martes, mayo 09, 2017
Envejecer: esa gran cacota
Sí, sí, hay que agradecer que tenemos vida y que seguimos sobre el planeta. Hay que dar las gracias por los años que se cumplen, por las experiencias, que sí, que sí.
Estoy a punto de cumplir años. No demasiados, aunque empiezo a aceptar que cuando me dicen "señora" es normal, es lo que soy. Aún no me peleo con la edad, aunque no me vendría mal tener tres o cuatro años menos, y si volviera atrás reconsideraría ciertas cosas, haría otras distinto, sería... en fin...
Pero el tema es que envejecer es una gran cacota.
Suelo venir a trabajar a una cafetería en Sants. Delante hay una residencia de ancianos, y muchos de ellos cruzan a la cafetería a merendar. Y es triste. Están solos, hablan con quien sea, incluso le dicen estupideces a la camarera para provocar interacción. Pero no es sólo eso, pensar en envejecer es pensar que de repente tu cuerpo deja de ser eficiente, normalmente mucho antes de que la mente abandone y la gente empieza a tratarte como un daño colateral. Como un problema a manejar. Como una situación compleja que se atraviesa en la vida.
Hace unos días vi una señora, de unos 60 y pico años, con su madre, de unos 90. Le estaba chillando muchísimo, infantilizándola. Mi primera reacción fue pensar "qué mal trata a su madre" y sí, la estaba tratando mal, pero tampoco sabemos quién y cómo es esa señora. Y la infantilizaba, sí, pero es que aunque también sea una gran acota, resulta que los ancianos se vuelven como niños, con la diferencia de que un niño está aprendiendo y sea como sea acaba por aceptar que "el mayor" tiene razón, o manda, o sugiere y convence.
Nos volvemos tan tercos que... o sea... vamos a ver... yo YA soy muy cabezota. No quiero ni imaginar lo tozuda que podré llegar a ser.
Envejecer es una cacota. De verdad...
Piénsalo: tú eres aún capaz, tienes experiencia y facultades. Hay cosas que ya no haces con la misma facilidad, pero sabes de qué hablas, sabes qué quieres, sabes qué prefieres y que no aguantas. O crees saberlo, porque tampoco te enteras de cuando ya no das más de ti. Y llega ese momento fatídico en que tus hijos, amigos, primos, personal médico te dicen "ya no puedes", "ya no sabes", "ya no debes". Lo peor es que dentro de tu cabeza los equivocados son los demás y es que todos tienen razón, porque cada quien ve SU verdad.
Me da miedo, lo confieso. No me da miedo morir, me da miedo envejecer. Perder facultades, capacidades y la confianza ajena de que ser capaz de valerme por mí misma. Ser una carga, aunque haya amor o profesionalidad de parte de quién me cuide.
Ahora lo digo muy alegremente, pero creo que cuando sea muy mayor querré ir a una residencia. Aunque cruce a la cafetería a merendar. Y tal vez si lo pienso desde ya, me resulte menos triste.
No sé.
No lo sé.
Caca.
martes, febrero 28, 2017
¡Miente: funciona!
He trabajado de muchas cosas. De
muchas. Desde limpiando váters de un hotel 5 estrellas en Wisconsin
(EEUU) hasta metiendo invitaciones en sobres. También he sido
periodista (si es que se deja de serlo), canguro, locutora de radio y
teatrera (vicio que mantengo). Pero uno de los trabajos que más
“atesoro” es cuando trabajé vendiendo bragas para La Súper
Empresa.
Era el año 2006, me parece, y en la
tienda éramos 4 empleadas y la encargada. Desde el primer día me
sorprendieron varias sobre la encargada:
- Cuando llegaba género nuevo, las chicas apartaban muchas prendas. Se gastaban una buena parte de su salario en la propia tienda. Sobre todo la encargada, que calculo que llegaba a un 50% de su salario. Había una cierta presión de grupo para que yo hiciera lo mismo. Nunca lo hice.

