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miércoles, abril 16, 2008

No es pereza, es eficacia

Hace unos días Celes hablaba de uno de los pecados capitales más practicados… la pereza. A partir de su post, repasé lo que creo sobre el tema.

En mi casa, eso de ser perezoso siempre ha sido mal visto. Mis padres han sido de trabajar mucho, siempre, de manera que es consideración generalizada en casa que hay que ganarse todo con el sudor de la frente. Con horas y horas de trabajo. Con sufrimiento. Con tiempo, poco a poco.

Pero yo me rebelo. Creo que el problema no es la pereza, como le dije a Celes, si no la dispersión de la energía. Ya lo dice el dicho, muy manido, “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

Me explico: si los esfuerzos que hacemos hacia un objetivo concreto son mínimos, pero son precisos, los resultados llegan igualmente. Incluso con mayor rapidez. Mucho trabajo (o la ausencia absoluta de trabajo, estamos de acuerdo) en la dirección contraria no produce resultados.

O sea que no se trata de matarse por demostrar lo trabajadores/esforzados/laboriosos que somos, si no de focalizar el trabajo. Ser efectivo: mínimos esfuerzos para máximos resultados.

Yo, por ejemplo, me administro el tiempo para poder vagabundear de vez en cuando. Examino, priorizo, escojo, decido. Hago. Y luego descanso y descanso. Intento no gastar energías en lo que no me significa beneficio. Estoy convencida de que el éxito reside en esto, en no creerse el cuento de ser mártir para demostrar el valor. Nada de eso.

El mejor ejemplo es un gato. El cuerpo siempre está listo para reaccionar, alerta pero no tenso... de ahí que jamás hacen movimientos superfluos. Y, aún así, son de los animales más ágiles física y mentalmente.

He dicho.

Foto de nihilistka (Devianart)

martes, mayo 15, 2007

Soc a l'atur

Parece que es un virus, a mi "hija" la Burguesita de Rottemburgo le pasó hace pocos días y ahora caigo yo. Después de recibir mi carta de “no haber superado el mes de prueba” y que, a pesar de eso, la encargada y la de recursos humanos me besaran los pies (vaya contradicción, “eres la empleada con la actitud perfecta pero anda pa’ tu casa”) me vine andando a mi casa y al llegar, busqué algunas palabras en el diccionario, a ver si me aclaro sobre mi status a partir de hoy.

desempleada.
1. adj. Que se halla en situación de paro forzoso.

tranquila.
1. adj. Quieto, sosegado, pacífico. Dicho de una persona: Que se toma las cosas con tiempo, sin nerviosismos ni agobios, y que no se preocupa por quedar bien o mal ante la opinión de los demás.

jefa.
1. f. Superiora o cabeza de un cuerpo u oficio.

cabrona.
1. adj. coloq. Dicho de una persona, de un animal o de una cosa: Que hace malas pasadas o resulta molesto.

Fue muy raro, me sentó mal porque jamás me han despedido, por otra parte sé que si no era para mí no tenía sentido seguir ahí aguantado a Niña Bonita. El viernes, además, creo que cometí el error de decir lo que pensaba y me da la impresión de que Niña Bonita no es de las que se toman bien las críticas.

En fin. Ahora una frase para aplicar el significado de las palabras.

Estoy desempleada pero tranquila y que jodan a esa jefa cabrona.

Ps. Me encanta como suena en catalán “estoy desempleada”, parece que se dijera “estoy atorada” (ver el título del post)

miércoles, abril 25, 2007

Niña Bonita y sus preguntas


Tengo dos jefas en la tienda. La encargada, a quien llamaré “Niña Bonita” y la segunda, que le diré “Jefa Cool”. Las dos son simpáticas, como todas las que trabajan ahí, pero tienen diferencias estructurales que hacen que a una la adore y a la otra le tenga tirria.

Niña Bonita parece de esas chiquillas que, puestas en un cargo de responsabilidad, necesitan dejar patente y claro que son las que mandan. La Jefa Cool, seguro porque no termina de ser la que responde por todo, es más tranquila.

