…? ¡Sí, de eso, de conejita de indias! Bueno, será la única conejita que puedo ser, porque de pleiboi ya ni sueño, ja ja ja. ¡Se imagina, doctor, yo en pelotas! ¡A la quiebra se va la revista esa! Aunque se lo merecerían, por cochinones. ¿Usted ha visto las cosas que sacan, doctor? Jueemialma, es que las chiquillas que salen ahí son cosa seria… ¿YO? ¡Me ofende, doctor! ¡Uno de mis nietos que dejó una perdida en mi casa! ¿Cómo se le ocurre que yo voy a comprar esa basura? ¡Dios me libre! Y la vi por puro error, tampoco crea que me gustan esas cosas. Viejas chingas, ay no.

Sí, sí, perdone. Me distraje. ¿Así o más profundo? Ah, el aire para afuera despacito, entonces.

No, no haga loco, como dicen los chiquillos. No, doctor, gracias: le tengo manía a los sicólogos. No, no, no, a nivel personal no. Tengo tres o cuatro amigas que se dedican a eso, hasta la esposa de mi hijo se puso a estudiar eso y sí, es interesante, sí, pero ¿qué quiere que le diga, doctor? No es nada personal… es que no creo que me entiendan. Para mi gusto simplifican algunas cosas y le juro por la virgencita del Carey que yo no quiero tener un pene.

¡Ay, perdón! Qué vergüenza con usted, pero es que aquel, el Froid decía eso, que las mujeres queríamos una piringolilla y yo no… ay, Jesús, que nooo. Si hasta miedo me daría, esa bicha se manda sola. Imaginese, ja ja, yo por ahí con ese colgajo entre las piernas... ¡ya no estoy yo para esos trotes!

Ya ya.

¿Que estoy cómo una flor? ¡Ay, doctor, usted si que es bueno! ¿sabía que usted es el único que me suelta piropos? Ay, doctor, si le he dicho mil veces que mi marido ya ni habla, duerme en otra cama y todo, es que ya no somos ná de ná. No, ni conmigo ni con nadie. Pero no hablemos de él, qué aburrido...

Ya no lo distraigo. ¿Reposo? Pero si es lo único que hago, reposar... ya, está bien, yo le hago caso en todo lo que usted diga. Bueno, ya me voy. Me saluda a su esposa… tan guapa ella, así, jovencita…

Doctor, sólo una preguntita… ¿a usted le gusta Marco Antonio Solís, el Buki? ¿no ha oído esa canción que dice "veo del mundo lo bello y lo cruel hay palabras que rompen mi hiel, pero donde existe el dolor, siempre hay una semilla de am..."? No, no, por nada.

Gracias, doctor, usted también, que tenga un buen día. Hasta mañana. Que Dios me lo bendiga.



Ilustración: variante de la original de Madboxcom


jueves, noviembre 16, 2006

Diálogo con rovellons de fondo...


Vuelven... los diálogos extraños en la ciudad Mediterránea...

SEÑOR
: ¿Tienes bandejas para poner los rovellons (setas)?
MUCHACHA: No, la gente se lleva esos champiñones en bolsa plástica.
SEÑOR: En bolsa se ponen malos.
MUCHACHA: De aquí a su casa no se le van a echar a perder.
SEÑOR: Me los llevo en bolsa pero esto se lleva en bandeja.
MUCHACHA: ¿Cuánto quiere, un kilo?
SEÑOR: Nooo, quiero diez kilos, veinte kilos.
MUCHACHA: Tengo eso que hay ahí, diez kilos no.
SEÑOR: Como tú me exageras la nota, te la exagero yo a ti… ¿Quién va a llevar un kilo?
MUCHACHA: Hay gente que lleva un kilo.
SEÑOR: No, un kilo no… ¿De dónde eres?
MUCHACHA: Déme y se los pongo yo en la bolsa ¿Cuánto le pongo, señor?
SEÑOR: Ah no, si me los pones tú, no los quiero.