- Todas -menos yo- iban súper vestidas, peinadas y maquilladas a trabajar. A las 9 de la mañana. Cada día. La encargada más que nadie.

- La encargada se iba una vez por semana a la peluquería en horario laboral. Nosotras teníamos que hacer ratos extras cuando le daba por ahí.

- La encargada nos trataba como niñas pequeñas y con una condescendencia bastante desagradable.
- PERO la encargada iba de “amiga” de todas.

Este último punto es el central.
Después de algunos días de trabajar en la tienda, coincidí con la
encargada a la hora de la comida. La conversación acabó derivando
al discurso célebre de la encargada, que recordaré para toda la
vida. Me dijo:
"Yo espero que tengas la confianza de decirme las cosas. Puede parecer que soy distante o que no me gusta que me digan lo que hago mal, pero si tienes algo que decirme... no dudes en hacerlo".
A mí me pareció que la oportunidad
era maravillosa, y su actitud ejemplar. Así que le dije, con todo el
tacto que pude, que no me parecía la manera en que nos trataba, ni sus escapadas que nos afectaba en el horario. Y
que si bien yo estaba aprendiendo y seguro que aún había detalles
que pulir, seguramente iría más rápido si sentía que ella me
apoyaba y me ayudaba, en vez de hacerme sentir mal. Creo que le dije alguna otra cosa, pero repito: todo con el máximo respeto y diplomacia.
¿Bien, no?
¿Viva la sinceridad?
¿No?
¿No?

Pues no.
A la semana me despidieron, aduciendo
que tenía muy buena actitud de trabajo, pero que no era rápida.
Mentira podrida. Estoy segura.
Esto viene a mi mente unos días
después de haber hecho una entrevista de trabajo en la que, me
parece, me pasé de sincera. Hablé de mis habilidades y conocimientos tanto como de mis carencias. Porque pensé que en el fondo, si me querían para el puesto tendría que ser con las ganas de aprender más que por las ganas de "ganar" el trabajo. No sé si me explico. Yo como empleadora creo que preferiría alguien que me diga "no tengo experiencia en esto pero me romperé el coco para hacerlo bien" frente a alguien que diga "sé hacerlo" y luego no tenga ni puñetera idea.
Bueno, sí, puede ser que sea yo quien tengo un serio problema
con mentir, ocultar información y disimular. Soy un jodido libro
abierto y se me nota todo. Ante esto, prefiero decir lo que se ve a la legua.
De pequeña mi madre vivía atormentada
conmigo. Le rogaba que me contara quién le había tocado de amigo
invisible en el trabajo, y luego se me escapaba como agua por las
comisuras de la boca. Mi hermana no sabía si podía confiar en mí:
una vez me confió que los regalos de Navidad estaban escondidos en
lo alto de un armario... y yo le largué todo a mi mamá cuando llegó
a la casa. Juro que no es maldad, pero cuando hay algo que me causa
incomodidad, culpa o desazón... siento que me sube una oleada de
calor desde el estómago y me cuesta callarme.
Así que tengo pendiente en esta vida
ese arte retorcido: mentir.
Hay que aprender:
MIENTE... es mucho más efectivo.
jueves, enero 05, 2017
Cómo ser buenas amigas sin verse las caras
Me considero una persona bastante sociable, pero de pocos amigos cercanos (de esos a los que llamaría a las 3 am si tuviera un problema. O bueno, a los que les enviaría un whatsapp si no es de vida o muerte). Tengo la dicha de contar con gente muy bonita a la que quiero, alguna la veo con frecuencia pero la verdad es que maternidad ha recolocado algunas piezas, y me ha dejado algo menos acompañada que antes (eso es así, oiga). Y luego están dos grandes amigas... a las que casi nunca veo cara a cara.