Niña Bonita me vigila, literalmente, todo el rato que trabajo. Pero eso no es lo peor, si no su forma de decir las cosas. Por ejemplo, en vez de decirme “tienes que estar cinco minutos antes de que empiece tu turno” me dice “¿qué hora es?”, yo le digo la hora y ella me dice “tendrías que estar ya en tu puesto de trabajo” con un mal modo horroroso (nótese que era en punto mi hora de entrada y al día siguiente ella misma llegó 45 minutos tarde… hablando de dar el ejemplo). Hoy, por vez número ochenta desde que entré perdí la calma con Niña Bonita:

Niña Bonita: Denise, súbeme un cesto de ropa con lencería.
Denise: Vale. (Me fui repitiendo “lencería” para no olvidarme. Llené el cesto y lo subí).
Niña Bonita: ¿Qué es esto?
Denise: Un cesto con ropa.
Niña Bonita: ¿Pero con qué ropa?
Denise: Con lencería.
Niña Bonita: ¿Qué te dije?
Denise: “Súbeme un cesto de ropa con lencería”.
Niña Bonita: No, dije con corsetería, corsetería, Denise, bragas, sujetadores… ¿esto es corsetería?
Denise: No.
Niña Bonita: ¿Entonces para que lo subes? Esto es para alarmar abajo. Súbeme un cesto de ropa con corsetería.

Y yo digo… aunque sea cierto que dijo “corsetería”, ¿no sería más sencillo, menos humillante y más rápido que me dijera “era corsetería, seguro escuchaste mal” y punto? Siempre sigue ese patrón de hacer preguntas en las que uno se sienta estúpido para llegar a su argumento. Niña Bonita me trata como si fuera imbécil si no sé perchar un sujetador, el otro día se enojó porque no reconocí a una yonqui (que por cierto era la mejor vestida del mundo, no la típica drogadicta andrajosa), me da órdenes distintas y como no me dice qué urge más, yo las hago en el orden que me lo dijo, pero ella se enoja porque “esto hay que hacerlo ya”. En fin, que la Niña Bonita me regaña por cosas que no me ha explicado antes… es una pesadilla tenerla de jefa. Lo peor es que cada vez que se me acerca me pongo nerviosa y la cago. O me dice algo y yo me quedo con un nudo en la garganta porque me siento impotente y subestimada. Juzga antes de preguntar.

La Jefa Cool, en cambio, me indica todos los errores que cometo y hasta me cae bien cuando me los dice. Me pide las cosas directamente, es decir “Denise, fíjate bien cuando perches porque un par de sujetadores estaban al revés”. Cuando trabajo con la Jefa Cool estoy de buen humor y soy más eficiente. Pero La Jefa Cool no es “LA JEFA” y me temo que a Niña Bonita no termino de convencerle… veremos dentro de dos semanas si me aguanta o no más allá del mes de prueba.

Honestamente... No sé si quiero que me aguante.


Foto: Dirk Anschutz

lunes, abril 16, 2007

Tras el fin de semana

Este fin de semana fue muy movido. Estaban por Barcelona los papás de Fernan, es que el sábado era el cumpleaños de la tía K y hubo una fiesta. Aparte de hartarme de salmón marinado y gambas noruegas (AMO LAS GAMBAS, LAS AMO, LAS AMO), tuve el chance de conocer a otra parte de la familia de mi futuro. Molt be, la verdad, son gente muy agradable y me siguen tratando con naturalidad y cariño.

Ayer fuimos a cenar con mis suegros, entre otras cosas les dijimos que pretendemos irnos a vivir a Costa Rica eventualmente -por no decir a principios del 2008- y se lo tomaron muy bien. La mamá de Fernan lo resumió de la forma más tierna. Dijo que encontrar alguien con quien uno se completa es un regalo, que hay que cuidarlo y aprovechar la suerte... que ella quiere que seamos felices y si lo podemos ser en Costa Rica, ella se alegra por nosotros.

Y hoy empecé a trabajar en una tienda de pijamas y ropa interior, se llama Oysho. No, no es mi trabajo de los sueños, pero estoy decidida a seguir escribiendo y haciendo otras cosas, pero a la par, a tener un trabajo que me permita ahorrar. Además, me dan vacaciones en agosto para ir a casarme (muy importante) y cuando vuelvo sigo teniendo el trabajo. Así que soy la vende-braguitas de nylon (cien puntos para el que sepa la referencia de "braguitas de nylon", menos Murasaki y Mignonne, ¡tramposillas!)