El Señor deja la bolsa donde iban a poner los rovellons, da media vuelta y empieza a salir de la Verdulería.
MUCHACHA: Señor ¿no llevaba nada más?

El Señor se devuelve.
SEÑOR: Eso sí que no está bien, ya me iba sin pagar.

Mientras le pesan los tres kilos y medio de camote (boniato) sigue:
SEÑOR: ¿De dónde eres? Te lo pregunto porque yo he estado mucho por vuestros países, esos de allá.
MUCHACHA: 3 con 75, señor.
SEÑOR: Solo pregunté de dónde eres…
MUCHACHA: Gracias, señor, aquí tiene su cambio.

Pongo mi cebolla, los ajos y las zanahorias en el mostrador, me toca que me atienda a mí. Me quedaron muchas preguntas, pero la timidez siempre gana.

PRIMERO: ¿de dónde es? Parece panameña pero el acento no es exacto… a menos de que sea de otra región que mis amigas Lil y Krons, y por tanto, no lo sé distinguir.
SEGUNDO: ¿por qué la pregunta de la nacionalidad de ella viene después de que, supuestamente, comete un error?
TERCERO: ¿la majadería del señor es producto de su edad (tendría unos 80 y tantitos) o de su visión de mundo? O, lo que es lo mismo ¿nació o se hizo así?
CUARTO: ¿fue ella poco cortés al no responderle la pregunta, o se justifica porque estará cansada de decirlo y que luego lo usen en su contra?
QUINTO Y FINAL: ¿realmente se escribe “rovellon”?

Fotos: ¡no sé!
Ilustrac
ión: Greg Paprocki

domingo, octubre 29, 2006

Diálogo de besugos

Me subo al taxi, apurada y pensando en otras. Además es temprano, odio las mañanas. Además voy tarde. El taxista se pone conversón.

Taxista: ¿Eres cubana?
Denise: No señor, de Costa Rica.
Taxista: Ah, de Costa Rica.
Denise: Sí…sí…
Taxista: ¿Y llevas mucho tiempo aquí?
Denise: Un poco más de dos años.
Taxista: Con el novio…
Denise: Con el novio… sí…
Taxista: ¿Él también es de Puerto Rico?
Denise: Costa Rica. No, él no.
Taxista: ¿De dónde es?
Denise: De aquí, es español.
Taxista: Ah…(me ve por el retrovisor, sonríe) ¿y los trata bien la vida?
Denise: Sí (viendo por la ventana), vamos bien.
Taxista: No hay mucha gente de Puerto Rico aquí.
Denise: Costa Rica.
Taxista: Costa Rica.
Denise: Hay más gente de otros países, sí.
Taxista: ¿Es una isla?
Denise: No señor, esa es Puerto Rico.
Taxista: Ah, claro, es que me confundo, Costa Rica es la que está unida a Estados Unidos.
Denise: No. Puerto Rico.
Taxista: Je je. Necesito un baño de viaje para ubicarme, je je je.
Denise: Je- je.

Silencio de unos minutos.

Taxista: ¿Y tenéis hijos?
Denise: Noooooo.
Taxista: Con ese énfasis parece que nunca los vayáis a tener.
Denise: Todavía no…salen muy caros.
Taxista: Ah…pero compensan ¿eh? Sobre todo cuando están chicos, luego grandes siguen saliendo caros pero hacen menos gracia, je je.
Denise: Sí. Je-je.

Pausa de unos minutos.
Taxista: ¿Y hay mucha gente en Puerto Rico?
Denise: No, en COSTA RICA somos un poco más de 4 millones.
Taxista: ¿Y Costa Rica es un país?
Denise: Sí, sí es un país. (NO; no es un país, es un satélite del ex planeta, o sea, no existe...)
Taxista: ¿Ya eso es Norteamérica, no?
Denise: No señor, Centroamérica.
Taxista: Ah, Centroamérica.
Denise: Sí, está entre Nicaragua y Panamá.
Taxista: Je je je (evidentemente le estoy hablando en otro idioma) Panamá, je je je. Y la capital es…
Denise: (antes de que diga San Juan, se lo veo en la punta de la lengua) San José.

