Hace unos días Celes hablaba de uno de los pecados capitales más practicados… la pereza. A partir de su post, repasé lo que creo sobre el tema.
En mi casa, eso de ser perezoso siempre ha sido mal visto. Mis padres han sido de trabajar mucho, siempre, de manera que es consideración generalizada en casa que hay que ganarse todo con el sudor de la frente. Con horas y horas de trabajo. Con sufrimiento. Con tiempo, poco a poco.
Pero yo me rebelo. Creo que el problema no es la pereza, como le dije a Celes, si no la dispersión de la energía. Ya lo dice el dicho, muy manido, “no por mucho madrugar amanece más temprano”.
Me explico: si los esfuerzos que hacemos hacia un objetivo concreto son mínimos, pero son precisos, los resultados llegan igualmente. Incluso con mayor rapidez. Mucho trabajo (o la ausencia absoluta de trabajo, estamos de acuerdo) en la dirección contraria no produce resultados.
O sea que no se trata de matarse por demostrar lo trabajadores/esforzados/laboriosos que somos, si no de focalizar el trabajo. Ser efectivo: mínimos esfuerzos para máximos resultados.
Yo, por ejemplo, me administro el tiempo para poder vagabundear de vez en cuando. Examino, priorizo, escojo, decido. Hago. Y luego descanso y descanso. Intento no gastar energías en lo que no me significa beneficio. Estoy convencida de que el éxito reside en esto, en no creerse el cuento de ser mártir para demostrar el valor. Nada de eso.
El mejor ejemplo es un gato. El cuerpo siempre está listo para reaccionar, alerta pero no tenso... de ahí que jamás hacen movimientos superfluos. Y, aún así, son de los animales más ágiles física y mentalmente.
He dicho.
En mi casa, eso de ser perezoso siempre ha sido mal visto. Mis padres han sido de trabajar mucho, siempre, de manera que es consideración generalizada en casa que hay que ganarse todo con el sudor de la frente. Con horas y horas de trabajo. Con sufrimiento. Con tiempo, poco a poco.
Pero yo me rebelo. Creo que el problema no es la pereza, como le dije a Celes, si no la dispersión de la energía. Ya lo dice el dicho, muy manido, “no por mucho madrugar amanece más temprano”.
Me explico: si los esfuerzos que hacemos hacia un objetivo concreto son mínimos, pero son precisos, los resultados llegan igualmente. Incluso con mayor rapidez. Mucho trabajo (o la ausencia absoluta de trabajo, estamos de acuerdo) en la dirección contraria no produce resultados.
O sea que no se trata de matarse por demostrar lo trabajadores/esforzados/laboriosos que somos, si no de focalizar el trabajo. Ser efectivo: mínimos esfuerzos para máximos resultados.
Yo, por ejemplo, me administro el tiempo para poder vagabundear de vez en cuando. Examino, priorizo, escojo, decido. Hago. Y luego descanso y descanso. Intento no gastar energías en lo que no me significa beneficio. Estoy convencida de que el éxito reside en esto, en no creerse el cuento de ser mártir para demostrar el valor. Nada de eso.
El mejor ejemplo es un gato. El cuerpo siempre está listo para reaccionar, alerta pero no tenso... de ahí que jamás hacen movimientos superfluos. Y, aún así, son de los animales más ágiles física y mentalmente.
He dicho.
Foto de nihilistka (Devianart)