Así, el catalán queda temporalmente suspendido, pero mi cuenta corriente agradecerá menos alimento intelectual y más del que compra billetes de avión.

lunes, febrero 05, 2007

Blandengue Anónima


A veces soy una lela. Trato y trato, pero termino siendo una blandengue. Si, finalmente, logro plantar un “no”, la culpa me dura un buen rato.

Me explico: harta de mi trabajo (
y de que NO me han pagado y hoy estamos a 5…) llamé a la supervisora el sábado y renuncié. Después de que me besara los pies 15 minutos, terminé por aceptar “pensármelo” durante el fin de semana. ¿PENSARME QUÉ? Pero dije “vale, vale, me lo pienso”.

Esta mañana la llamo, para decirle
LO MISMITICO del sábado, habiendo ensayado y todo (porque me conozco y quería estar segura de saber cómo salir de cualquier propuesta que no me agradara) y al final me pide que vaya dos semanas más, mientras busca a alguien. Yo, aún sin querer hacerlo, termino diciéndole “vale, vale, voy”. ¿Voy? ¿VOY?

Menos mal que ella misma me llamó después para explicarme por qué no me han pagado (
excusas baratas) y me mandé: le dije que no le veía sentido a seguir yendo, que no y no y no.

Pero estuve a punto de decir que sí. Otra vez.

Ahora me siento culpable como un ermitaño que le roba la concha a otro.

Sé que no tengo ningún motivo para sentirme culpable, pero igual me siento mal. Sé que el seguir yendo sería “
un favor” para una empresa en la que ni siquiera confío, y donde nadie me dará las gracias. Sé que la insistencia de la supervisora de que me quedara se debe, en la mayor parte, a una necesidad y no a que ella crea en mí, o realmente piense que soy la mejor empleada. No. Se trata de que tendría que ir ella a hacer mi trabajo, y eso –claro está- a nadie le apetece.


Pero: qué culpable me siento.


¿Por qué tengo que ser así?


Grrrr.



Fotografía: Image Source y Hiroshi Yoshii

viernes, febrero 02, 2007

I want out!


Ya no entiendo los significados de algunas palabras. Se me enredan en el cerebro porque desde hace casi tres semanas tengo que asumirlas como otras cosas:

-La portabilidad dejó de ser una característica relacionada con la facilidad y el movimiento, ahora es un término mercenario para explicar que malo=malo, pero se escoge otro pensando que es mejor.

-Migrar por migrar, ya no tiene nada que ver con países y regiones, solo se trata de un cobro mínimo al mes –que fácilmente será el máximo si les es posible-.

-Alta nueva, anexo, sim, prepago, pack, stock: estoy hasta las pestañas de las palabrejas que se me antojan chiclosas y vacías. Suenan iguales, retumban: bla bla bla bla y bla.

Tengo alergia a las *naranjas*... a este paso será a TODOS los cítricos y a la ropa negra (el uniforme).


I want out.




Ps. Glosario: portabilidad en empresas de móviles significa que se pasa de una compañía de teléfono a otra; migración cuando se tiene un teléfono de recarga y se pasa a un contrato con un consumo mínimo y las demás… dan igual, palabras, palabras.

jueves, febrero 01, 2007

Mandato tras la hiedra

Agazapado entre la mala hierba, cualquiera puede mandar.

Solo falta dejar que entre la hiedra se escondan suficientes cucarachas, luego metódicamente habrá que dejarlas salir, asustarlas con un golpe certero: digamos, una sierra que tala las ramas, hasta que los insectos se queden sin casa y, tras superar el miedo inicial, dejen la petrificación y ataquen. No falla, la fórmula resulta porque estás usando a un insecto para lograr que los demás se sientan, a su vez, como insectos. Así se manda. O se estila mandar, también habrá manos dóciles dirigiendo con frescura (pero son las menos).

Yo nunca, repito: nunca.

No quiero ser criadora de hiedras y bichos.

viernes, enero 26, 2007

De los 19 a los 91




A la tienda donde estoy ahora no llegan pakistaníes. Solo llegan viejitos. Muchos, muchos viejitos. Pero a mí me encanta atenderlos, aunque sus consultas no generen dinero, porque te miran con una cara de agradecimiento genial, como si al encenderles el teléfono y explicarles cómo desbloquearlo fueras una especie de milagro operante. Luego dan las gracias cien veces e incluso se disculpan “por molestar”. ¡A mí no me molestan! Todo lo contrario, siempre me dejan una sonrisa porque me siento útil, amable y sincera (y no la mercenaria disimulada que me toca ser el resto del día).