Silencio de unos minutos.

Taxista: No le fue muy bien a Costa Rica en el Mundial... (para UNA vez que la pega… bonito tema con que pegó).
Denise: Señor, por aquí está bien, déjeme aquí, muchas gracias.

Me bajo, me echo una risilla y me alejo. Seguro que esta semana salgo en algún programa de cámara escondida.

miércoles, octubre 25, 2006

Mariposas


Tengo miedo de abrirle la puerta a las mariposas que tanto he buscado, dijo ella.
No entiendo cuando hablas así, dijo él.
Y a pesar de que los dos se amaban y deseaban entenderse, cada palabra incomprendida se transformaba en ladrillo hasta que el muro fue tan alto que no hubo posibilidades de derribarlo, ni saltarlo, ni hacerle un agujero para seguirse viendo.

Tengo miedo de abrirle la puerta a las mariposas que tanto he cuidado, dijo ella.
Nunca me gustaron las mariposas, dijo él.
Y aunque los dos quisieron verse a los ojos y tocarse las almas, las mariposas se la llevaron volando. Cuando él la vio partir quiso colgarse de una de sus piernas pero el viento lo balanceó y lo tumbó de la escalera donde estaba.

Tengo miedo de abrirle la puerta a las mariposas que tanto he escondido, dijo ella.
No te preocupes, voy a cerrar mi ventana, dijo él.
Entonces ella abrió la puerta de par en par, la hizo añicos para que nunca más nadie pudiera cerrarla y se sentó en el taburete. Él, como había prometido, cerró las ventanas y las mariposas volaron alrededor, sin escaparse.

Tengo miedo de abrir la ventana que cerraste, dijo ella.
Y él iba a decir algo, pero una mariposa se le atoró en la garganta.

martes, octubre 10, 2006

II. Extranjería



MUJER 2 (al público)
Yo llegué hace unos meses…

FUNCIONARIA
Siguiente…

MUJER 2
Feliz, como una lombriz…

FUNCIONARIA
Siguiente.

MUJER 2
Y a los días de llegar quise poner todos mis papeles en orden, ¿no?

FUNCIONARIA
SIGUIENTE.

MUJER 2
(al público) Un momentito… (a la FUNCIONARIA) Buenos días…

(FUNCIONARIA la mira)

MUJER 2
Ah, eh, mire, yo traigo aquí mis papeles, bueno, los requisitos, es para lo de la visa de estudiante…

FUNCIONARIA
Pasaporte…

MUJER 2
Aquí.

FUNCIONARIA
Visado.

MUJER 2
Aquí.

FUNCIONARIA (sigue mientras MUJER 2 le habla al público)
…carta de aceptación de la universidad…

MUJER 2
Aquí (al público). Hasta ahí todo iba bien…

FUNCIONARIA
Foto tamaño carné, con fondo blanco…

MUJER 2
Una funcionaria más o menos amable cumpliendo su deber, ¿no?

FUNCIONARIA
…empadronamiento…

MUJER 2
Y yo salía del asunto como una buena futbolista…

FUNCIONARIA
…tarjeta de salud…

MUJER 2
… con técnica y gracia, muy Ronaldinho: sonrisa eterna en la cara…

FUNCIONARIA
…fotocopias de estos documentos…

MUJER 2
Es más, me atrevería a decir que era más fácil que en la embajada en mi país.

FUNCIONARIA
…justificación de recursos económicos…

MUJER 2 (le entrega una hoja a la FUNCIONARIA, que la mira y se la devuelve, la MUJER 2 lo recibe sin notarlo) … donde la prueba de perseverancia me costó más o menos un mes de visitas a la famosa embajada…

FUNCIONARIA
…justificación de recursos económicos…

MUJER 2 (le vuelve a entregar la hoja, la FUNCIONARIA la mira de nuevo y se la devuelve) Anduve de aquí para allá: cartas, hoja de delincuencia…

FUNCIONARIA
Nena…

MUJER 2 (de nuevo la hoja)
Certificado médico de no poseer enfermedades infectocontagiosas…

FUNCIONARIA
… Nena, tu justificación de tus recursos económicos…

MUJER 2 (le pasa la hoja, la FUNCIONARIA no la mira)
Seguro médico por enfermedad y muerte, cobertura por unos cuantos miles de euros…

FUNCIONARIA (le devuelve la hoja)
Nena…

MUJER 2
Todo sellado al menos en tres oficinas…

FUNCIONARIA
Cuando completes los requisitos…

MUJER 2
Y metido en una carpeta

FUNCIONARIA
… puedes volver a presentarte.