Con ellas dos, la de rizos rubios y voz calma y con la tatuada zen master coincidimos en la universidad pero no pertenecíamos a la misma generación, e incluso no éramos necesariamente de círculos afines. Pasó la carrera, pasaron los años... y gracias a la denostada Facebook, que se supone que nos aleja y nos vende una quimera de amistad, he encontrado a dos personas que son esenciales para mí.
Parafraseando a Aristóteles, tenemos una amistad que es un alma que habita en tres cuerpos; un corazón que habita en tres almas.
¿Cómo lo hemos hecho?
Creo que la clave está en lo que explica un post de Tiny Budha: el compromiso. De manera natural cumplimos con estar en contacto con una, con la otra, las tres a la vez. Esto, dice el artículo, aunque sea breve hace que nos sintamos “felices y continuamente conectadas”. Hemos aprendido a poner en práctica el arte de escucharnos, de leernos... y con ello, a entendernos y acompañarnos. Las tres hemos vivido o vivimos a miles de kilómetros del sitio donde nacimos, hemos pasado vivencias similares, pero sobre todo creo que hemos aprendido a vernos como compañeras y compinches, como cómplices, como lo que debería ser una amiga: alguien que te riñe cuando toca, que nunca te juzga, que celebra los momentos buenos.
Miss Rizos y voz calma y Miss Tatuada zen master saben de mí cosas que no me atrevo a decir a casi nadie más. Entienden mis rollos, son sinceras pero con un amor y una paciencia y un buen rollo que dan ganas de comerlas a besos.
Gracias a ellas he pensado una lista de cosas que puedes hacer para tener amigas, de las buenas, aunque les veas las caras una o dos veces al año:

2. Aprende a esperar “tu turno”. Las conversaciones en diferido tienen una lógica distinta que en vivo... cuando estamos cara a cara podemos saltar de un tema a otro y no pasa nada. En este caso (y sobre todo si se habla de temas importantes) es mejor aparcar un tema si hay otro de mayor peso. Pongo un ejemplo: Persona A cuenta que se ha muerto su mascota de toda la vida. Antes de hablar de la clase de baile a la que te apuntaste, cerciórate de que has atendido a Persona A.

3. Vigila lo que escribes. La palabra escrita puede ser interpretada de muchas maneras. En caso de duda de cómo se “leerá” lo que dices: graba audios.

4. Ten clara la frecuencia “normal” de contacto e intenta mantenerla. Si con alguien sueles hablar por whatsapp dos veces en semana, no te olvides de mandar aunque sea un gif tonto si pasan muchos días sin contacto. No es un “hey, hazme caso” sino un “I just
Y finalmente:
5. Sé noña, cursi, excesiva. Total... no es en persona. Y como no lo es, esa amiga a la que quieres tanto no recibe un abrazo real, no te ve la cara de “te quiero te adoro te compro un loro” y necesita que el café semanal sea sustituido con afecto escrito, o grabado en audio o en video (una de mis grandes amigas me mandó hace unos días un video de ella contándome de su vida, lo amé). Dada la frialdad del medio cibernético, unos cuantos emoticones de corazones y besos algo calientan el corazón.

Su, Iva.
Os quiero.
Os adoro.
Os compro un loro.
sábado, diciembre 31, 2016
Bye bye, 2016
Este año empezó con rudeza de huracán. Llegué al 1 de enero con un bebé pequeño (al que no sabía aún "manejar"), una depresión post-parto marca diablo (que me costó meses, terapias y esfuerzos dejar atrás), con mis padres yéndose (tras un par de meses de acompañarnos y apoyarnos). Perdida, desesperanzada, con más pesares y dudas que ilusiones.
Ser madre me ha enseñado cosas duras, como que algunos amigos se alejan, sin motivo aparente ni explicaciones. De repente hay personas que pensabas que serían incondicionales, que serían el poste donde las amarras jamás se aflojarían, el ancla en el tsunami, hay personas -decía- que piensas que serán tu sitio de refugio y que dejan de estar ahí. Hice las paces con la idea (me costó mucho, lo confieso) aunque sentí muchas veces que en vez de corazón tenía un estropajo. No es que no les eche de menos, es que si están me alegro y si no, "apechugo" yo conmigo misma.