Además, me da una visión contrastada perfecta de la vida… trabajo con dos nenas jóvenes, una de ellas demasiado joven para mi gusto. A veces la entiendo: si yo tuviera 19 años es probable que también sería despreocupada y un poco descuidada con mi trabajo, seguramente pensaría “qué más da, solo tengo 19 años y si me despiden ya me busco otra cosa”. La otra, un poco menos chiquilla pero el doble de fresca, se justifica con que “estudia teatro”, como si eso fuera sinónimo de ser desordenada. A ella, aunque me cae bien, no termino de entenderla: yo también estudié teatro, pero siempre me he cuidado de ser responsable con las cosas que hago.

De todas maneras, me veo reflejada a tres bandas: la chiquilla me hace pensar en las cosas que hice a la ligera antes, amparada por la edad. La menos chiquilla me recuerda que siempre hay un punto utópico e irreal en los que estudiamos arte, que nunca acaba de curarse. Y los viejitos me dan la certeza de que pase como pase por esta vida, hay unas arruguitas y un andar pausado esperándome.

Mientras tanto, trato de ver la vida con menos gravedad –como si tuviera 19 años-; de ser un poco loca –“es que estudié teatro”-, pero asumirme responsable como ya me corresponde -y es que hasta espero con impaciencia cumplir años-. Y sobre todo, intento sonreír la mayor cantidad de tiempo posible… al menos así las arrugas habrán valido la pena.

Ilustraciones: Chris Rachka y McMillan Digital Art

lunes, enero 22, 2007

El por qué de los prejuicios


Dos de cada tres pakistaníes que entran a la tienda comparten características... son un poco prepotentes, groseros, impacientes. En mi segundo día de trabajo me quedé sola y uno de ellos, tras contarme que tenía un "sirocco" (que a mí me sonó a bacteria, versión moderna del estafilococos o algo similar), me pidió las características de todos los móviles de avanzada.

Entiendo y le acepto que yo tendría que saber, esa es la premisa de la que cualquiera parte al entrar a una tienda de teléfonos, pero luego me di cuenta de que solo quería dejarme claro lo superior de su cerebro tan centrado en las nuevas tecnologías.

Cuando descubrió que no tenía ni idea (no fue tan difícil, tenía que ver mis notas para decirle que el LG "chocolate" tenía mp3, cámara y bla bla bla), me soltó un amable "eres nueva, ¿verdad?", yo dije la verdad y él agregó "se nota".

El viernes, tercer día, me vuelvo a quedar sola. Entra otro y termina peleándose conmigo porque no quiero venderle los tres teléfonos que él quiere. Que conste que no se los vendí porque tenía la orden directa de no venderles más de uno, y además, de tratar que no fueran los mejores de la tienda. Solo estaba obedeciendo órdenes, pero para él yo era un bicho maligno con mala fe.

Este, aún más "expresivo" se puso a hablar un poco alto. La tienda llena, yo sola. El señor en cuestión repetía "llame a jefe, llame a jefe". Luego, cuando llegó mi compañera de trabajo soltó el remate: "esta chica no sabe nada, no sabe, deberían tenir algun que sepa algo". Acto seguido me arrebató el teléfono que sí le vendimos de las manos y puso él mismo la tarjeta sim. Luego reclamó su cambio "once uros, once uros" mientras yo, sonrisa batiente, le decía "sí señor, un momento que le traigo su factura".

Al irse le dije "muchas gracias, buenas tardes". Luego fui a vomitar, jaja, no es verdad. Pero sí me tragué las bilis del mes. Al menos está claro que estoy aprendiendo a dominar el carácter.

Ahora: tengo dos opciones. 1. Asumir que una tienda de móviles atrae cierto tipo de comprador pakistaní. 2. Hacer lo que el hígado manda, que es tachar a un colectivo por una pequeña muestra que sé que no es representiva.

Me niego a lo segundo, pero a como siga con uno de estos, de día de por medio, no sé... se me freirán las neuronas racionales, lo juro.