MUJER 2
Traída, en orden, en mi maleta de mano…

FUNCIONARIA
No tienes todos los requisitos.

MUJER 2 (recién la escucha, a la FUNCIONARIA)
¿Cómo?

FUNCIONARIA
¿Tienes o no tienes la justificación de recursos económicos?

MUJER 2 (le pasa la hoja de nuevo)
¿Esto?

FUNCIONARIA (niega con la cabeza)
¿Cómo te vas a mantener?

MUJER 2 (al público)
Está de más decirles que tuve que ir a presentar mis papeles un par de veces más antes de lograr que se iniciara el trámite, es más, no me hice amiga de la señora en cuestión porque, por decirlo de alguna forma, teníamos algunas diferencias ideológicas… pero en fin, la tuve que visitar, a ella o al que estuviera en la ventanilla única porque no hubo fuerza humana capaz de convencerlos de que, tal y como constaba en mi cuenta bancaria, tenía el dinero. Pero claro, me dijo ella, en alguno de nuestros encuentros…

FUNCIONARIA
¿Y yo cómo sé que al salir de aquí ese dinero va a seguir en tu cuenta?

MUJER 2 (al público)
Buen punto… el problema no estaba en la señora tratando, más o menos amablemente, de hacer su trabajo. No, ese no fue el problema, aunque tengo que reconocer que entendí el recelo de los inmigrantes en mi propio país, que como yo, probablemente se sienten un poquín agredidos en estas oficinas.

Pero ese no es el problema, digamos que cada país, como cada quien en su casa, tiene el derecho de abrir y cerrar las puertas a quién le place. Ese no era el problema central. Ni la causa de mi mal humor. Si no que primero, y puedo jurarlo, el dinero era efectivamente mío y efectivamente para lo que dije… y no, no solo eso.

Yo traía a cuestas el mes que les conté en mi país, de ir, venir, probar que soy una ciudadana responsable y más o menos normal, sin desbalances importantes ni físicos ni mentales ni económicos, digna de quedarme más de tres meses en otro continente, que, siguiendo con las enfermedades infectocontagiosas, no tenía nada que contagiarle a nadie, ni ganas en todo caso de contagiarlos, y de demostrar hasta que el último pelo de mi cabeza era mío…

Después de descubrir, aún en la oficina, esta, frente a la funcionaria, que tenía que hacer una carta explicando que no iba a salir a comprarme un coche con el dinero de mis estudios, la hice, con mi mejor ánimo, la llevé y adivinen ¿qué? no bastó. Y así, con envío súper rápido desde mi país de por medio, presenté hasta el último renglón de la vida monetaria familiar, al que solo le faltó el saldo medio de las deudas de mi tatarabuelo en el abastecedor de su amigo en los años 20…

En mi tercera visita, con cuanto papel me pidieron a cuestas, estaba satisfecha de los logros… (cada vez más feliz) por fin, estaba a unos cuantos días de mi NIE… pensé en la botella de vino que me iba a tomar para festejar el fin del trámite, y en el largo camino recorrido, que claramente me había costado trabajo, pero ya, ahí estaba, con la misma carpeta reluciendo de orgullo por traer bien abrigaditos los papeles necesarios… mi NIE y yo, yo y mi NIE, a luchar por la justicia, unos pasos más y todo el trabajo…

FUNCIONARIA
Nena…

MUJER 2
¿Sí?