Cuando empezaba a levantar cabeza y el huracán amainó y pasó a tormenta tropical... murió mi suegro. Esto ha traído una larga cola de gestiones y emociones que seguimos intentando acomodar en algún sitio. Mi suegro y yo sintonizábamos mucho, a él le encantaba mi sentido de humor y a mí el suyo. Lo extraño y me duele ver cuánto se le extraña en su entorno cercano.
Cuando empezábamos a levantar cabeza se sucedieron otras cuantas muertes. Muertes cercanas, de las reales. De hecho entiendo que haya gente que se "queje" de la muerte de grandes iconos como Gene Wilder, o David Bowie, o Carrie Fisher o Leonard Cohen o Prince o Umberto Eco o Juan Gabriel o Mohamed Alí... pero claro, entendámonos: me es absolutamente indiferente que se muera una figura pública mundial si lo que me duele es el amigo de mis padres que era como mi tío.
Pero también ha sido un año bonito: tengo a mi señor marido, fiel y constante como pocos. Tengo a mis padres cercanos a pesar de la distancia, a mi hermana a un whatsapp de distancia y a un hijo divertido, grandote, que me llena de besos y me hace reír. Gracias a él he entendido un tipo de amor que no se parece a nada más. Aunque sone tópico y a mí me diera rabia que me lo dijeran antes de ser madre es así... hay una manera de amar que no se entiende, no se conoce, no se siente hasta que se tiene un hijo amado. Hay cosas que no se saben, que no se viven y que no se comprenden si no es por la responsabilidad de ser madre. Por él he aprendido a sonreír siempre que se puede y hago mi mejor esfuerzo por ser la mejor versión de mí misma posible. ¡Salud por mi familia!
Y si bien hubo amigos que desaparecieron, hay algunas otras personas maravillosas que se mantuvieron firmes, aguantando el peso de lo que antes estaba apoyado en varios pilotes, que me sostuvieron aún en la distancia, con amor profundo y generosidad absoluta. Y encontré algunas nuevas amistades, gente preciosa que me entiende desde este otro lugar en el que me encuentro. Brindo por eso y lo agradezco profundamente.
El 2016 fue el año en que me atreví a pedir teléfonos para ver si la simpatía cuajaba como amistad. Y fue el año en que empecé un posgrado al que voy sobreviviendo a pesar de jornadas de trabajo de 6 y 8 horas, un bebé y el intento de tener algo de "vida". Me encanta estudiar y he descubierto un campo que me apasiona. Bien por las aulas (en este caso virtuales), que siempre me retan y me llenan.
Y fue el año en que me he reencontrado con el teatro. He hecho las pases con los "gajes del oficio" que hacen que las cosas no siempre vayan como yo quisiera, me he dado cuenta de que tengo mucho que aprender aún y que siempre siempre siempre se puede agradecer lo bonito y dejar ir lo complicado. Y sobre todo he aprendido que por encima de la profesión está la vida, y por encima del ego está el amor y las sonrisas.
Así, aunque este año ha sido bastante cabrón conmigo, lo dejo ir con gracia y sin rencores. Es como una mala relación de pareja: te hace padecer, te cuesta aceptarla... pero te genera un alivio tremendo cuando se acaba. Y como he sido con mis relaciones de pareja acabadas, agradezco profundamente lo aprendido, el encuentro conmigo misma y olvido lo malo, porque en el fondo es lo menos importante en esta vida.
Puede que no haya pasado el aguacero, pero me conformo con saber que he encontrado un buen paraguas.