Aunque luche contra estas cosas y sepa que lo racional siempre tiene que ser más fuerte en estos casos, confieso que entiendo el por qué de los prejuicios: todos salen de las tiendas de celulares.

Con menos entusiasmo pero:

"El trabajo dignifica"

PURAS PATRAÑAS.

No me gusta, no me gusta, no me gusta ni un poquito.
Pero, aguanto, hasta que no haya nada más.
:-P

jueves, enero 18, 2007

El show debe continuar

Sonrío mucho, doy los buenos días/las buenas tardes. Yo puedo, yo puedo, yo puedo, yo puedo. Lo repito a ver si me entra. Lo que no sé lo pregunto cien veces, también lo que sé. Si llega un cliente trato de ayudar y luego, siempre con sonrisa colgate, le digo que espere (como yo no puedo hacer mucho). Llego puntual después de almorzar, sin un minuto de atraso y trabajo hasta la hora marcada, sin un minuto de adelanto en la salida. Tengo los oídos abiertos, intento tener la mente relajada: hay demasiada información nueva, demasiados datos que debería memorizar y poco tiempo.

Cuando salgo, aunque cansada, me voy con mis amigos del curso de catalán a comer por ahí. Bueno, llego yo por mi cuenta y un poco tarde… me da una tristeza chiquitita pero punzante no seguir el próximo curso con ellos (debería decir ellas porque somos aplastante mayoría) y, en general, no seguir estudiando.

Por cierto, como buena sapa (empollona/nerd) que soy, me saqué un 97,2 de nota del curso… y la profe me dijo que era una lástima que tuviera el horario que tengo, porque ella me iba a decir que hiciera el examen de nivel -para saltarme el curso B2- y entrar directo al B3. Jiji. Em sembla que parlo català molt bé.

Cuando llego finalmente a mi casa, una de mis compañeras de piso me cuenta de una oferta de trabajo en la compañía en que ella trabaja… es como cuando una anda sola años y finalmente consigue novio, es AHÍ cuando le llueven los hombres…

La la la, it’s raining jobs, aleluya, it's raining jobs, la la la la la.

Ese fue el primer día de mujer sacada con violencia del paro, expulsada del Paraíso del hogar para ir a mandar a dos dependientas que saben más que yo, pero que de aquí a una semana tengo que ser tan eficiente que no se den cuenta. Estoy contenta, por ahora, aunque es un poco agobiante desconocer tanto. Me consuelo pensando que es lógico, que ellos sabrán por qué confían en mí y que si te dan dos semanas de formación será porque estos detalles técnicos nadie se los aprende por pura tontería.

Dicen mis amigas de catalán que tengo dos ventajas: la sonrisa y el look (ayer me disfracé, y es verdad, parecía jefa-conocedora-firme-pero-amable). Yo espero que no me estén “pasando la brocha” (adulándome).

Hoy, de nuevo: el show empieza a las 10:30 am.

PS/Gracias por los buenos deseos, muchos abrazos de chica Orange (aclaración, Orange es una compañía de telefonía móvil que opera en España, pero es francesa)

martes, enero 16, 2007

Pues naranja es!

Hoy me llamaron de ORANGE. ¡Tengo trabajito! Y, aunque ayer me quejé un poco del destino humano, la verdad que hoy me puse muy contenta de que me llamaran, tengo ganas de intentarlo, ponerle ganas y probar.

Nada pierdo. La idea es que estoy un mes de prueba y formación, luego se supone que acabaré por ser encargada de una de las tiendas, que por cierto queda a 10 minutos caminando de mi casa, lo cual me parece genial (no metro, no bus, no nada).

Las dos chicas con que hablé son muy amables, la empresa en general me da buen rollo, así que tengo la impresión de que todo irá bien.

Por cierto, diez minutos antes de que me llamaran para avisarme majé una caca de perro enorme, pero le metí el pie como con ganas, sin darme cuenta. La querida Murasaki, que anda por acá, me dijo "eso es buena suerte" y ya ven. Buena suerte, espero que se extienda a que todo va a estar muy bien y que no solo me voy a acostumbrar, si no que hasta voy a disfrutarlo.