FUNCIONARIA
Te falta el recibo de pago de matrícula…

(Apagón)

miércoles, junio 07, 2006

Te voy a contar un cuento


Déjame que te cuente del mar al que quise anexarme. Tenía siete barcas, tres cayucos, un yate y dos botes: vacíos, anclados, pero con promesas de movimiento. Nadé por el puerto y me perdí en risas. Algún día el sol me llenó de historias, me sedujo el viento, me detuvo un caracol que jugaba con el cangrejo. Absorta, absurda, anduve por la arena tan indolentemente que me secuestró el silencio. Finalmente huí, arrastrando el cuerpo.

Déjame que te cuente del río en el que hice campamento. Era remanso de paz toda la superficie, con aguas apacibles dibujando pequeños remolinos. Había leña seca en una cueva cercana, podía pescar, sembrar, cazar. Luego descubrí que en el fondo, no muy profundo, dormía –como Ness- el pequeño monstruo de las mil mentiras. Cuando dije tantas que me costaba flotar, alcé mi improvisada villa y busqué otro sitio, un nuevo silencio.

No voy a contarte, eso sí que no, del volcán y el fuego; ni de la nube con vaivenes eternos, ni del elefante que se río de mis miedos, ni del catalejo que perdí en batalla, ni del dinosaurio que me quiso y lo quise –eso sí, de lejos-. Es que si te cuento, sería eterno el encuentro: yo he visto dragones, he visitado arañas, me han sacrificado en torres, he sido a veces muy canalla. No te cuento, y así, puedes imaginar que miento.

En cambio ahora me siento, y te cuento un nuevo cuento. No sé de qué se trata, si es suspiro o es ron viejo. No sé si tiene alas o se arrastra por el suelo. No sé si canta al alba o se queda quieto. No sé si puedo atraparlo o se escapa sin remedio. Pero sí te cuento que yo, repleta de sentimientos, conociendo finalmente los parajes de mis cielos, desde que estoy a su lado olvidé los cuentos viejos. Tengo una chispita loca, como en gnomo del jardín ajeno, y me relamo, segura, en esta historia-leyenda-poema-soneto, este cuento que se transforma y que nunca deja de ser bueno.

miércoles, marzo 15, 2006

Violencia, maldita (parte II)

Quedamos para un café, pero la conversación se extendió. Como no teníamos dinero para ir a un bar, decidimos ir a sentarnos en la montaña con un par de cervezas y otro par de refrescos.

Aparte de las señales que debieron implicar no ir (sueños el día anterior, perder las llaves antes de salir, el carro se apagó tres veces de camino, llegamos y no había con que abrir las botellas, empezó a llover, me llamó una amiga para que bajara a un bar en que estaba…) nos quedamos ahí sentados dentro del coche de Adri conversando.

De la nada apareció un carro alto, un 4x4, se bajaron dos o tres tipos, nos encañonaron. Nos sacaron de un tirón del coche a los 5 que éramos, nos tiraron al suelo boca abajo apuntándonos con un par de pistolas. Unos nos decían “quédense quietos o empiezo a pegar plomazos”, otros nos decían “métanse en el carro o los mato”, yo pensaba que iba a terminar con una bala en la frente porque ellos eran incapaces de ser coherentes con lo que mandaban.

Estábamos al frente de un club social del que empezaron a salir muchos coches, el miedo –supongo- era mutuo así que decidieron meternos a los cinco en el carro de Adri y subirse tres de ellos adelante. Secuestrados por un rato, obligados a llevar la cabeza agachada, con un tipo con pasamontañas apuntándonos, intentando que Adri se olvidara de tanto CSI y abandonara su idea de negociar (“señor, déjennos aquí, no vamos a hacer nada”) fuimos a dar a un cafetal, en medio de la montaña, sin la menor idea de dónde estábamos.

Uno por uno nos bajaron del carro, me tocó de última y se me ocurrían las cosas más perversas sobre lo que estaba pasando en el cafetal. Por suerte tengo más imaginación que ellos. Nos amarraron las manos, los pies, nos amordazaron con cinta adhesiva y nos juraron que si las claves de las tarjetas eran falsas volvían a matarnos a todos, no sin antes manosear a Adri y uno de ellos decir “lo que nos hace falta es un cuchillo para romperles la ropa y violarlas”. Ese fue, probablemente, el único momento en que sentí pánico.