Ser madre me ha enseñado cosas duras, como que algunos amigos se alejan, sin motivo aparente ni explicaciones. De repente hay personas que pensabas que serían incondicionales, que serían el poste donde las amarras jamás se aflojarían, el ancla en el tsunami, hay personas -decía- que piensas que serán tu sitio de refugio y que dejan de estar ahí. Hice las paces con la idea (me costó mucho, lo confieso) aunque sentí muchas veces que en vez de corazón tenía un estropajo. No es que no les eche de menos, es que si están me alegro y si no, "apechugo" yo conmigo misma.
Cuando empezaba a levantar cabeza y el huracán amainó y pasó a tormenta tropical... murió mi suegro. Esto ha traído una larga cola de gestiones y emociones que seguimos intentando acomodar en algún sitio. Mi suegro y yo sintonizábamos mucho, a él le encantaba mi sentido de humor y a mí el suyo. Lo extraño y me duele ver cuánto se le extraña en su entorno cercano.
Cuando empezábamos a levantar cabeza se sucedieron otras cuantas muertes. Muertes cercanas, de las reales. De hecho entiendo que haya gente que se "queje" de la muerte de grandes iconos como Gene Wilder, o David Bowie, o Carrie Fisher o Leonard Cohen o Prince o Umberto Eco o Juan Gabriel o Mohamed Alí... pero claro, entendámonos: me es absolutamente indiferente que se muera una figura pública mundial si lo que me duele es el amigo de mis padres que era como mi tío.
Pero también ha sido un año bonito: tengo a mi señor marido, fiel y constante como pocos. Tengo a mis padres cercanos a pesar de la distancia, a mi hermana a un whatsapp de distancia y a un hijo divertido, grandote, que me llena de besos y me hace reír. Gracias a él he entendido un tipo de amor que no se parece a nada más. Aunque sone tópico y a mí me diera rabia que me lo dijeran antes de ser madre es así... hay una manera de amar que no se entiende, no se conoce, no se siente hasta que se tiene un hijo amado. Hay cosas que no se saben, que no se viven y que no se comprenden si no es por la responsabilidad de ser madre. Por él he aprendido a sonreír siempre que se puede y hago mi mejor esfuerzo por ser la mejor versión de mí misma posible. ¡Salud por mi familia!
Y si bien hubo amigos que desaparecieron, hay algunas otras personas maravillosas que se mantuvieron firmes, aguantando el peso de lo que antes estaba apoyado en varios pilotes, que me sostuvieron aún en la distancia, con amor profundo y generosidad absoluta. Y encontré algunas nuevas amistades, gente preciosa que me entiende desde este otro lugar en el que me encuentro. Brindo por eso y lo agradezco profundamente.
El 2016 fue el año en que me atreví a pedir teléfonos para ver si la simpatía cuajaba como amistad. Y fue el año en que empecé un posgrado al que voy sobreviviendo a pesar de jornadas de trabajo de 6 y 8 horas, un bebé y el intento de tener algo de "vida". Me encanta estudiar y he descubierto un campo que me apasiona. Bien por las aulas (en este caso virtuales), que siempre me retan y me llenan.
Y fue el año en que me he reencontrado con el teatro. He hecho las pases con los "gajes del oficio" que hacen que las cosas no siempre vayan como yo quisiera, me he dado cuenta de que tengo mucho que aprender aún y que siempre siempre siempre se puede agradecer lo bonito y dejar ir lo complicado. Y sobre todo he aprendido que por encima de la profesión está la vida, y por encima del ego está el amor y las sonrisas.
Así, aunque este año ha sido bastante cabrón conmigo, lo dejo ir con gracia y sin rencores. Es como una mala relación de pareja: te hace padecer, te cuesta aceptarla... pero te genera un alivio tremendo cuando se acaba. Y como he sido con mis relaciones de pareja acabadas, agradezco profundamente lo aprendido, el encuentro conmigo misma y olvido lo malo, porque en el fondo es lo menos importante en esta vida.