Ah. Y sí, estoy muy contenta con mis visitas de mis dos amigas hermosas, la Murasaki y "Mi Hija", como dije una vez, la compañía es el mejor regalo.

lunes, enero 15, 2007

Trabajo de primer mundo


Qué envidia me da Juan Antonio Porto, guionista y profesor de cine, cuando dice que nunca en su vida ha trabajado, que lo único que ha hecho es disfrutar. Esto implica que su pasión siempre ha sido lo que le da de comer, lo que lo hace levantarse temprano e irse a dormir tarde. Visto así, no hay trabajo que pese.

Desde la semana pasada ando coqueteando con un trabajo, pero este sí sería trabajo, con todas las letras. Es de encargada en una tienda de telefonía móvil… yo, que me quejo de las compañías españolas cada día, yo, que tengo otras pasiones que no tienen mucho que ver con la tecnología, los bluetooths y los adsl. Esas que haría hasta sin cobrar siempre y cuando tenga techo y comida.

Dicen que la necesidad tiene cara de “ORANGE”. Es de estas cosas que te van pasando y tienes las mismas ganas de que salgan y de que no salgan.

Según La Vanguardia del miércoles pasado, un 42,9% de los extranjeros están subempleados en este país… (pueden leerlo haciendo click click aquí) según veo cómo van las cosas pasaré a ser ese 0,1% para que el número se redondee al 43%.

A veces, cuando pienso que también más de un 20% de los españoles están en la misma situación, no entiendo cuál es el secreto mágico de los países del “primer mundo”. A veces, solo a veces, me vuelve la certeza de que en mi país del “tercer mundo” no vería euros en mis manos pero tendría miles de suspiros de satisfacción en el pecho. Ahí reside, para mí, el desarrollo. Por ahora, desde mi utópico rincón de artista, soy una subdesarrollada más en este lugar de comodidades materiales, pero de carencias internas.

PS. Ya sé, ni yo me entiendo, me quejo si no tengo oportunidades de trabajo y me quejo si las tengo, pero no sé por qué tengo un chip inútil que me dice que puedo llegar a tener lo que quiero, algo que sea "trabajo" pero que termine siendo "disfrute".


Fotografía: Vast Photography

martes, enero 24, 2006

Toda una "super" tarea


He estado en esa “fascinante” faena de buscar trabajo. Es divertido, la verdad, sobre todo si se tiene mucha energía y un buen sentido del humor. La mitad de los trabajos que aparecen no me apetecen, del otro 50%, cinco de cada diez aclaran “solo para españoles” o “abstenerse inmigrantes”. Vale, entiendo, cada loco con su tema, que cada dueño haga lo que le parezca mejor. De los restantes, me aplico: mando currículums, escribo cartas de presentación que ya merecen un premio por la correcta y agradable redacción y me apunto a la oferta laboral. Y nada. No pasa nada.

Entonces me pongo a pensar soluciones. Estas son las que se me han ocurrido:
1. Leer por encargo. Pongo un anuncio y que las viejitas que se sienten solas me llamen para que les lea su libro favorito. A cambio, si no me pagan al menos que me regalen el libro.
2. Pasear perros. Hay gente que lo hace, pero bueno… dependiendo del perro no sé si sea un oficio muy seguro.
3. Cuidar niños. Esta realmente es buena, pero volvemos al asunto: las “canguros” aquí o se piden nacionales o con coche propio… en ambas ando renca…
4. Esta es la que más me gusta. Pensé que como el de “El lado oscuro del corazón”, si me pongo en un semáforo a recitarle poemas a la gente que va en coche, igual algo saco. En invierno puede resultar un poco incómodo, pero algo debe salir de tanto libro consumido.

En fin. Que me cabrea un poco esto de las limitaciones. Entiendo que cada país tiene sus políticas sobre los inmigrantes y que son necesarias para regular la población… pero… cuando se hace crítica social, o se dice que los inmigrantes son delincuentes, prostitutas, vendedores de droga: ¿alguien se ha parado a preguntarles si antes buscaron trabajo?

Sin ánimo de justificar ninguno de los tres oficios mencionados creo que esta sociedad, como dice la canción, es un “buen proyecto para el mal”.

Yo, mientras tanto, sigo con la guitarra y la pluma, intentando despejar la desesperación del currículum 125, con mi nombre impreso, que seguramente fue a dar a la basura.
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