Cuando los oímos alejarse empezamos a hablar bajito, las ataduras no eran tan fuertes así que nos soltamos e hicimos un plan, si veíamos venir dos coches correríamos todos para el mismo lado, con tal de no perdernos, lo más agachados posible y luego al suelo hasta que se fueran.

Salimos de ahí y la vista –si no fuera por las circunstancias- era hermosa. Estábamos en medio de la montaña, con poca iluminación y a lo lejos las luces de la ciudad de Heredia. Solos, asustados, sin idea de qué hacer.

Al poco de salir del cafetal encontramos un muchacho caminando, no lo culpo, nos vio venir gritándole que nos ayudara y él mismo echó a correr. Vimos una casa, el estado mental era tal que pensamos que los de la casa podían ser cómplices, pero decidimos ir a pedir ayuda.

Justo en ese momento por la calle estrecha en que estábamos venían subiendo dos coches, un automóvil y un 4x4. El plan de correr todos juntos falló, cada quien corrió para donde pudo. Al lado de la carretera había un caño profundo, una sequia de esas que hay en el monte, me caí entre los matorrales y cuando me di cuenta estaba sumergida en agua, no tocaba el fondo y solo podía pensar “esto no me puede estar pasando y si no me mataron de un balazo no me voy a morir ahogada”. Toqué el fondo, me impulsé y puse los pies en los lados del caño. Luego cayó Andrea, luego cayó Carlos (que lo habían operado de una hernia delicada una semana antes y todavía tenía los puntos de la herida).

Metidos en agua asquerosa, con frío, con miedo.

No sé cómo lo logró, pero Carlos salió del agua. Entre los dos empujamos a Andrea que se quejaba de que le dolía mucho la mano y no paraba de llorar; quedaba sacarme a mí, pero pensé en la herida de Carlos, pensé en que yo soy mucha más alta y pesada que él, en fin, se lo dije y me contestó con tanta fuerza que le hice caso. Me dijo “déme la mano”. La adrenalina funciona, porque me sacó de un tirón.

Las otras dos chicas, Adri y Carol, estaban ya en la casa, no tenían ni idea de dónde nos habíamos metido y casi se mueren del susto ¡de nuevo! al vernos llegar mojados, temblando de frío y totalmente sorprendidos de la película de acción que nos estaba tocando vivir.

Llamamos a la policía, el tipejo primero nos regañó por estar en la montaña “con lo peligroso que es” (imbécil, nos dimos cuenta…), luego pretendía irse y dejarnos ahí. Le pidió permiso al superior (“Comandante, tengo un X-,puedo…”) y nos subimos. Pusimos la denuncia pero antes pasamos por el cafetal.

Esta es la parte divertida. Carol se bajó, buscó muy digna su bufanda y se la puso (antes muerta que sencilla), Adri se bajó, buscó evidencias como el tape con que nos amarraron (ya lo dije, mucho CSI) y bajamos a Heredia. La verdad que tras el susto lo que nos dio fue mal de risa, inventamos chistes, yo dije que la tapa (o boca) de sopa de caño estaba terrible, alguien más dijo que lo terrible fue que mientras nos llevaban secuestrados estuvieran escuchando y cantando tex-mex, que eso ya era tortura; alguien más imitaba a Carol poniéndose la bufanda con todo su glamour. Cualquiera que nos hubiese visto llorando de la risa no nos creería la historia.

Solo Andrea tuvo que ir al Hospital, la mano quebrada. Las heridas de Carlos estaban perfectas, la mayoría pasamos sin pena ni gloria por el incidente, solo teniendo que contarlo una y otra vez a la persona que se enterara de que “algo” nos pasó en la montaña.