Puede que no haya pasado el aguacero, pero me conformo con saber que he encontrado un buen paraguas.
jueves, diciembre 22, 2016
Retomando
Tras muchos meses... muchos... de silencio en el blog, intentaré volver. Hace falta esto de tener un espacio de libertad escrita. Claro que con los cambios en mi vida de los últimos meses, la cosa a veces parece complicarse, pero el peor intento es el que no se hace.
De vuelta.
De vuelta.
martes, marzo 29, 2016
Machismo de mierda
Me pasan un link de un segmento del programa "Buen Día" de Costa Rica. Los 28 minutos siguientes tengo escuchar una serie de aseveraciones machistas. Una tras otra.
He aquí mi derecho al berreo:
Según me dicen, esta semana el programa dedicará un rato a hablar seriamente de género, con un panel de expertos. Quedo a la espera, pero me alegra que hayan recapacitado y hagan un intento de mejorar el nivel de sus contenidos. Ojalá no sea anecdótico y se tomen más en serio la responsabilidad social que tienen.
He aquí mi derecho al berreo:
Según me dicen, esta semana el programa dedicará un rato a hablar seriamente de género, con un panel de expertos. Quedo a la espera, pero me alegra que hayan recapacitado y hagan un intento de mejorar el nivel de sus contenidos. Ojalá no sea anecdótico y se tomen más en serio la responsabilidad social que tienen.
miércoles, septiembre 09, 2015
Cómo sobrevivir a una ruptura con un amigo
De pequeña era de las que creía en los típicos slogans infantiles sobre la amistad. "Mejores amigas por siempre", "Siempre juntas", "Nunca cambies" y un largo etcétera que en resumen venía a decir lo mismo: los amigos son para siempre y lo ideal es que sea así.
Con los años, ya en la adolescencia, empiezas a notar que a veces esa máxima no se cumple, pero aún hay algo dentro que te empuja a creer que la amistad es más fuerte que las relaciones de pareja, por ejemplo. Tus amigas son las únicas que te entienden y saben consolarte. Tus amigos son los únicos incondicionales. Tus amistades son la red de apoyo fundamental, sin la cual no sabrías a quién recurrir.
Pasa el tiempo. Y eso cambia. En la Universidad descubrí que sí, los amigos son importantes, pero no son eternos. Me parece que la primera vez que oí esta frase fue en un programa gringo, decían que tienes un amigo mientras necesitas ese apoyo en tu vida, pero que una vez que ha cumplido su propósito (o uno el suyo en la vida de esa persona) suele desaparecer de tu vida y que hay que aprender a querer sin apegarse, a dejar ir a las personas.
Y eso no es sencillo. Bueno, vamos a ver, hay casos en los que el sentimiento predominante es el alivio (de hecho diría que 3 de las 4 amistades que han roto conmigo me han dejado eso, una sensación final de ligereza) pero eso no quita que no estamos preparados para lidiar con la ruptura de amistad. Supongo que el ideario colectivo nos ha "dicho" qué hacer cuando la ruptura es con una pareja, pero nadie te explica las sensaciones tras "dejarlo" con un amigo.
Diría que en los últimos cinco años habré dejado o me habrán dejado eso, una media docena de personas. Gente que era importante para mí, de esas que le hacen a una recordar sus épocas de pensar "Mejores amigas por siempre". Al igual que con las rupturas de pareja, lo que puedo decir asl respecto es que:
1. DUELE. Ya sea porque fue la otra persona la que te mandó a tomar el aire, o porque compartes memorias y vivencias con tu ex amiga. Habrá el típico repaso de los momentos vividos, de las cosas dichas, de las no dichas. Si tu ex amiga te soltó un discurso o dijo cosas hirientes, hay un paso adicional que es repasar en tu mente todas las cosas que podrías haberle respondido. EL LADO POSITIVO: habrá un día en que, como en las rupturas de pareja, te darás cuenta de cuánto has ganado al no tener esa persona cerca. O en todo caso asumirás que no ganas nada, pero que ya está, que no es grave y que habrá mucha más gente bonita en tu vida.
2. HAY LUTO. Y se pasa por las etapas del duelo: de la negación (esta normalmente es la fase de "le envío mensajes y no me responde, no entiendo qué pasa") hasta la rabia ("¿quién se cree para hacerme esto?") hasta la negociación ("tal vez fui injusta y merece otra oportunidad"). EL LADO POSITIVO: son etapas y pasan. Pasan. Lo juro. Pasan.
3. VER A LA PERSONA ES RARO. De hecho será incómodo cada vez que la veas y no dejará de ser raro nunca aunque pasen los años. Hay una especie de reacción corporal que no podrás evitar y que hay que asumir... esa de cuando crees que le has visto en la calle y das un respingo. Y harás como todos los mortales: intentar comportarte "normal". EL LADO POSITIVO: Si tienes suerte, tu ex-amiga estará aún más incómoda y hará cosas más absurdas que tú. Las mejores que me han pasado: alguien que cruza la calle para evitarme, alguien que hace ver que le llega un mensaje al teléfono y se aleja rápidamente, alguien que me saluda con un beso como si no pasara nada -pero con un cierto aire de superioridad-.
4. LA RUPTURA TRAE COLA. Amigos que opinan o toman bandos. Cosas que no sabes si devolver o tirar a la basura. Regalos que te dio esa persona y que de repente te dan mal rollo. Actitudes pasivo agresivas o directamente agresivas en redes sociales. El mejor ejemplo es mi ex amiga PassivitaAgresssssiva que me insultó tras comentarle a una amiga en común, pero de una forma -según ella- disimulada. EL LADO POSITIVO: Puedes bloquear gente en las redes sociales y evitar el contacto si es nocivo. Para eso son las rupturas, para alejarse.
Sigo sin saber cómo se gestiona, la verdad es que las veces que me ha tocado he actuado de distinta manera... Y de hecho en estos momentos tengo la sensación de que hay alguien haciendo este proceso de "romper" conmigo sin que yo me dé cuenta del todo. Pienso que esa persona tampoco es del todo consciente. Ya no quepo en su vida, lo veo con claridad, le resulto más una complicación que una ganancia porque su situación personal y sentimental no es compatible con su antigüo estilo de vida. Y sí, jode y duele y parece injusto y da rabia y todo eso... pero intento llevarlo con elegancia. Con la que se puede porque es una situación compleja, hay muchos años de por medio y es alguien a quien quiero mucho. Pero intento pensar en algo que me dijo una profe la primera vez que me rompieron el corazón (tenía 17 años, lloraba en una banqueta en el pasillo de la facultad): Nadie que te haga llorar así te merece.
Y bueno... es mentira.
Es una mentira de las gordas.
Pero algo reconforta.
Con los años, ya en la adolescencia, empiezas a notar que a veces esa máxima no se cumple, pero aún hay algo dentro que te empuja a creer que la amistad es más fuerte que las relaciones de pareja, por ejemplo. Tus amigas son las únicas que te entienden y saben consolarte. Tus amigos son los únicos incondicionales. Tus amistades son la red de apoyo fundamental, sin la cual no sabrías a quién recurrir.
Pasa el tiempo. Y eso cambia. En la Universidad descubrí que sí, los amigos son importantes, pero no son eternos. Me parece que la primera vez que oí esta frase fue en un programa gringo, decían que tienes un amigo mientras necesitas ese apoyo en tu vida, pero que una vez que ha cumplido su propósito (o uno el suyo en la vida de esa persona) suele desaparecer de tu vida y que hay que aprender a querer sin apegarse, a dejar ir a las personas.
Y eso no es sencillo. Bueno, vamos a ver, hay casos en los que el sentimiento predominante es el alivio (de hecho diría que 3 de las 4 amistades que han roto conmigo me han dejado eso, una sensación final de ligereza) pero eso no quita que no estamos preparados para lidiar con la ruptura de amistad. Supongo que el ideario colectivo nos ha "dicho" qué hacer cuando la ruptura es con una pareja, pero nadie te explica las sensaciones tras "dejarlo" con un amigo.