Adicionalmente, me sorprendí mucho de la reacción del ser humano en situaciones de crisis. Cuando veo una película y la gente hace cosas “raras” y los que ven piensan que es irreal, me río. Yo saqué a escondidas mi cédula de identidad, las llaves de mi casa y mi reloj mientras íbamos en el carro, escondí los labios y ensalivé la cinta con que me amordazaron para poder hablar; Adri tiró su teléfono móvil a la hierba al principio de todo, pensando que nos iban a dejar ahí y que necesitaríamos comunicarnos; Carol que parecía la más frágil se dedicó a acariciarme la cabeza y a calmar a los que podía, nunca se quebró; Carlos tuvo fuerza para salir por su cuenta y sacar a dos personas de un hueco, con heridas recientes por la hernia, y Andrea, que probablemente era la que yo pensaba que tendría más fuerza, fue la que se puso más nerviosa, claro, también es cierto que con la mano quebrada cualquiera se pone así. Nadie es “normal” en estas situaciones.

Cuando volví a mi casa mi papá nos recetó té de tilo y flores de bach para calmarnos. Una vez que mis últimos dos amigos se fueron de mi casa, me dijo algo que me marcó, aún más que la experiencia. Me dijo “no vamos a entrar en este acuerdo, no vamos a aceptar que en esta familia pasen estas cosas, no vas a asumir que te van a seguir pasando”.

Y así ha sido.

viernes, febrero 10, 2006

Destierro imaginario de un país inventado


Quien destierra el recuerdo no tiene patria, dijo él, pero tampoco la tiene quien se empeña en amarrarse a los puertos visitados. Como el que se sujeta al cordel del delirio, o el que olvida las lágrimas que le secuestraron la esperanza, no es la nostalgia la que revela la pertenencia.

Yo no necesito decidir si mi patria empieza o termina en tu guitarra, se defendió ella, o que me preguntés si el límite territorial está anclado a tu mirada. No quiero firmar tratados que me aten al amanecer de este mar que no conozco, ni que esperés de mí un acta de anexión. Pero sujetame la mano cuando necesito subir a la montaña, no te pido más.

Tener patria, suspiró él, es como tener un pajarito recién nacido entre los dedos, si lo mimas demasiado no sabrá valerse por sí mismo pero el descuido excesivo puede matarle. Escoge. ¿Quieres un pichón que muera a la medianoche o uno que nunca extienda las alas?

Y ella, como todos los días, decidió rendirse.

No soy ni pretendo ser un colibrí, le dijo, no soy la que decide dónde empieza y termina mi país inventado, como dijo la poeta, por ahora mi única patria es tu abrazo. Ya veremos qué resulta cuando sea tiempo de negociación.

miércoles, noviembre 02, 2005

¿Nos vamos?




La vieja se sienta en el café y piensa en las batallas completadas en su día. Se quita el abrigo de las horas y abre la boca. No salen palabras sino botellas de vino tinto anheladas por la muerte, que la visita cada lunes a las 3 de la tarde, vestida de blanco impecable. Envejece, como añejando sonrisas que se niega abandonar, destellos que se apagan sin pedir permiso, caricias que maduraron en el tiempo.

Recuerda al muchacho que la quiso plantar en el jardín de las esperanzas y que luego esperó su huida para subirse en el barco. Y en otro que la sumergió en la laguna de los placeres. Ríe de buena gana pensando en sus propias locuras, en las ganas de saltar que siempre impulsaron sus pasos, pero que se sujetaron –a veces de más- al arnés. Se fuma un cigarro metido en las manos temblorosas, pero no vibran por los años que se anidan en ellas, sino porque esas manos reúnen las sensaciones de una vida colmada.

Recuerda el vértigo, el deseo, el desastre, la humildad. Moja la galleta en el café y piensa que el impulso siempre fue más feroz que el miedo.

Está bien eso, se dice, está bien.

Esta vez invita a su macabra compañera a una copa, la mira de frente, le cuenta cacho a cacho los sentimientos que la hacen humana, que la hacen mortal. Al terminar la toma por la mano y le hace, impaciente, la pregunta… ¿nos vamos?
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