Diría que en los últimos cinco años habré dejado o me habrán dejado eso, una media docena de personas. Gente que era importante para mí, de esas que le hacen a una recordar sus épocas de pensar "Mejores amigas por siempre". Al igual que con las rupturas de pareja, lo que puedo decir asl respecto es que:
1. DUELE. Ya sea porque fue la otra persona la que te mandó a tomar el aire, o porque compartes memorias y vivencias con tu ex amiga. Habrá el típico repaso de los momentos vividos, de las cosas dichas, de las no dichas. Si tu ex amiga te soltó un discurso o dijo cosas hirientes, hay un paso adicional que es repasar en tu mente todas las cosas que podrías haberle respondido. EL LADO POSITIVO: habrá un día en que, como en las rupturas de pareja, te darás cuenta de cuánto has ganado al no tener esa persona cerca. O en todo caso asumirás que no ganas nada, pero que ya está, que no es grave y que habrá mucha más gente bonita en tu vida.
2. HAY LUTO. Y se pasa por las etapas del duelo: de la negación (esta normalmente es la fase de "le envío mensajes y no me responde, no entiendo qué pasa") hasta la rabia ("¿quién se cree para hacerme esto?") hasta la negociación ("tal vez fui injusta y merece otra oportunidad"). EL LADO POSITIVO: son etapas y pasan. Pasan. Lo juro. Pasan.
3. VER A LA PERSONA ES RARO. De hecho será incómodo cada vez que la veas y no dejará de ser raro nunca aunque pasen los años. Hay una especie de reacción corporal que no podrás evitar y que hay que asumir... esa de cuando crees que le has visto en la calle y das un respingo. Y harás como todos los mortales: intentar comportarte "normal". EL LADO POSITIVO: Si tienes suerte, tu ex-amiga estará aún más incómoda y hará cosas más absurdas que tú. Las mejores que me han pasado: alguien que cruza la calle para evitarme, alguien que hace ver que le llega un mensaje al teléfono y se aleja rápidamente, alguien que me saluda con un beso como si no pasara nada -pero con un cierto aire de superioridad-.
4. LA RUPTURA TRAE COLA. Amigos que opinan o toman bandos. Cosas que no sabes si devolver o tirar a la basura. Regalos que te dio esa persona y que de repente te dan mal rollo. Actitudes pasivo agresivas o directamente agresivas en redes sociales. El mejor ejemplo es mi ex amiga PassivitaAgresssssiva que me insultó tras comentarle a una amiga en común, pero de una forma -según ella- disimulada. EL LADO POSITIVO: Puedes bloquear gente en las redes sociales y evitar el contacto si es nocivo. Para eso son las rupturas, para alejarse.
Sigo sin saber cómo se gestiona, la verdad es que las veces que me ha tocado he actuado de distinta manera... Y de hecho en estos momentos tengo la sensación de que hay alguien haciendo este proceso de "romper" conmigo sin que yo me dé cuenta del todo. Pienso que esa persona tampoco es del todo consciente. Ya no quepo en su vida, lo veo con claridad, le resulto más una complicación que una ganancia porque su situación personal y sentimental no es compatible con su antigüo estilo de vida. Y sí, jode y duele y parece injusto y da rabia y todo eso... pero intento llevarlo con elegancia. Con la que se puede porque es una situación compleja, hay muchos años de por medio y es alguien a quien quiero mucho. Pero intento pensar en algo que me dijo una profe la primera vez que me rompieron el corazón (tenía 17 años, lloraba en una banqueta en el pasillo de la facultad): Nadie que te haga llorar así te merece.
Y bueno... es mentira.
Es una mentira de las gordas.
Pero algo reconforta.
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